Bajo las alfombras

Artículo publicado -originalmente en catalán- en el blog de Pirates de Catalunya

El caso Palau, el affaire Santa Coloma, la mafia de Ciutat Vella (casco antiguo de Barcelona)… ¡Cuánta suciedad! Y todos nos horrorizamos pensando cuánta más debe haber cuando vemos el urbanismo en nuestras costas (la del Maresme y la Costa Brava, prácticamente han desaparecido, y lo mismo cabe decir del litoral tarragonés, Costa Dorada, le llaman, debe ser por los que se han llenado los bolsillos a cascoporro), en nuestras montañas e, incluso, en los valles metropolitanos. No hay forma de mirar un ladrillo sin ver detrás dinero, dinero sucio, dinero de corrupción.

Pero… ¿Y lo que no se ve? Porque la corrupción urbanística la tenemos delante, bien presente. No sabemos quién, ni cómo, ni cuándo, ni qué, pero podemos oler la porquería sólo con ver el cuerpo del delito, el cemento, el vidrio, el acero… el ladrillo, claro. Pero hay mucha más corrupción, otro tipo de corrupción que no se ve, pese a que es tan poco sutil como la urbanística, que canta de la misma forma, pero que queda disimulada detrás de materias a las que la gran mayoría de los ciudadanos es ajena (y ya hay quien se encarga de que siga así, en esta tan conveniente y alejada ignorancia), como son las tecnologías, o bien se trata de cosas elegantes, como la cultura, una palabra que -no nos engañemos- también tiene un significado alejado para muchos pero, contrariamente a lo que sucede con la tecnología, nadie osa reconocerlo.

Cuando llegó el tripartito -el primer tripartito- se firmó con mucha pompa, mucha ceremonia y mucha cagarela el famoso Pacto del Tinell, con el acompañamiento musical del llavero de Carod ¿os acordáis? Bueno, pues en aquel pacto del Tinell, pensaron en las tecnologías y las colocaron en un pequeño párrafo tirado por allí en medio del texto, y disponía la adopción generalizada de tecnologías libres: formatos, software… Cataluña se disponía a adelantar a Extremadura como un Ferrari rebasa a un seiscientos en una recta de autopista. Pero nada: ni Ferrari, ni autopista, ni nada. Medio año después, ya veíamos que aquí no se pasaba del burro y del camino de herradura. Después, ya con el segundo tripartito, ni burro, ni carro, ni nada: simlemente, se acabó lo que se daba y se volvía -suponiendo que se hubieran ido- a los amorosos brazos del monopolio norteamericano. A todos los niveles: Generalitat, Ayuntamiento de Barcelona… en todas partes. Ahora, con el tripartito a las puertas de la morgue, el único saldo positivo -aparte de mucho blablabla, mucho impreso en papel couché, proyectos, promesas y gilipolleces varias- resulta ser la distro Linkat, obra de esforzados activistas del conocimiento libre encuadrados -a modo de guerrilleros- en el Departament d’Educació, que ha quedado como plato de segunda mesa en el proyecto EduCat 1×1, otra gorda, ya que hablamos de suciedad. La realidad, triste y terrible, es que hoy Cataluña es territorio conquistado por Micro$oft y que esta conquista no va a correr peligro -al contrario- con el probable advenimiento de CiU al Gobierno de la Generalitat. Muchas voluntades han sido, redondamente, compradas. Muchas.

Lo verdaderamente alucinante es que todo eso -y más que veremos a continuación- haya podido ocurrir en medio del silencio sepulcral de los ciudadanos. Se explica por aquello que he dicho al principio: el analfabetismo digital del ciudadnao medio es proverbial. Pero… tampoco eso es del todo exacto, quizá no haya habido tal silencio sepulcral. Es cierto que se han podido oir voces de denuncia desde diversos ámbitos del software libre y del conocimiento libre en general. Lo que sucede, sin embargo, es que el activismo catalán pro-tecnologías abiertas es fragmentario y atomizado; no existe en Cataluña una organización puntera como en el común de España lo es la Asociación de Internautas o como, en otras épocas -ahora está muy lánguida-, lo fue Hispalinux. Como ya hace tiempo diagnostiqué, en Cataluña sólo hay pequeños grupos -microgrupos, realmente- vinculados y cohesionados por un proyecto muy concreto (y, en no pocos casos, de gran calidad) o por afinidades personales que vienen de muy atrás en el tiempo. Su activismo no va más allá de sus propios muros -materiales o intelectuales- y en algun caso incluso puede detectarse vinculación ideológica y hasta de partido. No existe, en todo caso, una sociedad civil fuerte que de respuesta, ni mucha ni poca, a este estado de corrupción generalizada en el ámbito tecnológico.

Si vamos al ámbito cultural, varía el decorado, pero no el problema: ingentes cantidades de dinero público se destinan a manifestaciones musicales, literarias o cinematográficas designadas por los intereses de las grandes empresas de la industria del ocio, secundariamente también al clientelismo de partido y, muy en último término, a la promoción lingüística. Sabemos que no pocos ayuntamientos, a la hora de decidir las actuaciones de sus fiestas mayores y de otras manifestaciones públicas, reciben catálogos de artistas elaborados desde el núcleo central del partido en el poder en el respectivo municipio. Y si esta situación es muy triste en sí misma, es aún peor si pensamos en la discriminación y el abandono que sufren proyectos culturales de base, trabajos realizados fuera de los circuitos comerciales, en muchos casos de gran calidad, y no sólo de gran calidad artística, en un sentido formal, sino también desde una perspectiva intelectual, dotados de contenidos que, de muy ingeniosas maneras, inducen a la reflexión y a la concienciación cívica, entendida no como la asunción de la consigna políticamente correcta (eso ya lo hacen los comercialmente consagrados) sino como una estructura dinámica de vectores ciudadanos. Y eso, esta situación, también es corrupción: no sólo económica, sino también dmocrática. Y pasa despercibida.

Hace falta, pues, y con urgencia, una voz, una voz pública, clara y fuerte. Tenemos que salir, por pura supervivencia tecnológica y cultural, de este silencio -antiguo y muy largo, que decía Raimon- que nos ha impuesto el control de los medios de comunicación a cargo de grupos empresariales que canalizan sus intereses en el ámbito público apadrinando políticos; y, encima, este padrinazgo se retribuye con el dinero de todos.

Es necesario, tanto como el oxígeno que respiramos, que Pirates de Catalunya tenga voz en el Parlament para que haya alguna esperanza de que esta tecnología y esta cultura, que están ahora en manos de minorías enemigas de la ciudadanía, lleguen a ser verdaderamente populares, lleguen a ser de todos, algún día. Necesitamos actas parlamentarias que reflejen verdades, verdades duras y necesarias -no los lugares comunes de los políticos venales- que los comunicadores podamos divulgar en Red y fuera de la Red. Necesitamos que desde el Parlament se sacuda a los ciudadanos, se les saque del marasmo de ignorancia y de desinformación al que se les ha sometido para que todo el mundo adquiera la plena conciencia de lo que nos estamos jugando todos, de lo que nos han robado ya y de lo que aún pretenden robarnos en el futuro.

Nuestra defensa está en nuestras propias manos. Recordémoslo el próximo domingo 28.

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Comentarios

  • Monsignore  On 29/11/2010 at .

    Bueeno… por lo menos se ha intentado.

    Mañana será hora de contar votos y ver el apoyo a la iniciativa.

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