Militar, por supuesto

De la extraordinaria y novedosa serie: Paella de alarma
Indicativo de serie sugerido por el incordiante amigo y seguidor Jordi

Tan pronto se instauró la IIª República, en 1931, el nuevo régimen procedió a la depuración de responsabilidades de los altos cargos de la Dictadura de Primo de Rivera. Uno de los que hoy llamaríamos «imputados» fue Galo Ponte, ministro de Gracia y Justicia del Directorio en el poder, y su defensor fue José Antonio Primo de Rivera, el hijo del dictador, que dedicó toda su actividad -puramente personal y jurídica: aunque sólo a dos años y medio de la fundación de la Falange, ésta se hallaba idealmente aún muy lejana- a la defensa de la memoria política y humana de su padre, ya fallecido.

En esa defensa -política, porque el tribunal estaba compuesto por políticos y el propio proceso nunca ocultó su carácter político- Primo de Rivera desarrolló una teoría un tanto estrambótica que, por ello, nunca trascendió a los estudios formales de Derecho, no sé si por su carácter inaudito o porque, ni entonces ni después, hubo interés alguno en considerarla. No entro a juzgarla porque mis estudios jurídicos, que nunca pasaron de la teoría académica -gracias a Dios, si lo hubiere, y más gracias deberían aún dar mis ignotos y en tal caso desgraciados clientes, si los hubiera habido- no me confieren autoridad alguna para el juicio doctrinal en profundidad, pero lo cierto es que los hechos de este aún incipiente y larguísimo fin de semana, sólo entre viernes y sábado, han sido suficientes como para recordarme algo cuya primera lectura se remonta a muchos años atrás. Ese «algo» es lo que podríamos llamar teoría de la subversión constitucional.

Para explicarla -o para empezar a explicarla, si es que acierto a ello- cito literalmente a José Antonio:

«Las imputaciones que integran el primer grupo [infracciones contra la Constitución de 1876] ¿pueden en serio sostenerse contra don Galo Ponte? ¿Pudo don Galo Ponte, nombrado ministro en diciembre de 1925, delinquir contra la Constitución del 76? Para afirmarlo hay que prescindir, artificiosamente, nada menos que de esto: de que el 13 de septiembre de 1923 se dio un golpe de Estado contra el orden constitucional vigente entonces; de que el 15 de septiembre de 1923 se publicó, refrendado por el Dictador, un decreto que alteraba hasta el fondo el régimen constitucional, puesto que encomendaba las funciones ejecutiva y legislativa a órganos diferentes de los que el Código constitucional señalaba, y de que, por consecuencia, a partir de aquellos sucesos, nadie pudo en España delinquir contra la Constitución del 76, porque aquella Constitución no existía; había sido rota, subvertida, derrocada, y una Constitución subvertida es una Constitución definitivamente muerta; las Constituciones no pueden resucitar.

¿No suena esta tesis en vuestros oídos con familiar autoridad? Debéis reconocerla, porque fue la misma que sostuvieron los revolucionarios españoles contra los últimos Gobiernos de la Monarquía. Cuando éstos, frente a la agitación revolucionaria, acusaban a aquéllos de delinquir contra la Constitución, los revolucionarios invocaban el argumento que yo invoco ahora: desde el golpe de Estado, nadie ha podido delinquir contra la Constitución, porque la Constitución, rota, no existe; las Constituciones no pueden resucitar.

Eso decían, y teóricamente tenían razón. No por el conocido argumento de que la Constitución es un pacto entre dos partes, pacto resuelto cuando una de las dos partes lo incumple. Tal argumento traslada al Derecho público, superficialmente además, nociones que pertenecen al Derecho privado. Sino porque la imposibilidad de que una Constitución reviva es consecuencia que se desprende de la unidad del orden jurídico. A la doctrina que la defiende tengo que referirme, y ya veréis cómo me muevo dentro de lo rigurosamente jurídico, sin vagas invocaciones a realidades de orden histórico o social. Esta doctrina de la unidad del orden jurídico es la profesada por la escuela vienesa, por la escuela pura del Derecho, aquella que reclama para el pensamiento jurídico todo el rigor formal, indiferente a los fenómenos materiales, que caracteriza a la Matemática. Y, además, como doctrina de pensadores extranjeros, no es sospechosa de estar influida por circunstancia alguna de nuestra Patria. Eso acrecienta, al recordarla, su autoridad».

Primo de Rivera continúa su eje de razonamiento por caminos de la filosofía del Derecho -interesantísimos por demás (Merkel, Kelsen y compañía, en fin, la escuela positivista)- con los que no pienso agobiar al lector, pese a que la filosofía jurídica es mi última trinchera del conocimiento leguleyo y aún podría lucirme -modestamente- en ese ámbito. Si alguien quiere seguir el hilo completo, aquí le dejo el camino marcado y juzgue cada cual con su propio intelecto, no sin que deba ser avisado previamente de que estamos ante una materia muy difícil y enrevesada. Me limitaré a mencionar una realidad que, cuando menos en principio, podría sustentar la teoría jurídica joseantoniana: nunca en la historia de los regímenes constitucionales -al menos de aquellos cuya importancia ha sido digna de constancia en el estudio general- una constitución caída ha vuelto a ser repuesta. Se habrá promulgado otra en la misma línea o, incluso, acentuando más aún la línea de la caída, es posible; pero nunca jamás ha vuelto a ser repuesta aquella que cayó.

Bien… ¿Qué ha pasado entre ayer y hoy para que mis febriles y contrasistemáticas ideas me lleven al recuerdo de tan inédita teoría? Voy a tratar de explicarlo en cristiano, para que se entienda bien.

Todos, es decir, todos los españoles mayores menores de sesenta años, hemos crecido en la convicción de que España es una colonia de los Estados Unidos. Quizá hoy una colonia de primer orden, cuando hasta hace treinta o cuarenta años lo fue de segundo, mientras que las hay de tercer y cuarto orden, quizá incluso de quinto. En fin, lacayos mejor vestiditos, más elegantes, mejor alimentados y mejor considerados, de los que sirven al patrón sus manjares en bandeja de oro; pero, en la entidad humana -política, para el caso- tan lacayos como el pringado que recoge estiércol en las cuadras. Lo sabíamos, lo sabemos todos, estábamos -estamos- moral, íntimamente convencidos de esta realidad y, en fin, nos hemos reído, con mayor o menor amargura, del pardillo que creía otra cosa. Y también había -hay- quien, perfectamente consciente de esa situación, le parecía -le parece- bien: si hay que comer mierda, piensan, mejor que esté cocinada por Ferran Adrià. Bueno, es una forma de verlo.

Pero, en todo caso, era una sospecha, una convicción moral, nada oponible jurídicamente y ni siquiera políticamente. Wikileaks ha acabado con todo eso. Ahora tenemos pruebas. Pruebas perfectamente oponibles, pruebas palpables. Por supuesto que aquellos que ven sus pescuezos señalados por el dedo de la ignominia las relativizan. «Son chismes», dicen. Eso es: los embajadores norteamericanos van a dedicarse a transcribir el «Hola» a su Secretaría de Estado. Porque ya sabemos que un embajador norteamericano debe ser alguien con el perfil, pongamos por caso, de un Jorge Javier Vázquez y que ha sido enviado aquí para que describa con profusión, puntualidad y exactitud la sensibilidad del clítoris de la Preysler (siempre, claro está, que la Preysler, puesta en relación con quien fue un superministro de Economía, no tenga un chichi objeto del mayor interés para el Imperio; lo digo porque no he leído todos los cables y a mí ya no me sorprende nada). No. De chismes nada. Son informes breves, exactos y sin retórica: al cornudo se le llama cabrón y a la Condoleeza no se le caían las bragas por un quítame de allá ese palabro y a la Clinton, que ha cepillado mucha lefa de pantalones, no la van a asustar unos carretes aquí o allá.

Wikileaks, como ya ha dicho alguien por ahí, no nos ha contado nada nuevo. Nada absolutamente. Todo lo que ha trascendido del Cablegate ya lo sabíamos. De la sospecha a la certeza, a la prueba: ha cambiado toda la más esencial categoría de razón. Ha probado todo lo que nos imaginábamos. Todo. Wikileaks nos ha proporcionado material como para procesar -no oso decir condenar, pero, idealmente, me acerco- a medio consejo de ministros (el de ahora y de unos cuantos de antes) y me quedo corto. Y ya no sé si como para procesar, pero también ha enmerdado a la oposición, ahora que sabemos -tal como, efectivamente, sospechábamos- que a Rajoy, la lucha por la libertad en Red le importa una mierda y que cuando él mande vamos tan apañados y tan de culo como ahora, que mandan los otros, pero que, mientyras tanto, aprovecha para meterle dedos en el ojo al triste y cutre presidente del Gobierno que sufrimos. Y quizá no dé para procesar a otros que operaban en el ámbito privado, pero que han quedado bien lucidos, como -según hemos sabido hoy mismo- diversos dirigentes de la $GAE y de Promusicae que conspiraban contra España y contra sus ciudadanos desde la propia embajada de los Estados Unidos. De la misma forma que también hemos conocido el papel de tontos útiles (qué triste, so gilipollas) de diversos faranduleros pintados -así en general, lástima de nombres- por el embajador del Imperio como esos muñecos, hoy a pilas, otrora de cuerda -yo tuve uno, parece que no pasan nunca de moda, qué alegórico- que representan a un mico tocando los platillos: chas, chas, chas, chas.

En otro orden de cosas -y sin necesidad de Wikileaks, que ya es grande- hemos contemplado hoy, hoy mismo, un inaudito espectáculo. Inaudito en democracia. Los mayores de cincuenta años -y aún de cuarenta y cinco- lo recordamos de los tiempos de Franco: la militarización de un colectivo (yo aún me acuerdo del de Correos en 1973). Bravo, Zap. cojonuda condecoración, aquí el chico que daba lecciones de democracia, ha resultado, efectivamente, un fidedigno portador de los genes de su abuelo, aquel mitificado capitán republicano fusilado por los franquistas pero que luego resultó haber participado -a las órdenes precisamente de Franco- en la represión de la revolución de Asturias. Hay que ver cómo nos ha salido el nietecito este, el que nos retiró por las bravas de Irak, ante el aplauso de casi todos los españoles (incluso el mío, no me escondo de reconocerlo) para llevarnos al presente estado de vesanía permanente.

Hemos visto cómo ha puteado a un colectivo hasta la exasperación (¿nos tendrá que decir Wikileaks por qué, o lo podremos saber por otro camino?), hasta que ese colectivo, completamente desesperado y doblegado a golpe de decreto, sin más ayuda sindical que la de la propia asociación corporativa (los cocos y los ugetes no saben, no contestan), ha perdido los papeles y ha cometido una tontería garrafal, tan garrafal que puede llevar a su ruina en tanto que colectivo, en tanto que corporación profesional. Todo -más que probablemente- a la mayor gloria del tapado, Pepiño, a quien le han fabricado el delfinato mientras todos mirábamos al decrépito Rubalcaba, pararrayos de todas las animaladas gubernamentales.

Volvemos a ver, alucinados, a civiles acojonados al verse señalados por la fusta del milico, se siente y controle, coño, o le meto un puro por sedición. Menos mal que aún no se ha hablado desde el Gobierno de aquella rebelión militar que, en tiempos y dominios del Gísimo, llevó a tantísima gente a gozar de un hermoso amanecer con el culo pegado a la tapia del cementerio, bien iluminada por los faros de los camiones que transportaban al pelotón de ejecución.

Quizá nada de todo eso, individualmente, tenga una notable trascendencia constitucional (aunque ésta es una afirmación caritativa mirando lo que nos dice el Cablegate de la guerra de Irak, de los vuelos de la CIA, de Couso, de la propiedad intelectual y de sus corifeos y de vete a saber qué nos queda por conocer), pero, en su conjunto, no resulta en absoluto exagerado decir que si los que, gobernando, tanto arguyen la Constitución y sus principios, se lo pasan todo por el forro, Constitución y principios, y encima ahora hay pruebas de ello, la Constitución -y ahora vuelvo al inicio- ha sido subvertida. Desde el poder (lo cual es infrecuente, más no inédito), pero subvertida. Clara y diáfanamente.

Circunstancias distintas, pero no menos graves, han dado lugar a cambios constitucionales en países como Francia (recordemos, los mayores, el paso de la IVª a la Vª República, aún vigente, pero no sé por cuánto tiempo), por poner uno bien cercano (al menos, geográficamente). Las presentes circunstancias, en España, han puesto en cuestión el sistema mismo. Ya no estamos hablando de si PSOE o PP. Sabemos -tenemos pruebas– que están entregados a intereses extranjeros. Estamos hablando del sistema mismo.

La Constitución de 1978 ha caído. Ha sido subvertida y ahora es papel mojado. Pueden sostener la ficción de que está plenamente vigente y de que es la hostia y lo mejor del mundo, pero la han reducido a escombros, y más pronto o más tarde, de forma más traumática o más suave, quedará claro que a la Pepa de la transisición se le ha acabado el carbón. Y cuanto más tarden en reconocer que lo constatan -porque lo que es constatarlo, seguro que ya hace años que lo han constatado- peor, más traumático será el cambio. Y eso en un país en que cuando se pronuncian las palabras cambio y traumatismo hay que arremangarse los pantalones para no ponerse perdido el dobladillo de sangre, de mierda o, más frecuentemente, de ambas cosas. Ellos verán su responsabilidad histórica (o la otra), terrible, en todo caso. Pero la Constitución de 1978 ya sólo es historia y, en tanto que pretendidamente vigente, pura caca.

Hasta ahí hemos llegado. El cambio constitucional es de necesidad axiomática. Ya veremos en su proceso que es lo que hay que poner en solfa, ya hablaremos -ojalá podamos hacerlo hablando, y ello es lo que justifica la prisa- de si aguantamos a los Borbones o proclamamos de una puta vez la Tercera, ya hablaremos de federalismos o de centralismos -sin mariconadas autonómicas ni cafés para muchos o para pocos-, ya hablaremos de la territorialización de España… ya hablaremos de muchas cosas, porque hay mucho de lo que hablar. Pero esto, señores, se ha acabado.

Firmémosle a la del 78 el certificado, antes de que los certificados -estos a los que me refiero- haya que firmarlos a barullo.

Porque, de un modo u otro, esto se acabó.

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Comentarios

  • Rogelio Carballo  On 04/12/2010 at .

    No encuentro palabras para expresar cuán de acuerdo estoy con lo aquí expresado. Acabo de ver el telediario de la Sexta y no doy crédito. Hora y media de denigración a un colectivo, los controladores, con frases de hijos de puta para arriba. No importa que se haya legislado “ad hoc” contra ellos mediante 9 reales decretos. No importa que, en el último consejo de ministros, los hubieran militarizado de facto. Ellos son los cabrones tras los que iremos todos los demás privilegiados, 426 euros por desempleado de larga duración incluidos. ¿Qué clase de seguridad jurídica tenemos en España? La que dice que si mañana los lecheros se ponen en huelga, como es un servicio básico, ojo, te ponen a los militos detrás y te empitonan a mayor gloria de Pepiño.
    Estamos gobernados por paletos. Pepiño tenía que haber empezado alguna de las dos licenciaturas que se exigen a los controladores, sin contar el inglés de nativo, para intentar compararse. Dicen en la Sexta que con 52 años un controlador se jubila con la máxima prestación. Esos son unos pringados. Un parlamentario como la morritos Pajín, que entra con 20 y nada años en el parlamento, antes de los 30 tiene la máxima jubilación. ESO ES SER PRIVILEGIADO.
    A los demás nos dan por saco a todas horas y de todos los colores. Querido Javier, lo que has contado es tan cierto como que el sol nace por el este. A ver que tal esta. Para entrar en la delegación de Hacienda o en la de la Xunta de Galicia, poco menos que hay que desnudarse. Y en mi caso, con dos tornillos injertos en un peroné, a veces ni eso. Y me dice el guardia jurado de Hacienda que en 12 años en el puesto, ha tenidos la friolera de 3 incidentes. Es decir, una incidencia del 1 por millón aproximadamente. Y ahí estamos, con las instituciones que debían servirnos tratándonos como delincuentes convictos y probados.

    Tienes toda la razón. Este sistema está podrido, da asco, y merece todo el desprecio del que podamos hacer gala ciudadanos conscientes de la mierda que nos ha tocado vivir.

  • Jordi  On 05/12/2010 at .

    Bravo, bravo y bravo. Gracias por dejarme ser incordiante. 😀

    Y sí, el déficit democrático que se sufre en España es indignante.

  • Albert  On 05/12/2010 at .

    De acuerdo con el fondo: somos unos monigotes y los privilegiados de verdad son la trepa de analfabetos con carnet de partido en los morros que nos ha tocado padecer. Pero de ningún modo de acuerdo con la forma; secuestrar a más de doscientas mil personas me sigue pareciendo un delito, se mire como se mire.

  • Jordi  On 05/12/2010 at .

    Gracias por dejarme incordiar y sí, Javier, el déficit democrático que se vive en España es indignante. Y la cosa no tiene pinta de mejorar.

  • Protestavecino  On 05/12/2010 at .

    Hermanos funcionarios: cuando las barbas de tu vecino veas contar, pon la tuyas a remojar.
    Pepiño y cia, experimentaron con los controladores, tienen toda la materia para atizarnos al resto, tienen horas efectivas, por decreto, reducción de sueldo, regateo de pensiones, eliminación de una paga, usustrajo u sellevan de Muface, Isas y Mugeju, y un lindo de lo que te rondare morena.
    Descansos por decreto.
    Disposición para trabajar, horas no cotizables, (retenes, localización, presenciales, etc), no cuentan como horas, pero tienes que estar, en refugio de controladores, el hotel, pero tienen que estar, todo lo relativo a emergencias , antes se pagaba en la actualidad “No”.
    Horas efectivas, las que estás en tu mesa físicamente, controladas por medios electrónicos, realizar gestiones dentro del mismo edificio, no contabilizan.
    Esto , lo tienen preparado para todos los funcionarios, del estado, los autonómicos, movilidad geográfica. (en Galicia están experimentando, sanidad incluida).
    El de la imprenta de Ferrol, decía que las cosas se ganaban, o se ganaban.
    La $gae, consiguió condena para las fiestas de mi pueblo, siete años después y sin citar a los acusados.
    Javier, tu cuentas cosas que se sabían, pero en Barcelona, contaban azañas de la Flota del Mediterraneo que ponían los pelos como escarpias. Acuérdate del vuelco de la barcaza en el puerto, el “suicidio del guardia civil en radio liberty, los contenedores-hotel en el puerto y otras lindezas de la Barceloneta,¿ te acuerdas de la visita de los guardacostas?.
    Puedes dedicarle un lacon con grelos, a los amos. Los de San Pablo y aledaños te aportarían las gracietas de la Navi.

  • miguelc  On 07/12/2010 at .

    Conozco a un pequeño empresario que suelta sapos y culebras cada vez que sale el tema de la corrupción de los políticos, de esos que declaran a voz en cuello que habría que fusilarlos a todos … y que cuando cree que puede hacerlo con la seguridad de no ser descubierto utiliza los trucos que se le ocurren para defraudar a Hacienda, la Seguridad Social, y a todo organismo público del que pueda sacar, o que le reclame, dinero.

    Tengo un familiar que pone a parir a empresarios, gobierno, jueces, funcionarios, etc., por su egoísmo y lo mal que cuidan el país … y que cuando hace unos años, de pura chiripa, le cayó una concejalía menor en un ayuntamiento de un pueblo de mediano tamaño, aceptaba los “regalos” que le hacían los mismos proveedores con los que contrataba, y que “colocó” a unos cuantos de sus allegados en puestos de libre designación (y alguno que no lo era).

    Tengo un amigo que habla de forma muy parecida a la de aquí Javier … pero que cuando le digo que los ciudadanos tenemos que hacer algo, quizás buscar partidos alternativos a los que votar, o escribir correos a congresistas y senadores expresando nuestras opiniones y nuestra protesta por su actuación a espaldas de la ciudadanía, u organizar actos de protesta pacífica, etc., me mira con cara de sorna y con tonillo condescendiente, como si yo fuera un poco corto, me dice: “¿y para qué, si nunca vamos a cambiar nada?”.

    Conozco a varios profesores de distintos niveles educativos que se quejan del pobre nivel de sus alumnos actuales, y de su escaso interés por aprender … y que de informática apenas saben como encender el ordenador y usar un navegador, que ni siquiera conocen lo suficiente para formatear correctamente un escrito con el procesador de textos, y que no tienen ni pajolera idea, ni el más mínimo interés en tenerla, de como utilizar las nuevas tecnologías en la enseñanza.

    He leído en estos días un montón de opiniones a favor (las menos) y en contra de los controladores, que para apoyar su postura aportan datos … falsos, probablemente repitiendo (y aumentando) otras desinformaciones oídas por ahí, en vez de molestarse en comprobarlos en Internet (que os juro que se puede).

    ¿Este país está mal? Parece que sí.

    ¿Es la culpa de los políticos? Pues en parte también.

    ¿Y culpa tuya?

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  • […] industria de un país lejano, muy lejano, es quien está dictando las leyes que les atañen, pero tampoco por ver como el poder civil se sometía al militar, otorgando la gestión de los derechos de los ciudadanos al ejército de forma tan fácil y rápida […]

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