Leysindazo

De la serie: Correo ordinario

Digerida la cena, asimilado el copazo celebratorio, sosegados los ánimos, es hora de valorar. El campo de batalla queda ahí, desierto y silencioso después del estrépito, de los gritos y de las explosiones. Hemos ganado -después diré quién- y lo hemos celebrado, pero ahora viene la parte fea incluso en la victoria: hay que recoger a los heridos, enterrar a los muertos, vomitar la mezcla de desayuno mal digerido y de exceso de adrenalina expulsado, recuperar el equipo que hemos dejado por ahí tirado, ver qué podemos pillar de lo que ha abandonado el enemigo y constatar que los pequeños rasguños que hemos sufrido van a requerir bastantes puntos de sutura y alguno que otro algo de cirugía plástica para disimular la cicatriz hasta donde sea posible; también aprenderemos, posiblemente, que la heroica herida en el hombro de las películas, es una lesión gravísima que puede jodernos un pulmón y afectarnos a importantes tendones cuya disfunción podría dejarnos hecha polvo la movilidad en el brazo.

Así que después del grito de júbilo, de la borrachera de pólvora y de coñac del malo (el famoso saltaparapetos), viene la depresión y el trabajo sucio, el de doblar el lomo, el que da asquito. Todo ello mientras los generales estudian en la tienda del estado mayor cómo ha quedado la situación geopolítica después de la contienda.

Repasemos pues. Como casi todo en la vida, hay cosas positivas y cosas negativas y hay que ser -o hacerse, trabajo intelectual mediante- consciente de todas ellas. Estas son las que veo yo.

En lo positivo

Una clara victoria ciudadana. Aquí no hay nadie, absolutamente nadie, ni persona individual ni ente colectivo, que pueda capitalizar este triunfo: todos a una, cada cual en su rol, en su blog, en su página, desde su individualidad o arrimando el hombro desde cualquiera de las ya varias organizaciones que la Red española ha generado en su propia autodefensa -que hay que reconocer como indudablemente eficaz- hemos conseguido movilizar a la entera ciudadanía, que ha sido la verdadera y clara autora del éxito. Ni siquiera el legítimo orgullo que podemos sentir en la Asociación de Internautas al recordar aquello de y pensar que esto lo empezamos nosotros, cuatro pringaos con un burrito, puede ocultar ni mermar en absoluto la atribución generalizada e impersonificable de esta victoria.

De ello se deriva no menos claramente que cuando la ciudadanía se pone en pie y se moviliza, se consiguen resultados. Sirva esta conclusión no sólo para el ámbito en el que se han obtenido sino para todos los ámbitos en general. Para cualquier ámbito. Si nos movemos, vencemos. A condición, claro está, de que nos movamos todos, de que no haya sobrados cuya alcurnia y rancio abolengo esté por encima de eso de reivindicar cosas o perezosos de los de «¡pero si no vamos a conseguir nada!» o cobardes que no corren riesgos aunque luego no vacilen en aprovecharse de los frutos cosechados por quienes se han jugado la piel (o en lamentarse de que no haya frutos y clamar a ver qué hacen los que, a su parecer, no han hecho nada y deberían -también a su parecer- haberlo hecho).

También es positivo, naturalmente, el resultado intrínseco del logro: nos hemos quitado de enmedio un peligro enorme para la Red. Sabemos -más allá de la demagogia apropiacionista- que el verdadero problema de la ley Sinde no eran las supuestas «páginas de descarga» (a las que la propia disposición final segunda, por otra parte, no hacía referencia alguna) sino el uso -prácticamente seguro- que se hubiera hecho para desactivar el activismo en Red muchísimo más allá del tema de los autores, de la industria del ocio y del resto de la cagarela que sirve, en realidad, de pantalla para ocultar lo otro. Esto ya lo teníamos muy claro desde hacía muchísimo tiempo, desde que empezó esta guerra, va ya para ocho años (que se dice pronto), pero los documentos de WikiLeaks han aportado las pruebas que [prácticamente no] hacían falta.

Y ya que hablamos de eso, en la parte puramente sensorial y lúdica, también me he divertido mucho imaginándome la cara del embajador yanqui poniéndole un cable a la secretaria de Estado diciéndole que la hemos cagado, tía María, «grit cagueichon misis Clinton». Y si queréis más risas, imagináos las caras de Zap, de Rubalcaba y de la Sinde cuando el embajador los llame a capítulo, aficionados, manazas, trapaceros, en qué tómbola os ha tocado a vosotros el carnet, so flautas… No, me parece que en esa reunión con el embajador no va a haber precisamente bombones Ferrero Rocher 😉

En lo negativo

Me queda un sabor amargo sobre lo que es este país. En España, la sociedad en peso se cabrea y se moviliza si les intentas joder un puente o si intentas impedirles que se descarguen música y cine by the face, pero se queda tan ancha, incapaz de reaccionar, si les das un tijeretazo gordo a las pensiones o a los derechos laborales. Es verdaderamente alucinante y es indicativo de lo poco que hemos cambiado desde que Cadalso escribió sus famosas «Cartas marruecas» (y desde mucho antes).

Porque, seamos claros: ayer nos movilizamos centenares y más centenares de miles de ciudadanos (¿quizá millones?), pero sólo unos pocos de esos miles luchábamos por la libertad de expresión, por la libre circulación de la información en la Red (y a muchos, quizá a la mayoría de esos pocos miles, las descargas nos importaban -nos importan- una mierda), contra la censura y contra un modelo Berlusconi de Red; la inmensa mayoría se puso como una hidra porque querían impedir que se descargaran contenidos por las buenas. La prueba es clara: aunque en la Red había rebomborio contra la ley Sinde -hace un año que lo hay- la inmensa mayoría de ciudadanos (en Red y, desde luego, fuera de ella) pasaban del mambo, hasta que, el domingo, los de las páginas en cuestión tuvieron la genial (repito sin sarcasmo alguno: genial) idea de cerrarlas, de cerrarlas todos logrando que centenares de miles de ciudadanos montaran en cólera ante el importante y trascendental atentado de habérseles jodido la tarde del domingo que ellos se prometían felices gozando en streaming -porque descargar, lo que se dice descargar, ya se descarga muchísimo menos que antes- de las últimas novedades cinematográficas o discográficas (que ya son ganas).

También me pareció sumamente negativa -para variar- la actitud de los políticos. El espectáculo que contemplamos ayer fue deprimente, bochornoso e indignante. Porque supongo que nadie se cree que el PP o el PNV o CiU se alzaron en defensa de los ciudadanos contra la abominación socialista. Nada de eso. Si el PP hubiera estado en el lugar del PSOE, el PP hubiera hecho exactamente lo mismo que el PSOE y el PSOE exactamente lo mismo que el PP. PNV y CiU trabajaron en pro de sus respectivos lobbyes locales y la sublevación ciudadana puso la mercancía -el voto a favor de la ley Sinde– a un precio que el PSOE no pudo pagar. Me pregunto qué precio sería ese, porque estoy absolutamente convencido de que el PSOE estaba dispuesto a pagar muchísimo por ese voto favorable. No nos vayamos a dejar engañar por esa gente, cuidado…

Otro hecho negativo: los derrotados. Evidentemente, no producen ninguna pena ni simpatía los Olcese, los Bautista o los Alejandro Sanz, por razones más que obvias. Pero ayer por la noche hubo gente trabajadora y honrada que se quedó con un palmo de narices. Injustificadamente porque, como estamos hartos de decir, la ley Sinde no hubiera solucionado ninguno de sus problemas, porque los problemas de la inmensa mayoría de ellos no tienen que ver con las descargas (supuesto -y en absoluto admitido- que la ley Sinde tuviera como objetivo esencial terminar con las descargas) sino con una estructura totalmente oligárquica del mundo de la producción artística y de la edición, y eso es algo que ni provocó Internet ni iba a arreglarlo la disposición de la LES que ayer mordió el polvo. Pero, de alguna manera, se les vendió que la ley Sinde era su única salida posible y ellos lo creyeron. En esa creencia -que puede ser un error, pero no un delito- ayer sufrieron un golpe moral durísimo e inmerecido que desde aquí lamento. Era necesario propinárselo pero, desde esta perspectiva de la situación, nuestra victoria lo es mucho menos y, consecuentemente, no me produce ni placer, ni alegría, ni gozo alguno.

En conclusión

Esto no puede seguir así. No puede seguir así pero, ojo, tampoco está en manos de los activistas ciudadanos en Red su arreglo o, mejor dicho, la iniciativa de su arreglo.

Ya he dicho muchas veces -y no soy, ni mucho menos, el único- que esta guerra entre los autores y los ciudadanos no puede prolongarse. Los pueblos no pueden andar a palos con sus poetas y el hecho de que estemos así podría explicar muchas cosas negativas que nos están pasando. Sin poetas no hay movilización, sin poetas no se activa la imaginación necesaria que hace surgir los liderazgos que llevan a los pueblos a lo más alto, a la paz, a la prosperidad. Ya fue dicho que a los pueblos sólo los movían los poetas. Lo que sucede es que esa imagen del poeta como autor de esa lírica del pueblo triunfando de sus miserias tampoco tiene nada que ver con el cantachifle acaudalado esclavo del sistema y cebado por lo que, en definitiva, no es sino una industria como cualquier otra, exactamente igual que la que fabrica cojinetes a bolas. Que no me vengan con tonterías culturales porque la cultura es, en el fondo, obra de pueblos, no de la Metro Goldwyn Mayer.

Los ciudadanos tenemos que entrar en diálogo con los autores y esto es cada vez más urgente. Pero un diálogo entre ciudadanos y autores no equivale a una negociación entre sinvergüenzas repartiéndose un pastel. Porque lo primero que tiene que quedar claro es que el pastel, el que se ha realizado con esa receta que todos conocemos, se acaba, y cuando ya no queden ni las migajas, habrá que cocinar otro distinto: puede empezar a cocinarse cuando aún queda algo del otro o podemos esperar a que se acabe el viejo y entonces pasaremos hambre mientras se cocina el nuevo. Si el hambre ha de ser, en definitiva, el motor que lleve al nuevo pastel, es algo que está en el tejado de los autores -de los autores, no de quienes dicen representarlos-, no de los ciudadanos, porque los que tienen que decidir su modelo de negocio son los que venden, no los que compran. Ya sé que eso de modelo de negocio les suena fatal -porque así se lo han inculcado los que tienen mucho que perder con ese cambio de modelo, que no son precisamente ellos, los autores de a pie- pero es que realmente se trata de eso y no de otra cosa. Cuanto antes lo comprendan, antes entraremos en el verdadero camino de la solución.

Mientras tanto, hay una pelota en el tejado de los políticos. Mala pelota, pues, y mal tejado; pero es lo que hay. Los políticos pueden hacer ahora una de dos cosas: la que es de temer o la que es deseable.

La que es de temer es que maniobren, que bailen como monos al son de los lobbys, y que intenten reproducir la ley Sinde en el Senado el próximo 18 de febrero -que es cuando toca, según parece- a través d euna maniobra más o menos sucia, más o menos solapada. Más bien más, en ese caso; o que intenten cambiar de táctica y lo hagan de otra manera, pero perseveren en la vía de la represión y de la criminalización y, sobre todo, en el intento de controlar la Red con el pretexto, ya putrefacto, de las descargas. Pero lo más probable es que intenten un senadazo. Y no nos engañemos: puede que lo consigan; el mercado es elástico y los precios cambian o cambia el poder adquisitivo y lo que no pudo comprarse hoy quizá pueda adquirirse mañana. Afrontaremos entonces otra realidad: la de unos autores que se quedarán exactamente igual -sólo que, además, y entonces sí, malditos de toda la ciudadanía- y una red tremendamente expuesta a berlusconazos, que es, realmente, lo que se pretende.

Lo que sería deseable es que hicieran bien su trabajo y su verdadero papel y lideraran ese acuerdo entre ciudadanos y autores -que, en definitiva, también son ciudadanos- y que lo guiaran desde la neutralidad por el camino de lo posible y de lo satisfactorio. Yo no sé si el embajador yanqui se lo agradecería o si Olcese estaría muy contento o muy cabreado (sospecho que esto último), pero cumplirían con su más noble cometido, ese que hace tanto tiempo que han olvidado: servir, servir a su pueblo, servir a su gente, servir a sus ciudadanos, a su país. Servir a España, coño.

——————–

Ahí dejo la cosa, de momento. Hay mucho más que hablar. Hay que hablar de cultura digital y de su proyección sobre políticos, administraciones públicas, jueces, ciudadanos, también. Hay que hablar de Cultura de la grande, de cómo lo hacemos para que todos los ciudadanos puedan acceder a ella sin zanjas económicas y que los autores –todos los autores, no solamente los privilegiados por la industria- puedan vivir dignamente de su trabajo y puedan disfrutar de todos los beneficios del estado del bienestar -si todavía aguanta- como cualesquiera otros ciudadanos.

Aquí está mi mano para ese diálogo entre gente decente. Y lo que es más importante: no es sólo mi mano, ni mucho menos (pobre de mi, que soy un simple mindundi); es la mano de millones de ciudadanos que adoran a quien compone para ellos, rueda para ellos, escribe para ellos. Que adoramos a quienes nos acompañan poniendo belleza en el duro camino del progreso y de nuestra vida.

¿Nos vemos ahí?

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Comentarios

  • Monsignore  On 22/12/2010 at .

    “Que no me vengan con tonterías culturales porque la cultura es, en el fondo, obra de pueblos, no de la Metro Goldwyn Mayer.”

    Ahí lo pone.

    Y, respecto a lo de ayer, no tiremos cohetes. Que no fue una victoria popular, sino un desacuerdo de última hora entre el PSOE y sus compañeros de viaje – que, en el más puro estilo de controlador aéreo, querían subir la tarifa una vez espatarrados en la cama.
    Vamos, que cayó el Palacio de Invierno, pero de aluminosis.

    La Ley Sinde – como Drácula – volverá de la tumba una y otra vez, que es mucho lo que se juegan: contentar a la industria estadounidense, contentar a los estabulados profesionales (lo que me voy a partir la caja el día que resulte que, cautivas y desarmadas las páginas de descargas, siguen sin hacer la caja que soñaban) y, sobre todo, establecer una cabeza de playa para poder amordazar a la disidencia (sea del signo que sea).

    Así que a afilar las estacas, jóvenes vanhelsings.

    Eso sí, hoy nos hemos ganado una copita de champaña.

  • JP Clemente  On 22/12/2010 at .

    salu2 Javier y lectores del Incordio, enhorabuena; aunque he leído sólo por encima, hay que disfrutarlo y habrá tiempo, te recuerdo la impresión que nos produjo no haber sido invitados siquiera a las reuniones de la censura y lo mucho que lo celebré con Víctor y contigo, me reitero; por lo demás es también el 1º efecto Wikileaks, lo he visto en la lectura somera, además de victoria de Internet en toda regla; Internet es 1 lugar y en el pasado los caminos también estuvieron llenos con pintadas y señales, muchas de ellas perdidas por efecto del deterioro de los materiales en que estuvieron hechas, sangre, tizones de fuego y las de las piedras, muchas veces mapas y jeroglíficos las grabaron esclav@s, pero bueno, ahí están.

  • Protestavecino  On 24/12/2010 at .

    Ganaron, no nos engañemos, nos la tienen preparada para el 29/12/10, el 26/01/11 es la fecha tope, para realizar la gran jugada, defenestrar a los funcionarios, y en la alegría por acabar con sus privilegios, admitiremos todo lo que nos metan. Tiempo al tiempo.

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