¿Los echamos o los dejamos?

De la serie. Los jueves, paella

Una de las más sorprendentes capacidades -o discapacidades, según se mire- que tiene ese cutrerío de políticos que nos aqueja, es la de convertir cualquier cosa en un tango o, bueno, no se me vayan a cabrear -y con razón- los argentinos, en una conga. En una conga de cuñados borrachuzos de final de banquete de boda hortera. Cuando, encima, el motivo de la alharaca es la preservación de la nómina, el circo pasa a ser de tres pistas.

Conociendo como creía conocer a Montilla, yo hubiera jurado que convocaría elecciones antes de vacaciones, por junio o así, más que nada por una razón evidente (evidente para el Montilla tal como yo lo veía, no para el Montilla que ha resultado ser): porque antes de vacaciones él era el amo del calendario, mientras que, ahora, el único que manda aquí es el calendario y Montilla no puede hacer sino bailar al son que éste toca, con muy pocas opciones alternativas.

Llegados a este punto -o llegados al lunes 29 de agosto- sólo le quedaba aquello de caixa o faixa: o disolvía el parlamento ya, para convocar elecciones el 24 de octubre o no lo disolvía ya y entonces, por razón de diversos acontecimientos, debía diferir hasta el 28 de noviembre, porque en el ínterin entre uno y otro hay visita papal (de esa ya hablaremos en una paella de estas) y no se quiere -con cierta razón- que esa visita afecte a la campaña electoral.

El 24 de octubre hubiera sido una fecha buena. Contando tres o cuatro semanas para que se liaran sus componendas partídicas y se celebrara la sesión de investidura, entre finales y mediados de noviembre hubiera podido haber nuevo gobierno y como este año las fiestas navideñas no rompen demasiado el calendario (bueno, siempre lo rompen, caigan como caigan, pero, al menos, no lo cascan hasta que propiamente empiezan o, en otras palabras, sólo rompen la última semana de diciembre y la primera de enero, no tres o incluso cuatro, como otros años), pues igual a finales de enero o principios de febrero podrían aprobarse los presupuestos para 2011. Recuérdese lo que yo siempre digo: una vez aprobados los presupuestos, el resto de la política sólo son conferencias de prensa.

Pero Montilla tiene un problema y un pretexto: el problema es que está completamente hundido en las encuestas (y ahora sí, ahora a las encuestas ya hay que empezar a hacerles caso y, sobre todo, a las tendencias que marcan); el pretexto es que necesita ese mes de más para acabar de rematar un par de leyes que están pendientes y que no quiere que decaigan. Y convoca -aunque aún está definitivamente por ver- para el 28 de noviembre. A no ser que se le ocurra pasar de visita papal -de perdidos al río- y elegir un domingo de principios o mediados de noviembre. Pero es que a principios hay un puente (Todos los Santos), la visita del Papa el 7 -convocatoria casi materialmente imposible en ambos casos-, de modo que sólo le quedarían el 14 y el 21, aparte de propiamente el 28. Ya veremos. El caso es que su entorno piensa que ese mes de más le vendrá bien para intentar remontar. Bueno, todo es apostar, porque muy bien puede suceder -sobre todo con la que está cayendo- que se hunda más. Por ejemplo, a nada de las elecciones, llegarán las cifras del paro de septiembre, que serán malas. Dirán -y es verdad- que todos los años son malas porque en septiembre termina la estacionalidad laboral del verano, pero de todos modos, con el ambiente que se respira, la cifra, aún cuando fuera mejor que otros años -que está por ver- siempre se verá con negro pesimismo, porque le echa más leña al fuego. Eso si no pasan más cosas, que no es difícil que pasen más cosas económicamente luctuosas.

El único factor de cachondeo en todo ese número es que el 28 de noviembre es día grande calzoncillero: Barça-Madrid. El partido en sí, nada, puede pasarse al sábado tranquilamente (siempre, imagino, que el Madrid accediera, cosa que no hay que dar por segura, porque con la buena sintonía que hay entre Florentino y la lideresa, igual…), pero lo que ocurre es que nadie es capaz de prever con un mínimo de racionalidad cómo se proyectará electoralmente cualquier resultado, a quién puede beneficiar una euforia victoriosa o quién puede verse perjudicado por la mala leche de una derrota sonada.

Esto por aquí. Ahora vamos por alá, como decía don Mendo.

Tenemos por delante un año y medio asaz divertido. Divertido en el sentido de que ahora podemos tomar venganza fiera de los políticos viéndolos sufrir. Tenemos las elecciones catalanas a la vuelta de la esquina, tal como ha quedado visto (pero no para sentencia, por cierto). Para la primavera -creo que para mayo-, es decir, apenas una gestación, tenemos elecciones municipales y autonómicas, con particularidades interesantes.

En lo que se refiere a las muncipales, los resultados, en su conjunto, serán un buen indicador general, como siempre. Pero dos ciudades estarán, también como siempre, en el ojo del huracán: Madrid y Barcelona. En Madrid, con mejora o empeoramento de resultados, parece que Gallardón lo tiene bastante claro. En Barcelona es más divertido: Hereu compite en las encuestas y en las posibilidades con Montilla… y seguramente gana Hereu… en profundidad de hundimiento, que no se sabe si podrá paliar el previsible crecimiento de Iniciativa, sobre todo porque no se espera un crecimiento -más bien al contrario- de ERC. Con todas las reservas que siempre hay que oponer a este tipo de predicciones, CiU está ahora más cerca que nunca (y «cerca» no quiere decir ni que haya llegado ni que vaya necesariamente a llegar) de dar el pelotazo histórico de ocupar los dos lados de la plaza de Sant Jaume, cosa que constituiría una catástrofe más que moral no sólo para el socialismo catalán sino para el entero socialismo español. Sobre todo la pérdida de Barcelona. Porque la pérdida de la Generalitat… bueno, siempre sería vista como una recuperación por parte de su titular natural (es triste, pero muchos centenares de miles de catalanes y, desde luego, la totalidad de los convergentes, lo ven así), pero Barcelona constituye la joya de la corona del socialismo catalán y del español. Lo que ocurre es que CiU (siempre previsiblemente: después, vete a saber) no vencería con mayoría suficiente y habría de contar con ayuda… que sólo podría venir de uno de los dos extremos: o ERC o el PP. Ay, ay, ay, pobre Barcelona. De Guatemala a Guatecutre.

Hay otras ciudades, desde luego (Sevilla, Valencia…), pero ninguna con la importancia política y menos aún coyuntural de cualquiera de las otras dos.

Luego está el tema autonómico, tanto más angustiso para los socialistas como mal hubieran ido las elecciones de este noviembre en Catalunya. Si les ha ocurrido lo peor, ya pueden rezar para aguantar Andalucía cosa que, vista de lejos, parece que tienen mejor que otras posibilidades analizadas pero no tan bien como les gustaría. El PP aprieta y los últimos resultados, aunque suficientes, han ido siempre empeorándoles a los socialistas. Desde luego, la pérdida del feudo socialista de Andalucía sería un baldón tremendo, pero si ese baldón se sumara a Catalunya, estaríamos hablando de pura y simple debacle, de un auténtico Waterloo sociata. Por muy bien que les fuera en otras comunidades autónomas, que ya veremos (Asturias, por ejemplo, no parece que la tengan nada clara)

Por otro lado, hay otras dos interesantes comunidades autónomas: Madrid y Valencia. Según lo veo yo desde aquí, el bastión de Madrid es absolutamente inalcanzable para el PSOE: no veo ni a la Trini ni al Gómez cargándose a la lideresa. No veo de qué pueden tener los madrileños tanto apego al PP, pero imagino que debe ser porque miran más al parlamento español que al madrileño propiamente y ahí, claro, viendo a Zap, se tiende a votar cualquier cosa (menos lo que huela a Zap, obviamente). En Valencia igual, pero peor. Ni la trama Gürtel, ni los trajes de Camps, ni las pertinaces catilinarias de Ignacio Escolar son capaces de erosionar la solidez electoral del PP, al que muchos valencianos ven como único bastión firme y seguro ante el imperialismo pancatalanista que -no sin alguna pequeña razón- ven, temerosos, cada vez que miran al norte.

Y, con todo esto, para el invierno o principios de primavera, lo más tarde, de 2012, tachán: las generales. Y ahí sí que va a ser la releche total, sobre todo según hayan ido las demás. Por supuesto, es absolutamente imposible hacer previsiones a estas alturas. En estos momentos, las encuestas, mirando a generales, dan una ventaja al PP, un poquito holgada, además, pero no tanto como para que no puedan volverse del revés en tres meses. Leía en algún medio hace pocos días que un prestigioso medio europeo (¿Financial Times, quizá?) decía, no sé si irónicamente o completamente en serio -ambas posibilidades son plausibles- que las elecciones generales las ganaría el primer partido que echara a su líder. Tiendo a estar de acuerdo. Más allá de sus irreductibles -que, en ambos casos, son cada vez menos- ambos partidos aumentarían notablemente su clientela y, sobre todo, recuperarían clientela desilusionada, perdida y abstencionista, si pusieran de patitas en la calle a su respectivo líder. Cualquier dirigente socialista, ajeno a la órbita de la actual ejecutiva del PSOE, beneficiaría en muchísimos puntos las expectativas de voto del PSOE una vez puestos Zap y su banda en la calle. Cualquier dirigente, hasta tal punto que ni siquiera parecería mal uno al borde de la ancianidad como Solana, aquel patético Míster PESC y estrafalario ex-secretario general de la OTAN (de entrada noooo, decían…), que se oye por ahí que va a ser promocionado por el entorno de PRISA en un angustiso intento de volver a tener amiguetes en la Moncloa para salir de la postración y del olor a pies.

De forma parecida andan las cosas en el PP, entre cuyos partidarios ha calado fuerte la expresión losantesca de Maricomplejines, no tanto por rabiosa como por acertada. Rajoy es demasiado malva para el nada reducido sector radical del electorado del PP y es poco resolutivo, poco carismático y poco decidido para el sector partidario de la moderación de modos y políticas. Ha gestionado muy mal los problemas -otra vez Gürtel, más las tramas de espionaje de Madrid, y demás- cuya resolución -si de tal puede hablarse- tiene más que ver con una ciega y férra fidelidad del electorado que con su nula habilidad para la dirección del partido. Peor aún: la mala gestión de esos problemas, lo ha dañado más a él que a los propios incriminados. La aparición de un líder firme que ofreciera seguridad en el control del partido, recuperaría muchos votos del PP que han ido a la abstención. Sin embargo -y al contrario que en el PSOE- ni siquiera se perciben los más pequeños rumores de una eventual operación de puesta en la calle del líder inútil.

Pero, además del grave problema de déficit democrático que estamos sufriendo los ciudadanos españoles en mucha mayor medida que el resto de los europeos (que también llevan lo suyo), aguantamos además a unos dirigentes que son la rechifla de Europa entera (y parte de África). El propio Zap, al frente de ellos, que a principios de año llegó en aires de triunfo a la presidencia de la Unión Europea, no sólo salió de ella maltrecho y quebrantado sino que, además, fue blanco de burlas y chanzas, tuvo que irse corriendo y calladito por la puerta de atrás y tuvo que oirse no sé cuántas lecturas de cartilla; concretamente en el caso de la gestión de la crisis por parte del Gobierno español, hasta de los chinos hubo de recibir admoniciones para tomar medidas que detuvieran la catástrofe que se nos venía encima. El numerito con Marruecos -aun reconociendo, como el jueves pasado reconocí, que el tema de Marruecos es de muy difícil tratamiento- ha sido triste, cutre y mohoso, tanto en el problema de la frontera de Melilla como con el asunto de los activistas prosaharauis apaleados por la brutal policía del régimen de allá abajo que, encima, se han visto recriminados por el propio Gobierno español por meterse en líos, como si dijésemos. Tampoco ha sabido explicar a los españoles -a ningún nivel- por qué y a beneficio de quién están nuestros soldados cayendo como moscas en Afganistán; el hombre que nos puso en guerra política con los Estados Unidos por nuestra súbita retirada de Irak (en lo que hizo muy bien, las cosas como son; lástima que ahí acabara todo el buen hacer), el hombre que nos indispuso con toda la OTAN al retirar a nuestras tropas de Kosovo bruscamente y sin previo aviso, causando a la Alianza un problema técnico y táctico de notables proporciones, ese hombre, resulta que mete a más de un millar de nuestros soldados en una verdadera encerrona (porque lo de Afganistán no es otra cosa, y creo que ya no queda nadie que no lo tenga claro) y los españoles no sabemos por qué, más allá de sus cuentos chinos de defensa de no sé qué libertades, de lucha contra el terrorismo… nada, de tonterías que no se traga nadie, ni diciéndolas Obama, así que imagínate el figurín este…

Bien, con todo este panorama, podemos reirnos mucho viéndoles sudar frío ante el peligro -cierto para unos cuantos- de perder chollos y prebendas y en no pocos casos sin siquiera el consuelo de la socorrida patá p’arriba, que es lo que acontece cuando pierdes tú pero ganan los tuyos. Pasarán las elecciones, gobernarán unos u otros pero, viendo el paisaje, observando a los que sin duda serán los candidatos, el futuro no puede ser más deprimente, gane quien gane y donde gane.

Es desesperante.

Ya he percibido varias veces en multitud de bitácoras, medios web y demás, el anhelo de lo que se está dando en llamar -apropiadamente- regeneración democrática, una regeneración democrática que, efectivamente, necesitamos casi más que el aire que respiramos porque, si no se produce, esto se va a la mierda a velocidad uniformemente acelerada. El problema que detecto es que la mayoría de los que claman, parecen esperar a que esta regeneración democrática se produzca espontáneamente, como por ensalmo. Parece que se pretenda, poco menos, que esta escoria de políticos que sufrimos se despierte un día diciendo «Ea, vamos a regenerar democráticamente al país» para, acto seguido, dimitir irrevocablemente. Lo que sería completamente inútil porque serían sucedidos por otros iguales que ellos (peores, es intelectualmente inasumible) que están en la cola.

La regeneración democrática tenemos que protagonizarla y ejecutarla los ciudadanos, tenemos que ponernos en orden de rebelión. Rebelión, claro, en términos figurados. Rebelión, absolutamente pacífica y dentro de la legalidad, porque, de otra forma, las rebeliones en este país acaban muy mal. No sé… Apagada masiva de televisores, boicot sistemático a los transportes públicos, huelga general en el voluntariado (haría daño, pero no se pueden hacer tortillas sin romper huevos), abstención total en las elecciones, boicots de consumo sucesivos a diversos sectores… insumisión civil, vaya. Ya, ya sé que es difícil (imposible, en realidad) pero los grandes resultados sólo llegan después de grandes esfuerzos y sacrificios. Y no veo yo a la población en este plan, de modo que la regeneración democrática nos la podemos meter por donde nos quepa.

De modo que sólo nos queda… eso: divertirnos con el circo y seguir poniéndole el culo al payaso cuando termine la función.

Es el destino -justo destino- de las sociedades abotargadas.

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Paella monotemática la de hoy. En realidad, tenía más temas, pero sería exagerado incluirlos. Uno de ellos es intemporal, de modo que lo reciclaré para próximos arroces. El otro… bueno, se pierde. No es la primera vez que pasa, qué le vamos a hacer.

De modo que, en lo que al arroz se refiere, volvemos a vernos el próximo jueves 9 de septiembre, segundo de los cinco del mes de septiembre y antepenúltimo del verano… estrictamente porque, de hecho, el jueves que cuento como último del verano será también el primero de otoño, que entrará el próximo 23 a poco más de las cinco de la mañana (CEST).

Y con el otoño, llegan la caza y las setas. El que no se consuela, es porque no quiere.
😉

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Comentarios

  • Rafa  On 06/09/2010 at .

    Aquí en Andalucía las elecciones autonómicas coinciden con las generales en 2012. El Psoe sigue estando por debajo del PP en las encuestas. Creo que sólo adelantarían las elecciones aquí en caso de que se viera que el PP saca mayoría absoluta, lo cual, sinceramente, no creo que llegue. Sería una debacle descomunal para el Psoe.

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