Las razones de mi huelga

De la serie: Pequeños bocaditos

No tengo ni idea de cómo saldrá la huelga general convocada para pasado mañana. Soy pesimista, muy pesimista. No veo ambiente y sí veo claro que la gente, particular y ¿sorprendentemente? las nuevas generaciones, ha perdido cultura reivindicativa y así nos las han venido dando en los últimos años. El gran logro de esta falsa democracia con la que nos están timando hábil e impunemente ha sido precisamente este: desactivar la conciencia cívica, dejándola prácticamente a cero.

Yo sí, yo seguiré la huelga.

Razones suficientes y sobrantes para ir a la huelga

· El abaratamiento del despido – Que, además de ser un daño de por sí es una perfecta tomadura de pelo. ¿Cómo puede pretenderse que el abaratamiento del despido favorece la estabilidad laboral? Lo que se conseguirá -si no es precisamente lo que se pretende, que lo es- es sofocar los últimos rescoldos de resistencia por parte de los trabajadores y lograr plenamente una clase de esclavos lobotomizados a la fuerza, a base de incrementar el terrorismo empresarial al máximo de revoluciones.

· El abaratamiento de las pensiones y el endurecimiento de su régimen – Esa es, de largo, la canallada más gorda, porque afecta al trabajador en su momento de máxima indefensión y porque se mea sobre los derechos adquiridos de millones de trabajadores que llevan muchos años de cotización. En el caso de España, además, hay motivos adicionales para oponernos: somos el país más cutre en importes y más restrictivo en condiciones de devengo de todos los países de la zona euro (junto con Irlanda y Portugal, posiblemente) e incluso de algunos que no lo son. Los franceses se han puesto como locos porque les han aumentado la edad de jubilación… ¡a los 62 años! Nosotros la tenemos a los 65 y nos la quieren extender a los 67.

Nos dicen que el sistema no aguanta, pero es que esto hace un cuarto de siglo que lo vienen diciendo y el caso es que ahora mismo, con la que está cayendo, el sistema es excedentario. Pero, aunque fuera verdad, si el sistema no aguanta, se carga la Seguridad Social a los Presupuestos generales y punto pelota (no es una fórmula tan estrambótica: se sigue en muchos países). Lo que hay, en realidad, tras de esto y lo que impediría su solución es que la patronal quiere quitarse de encima sus cuotas a la seguridad social y no quiere quitárselas para que, acto seguido, les cobren lo mismo vía impuestos. En definitiva, más de lo mismo: enriquecerse aún más unos pocos y empobrecimiento de todos los demás.

· Ponerle un coste elevado a la iniquidad – ¿Y si la huelga no consigue nada? Después de todo, la reforma del sistema de pensiones aún está por delante pero el garrotazo a los sueldos y a los contratos ya está dado y es de difícil reversibilidad, seamos realistas. Aunque fuera así, aunque no consiguiéramos evitar el garrotazo a las pensiones, sería un buen objetivo secundario que este garrotazo les costara -a Gobierno y a patronal- quedar tan maltrechos y quebrantados que en futuras ocasiones no tuvieran la mano tan ligera. Si antes lo hubiéramos hecho, probablemente, muy probablemente, no nos viéramos en estas, obligados a defender -con posibilidades muy inciertas, las cosas como son- las pensiones. Estaríamos luchando, quizá por los sueldos, por los convenios, por los contratos, pero jamás se hubieran atrevido a llegar tan lejos. Incluso una huelga general de un día es una medida ciertamente suave; por ello no podemos permitirnos el lujo de que fracase o de que triunfe sólo a medias (que es lo que encantaría a Gobierno y a sindicatos). Una huelga que arrase, aunque no consiga sus objetivos inmediatos, es siempre una ganancia para el futuro, para nuestro futuro y para el de nuestros hijos.

· Putas pagando la cama – La desvergüenza, el latrocinio, y la burla que de nosotros ha hecho el sistema merece mucho más que huelgas. Si los europeos (y los españoles más que nadie) no tuviéramos la sangre de horchata, ahora no estaríamos hablando de huelgas sino de guillotinas. Un montón de sinvergüenzas y de hijos de la gran puta hinchó una burbuja especulativa cuya primera consecuencia fue la de cerrarnos radicalmente el acceso a la vivienda; los pocos que pudieron saltar esa barrera, lo están pagando ahora muy caro. Pero no sólo lo han pagado quienes tuvieron la audacia -más que la valentía, porque en no pocos casos hubo irresponsabilidad y estupidez- de hipotecar su vida entera y parte incluso de la de sus propios hijos (no pocos de los cuales habrán de vender su herencia para pagar la deuda de ésta), sino que lo hemos pagado todos. Cuando el enorme bluff del sistema financiero quedó al descubierto, salvaron a los cabrones de los culpables con dinero público, con nuestro dinero. Ahora -y ese es un robo sobre un atraco- en vez de obligarles a reintegrar ese dinero con sustanciosos intereses a las arcas públicas, pretenden que lo pongamos nosotros de nuestros lacerados bolsillos. Es una estafa de proporciones tan inmensas que asombraría al propio Enrique Rubio, si viviera.

Se dice -no sé si será verdad o es una leyenda urbana- que cuando en China ejecutan a un fulano de un tiro en la nuca, a su familia le hacen pagar el coste del cartucho. Lo que están haciendo con nosotros es exactamente lo mismo: obligarnos a pagar el cartucho con el que nos asesinan.

· El sistema – Sabemos -y el que no lo sepa a estas alturas es que es tonto, patológicamente tonto- que este sistema es un timo, un engaño. Llamarle -como osan llamarle- democrático es un sarcasmo. Tenemos que reformarlo. ¿Y cómo vamos a hacerlo? ¿Votando? ¿De verdad creemos que van a reformar el sistema -más allá de su simple maquillaje y, mientras les sea posible, ni eso- los que están viviendo tan ricamente a costa de él? ¿Van a reformar el sistema los partidos políticos? ¿Van a perder poder, van a perder el control para dárnoslo a nosotros? La única forma de que aflojen es pervirtiendo la sensación de que lo tienen todo bajo control, de que teman que esto se les puede ir de las manos. La huelga -esta y toda una cadena que habría que seguir convocando- es parte -no todo- del método para lograrlo. Si una huelga general como esta arrasa, habremos dado un serio pelotazo; pero si, a no mucho tardar -un año, a lo sumo-, se convoca otra y arrasa también, empezarán a pensar en que van a tener que aflojar y hacerlo muy en serio y hacerlo deprisa. No tenemos otra salida. El simple voto, no lo es.

Razones insuficientes para no ir a la huelga

· Los principales sindicatos son un hatajo de canallas – Es cierto. Salvada -por supuestísimo- la buena fe de sus bases y de algunos -muy escasos- dirigentes, estamos ante una peña de pesebreros, en todo similar a los partidos políticos, a los que los intereses de los trabajadores, a los que todo lo que no sea medrar en sus pesebres, les trae al completo fresco. Esta es una percepción generalizada entre los trabajadores, y lo es por muy buenas razones.

Pero no hago -no hacemos- esta huelga a la mayor gloria de los sindicatos, por más que ellos la hayan convocado y por más que ellos vayan a capitalizar un eventual éxito. Por más que se pongan medallas, nosotros seguimos conociendo al dedillo su cutre realidad. Pero es que incluso sucede al contrario: la peor putada que podríamos hacerles es que esta huelga tuviera un éxito arrollador, masivo, aplastante; porque, si así fuera, no podrían conformarse -como planean- con unas migajas, con unos flecos, tras una negociación vergonzosa y carroñera, se les vería demasiado el plumero y lo sabrían (ahora también se les ve pero, ausentes y alejados de toda realidad, no lo saben): habrán de exigir y obtener concesiones importantes (que no serán tan imposibles con un gobierno y una patronal acojonados como lo estarían sin duda tras una huelga general de las buenas).

· No puedo permitirme perder un día de sueldo – Esta es la excusa más recurrente y más mala de todas. Todos, y cuando digo todos es todos, por poco que ganemos, tenemos algún pequeño lujo, algún pequeño extra, algún pequeño qué superfluo. Sólo se salvan de esta generalización aquellos -que, desgraciadamente no son pocos- que viven por debajo del linde la pobreza, pero de la pobreza más abyecta. Y, salvo estos casos, en los demás, ese extra suele costar más que el equivalente de un día de trabajo. Renunciar, pues, al sueldo de un día, no significa, en la inmensa mayoría de los casos, prescindir de un plato de comida sino, quizá, convertir una salida de fin de semana en una salida de ida y vuelta en el día. O de no comer un día en el restaurante un poquito subido de menú. O de no ir un día al cine y de merienda con los niños (ellos han de asumir también su parte de sacrificio y, a partir de ciertas edades, deben también saberlo y asumirlo: así se crea y da continuidad a la cultura cívica).

Lo que sí ocurre, conectado con lo que decía al principio, es que, perdida la cultura de la reivindicación cívica, hemos perdido también la cultura del sacrificio finalista, pero la hemos perdido hasta extremos que, vistos con distanciamiento, resultan incluso ridículos. Lo he dicho aquí mismo muchas veces: es bochornoso ver cómo tragamos con barbaridades que podríamos evitar fácilmente con simples, pequeños e incluso ocasionales cambios en los hábitos de consumo. La famosa cultura del todo gratis que tanto predican los apropiacionistas, ha llegado -y ahí sí, realmente- a esos extremos. Queremos mejoras, queremos avances, queremos ganar más, trabajar menos, vivir mejor, pero queremos que nos caiga como el maná, como por milagro. Y no existen ni los milagros ni el maná. Nadie nos va a dar nada que nosotros no tomemos. Y tomar cosas, tiene un coste.

Eso aparte, y como digo más arriba, ahorrarnos ese día de sueldo puede salirnos muy caro, no en términos simbólicos sino en euros contantes y sonantes, a la hora de cobrar nuestra jubilación (que, junto con el pisito y algo de calderilla, es el único patrimonio que nos quedará a la mayoría el día que nos den el puntapié.

· Tengo miedo de represalias – De todas las excusas, esta es la más real y la menos tonta. Efectivamente, el terrorismo empresarial no es una práctica aislada; al contrario, está extendidísimo. Hay empresas que son verdaderas galeras y dirigentes que se constituyen en auténticos cómitres. En esos ambientes, no se vacila: la menor reivindicación -y no digamos, el seguimiento de una huelga- son una factura que se hace pagar muy cara. El precio es la inclusión en las primeras filas de candidatos al próximo ERE, el mobbing (que sigue siendo mayoritariamente -yo diría masivamente– impune), la no renovación del contrato (cuando éste es basura, el fraude más habitual y extendido a los derechos laborales), etc.

Me resulta difícil hablar de esto desde la seguridad de mi plaza de funcionario público, pero lo cierto es que el miedo sólo genera miedo y hay que vencerlo. Porque la fidelidad perruna a que da lugar -no hago huelgas, no pido, no reclamo, trabajo más horas sin cobrarlas, hago trabajos que no me corresponden- al final tampoco se ven ni pagadas ni agradecidas. El ERE acaba llegando, el contrato acaba no siendo renovado y, si éste es indefinido y caro de rescindir, el mobbing aparecerá con toda seguridad y en toda su crudeza. Todo esto es inexorable. Piénsalo: a la larga (y quizá no tan a la larga), ¿realmente te ha salvado algún trabajo esa fidelidad mal entendida? Y si es así… ¿durante cuánto tiempo?

Hay otros pretextos más o menos expresos que ya no entro a discutir porque eso, a mis propios ojos, sería rebajarme demasiado. Por ejemplo, la de los cada vez más numerosos gilipollas, tan pringados como el que más, que creen que porque ganan cien eurillos más que el vecino ya pertenecen a otra clase más selecta en la que eso de las huelgas, tan cutre, tan de pico y pala, tan olorosa a sobaquina, ya no tiene cabida, ya no es algo propio de su alcurnia y rancio abolengo.

Queda una última cuestión derivada de mi pública adscripción sindical. Como todo el mundo sabe, soy delegado de CSI-F y CSI-F no se ha adherido a la convocatoria de huelga. La razón, me parece absolutamente ridícula: su cúpula se siente engañada por la manipulación que CCOO y UGT hicieron de la huelga de funcionarios [mal] llevada a cabo en junio pasado. Digo que la razón es ridícula porque esa manipulación estaba cantada antes de llevarse a cabo esa huelga de empleados públicos. ¿Se chupan el dedo los dirigentes de CSI-F? No lo sé, no deberían.

Sabiendo esto, seguí la huelga de junio por pura disciplina. Me pareció una estupidez porque la que procedía entonces es esta huelga general que se convoca ahora, tardíamente. Pero la hice, como digo, por disciplina. Por disciplina y porque tengo este atavismo: me cuesta mucho ir al trabajo como si tal cosa mientras hay compañeros que arrostran riesgos y perjuicios, por mínimos que sean. No es un problema ni siquiera de solidaridad, es de simple y pura vergüenza: ¿voy a obtener el mucho o poco provecho -inmediato o a largo plazo- que se obtenga de una huelga sin haber corrido riesgos, dejando que mis compañeros los corrieran a su suerte? Puedo admitir -como simple hipótesis de trabajo- que yo sea un gilipollas, pero lo que no soy -desde ningún punto de vista ni hipótesis posible- es un mierda.

Habiendo tanto en juego como he dicho, no voy a dejar en la estacada a mis compañeros tampoco en esta ocasión, sólo porque unos señores que mandan mucho en el sindicato al que estoy afiliado sufrieran el pasado verano un ataque de cuernos. Y menos si no explican con mucha claridad y prolijidad qué esperaban conseguir con la huelga de junio que CCOO y UGT les timaron.

Finalmente, un aviso ocioso: obviamente, no habrá post en «El Incordio» el miércoles.

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Comentarios

  • Flatline  On 27/09/2010 at .

    A mi casi me queman el coche el día de la huelga de funcionarios. Y yo ni soy funcionario ni pasaba por ningún sitio de funcionarios.
    Para mi SÍ es una razón el miedo a trabajar ese día. Me ha tocado muy cerca. Aunque hay gente como tú, que defiende de manera legítima las cosas, por desgracia, también hay gentuza que habla de libertad e impone su “libertad” a los demás a base de amenazar y quemarte el coche si no aceptas “su libertad”.
    Haré huelga… por temor a las represalias porque ya las he vivido.

    Yo hago huelga porque me quitan mi derecho a no hacer huelga. Lo siento pero no arriesgo mi coche de nuevo.

  • Apu  On 28/09/2010 at .

    A ti te quitan el derecho a trabajar ese día, Flatline, pero a mí me quitaron el derecho a trabajar cada día enviándome al paro. Si para defender mis derechos (saldré a paralizar un polígono) tengo que vulnerar los de los insolidarios como tú, lo haré encantado.

  • Miktlan  On 28/09/2010 at .

    Tengo que estar de acuerd con flatline, porque estos supuestos luchadores de derechos se han convertido en una panda de terroristas ebrios de alcohol e ira que acosan al pequeño comerciante para que voluntariamente cierre sus negocios. Nosotros como en muchos sitios trabajaremos con las puertas cerradas.

  • Flatline  On 28/09/2010 at .

    La huelga es un derecho. Trabajar también lo es.
    La diferencia es que los que trabajamos somos insolidarios.
    Los derechos se basan en RESPETAR. Yo respeto a los que quieren hacer huelga sin que nadie me insulte llamándome “insolidario”. Los derchos solo cuentan cuando son los propios, ¿no? Los derechos de los demás que nos den por el culo. Así va el país con tanta doble moral.

  • Flatline  On 28/09/2010 at .

    Trabajar no es ser insolidario, es simplemente trabajar. Apu, tu haz la huelga que te de la gana, es tu derecho.
    A diferencia de ti, no me da la gana de insultar a quienes no comparten mi opinión. Hemos evolucionado unos cuantos millones de años como para caer en el insulto fácil.

  • Flatline  On 28/09/2010 at .

    Que vamos, ya está bien de ese progresismo de boquilla y de tanta solidaridad falsa. ¿Apu, fuiste a apoyar a los controladores aéreos en sus reclamaciones?¿Fuiste solidario con los funcionarios el día de su huelga? tu no haces huelga porque estás en PARO.
    Sí, claro, un día de sueldo no es excusa… eso es muy fácil decirlo. Explicádselo a un actor que trabaja 20 días al año (y erl resto del año busca trabajo) de que ese día tiene que hacer huelga para ser “solidario”. ¿y quien es solidario con él?
    Es muy fácil asumir que todo el mundo es como uno mismo. Lamentablemente el mundo es más complicado que eso. Solo que algunos, como Apu, no quieren verlo.

  • Nubian Singer  On 28/09/2010 at .

    Apu,
    yo también estoy en paro. Y, si pudiera, iría a trabajar. También tengo un hijo de 4 años, y lo llevaré al colegio, si me dejan. Evidentemente, no me voy a pelear con una panda de “sindicalistas” como tú si me ponen un piquete “informativo” en la puerta del colegio.
    Y no me da la gana explicarte por qué: simplemente, ejerzo mi derecho a no hacer huelga.

  • Jordi  On 28/09/2010 at .

    Un NO rotundo a las conductas mafiosas de muchos piquetes.

  • Jose  On 28/09/2010 at .

    Yo también secundaré la Huelga.
    No por convicción con estos sindicatos, pues sospecho que esta Huelga la tienen pactada con el Psoe.
    Pero hasta que se imponga de manera masiva otra forma de protesta, la Huelga General es la herramienta más democrática y contundente que tenemos para protestar por medidas como esta reforma.
    Esta reforma será muy democrática porque la votó el Parlamento, pero es tremendamente lesiva para los trabajadores, como Xavier explicaba en su post.

  • Flatline  On 29/09/2010 at .

    Jose, y tienes derecho a hacer huelga si crees en ella, por supuesto. Yo no creo en ella, está claro, pero aplaudo a todos aquellos que sí hacen huelga sin coaccionar, insultar, ni imponer sus ideas a los que no opinan como ellos. Así que gracias por ser respetuoso. Si los sindicatos tuvieran gente así, sí que me dejaría convencer.

  • pululante  On 02/10/2010 at .

    Estoy de acuerdo con la necesidad de que la sociedad despierte y quizá esta huelga hubiese sido, como defiendes, una oportunidad para ello aunque, como comento en mi blog:

    “Sí pero no. Estos sindicatos serían absolutamente incapaces de tomar nota de lo que hubiéramos dicho y canalizarlo en nuestro hartazgo de la clase política. Al fin y al cabo, ellos también son clase política y también viven, y muy bien, de nuestros impuestos. Sus incentivos para cambiar el estado de las cosas es nulo.”

    La pregunta ¿qué hacer? El grado de cabreo todavía tiene que ir a mayores, y mucho más, para que el grueso de la sociedad salte.

    Este fin de semana hay jurgol. El lunes nadie se acordará de la huelga. Triste, pero es así.

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