Clareando el panorama, sí…

De la serie: Los jueves, paella

La desmoralización cunde por doquier: están a punto de recortarnos las pensiones, se está -ya- recortando el gasto social brutalmente, Cáritas y las ONG decentes -que no son todas y, me temo, tampoco muchas- no dan abasto para acoger o incluso alimentar básicamente a gente en número creciente, EREs incesantes… y se nos dice que esto no es nada, que esperemos a que llegue la que se nos viene encima. Los salarios cayeros hace seis meses en el sector publico (porque en el privado, se pierde la cuenta, lo de mileurista acaba pareciendo una gracia, pero no tiene ninguna).También nos enteramos de que nuestra deuda pública no es, en realidad, tan importante, que la que sí está por las nubes es la privada; los bancos no paran de tragar dinero público -algunos para prejubilar a miles y miles de trabajadores con poco más de cincuenta años- pero no sueltan un duro para financiar a la economía productiva. Desahucios en creciente y espantoso número, con miles de personas descubriendo que la pérdida de su vivienda ni siquiera sirve para cancelar la deuda hipotecaria, que se quedan en la calle para apenas aminorarla en un 20, un 30 o, con suerte (¡qué suerte!), en un 40 por 100: el resto, queda ahí, criando intereses de demora, de tal forma que en pocos años -en poquísimos- volverán a deber lo mismo que cuando compraron el piso, sólo que sin piso. Una guasa.

Pero después… Viene un puente y los aeropuertos están abarrotados (y no precisamente de gente que vuelve, a casa vuelve, por Navidad); viene otro y las agencias de viaje, los hoteles, las estaciones de esquí, cuelgan el no hay billetes. Los gadgets de todo tipo se venden como rosquillas… incluso gentes que se diría militantes del mileurismo puro y duro llevan smartphones de los que las compañías no regalan completamente y por los que hay que aflojar entre 200 y 600 euros, además de suscribir una tarifa de conexión telefónica y de datos de caballo. Yo he visto -personalmente, en mi trabajo- este mismo año a la gente lanzándose como loca a comprar un coche sólo porque entre Gobierno central y autonómico le subvencionan -que ya manda huevos- entre mil y dos mil euros del precio… de un precio que, en su caso más tirado, no baja de los doce mil (y os aseguro que muy poca gente compraba a ese precio: la mayoría iba muy hacia arriba). Oigo por la radio que los cuatrocientos y pico euros a los parados que han agotado el subsidio sólo se darán -si se llegan a volver a dar- a los que se comprometan a reciclarse, a seguir cursos de formación, y yo me pregunto… ¿es que los hay que no siguen cursos de reciclaje y formación desde el primer momento de cobro del subsidio, es que hay parados que se tumban a la bartola mientras dura la prestación (o bien se echan al monte de la economía sumergida y, entonces sí, la suma de los dos ingresos explica algunos -por lo menos algunos- smartphones o carteles de no hay billetes)? Pues me dicen que sí, que la cosa funciona así.

Ayer decía que somos una sociedad de mierda y lo reitero: nos la están metiendo doblada, por todas partes, en todos los ámbitos, y el único hecho capaz de generar indignación es que los controladores nos fastidien un puente. Me pregunto hoy, además, si somos irresponsables, a la vista de lo que antecede. Y me respondo que sí: irresponsables, si vivimos por encima de lo que tenemos; insolidarios, si, pudiendo, no nos cortamos un poquito, como los sobrados que el otro día se dejaron no sé cuantísimos millones de euros en las tiendas del paseo de Gràcia en una especie de noche blanca comercial en la arteria más lujosa de la ciudad. Que de todo habría: irresponsables e insolidarios. Cuando no de ambas cosas.

La pobreza es siempre mala (además, obviamente, de injusta), pero es difícil concebir nada más lacerante cuando se sufre en medio de la opulencia, es algo así como un suplicio de Tántalo. No sé cuánto tiempo se puede aguantar en una situación extrema mientras los vecinos rebosan abarrotados de lo superfluo, pero más tarde o más temprano, esto lleva a la explosión. Ayer hubo uno que ya explotó en Olot y, no seamos falsarios, muchos, muchísimos, pensamos que si todo el mundo en su situación hiciera lo mismo, otro gallo nos cantara. Una idea salvaje, sí, pero cuando las circunstancias llegan a los extremos, las ideas salvajes se cotidianizan.

La que tarde o temprano se liará, será muy, muy gorda.

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Yo imagino que en el puente de mando del socialismo catalán se va de susto en susto si es que, más probablemente, no se vive en una situación de horror permanente. Tras la catástrofe electoral en las elecciones al Parlament, ahora viene la que se avecina en las municipales, en las que, salvo sorpresas, está cantado y bailado que los sociatas van a ir a la oposición, esto es, a la puta calle.

La pérdida de Barcelona sería un baldón para el socialismo catalán, y un desastre para el socialismo español, sobre todo si ese desastre viene acompañado de otro: la pérdida de la alcaldía de Sevilla. Por eso, en el PSC hay verdadero pánico, por más que las previsiones en el resto del territorio catalán, siendo malas, no parece que vayan a ser tan apocalípticas, y por eso lo que se intenta con Barcelona, dando por inevitable el paso a la oposición, es que se sufra una derrota dulce.

Esto de las derrotas dulces es algo a lo que los sociatas están muy acostumbrados, conscientes de tener un suelo electoral muy elevado. Pero esta vez están pasando cosas, porque esta vez el socialismo ha tocado cosas que hasta hoy eran tenidas por intocables: la irretroactividad de los salarios públicos (ya de por sí tan bajos) y lo consagrado del sistema de pensiones. En definitiva, el tijeretazo al estado del bienestar, histórico en todos sus aspectos, ha derrumbado la poca imagen izquierdista que le quedaba a esa socialdemocracia de juguete completo juguete Comansi, con lo cual, el temor a una derecha que no iba a gobernar peor en términos sociales se está diluyendo incluso entre capas acérrimas del socialismo o, si se quiere, del voto preso por el miedo: el de los jubilados. El suelo electoral socialista puede llegar, esta vez, muy abajo. Y eso sic stantibus rebus. Todavía no hemos visto -que veremos- meterle mano al sistema sanitario y también al sistema educativo (aunque este último no le importa a nadie tres cojones salvo como pretexto para hostigar a Zapatero).

Si hemos de ser sinceros, en Barcelona la cosa ha ido mal, pero no tanto. Aunque se percibe un importante recorte social, la realidad es que lo que ha ocurrido es que las necesidades han crecido muchísimo y brutalmente y los recursos muy poco. Además, la situación financiera de la ciudad es de las menos malas de España, incluso está en el grupo de las más saneadas entre las grandes ciudades europeas. Claro que tan esplendorosa gestión económica lo ha sido a costa de muchos agujeros por tapar, siendo clamorosos, entre ellos, los del personal muncipal, que anda a la greña -y con toda su razón- cada dos por tres. Precisamente ayer la montaron los bomberos, en una imagen de protesta casi cotidiana.

El problema de Barcelona es otro; el problema de Barcelona es el de un modelo de ciudad que los barceloneses odiamos y ese odio, con los años, se ha ido convirtiendo en un rencor fuertemente arraigado en la sociedad barcelonesa. El odio empezó dirigido hacia Clos, pero la Barcelona odiosa empezó ya con el propio Maragall cuya olimpiada -dejando aparte el éxito organizativo de los juegos propiamente dichos- fue una merienda de negros, que supo vestirse mediáticamente como el gran cambio de Barcelona y que lo fue, sin duda, pero muy lejos -al contrario de lo mediáticamente establecido como axioma- de los cambios a que dieron lugar las exposiciones Universal de 1888 e Internacional de 1929 (sobre todo, la primera). En realidad, tras la organización olímpica se estaba montando el modelo marca BCN, un modelo que desahuciaba a los propios habitantes de la ciudad para cederla al guirismo más asqueroso, tanto en sus versiones muchapástez tan afectos a los hoteleros de Gaspart, como en su facción crucero. Para convertir a Barcelona, en definitiva, en un gran parque temático en el que los barceloneses no somos sino los empleados de las instalaciones… y más bien mileuristas.

Esta imagen es la que representa hoy Hereu porque es Hereu quien más ha hecho por ella y es por ello, probablemente, el alcalde más odiado de los últimos tiempos. Los barceloneses no perdimos la oportunidad -en cuanto la tuvimos- de atizarle un buen puñetazo utilizando el referendum que montó -encima con trampa- para que los parias votáramos si nos inclinábamos por su Diagonal de mierda o por su mierda de Diagonal. Ese referendum equivalió a cantarle a la cara, en público y a voces, las verdades del barquero. Obviamente, desde entonces no levanta cabeza.

Aparte de mil pequeñas -o no tan pequeñas pero, en todo caso, menores- torpezas en la gestión de problemas concretos, como en las Ramblas, donde no da pie con bola entre una gamberrería que es incapaz de vencer, la huida de los barceloneses, que ha dejado esa vía sin duende, la metedura de pata de la reja del mercado de la Boquería, y la más reciente, la guarrada de las pajarerías, que se está ventilando esta semana y que acaba en una catástrofe que, con la que está cayendo, nos ha costado a los barceloneses más de un cuaro de millón de euros… de momento y para empezar (como los pajareros vayan a juicio y ganen -como es de temer-, las indemnizaciones serán de caballo). También hoy mismo nos enteramos que ha desperdiciado ciento cincuenta mil euros en la promoción del dominio .bcn que el ICANN acaba de tumbarle.

La necesidad de contar con otras fuerzas al gobernar en minoría, ha metido en el consistorio a los caganatas de IC, los excomunistas de la señorita Pepis, que también la han montado buena con sus gilipolleces y han desgraciado completamente el Raval, llevando su política buenrollítica con la inmigración -con lo peor de la inmigración: el aislacionismo islámico, fundamentalmente indostánico- a la expulsión de sus habitantes originarios y a que los barceloneses lo conozcamos ahora como Ravalpindi.

Ahora, Hereu ha puesto en pie de guerra a su taifa barcelonesa y en el PSC tienen un problema: con Hereu, el desastre electoral está prácticamente asegurado -con lo que nos divertimos atizándole en la Diagonal, no vamos a dejar pasar la ocasión de hundirlo en la más mísera mierda en las próximas elecciones-, pero si Montilla quiere darle el puntapié -como cada vez deja entrever menos disimuladamente- va a haber un conflicto interno de proporciones importantes. Lo cierto es que sin Hereu (y sin ninguo de sus secuaces sustituyéndole) la derrota dulce sería bastante viable y quizá… Porque mucho voto a CiU va a ser, en realidad un voto antiHereu: si éste, su corte y lo que representa se esfuman y el PSC presenta como candidato a alguien limpio… No sé qué pasaría, pero seguro que a CiU no le gustaría nada.

No: para CiU, mejor Hereu.

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Bueno, pues hasta aquí esta breve paella que no me atrevo a decir que resucita pero que, bueno, es lo que hay. Mantener vivo «El Incordio» me está costando muchísimo, pero más me cuesta aún lanzar por la borda un trabajo de casi siete años. Lo cierto es que entre que mis complicaciones personales me están fastidiando, más que el tiempo, el humor, y que -esperemos que sea temporal- estoy en fase socio-depresiva, tal como explicaba ayer (en realidad anteayer, porque esta paella aparecerá en viernes, más que nada porque ya estaba escrita y tampoco la voy a tirar), no sabéis el esfuerzo que me cuesta ponerme a escribir.

Pero mientras pueda, lo haré. Más que nada por lo que decía ayer (bueno, ejem, anteayer) ya no de morir de pie -demasiado dramático, para una realidad tan asquerosa- sino de que me cubran de mierda de pie.

Necesitarán mucha más mierda (aunque les sobre)

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Comentarios

  • Arnau Fuentes  On 17/12/2010 at .

    Y como redoble de tambores y golpe de platillos, sus señorías deciden blindar sus super-pensiones vitalícias.

    Sol y buen tiempo!

    http://www.abc.es/20101217/economia/congreso-blinda-pensiones-doradas-20101217.html

  • Altivolantis  On 17/12/2010 at .

    Te dejo un abrazo dando mis sentimientos por esta gran trampa que nos han montado! lo siento profundamente en mi corazón lo que han echo con la Barcelona ciudad en la que decidi vivir por lo que era hace 20 años. Te dejo un post que publiqué en mi blog sobre el tema. un abrazo

    //altivolantis.blogspot.com/2010/10/halloween-barcelona.html

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