Nubarrones de tormenta

De la serie: Correo ordinario

Hemos tenido un puente del Pilar bastante movidito en razón de la alcaldada de la suspensión del OSWC a cargo del amo del cortijo tecnológico andaluz -y quizá algo más que tecnológico: estamos hablando del sobrinísimo y de su tropa de burberries– a beneficio básicamente de Micro$oft, empresa norteamericana a la que el Gobierno andaluz, sobrado él, ha regalado dos milloncitos y medio de euros en tanto que suspende, apenas 20 días antes, un certamen empresarial de software libre alegando escasez económica.

Uno tenía preparado un discursito sobre la base de que sobre la pequeña y mediana empresa (y el software libre viene impulsado desde una pequeña constelación de PYMEs) descansa el 90 por 100 del empleo en este país (y en algunas regiones, quizá más aún) y de que nos escandalizamos -con razón- cuando una gran empresa pone en la calle a 6.000 empleados pro no hacemos caso cuando nos dicen (aunque no nos lo dicen mucho, como si no tuviera importancia) que en una semana o en un mes han cerrado dos mil microempresas a razón de tres trabajadores de promedio por cada una; lamentamos pero soportamos que haya que subvencionar la producción de grandes corporaciones para mantener el empleo -como la gracia esta de subvencionar la compra de automóviles- mientras permanecemos indiferentes ante el puteo sistemático que sufre la red microempresarial que verdaderamente soporta el empleo en este país.

Pero todo ese discurso es absurdo, porque los políticos destinatarios se lo saben de memoria. Lo cierto es que dos mil empresas de tres trabajadores cada una no pueden conchabarse para ofrecerle un tresporciento a nadie -entre otras cosas, porque tamaña conspiración sería pública y notoria en cuestión no de horas sino de minutos- mientras que una macrocorporación arregla el asunto con una cenita a la discreta luz de las velas. Y no hay más que hablar.

También durante estos días hemos estado digiriendo un extraño órdago del inefable Olcese, ese tío tan afecto a palacios morunos, contorsionista lobbístico del apropiacionismo, parecería que intelectualmente emparentado con Berlusconi (son igual de pintorescos) e impulsor de esa coña marinera denominada Coalición de creadores, que se permite chantajear al Gobierno. Lo primero que se me ocurre, así, a bote pronto, es por qué le hace falta al elemento en cuestión chantajear al Gobierno, toda vez que el Gobierno está desde siempre entregado a las pretensiones de la tal Coalición de Creadores: exigir la bolsa o la vida amenazando con una pistola a quien ya tiene previamente la cartera en la mano dispuesto a entregarla al… exigente, parecería o de una arrogancia bastante estúpida o de una ansiedad de auténtico yonqui.

En todo caso, como digo, no parece necesario porque no hemos sabido que, en ningún momento, el Gobierno haya pretendido dar marcha atrás con las exigencias de todo el gremio este de la propiedad intelectual. En ningún momento. Se impuso el canon inmisericordemente; se impuso a la Sinde sin que el clamor contra esa barbaridad política -no exenta de barbaridad administrativa- sirviera de nada; la famosa disposición adicional de la LES, la llamada Ley Sinde sigue adelante contra protestas masivas en la red y fuera de ella, sin que en sus primeros trámites parlamentarios se haya visto sensiblemente objetada ni siquiera por el principal partido de la oposición, que en su día no se privó, por cierto, de ventearla para desgastar al Gobierno… ¿Por qué, repito, Olcese lanza ese órdago? ¿Qué teme? Porque a mí -y a muchísimos centenares de miles de ciudadanos- ya nos gustaría que tuviese algo que temer. Y no parece, precisamente ahora que la alegre comandita de telecos, grandes proveedores de servicios en red y otros, le han insuflado oxígeno a fuerte presión: Micro$oft está a partir un piñón con Telefoníca, Google cae ahora en la cuenta de que obtiene más rendimientos a favor del apropiacionismo que en su contra y se diría que parece dispuesto incluso a tragarse la famosa tasa Google, valga la redundancia… En fin: todo son flores y alegría. Por lo demás, a la sociatada, asumiendo el desastre electoral que le espera en las tres próximas convocatorias (Catalunya, locales-autonómicas y generales), le da igual cuatro que cuarenta y mejor no indisponerse con estos señores que, cuando están contentos, alivian con buenos empleos las épocas de vacas flacas del partido.

Desde este punto de vista -y me temo que no hay otro- los ciudadanos no es que estemos al borde del pozo, sino que estamos ya cayendo por él. Sólo nos queda -no como remedio, que no lo hay, sino como puro arrebato de la iracundia que tan justificadamente nos acomete- morir matando. Castigarles electoralmente. Pero esto, ay amigo, es también complicado. Lo cierto es que toda esa chusma de politicastros de uno u otro color, nos da por el culo sencillamente porque se lo permitimos; si es que no hay más culpables que nosotros. En realidad, nosotros tenemos las llaves del campo de maniobras: tenemos los votos y tenemos el dinero. Con los primeros podemos putearlos lanzándonos a votar en masa agrupaciones pequeñas; con los segundos, pordemos amargarle la existencia al apropiacionismo a base de pequeños boicots, tan dolorosos para el enemigo como de livianas privaciones para nosotros. Pero no hay manera.

En cuanto propones lo del voto, te salen cuatro mil a decirte que eso no sirve de nada porque bla, bla, bla. Está claro, por otra parte, lo mucho que sirve el voto convencional; me extendería sobre o mucho que protegió Aznar los intereses de los internautas y las libertades en red (no olvidemos que fue bajo su mandato que se produjo la última modificación de la LPI, tan favorable para los ciudadanos…) y qué vamos a decir de la sociatada vigente que no entre en el resumen de dos párrafos más arriba. Si alguien piensa que con el PP nos va a ir mejor, no tiene más que ver cómo, a falta de un año y medio de tomar el poder (si llega a tomarlo, cosa que me da exactamente igual que lo contrario), ya está tragando con la Ley Sinde al cien por cien. Luego nos echa al González Pons para que nos haga kilikili bajo la barbilla, y nosotros a mear colonia como tontos. Personalmente no me fío un pelo de los de Rosa Díez, más que nada porque no tiene credibilidad: dice exactamente lo mismo que todos los demás mientras están en la oposición, luego cabe colegir que hará exactamente lo mismo que todos los demás si llega al poder (entendiendo como poder pillar unos escañitos desde los cuales quizá podría estropearles la función a los del apropiacionismo en alguna que otra ocasión, pero verás cómo no. Ahora, que votar a la gentecilla de Rosa Díez pueda estar bien para cabrear a los dos gordos, eso sí. Yo, teniendo a Pirata, no voy a hacerlo, pero reconozco que sin Pirata se me pasó por la cabeza. Me lo quité de la misma viendo a la Díez vestida de Agustina de Aragón, con cañón y todo, en no sé qué semanal. Fue como ver la luz: las unas con el Vogue y la otra con la artillería, píllenos santa Bárbara cagaos y meaos. Ahora tengo a los del parche, que con una situación política normalizada, ni loco, pero según está la situación es un voto incluso inteligente, no sólo rabioso: primero, porque votando a los de siempre -sea del lado que sea, si es que ambos lados son realmente distintos- no salimos de la miseria y, segundo, porque Pirata, con un buen guión -que es lo que está por ver- puede dar muchísimos disgustos al enemigo.

Pirata no va a arreglar la educación, pero… ¿los otros sí? Pirata no va a salvar nuestros derechos como trabajadores ni el futuro de nuestras pensiones, pero… ¿los otros sí? Pirata no va a establecer un régimen tributario más justo pero… ¿los otros sí? Con los otros no tenemos absolutamente ninguna esperanza; esperanza sólo podemos tenerla con un cambio de sistema y éste, quede claro, no se va a producir desde dentro y lo veo crudo desde fuera, vista la horchatez hematológica de esa masa amorfa y abotargada que, no sé por qué, seguimos llamando ciudadanía.

Soy consciente de que Pirata no va a poder afrontar -probablemente, tampoco sabría, si pudiera- los grandes problemas que nos agobian, pero estoy convencido de que los otros no van a hacerlo, simplemente por estar vendidos al enemigo. Todos ellos y sin excepción alguna. Con Pirata, quizá consigamos, aparte de librarnos de algún que otro embate del apropiacionismo -que tampoco me hago apenas ilusiones con las previsiones incluso más optimistas-, contribuir con sus pocos votos a que prospere alguna enmienda de una ley aquí o allá que mejore el estado de la ciencia, de la I+D. Quizá ni siquiera eso es seguro. Lo que sí es seguro es que, con algunos diputados Pirata, la voz de la ciudadanía, la auténtica voz de la red, sería escuchada siquiera durante cinco minutos en cada pleno y durante algunos -bastantes- más en comisiones. Es triste que no podamos aspirar a más, pero más triste es -y me temo que así va a ser- que nosotros mismos nos autoexcluyamos de esa pobre y cutre, pero única, posibilidad.

Que no nos pase nada.

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Comentarios

  • ifanlo  On 13/10/2010 at .

    “Aldo Olcese es presidente de T-Systems (Deutsche Telecom)”
    Ah…! Esa empresa a la que han pillado de marrón en Leganés (por usar Word, además de por chorizos):
    http://www.prnoticias.com/index.php/prmadrid/933/10060424

  • Salva  On 14/10/2010 at .

    Yo tengo clara la solución. En ninguna de las elecciones voy a votar ni al PSOE ni al PP.

    Y si todos tomamos tal decisión, les haremos un buen agujero en sus escaños. Y una elección tras otra, TODOS irán tomando nota.

    Por que uno es nada, pero uno+uno+uno+… es mucho.

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