Cenagales, premios y papas

De la serie: Los jueves, paella

Pido humildemente disculpas por el pinchazo de la paella del jueves pasado, debida a circunstancias personales que me impidieron terminarla (la mitad, prácticamente, ya estaba escrita). Ya anuncié, no obstante, a principios de temporada, que las paellas, o serían en jueves o no serían, por lo que decidí no continuarla de cara al viernes. Eso no quiere decir que lo ya escrito, cuando menos en su mayor parte, vaya a perderse: la primera entrada de la de hoy es la primera de aquel frustrado arroz, y tal como hubiera visto la luz, con su orden y todo, la ve aquí y ahora.

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¿Puede caer la administración Hereu más bajo? Y digo administración para no personalizar y porque, en definitiva, Hereu tiene un perfil como alcalde tan ínfimo que ni siquiera lo veo como delincuente de altos vuelos. No, para mí la inocencia de Hereu en tanto que funcionario -eventual, pero funcionario, aunque no sé si lo es también de carrera- está fuera de toda duda. Si Hereu hubiera sido alcalde de Marbella en algún momento de los últimos 20 años, seguro que ahora no estaría en el banquillo; pero seguro también que el caso Malaya estaría en todo su esplendor forense como ahora… o más.

Si la concejalía de Urbanismo se vio pringada en el asunto del hotelito del Palau, ahora también hay corrupción en Ciutat Vella donde la cosa ha llegado a comportamientos verdaderamente mafiosos; y no lo digo yo: esa expresión ha sido utilizada en medios de comunicación. Lo cierto es que se llegó a amenazar físicamente a la concejal del distrito, Itziar González, que ahora entendemos por qué se fue corriendo; y no era para menos. Lo divertido del hotel del Palau es que, cuando más felices se las prometían los socialistas a medida que gente próxima a CiU se iba viendo pringada en el asunto, pataplaf, la sociatada presa de patas en él, como las moscas que fueron al panal de rica miel. Para acabarla de joder, resulta que la juez llegó a la mafia de Ciutat Vella a través de la dearticulación de dos casas de putas en Castelldefels. Si es que no falta ningún detalle sórdido. El caso es que en las causas contra el Saratoga y el Riviera, los dos macroputiferios en cuestión, apareció el nombre de un ingeniero, un tal Quilez, que podría estar pringado en la concesión de licencias irregulares a los dos locales. Y cuando los servicios jurídicos del achuntamén (el de Barcelona, obviamente) se huelen la tostada requemada de Ciutat Vella y empiezan a escarbar, aparece recomendado el tal Quílez como un señor muy especialmente idóneo para nada menos que legalizar los cambios de uso de los apartamentos turísticos, en el 80 por 100 de cuyas gestiones alrededor los cuales andaba mezclado. Obviamente, los servicios jurídicos municipales dispararon toda la documentación a la juez, que abrió diligencias separadas porque el tomate, que era mucho, era distinto. De la especulación putiferil a la especulación inmobiliaria y tiro por que me toca y Hereu tratando lastimosamente de dirigir el circo sin darse cuenta de que le estaban creciendo los enanos (otros más, porque a estas alturas, si le sumas el global de la gestión municipal, la consulta de la Diagonal, el affaire Urbanismo y tres o cuatro cosas más, ya habrá podido formar su buen par de equipos de baloncesto con reservas y todo).

Lo cierto, todo hay que decirlo, es que la culpa no es solamente de Hereu. El problema, todos lo sabemos o intuimos, es que los sociatas han estado demasiado tiempo en el achuntamén (nada menos que todo lo que llevamos de democracia municipal) y su ocupación del consistorio ya es más bien un quiste cancerígeno con metástasis por todas partes. Conozco el síndrome: lo viví en la Generalitat convergente. Claro, cuando esto pasa, hay que abrir ventanas: no importa quien venga, todos son igual de tramposos y de falsarios y a todos les importa exactamente lo mismo -o sea, una mierda- el bienestar, los intereses y la opinión de los ciudadanos, pero hay que ventilar la estancia de cuando en cuando: digamos que cada ocho años, sobre poco más o menos. Por eso está bien que ahora la mitad de los catalanes con derecho a voto (parece que la abstención va a rondar el 50% si no cambian mucho las cosas) vayamos a darle puertas a Montilla para que entre CiU -sola o en pepevergència– y haremos bien no dejando que los de CiU echen ahí, a su vez, más de un par de mandatos. Si, mientras tanto, podemos colarles dos o tres Piratas que canten la caña en el Parlament, mejor que mejor, pero sobre todo que los gordos se vayan relevando porque así no se producirá el síndrome de territorio conquistado (o peor aún, de patrimonio familiar) que se produce inevitablemente a la que se cumplen, sobre poco más o menos, dos o tres lustros en el poder (y no te digo cuando esa cantidad se duplica). Por tanto, insisto, cada dos elecciones, cambio de tercio y a la puta calle el que hay para que se ponga el otro; los ciudadanos seremos igual de puteados y encabronados, pero, al menos, podremos respirar un poco.

A ver si hay suerte y en el achuntamén podemos hacer lo mismo. No está tan claro como en la Generalitat -donde Montilla se hunde, glu, glu, glu y ERC queda incluso por detrás del PP, si se materializan las encuestas de estos días- pero también hay buenas posibilidades… A no ser que el PSC sustituya a Hereu por un candidato con cara y ojos (que los tiene, uno o dos, pero no voy a decir quiénes para no darles ideas gratis) y los sociatas puedan, cuando menos, repetir tripartito. Lo que sería un desastre, porque Hereu no es el problema, sino un apéndice -molesto pero poco importante- del problema.

Esperemos a ver qué pasa…

(Nota: gracias, Jordi, por el enlace estratégico) 🙂

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Tras una temporada verdaderamente gloriosa -la verdad es que no cabe otro término- los campeonatos mundiales de motociclismo van a ser, los tres, españoles (falta consolidar uno de ellos, pero ya está prácticamente en el bolsillo). Y aunque ha sido una temporada sin duda histórica -y no sólo a nivel español-, lo cierto es que, con sus paréntesis, desde luego, los éxitos nacionales en el motociclismo -y no sólo en pista de velocidad- han sido tantos y tan contínuos que ha habido años en que no les hemos hecho ni caso, así somos de sobrados.

Es, además, especialmente gratificante porque responde a una realidad social: España, no sé si por su climatología o por lo que tiene de individualismo la moto o, más probablemente, por ambas cosas, es un país muy motero. Motero en las ciudades, pero también en las carreteras, donde no es en absoluto infrecuente cruzarse o verse adelantado por un pelotón de motoristas a veces muy nutrido. A mí siempre me gusta verlos en carretera -aunque yo no soy motero- porque son espectaculares y, sobre todo, porque no dan el coñazo; ojalá pudiera decirse lo mismo -que no se puede- de los moteros urbanícolas. Incluso el propio hecho de que la mayoría de españoles en pista y en podios sean catalanes responde también a una realidad: si España, en su conjunto, es motera, Catalunya la lidera en este ámbito y con ventaja; conviene no olvidar que en el primer puesto del podio de la categoría reina hay un mallorquín, pero el segundo está ocupado por un catalán.

Todo lo contrario que con el esquí, que media España se lanza los fines de semana de invierno a lucir modelito y a reventar el entorno montañero en lo que cabe concluir, de acuerdo con todos los indicios, que no es más que un ingente ejercicio de pijería, si comparamos la extensión de la práctica con los resultados deportivos -nulos y absolutamente bochornosos- en las diversas especialidades níveas.

Lo único que ensombrece el éxito del motociclismo español es una canallada.

Todos los que tenemos una edad sabemos a quién se deben tantos y tantos años de triunfos que culminan con el pelotazo de esta temporada (y con un futuro, además, prometedor): lo debemos a aquella única gloria deportiva que tuvimos durante muchos años (calzoncillo pelotero aparte), al único que levantaba, una tras otra, banderas españolas por todo el mundo mientras el resto de sudorosos era incapaz de levantar siquiera la del barrio. Hablo de Ángel Nieto. Porque, además, ya no sólo fue el entusiasmo que desencadenaron sus triunfos, es que después de retirarse de los circuitos continuó dedicándose al motociclismo y apadrinando a quienes, andando el tiempo, habrían de multiplicar sus éxitos. Y no hablo de miembros de su familia -que también- sino de tantos y tantos motociclistas que él, directamente o de alguna otra manera, aupó. Por más españoles en moto que haya, que los hay, es muy difícil comprender la existencia de Jorge Lorenzo, Dani Pedrosa, Toni Elías, Márquez, Terol, Espargaró, entre los campeones de hoy (y me dejo a muchos muy bien clasificados, verdaderas promesas de futuro), pero también glorias ya viejas como Sito Pons o Jorge Martínez Áspar sin la previa existencia de una figura como Ángel Nieto. Como también en su día Ángel Nieto fue el más grande, pero no el único grande (recuerdo, por ejemplo, al malogrado Sebastián -esos toros…- Víctor Palomo).

Pues bien: Ángel Nieto ha sido varias veces candidato al premio «Príncipe de Asturias» y nunca lo ha obtenido. ¿Por qué? La respuesta es bien fácil: los premios «Principe de Asturias» han acabado por no ser sino un modo de promoción monárquica, un pretexto para que el alteza se haga la foto con celebridades mundiales y la cara de ese señor anodino -cuyos méritos son absolutamente ignotos- dé la vuelta al mundo en plan guay. Y en este mundo mediático en el que una vida entera de trabajo y de abnegación no merece más allá del macluhaniano cuarto de hora de gloria, una foto con Ángel Nieto ya no da la vuelta al mundo.

Se pierde así, en humo de colores de monarquismo achacoso, la oportunidad no sólo de retribuir el mérito de una vida entregada por completo a un ámbito que ha dado a España muchísimas jornadas inolvidables empezando por las del propio protagonista, sino de ofrecer a los jóvenes un verdadero ejemplo en positivo, precisamente a unas generaciones que no van, que digamos, demasiado bien orientadas en la cuestión y que, con harta frecuencia, siguen conductas y ejemplos absolutamente perniciosos.

Suma y sigue otro buen motivo para anhelar la Tercera República.

De una puta vez.

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La visita del Papa católico a España (especifico lo de «católico» por si hubiera otro, aunque me parece que no desde que cascó el tiburcio aquel del Palmar) está dando que hablar por la gran pastizara que está costando y cuya mayor parte nos están ocultando. Se dice, por ejemplo, que en Barcelona al obispado le costará medio millón de eurillos, cifra que representa -leía yo hoy por ahí- la cuarta parte de lo que la Iglesia gasta en los pobres; en medios episcopales arreglan la cosa diciendo que, bueno, es una inversión porque la visita del Papa va a constituir un negocio. Tal cual. Bueno es saberlo, aunque no tenga la menor intención de contribuir al meritado negocio con mis caudales personales.

Cuestión distinta son mis caudales públicos. O, dicho de otra manera más inteligible, el dinero público que nos va a costar la broma. El primer gran concepto, la seguridad. Desde la izquierda de la señorita Pepis que manda en las tres administraciones actuantes, se nos dice que, bueno, en definitiva la seguridad es una partida que ya se gasta con la visita de cualquier jefe de Estado. Pues sí. Pues sí, pero no.

Si la canciller alemana, pongo por caso, sufre un arrebato beato-artístico y le da por visitar la Sagrada Familia -sigo poniendo por caso- durante un viaje oficial a Cataluña, en fin, sí, desde el Palau de la Generalitat le montarían una caravana que entre polis españoles y alemanes, acompañantes, colegas y la habitual manada de pisacharcos, sumarían quince o veinte coches, desplegarían unos cuantos polis más a lo largo del trayecto y probablemente el recorrido sería vigilado desde un helicóptero. Vale. Pero es que el señor este, el Papa, no es que solamente vaya a la Sagrada Familia sino que pretende darse un baño de masas por toda Barcelona -que será cortada concienzudamente, habrá que joderse tal día- cruzando todo el puto ensanche en un recorrido que fácilmente hará los cinco o seis kilómetros (no lo he medido, estimo a ojo). Eso supone, entre polis normales, polis de élite, GEOs, francotiradores y demás gente de armas y pinganillo una cantidad de gente acojonante, gente en su mayoría venida de fuera que, además de su sueldo, tendrá unas dietas y/o unos costes de desplazamiento. Además, dentro del templo habrá cuatro mil (4.000) personas que van a ser investigadas (no identificadas: investigadas), por si se cuela un moro pérfido (a los etarras no cabe temerlos, que son gente de mucha misa). Esa investigación tendrá también un importante coste. Y todo eso no lo va a pagar el obispado.

Encima, como ese señor es tan caro de ver, no va a tener el habitual y protocolario acompañamiento de cualquier Jefe de Estado, no, sino que será seguido por una laaaaaarga fila de ministros, consellers, concejales, secretarios de Estado, directores generales y la mucho más laaaaarga aún fila de enchufados, cagamandurrias, meapilas, sorbemocos, comemierdas y demás ralea del partido o del cuñadismo afín, que se habrá hecho invitar a la ocasión pagando nosotros, claro (porque, encima, los tíos cobrarán horas extra pretextando que están allí en cumplimiento de un deber profesional).

Y suma y sigue, porque todos estos, más una selecta representación de la jet set barcelonesa y catalana, con su correspondiente long tail de intelectuales, artistas, hombre, no faltaba más, cantachifles, cómicos y no pare usted de contar, que se apuntarán a los almuerzos de honor, cenas de honra, copas de cava catalán, copas de vino español, y copas de donde haga falta, etcétera. Y todo esto lo seguiremos pagando nosotros.

Porque todo este despliegue (más pantallas gigantes, megafonías, microfonías, camerámenes, luminotecnias, y sigue, y sigue…) no se va a pagar con los 500.000 del Obispado, que ante todo esto no pasan de ser el chocolate del loro.

Según están las tesorerías públicas (y espera a que se aprueben los presupuestos para el 2011, con un recortecito medio del 8 por 100, verás qué risa), que aún tienen que afrontar unas elecciones catalanas ahora y unas municipales y autonómicas en la próxima primavera, no nos faltaba nada más que el gran papa-show en plan fastuoso, talmente como si se estuviera rodando Cleopatra. Y esta vez no es que nadie chiste, no, que hay un cierto escandalillo y muchas preguntas por el tema de la pasta. Da igual. Es un estupendo numerito para tener a millones de ciudadanitos entretenidos un fin de semana y una ocasión perfecta para salir en la foto, ahora que vienen elecciones y los que ahora ocupan la poltrona no parecen tener el futuro nada halagüeño. Vigente monarca incluido.

Y eso que mandan unos tíos que dicen que son de izquierdas y, encima, lo dicen tan serios y tan puestecitos, y hasta se enfadan si se lo desmientes a la jeta. Cuando tienes ocasión para ello, que no hay muchas, claro. Esos viven en un burbuja y no se enteran.

Ya lo dije el otro día: tenemos lo que se merecen.

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Pues hasta aquí llegó el arroz por hoy, queridos todos. Próxima paella, el día 21 de octubre. Acercándonos al cambio de hora (será la noche del 30 al 31) que, a cambio de perder unas hermosas horas de luz por la tarde (cerca de Navidad, en Barcelona es de noche a las cinco y media de la tarde) me obsequia con unos amaneceres maravillosos unos minutos antes de entrar en el trabajo.

Pero todo se andará y, de momento, hay mucho tomate que ir triturando…

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Comentarios

  • Jordi  On 14/10/2010 at .

    De nada, a disponer. 😉

    La espera ha valido la pena.

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