¿Ha estallado la guerra?

De la serie: Correo ordinario

Llevo un par de días un poco al pairo de «El Incordio», y por eso no hubo paella ayer. Entre una grabación televisiva -que, aunque la toca tangencialmente, no tiene nada que ver con mi vida en red- que me lleva mareando desde hace tres o cuatro semanas y que, por fin, culmina esta con las grabaciones propiamente dichas, más una cuestión surgida en mi propio barrio (en catalán), más una rebelión de mis humores y jugos diversos detectada ayer en el informe de mi última analítica, que ha puesto en enfrentamiento doctrinal a mi endocrina -salud privada- y a mi médico de cabecera -salud pública-, mientras yo espero a que caigan los chuzos del lado que sea (mis preferencias se inclinan hacia la de cabecera, una doctora estupenda -sin menoscabo de la otra, por supuesto- por la que monté un pitote administrativo de cojones cuando me la quisieron cambiar), entre unas cosas y otras, en fin, ando un poco descentrado.

Pero no tanto como para no haber seguido con mucha atención y con mucho interés todo el asunto del ataque DDoS contra la página de la $GAE, contra la del Ministerio de Cultura y, como efecto secundario o de rebote, contra la de Promusicae, y no tanto como para no haber hecho unos cuantos comentarios entre Buzz, foros, Facebook y algún artículo de «El Mundo». Y, bueno, sí, vale la pena seguirlo porque, para bien o para mal, creo que estamos ante un punto de inflexión que va a cambiar el rumbo de los acontecimientos. No sé si mucho o poco, si apenas unos graditos o si un giro espectacular, pero creo que realmente va a traer algún tipo de cambio en la situación de la lucha contra el apropiacionismo y en su desarrollo.

No insultaré a la inteligencia de mis lectores explicando qué es un ataque DDoS; si alguno no lo tiene claro, puede verlo aquí. Simplemente recordaré, quizá innecesariamente, que un colectivo -o lo que a todas luces parece un colectivo- denominado Anonymus ha declarado la guerra a sabgre y fuego digital al mundo del copyright como respuesta, en plan golpe por golpe, a todas las atrocidades que el mundo del copyright comete contra la red.

La cosa tiene mucha miga porque ha levantado una polvareda que va mucho más allá de la espectacularidad de la acción en sí, que desde hace treinta y seis horas mantiene derrumbada la página de la $GAE y la de Promusicae, aunque la de Promusicae en las últimas horas parece que aguanta, pero aguanta ciertamente tambaleándose. Porque también es el caso de que la gente le ha cogido el gusto al gatillo y no es que haya habido un gran ataque, es que, además del gran ataque inicial y principal, continúan produciéndose embestidas, a modo de pulsos, que derrumban las páginas víctimas de la cuestión prácticamente tan pronto levantan cabeza.

Decía que la cosa ha levantado una gran polvareda, pero conviene matizar: ha levantado una gran polvareda en la red; en la calle, simplemente, la gente se ha dado por enterada del asunto de la misma forma que se da por enterada de que un hacker (?) ha reventado (?) los servidores del Pentágono (?) o que acusa recibo de la más o menos leyenda, más o menos urbana, de que a tal caja de ahorros la tienen frita a atracos cibernéticos impunes, porque la caja en cuestión (que puede ser cualquiera de ellas en cualquier momento, según la versión popular) prefiere antes comerse la pérdida que denunciar y perseguir, asumiendo con ello una publicidad nada conveniente. Y acusados todos estos recibos, se va a las páginas del calzoncillo desencadenado, a ver qué pasa con el fútbol y con un entrenador portugués que parece muy bocazas.

La polvareda se focaliza -además de en las últimas noticias sobre el alcance del ataque- en el debate de si ese ataque es ético o no; incluso algunos, dispuestos a asumir que no, que no es ético, mantienen su justificación en la finalidad y en que el enemigo, al corromper el sistema parlamentario, administrativo e incluso -dicen- el judicial, también carece de toda ética y que, por tanto, es contraproducente seguir unas normas morales que el enemigo desprecia tan notoriamente. Ojo porque no está siendo una cuestión puramente accesoria: hay posicionamentos de mucho peso en ambos extremos: del lado ético (vamos a llamarlo así, como un mero convencionalismo), está Carlos Sánchez-Almeida; y del lado fáctico (vamos también a llamarlo así y también como un mero convencionalismo), alguien como Enrique Dans. No estamos hablando de mindundis; y, además, sólo he citado a los grandes gurús, pero hay gente de mucho prestigio y con cerebros muy bien amueblados a ambos lados de la cuestión. O sea que parecería que la cosa no es tan fácil como decantarse por el blanco o negro y, como suele suceder casi siempre, la escala de grises entre ambos extremos es amplia.

He entrado en ese debate y lo he hecho convencido de mis razones. Creo que ese ataque no debería haberse producido. No, porque derrumbar páginas web es un acto de censura pura y dura y no podemos podemos ponernos a la altura del enemigo y menos, precisamente, en el preciso y más incisivo ámbito que le reprochamos. No podemos ciscarnos en la Ley Sinde porque establece la censura gubernativa y después ponerla en práctica nosotros; no podemos clamar por la corrupción de la ley en su fase de promulgación -que es lo que hacen los políticos sometidos a la $GAE y al imperio del copyright– y después ponérnosla por montera solamente porque nos da la gana.

En lo práctico, el ataque no ha causado grandes daños; me refiero a que la $GAE no vive para nada de la red, está ahí simplemente porque toca, y que se le caiga la página durante unas horas o incluso durante unos días, probablemente no le da ni frío ni calor. Es más, estoy convencido de que su única preocupación en estas horas ha sido encontrar la manera más eficiente de capitalizar mejor a su favor lo que está ocurriendo: esta gente siempre tiene la máquina de la demagogia bien engrasada y sus operarios son expertos, viejos veteranos en la cuestión y, por tanto, lo que en el fondo se está haciendo, es facilitarles el discurso. Tampoco creo que la Sinde se haya agobiado mucho porque el Ministerio se haya quedado sin página y de Promusicae cabe decir lo mismo que de la $GAE o poco más o menos. El problema, en todo caso, ha sido para el ISP de la $GAE que, según he leído por ahí, de perdidos al río, ha cortado por lo sano y ha desenrutado la IP de la $GAE, más que nada para proteger a los demás clientes de los más que posibles daños colaterales de un ataque de esa magnitud. Probablemente en breve, la prensa pesebrera acogerá gruesas y abundantes lágrimas de cocodrilo sobre lo pérfida que es la piratería en Internet y cómo esa piratería es realmente un peligro público capaz de comprometer las comunicaciones del mundo mundial sólo para seguir descargando música y pelis de las redes P2P. Al lado, de esto, vendrán a decir, Bin Laden y Al Qaeda son cosa de parvulario.

Creo que el camino es muy otro. En primer lugar, toda esa energía de culos gordos incapaces de moverse más allá del teclado, debería canalizarse hacia la calle; porque lo que pasa en la calle, todavía hoy, es lo único que verdaderamente les horroriza porque es lo único que ni pueden disimular ni le pasa desapercibido al tecnoanalfabeto ciudadano medio. Ya sé que eso de pretender la conquista de la calle es poco menos que utópico (lo cual, por cierto, es asombroso), pero no deja de ser una excelente explicación de por qué nos las están dando todas en el mismo carrillo: porque nos movemos en un terreno que, en términos políticos, al enemigo se la trae floja y pendulante. El arte de arrimar el ascua a la sardina, aunque se exprese así, es que la sardina vaya hacia el rescoldo, y no pretender lo contrario. En segundo lugar, aprovechar las escasas posibilidades que el sistema nos ofrece: tenemos partidos Pirata presentándose a elecciones. He dicho muchas veces que no me gustan los partidos de este tipo, pero las circunstancias son excepcionales, considerando, además, las nulas opciones que suponen todos los demás. Es ilusorio esperar sólidos grupos parlamentarios Pirata, pero no habría de serlo meter un primer pinchacito de dos o tres. Dos o tres diputados son dos o tres señores que pueden decir lo que les dé la gana amparados en la inmunidad parlamentaria y lo que dicen dos o tres señores diputados consta en unas actas cuya reproducción literal por parte de los ciudadanos es asimismo civil y penalmente impune. Con un buen guión -que muchos, muchísimos, estamos dispuestos a escribirles, suponiendo que ellos no sean capaces- y una buena explotación posterior de ese guión, aunque sólo sea en red, podemos armarla verdaderamente muy gorda y sumergir al enemigo en un mar de frustraciones o, quizá, incluso de fracasos.

Un ataque DDoS es, en versión digital, lo mismo que romperle a McDonald’s todas las lunas con ocasión de que el equipo calzoncillero ha ganado la liga. Puede ser muy gratificante para los partidarios de la cultura gastronómica española -entre los que me incluyo como degustador entusiasta y de ahí lo del primer párrafo- pero no son maneras, como no lo son partirle la crisma de una pedrada a un antidisturbios -por más que desde años juveniles tengamos con el gremio algunas facturas pendientes de pasar en materia de traumatología- o arrasar el centro de la ciudad incendiando bancos y contenedores de basuras, derribando postes de alumbrado público, pegando fuego a los coches aparcados o quemando neumáticos en medio de un cruce. Todo eso puede ser aventurilla para contar a los nietos pero: a) no es acción política y b) al final, los antidisturbios siempre ganan.

Dicho esto -y bien entendido que me ratifico en ello- también hay que extraer conclusiones en diversos sentidos de lo sucedido -de lo que está aún sucediendo- con este ataque.

En primer lugar, su carácter democrático, entendiendo la palabra en el sentido del masivo protagonismo de las personas en red. No se ha tratado de un ataque de cuatro crackers utilizando un montón de botnets, sino de un ataque honrado: detrás de cada atacante virtual había -hay- verdaderamente un atacante real. Esto da una idea -innecesaria por conocida- y una prueba clara del odio cerval que suscitan la $GAE y la gente del copyright en la red; pero hay que considerar que la red ya no es, como hace diez años, una colección numerosilla de geeks avanzados, sino verdaderamente -y aumentando casi exponencialmente a cada día que pasa- la ciudadanía en digital.

En segundo lugar, lo que el ataque -o la sucesión de ataques- ha tenido de pasar a la acción. Se ha pasado de la protesta a la resistencia: el grito de «¡Hay que hacer algo!» ha sido secundado masivamente. Hay pues, hambre de acción, de lucha, de guerra, de combate. Hay hambre de causar daño al enemigo. No basta con la simple descalificación, con la queja, con acusar de vendido al político: hay que ir al puñetazo. Por encima de cualquier otra consideración, por encima incluso de la ética y de la estética. Es para tomar muy buena nota y es el principal dato que me lleva a pensar que estamos, como decía al principio, en un punto de inflexión. Aunque tampoco sería extraño que, a medio plazo, la cosa acabara en agua de borrajas, puede razonablemente pensarse que, a partir de ahora, toda agresión por parte del enemigo va a tener su respuesta y va a ser una respuesta dura, contundente y dolorosa.

En tercer lugar, la indiferencia de los políticos ante un suceso tan grave, esa idea que aún permanece en ellos perfectamente arraigada de que la Red es otro mundo, un mundo ajeno a ellos, un mundo que no va con ellos, que nunca será capaz de causarles problemas, una indiferencia, un desprecio que también acabará teniendo consecuencias. Ya veremos cuáles, pero sin duda alguna las acabará teniendo. Lo que hoy ha ido contra la $GAE, mañana puede reventarles en la cara. No les ha caído nada lejos ya esta primera vez: recordemos nuevamente que uno de los targets ha sido el Ministerio de Cultura.

En cuarto lugar, que no sueñen con que esto pueda ser paliado con la entrada en vigor el próximo otoño de la reforma del Código penal: los tipos no están bien descritos para encajar en un ataque DDoS -acaso, solamente si se instrumentaliza dicho ataque a través de botnets– y no está, por tanto, bien definida ni será fácil de conectar a ellos ni la conducta de los atacantes ni la conducta de los promotores. Aparte de lo ilusioria que puede resultar la pretensión de imputar a centenares de miles -si no millones- de personas.

Punto de inflexión, desde luego, lo veo claro. ¿También de no retorno? Si esto fuera el principio de una verdadera ciberguerra en la que se implica activamente como bando la ciudadanía en masa… ¿tendría vuelta atrás? Dicho de otra forma: ¿se han esfumado las no muchas posibilidades que había hasta anteayer de llegar a una negociación una vez desaparecidos del escenario los agentes más caracterizados del apropiacionismo (Teddy Bautista, por más clamoroso ejemplo)? ¿Esta guerra será sin cuartel? ¿Habrá armisticio posible algún día? Y casi lo más importante: aunque hubiera un ínfimo margen para la paz… ¿habrá alguien que corra el riesgo de ponerle el cascabel al gato?

Hemos llegado a un extremo en que aquella vieja frase de Méndez Núñez, «Más vale honra sin barcos que barcos sin honra» ha sido trocada en el mundo internauta por aquella otra boutade de Perich (no sé si en «Perich Match» o en «Autopista»: «Más vale barcos sin honra, que ni honra ni barcos». Como se dice en el mundo taurino, que Dios reparta suerte.

La arrogancia y la prepotencia del copyright y de sus turiferarios, largamente sostenida, la brutal persecución de que han hecho objeto a familias corrientes y sencillas, la indefensión en la que nos encontramos el común de los ciudadanos ante la vesanía y la traición de nuestros políticos, entregados casi sin excepción a los intereses del enemigo, ha llevado a que ya no sea exagerado entonar aquellos versos de Bernardo López:

…Hasta las tumbas se abrieron
gritando: «¡Venganza y guerra!»

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Comentarios

  • lamastelle-DDosdemayo  On 08/10/2010 at .

    Puestos a escoger versos, me quedo con:
    ” ¡guerra! gritó al despertar
    el pueblo que al mundo aterra; ”

    y que sea un buen despertar, de esos llenos de cafeina.

    Me ha llamado mucho la atencion un detalle. El “ataque” estaba coordinado para la medianoche, pero bastantes horas antes la gente ya iba por su lado enviando peticiones de servicio. ¿Indisciplina española? ¿O mucho cabreo y pocas ganas de esperar EN CUANTO SE TIENE el instrumento correcto?

  • miguelc  On 10/10/2010 at .

    Javier. Esta vez no puedo estar del todo de acuerdo contigo. Coincido en parte del comentario, pero difiero en varios puntos que me parecen esenciales:

    1) “Un ataque DDoS es, en versión digital, lo mismo que romperle a McDonald’s todas las lunas con ocasión de que el equipo calzoncillero ha ganado la liga” … “no son maneras, como no lo son partirle la crisma de una pedrada a un antidisturbios”.

    Hombre Javier, me parece en esta asimilación te has pasado, tanto como los que asimilan descargar una canción con copyright sin pagar con el robo de un coche… es comparar peras con marcianos.

    En las manifestaciones y huelgas legales (o en los boicots ciudadados) también se producen perjuicios a otros, incluso a terceros inocentes, pero el derecho de expresión y de protesta de la mayoría prevalece mientras dicho perjuicio no sea desproporcionado.

    En tanto un DDoS sea de verdad una acción ciudadana, y no la fabricación interesada de unos pocos, y en tanto que su uso esté claramente dirigido y limitado, yo creo que deberíamos asimilarlo a una manifestación pacífica, y no a una algarada callejera con vandalismo y heridos.

    2) “toda esa energía de culos gordos incapaces de moverse más allá del teclado, debería canalizarse hacia la calle; porque lo que pasa en la calle, todavía hoy, es lo único que verdaderamente les horroriza porque es lo único que ni pueden disimular ni le pasa desapercibido al tecnoanalfabeto ciudadano medio”.

    El conceder valor sólo a las acciones presenciales, y no a las realizadas en la red, sin ánimo de ofender, creo que es un poco corto de miras.

    Es cierto que hoy por hoy sólo las manifestaciones presenciales son tomadas en cuenta, que a las acciones realizadas en Internet se las categoriza de anécdotas perfectamente ignorables. Pero yo me hago dos preguntas: ¿Por qué?, y más importante: ¿Es previsible que continue siendo así en el futuro?

    En cuanto al porqué yo creo que está en la no atribución de representatividad a lo que acontece en Internet. Aún es muy elevado el porcentaje de gente que creen que lo que pasa en Internet es sólo el quehacer de 4 frikis más o menos desconectados de la realidad.

    ¿Es cierto eso? Pues yo diría que lo fue, pero que cada día lo va siendo menos. Hoy ya no está tan claro, y en un futuro bastante cercano creo que será innegablemente falso. Me parece que mucho antes de que transcurra una generación vamos a tener pruebas palpables.

    Al fin y al cabo ¿por qué es “eficaz” un manifestación presencial y no una “virtual”? La diferencia es exclusivamente la importancia que le atribuímos, en definitiva una cuestión de percepción de la sociedad, y las percepciones pueden cambiar.

  • Javier Cuchí  On 10/10/2010 at .

    Hola, @miguelc

    Sobre el primer comentario, no digo nada porque solamente expones una opinión divergente y, por lo tanto, lo dejo ahí.

    El segundo ya implica un problema de valoración /realidad presencial/realidad virtual.

    Dices: El conceder valor sólo a las acciones presenciales, y no a las realizadas en la red, sin ánimo de ofender, creo que es un poco corto de miras..

    Yo no concedo valores. Valor es el que hay. Es que tú mismo lo dices: Es cierto que hoy por hoy sólo las manifestaciones presenciales son tomadas en cuenta, que a las acciones realizadas en Internet se las categoriza de anécdotas perfectamente ignorables.

    Pues aquí está el problema y, por tanto, hay que ajustarse a él. ¿Que un día llegará en que esto no será así? Eso creo y espero, pero, hoy por hoy, es así. Por tanto, si hoy quieres ser eficaz, hay que bajar a la calle. Mañana, ya hablaremos, pero hoy hay que bajar a la calle.

    Tu último párrafo se contesta con el antepenúltimo. Yo comprendo que esta realidad te cabrea, como a mí me cabrea cuando leo que Internet y las redes sociales son prácticamente intrascendentes electoralmente. Me cabrea y me jode, pero hoy es verdad. Que cada día es un poquito menos verdad, también es cierto, pero aún hace falta mucho tiempo para que los políticos miren Internet antes que el periódico.

    Y tenemos que funcionar con las realidades presentes, no con las que deseamos.

  • miguelc  On 11/10/2010 at .

    El valor es algo subjetivo… y modificable. Hacer que la protesta pase de la red a la calle porque sólo ahí parece importar algo al común de los mortales no es la única opción, en mi opinión ni siquiera la mejor, también está la de impulsar que esos mortales dejen de despreciar lo que pasa en la red.

    En realidad ambas posibilidades no se excluyen mutuamente.

    Por cierto, quizás deberíamos dejar de usar “realidad virtual” para referirnos al ámbito de Internet; cuando menos es inexacto. Una protesta por la red tiene de virtual lo que hacer la compra en el super por Internet, y no creo que nadie vaya a decir que esas son compras virtuales.

  • Ryouga  On 11/10/2010 at .

    Aunqie me ha gustaod elarticulo reconozco que yo tambien estoy de acuerdo con el ataque-manifestacion , que si que seria ,mejor en la calle pero lo que no se puede negar es que hay mucha gente dispuesta a hacer algo.

    Quizas no sea lo mas eficiente pero lo mismo que nos podemos unir para un ataque o para presentar una denuncia conjunta en la UE (con el apoyo de David Bravo) podemos canalizar esa fuerza en red, como vd. mismo ha comentado podemos promover cambiar nuestras costumbres, nuestras compras,nuestro voto,darnos de baja en el isp que quiera censurarnos o eliminar la neutralidad…

    Esto ha sido una llamada para la lucha ,una demostracion de lo que somos capaces de hacer y una llamada para que sepamos que no estamos solos, que somos muchos y tenemos poder para hacer que las cosas cambien, un punto de inflexion como dice.

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