Árnica

De la serie: Correo ordinario

Timeo Danaos et dona ferentes. Es la segunda vez que escribo esta frase en muy pocos días, pero es la primera que me ha venido a la cabeza al conocer el código de buenas prácticas (sic) de la $GAE que ha presentado hoy el iubilandum Teddy Bautista, que vive su último invierno como amo del cotarro. Al menos, formal y oficialmente.

En el blog Mangas Verdes se compara el asunto con el anuncio de alto el fuego de ETA, guardando todas las distancias que hay que guardar, ya lo previene el propio autor, Manuel Almeida. Según él -pero en palabras mías- cautivo y desarmado el ejército teddista, se busca una posición favorable para una negociación de paz en la que salvar, además de los muebles, quizá el ajuar y la vajilla de plata. La verdad es que, sin estar, en absoluto aún derrotada -es, en el puro aspecto táctico, su gran diferencia con ETA, en la comparación de Manuel- sí que los últimos reveses, sumados a una situación muy… vamos a decir incómoda, han puesto a la entidad en una situación en la que, por fin -y si eso fuera así sí que habría ahí un elemento novedoso, al menos de puertas afuera- parece ser conciente del riesgo que viene corriendo desde hace ya tiempo. Quizá tanto como años. Por varias razones.

En primer lugar, la $GAE encabezó la lucha contra el ciudadano. Esto está más que claro y lo está desde hace años: a la $GAE la ha perdido la soberbia de Teddy Bautista, que nunca supo valorar adecuadamente el potencial de la Red y de los internautas (de la Asociación de Internautas, inicialmente; ahora de muchísimas personas y entidades más) y perdió la oportunidad de ofrecer unas negociaciones en las que -quizá- hubiera obtenido muchas ventajas gracias a su posición dominante. Cualquiera que hubiera sido el precio -y yo creo que le hubiera salido barato- Bautista hubiera podido dejar en una escaramuza sin importancia lo que después -y no mucho después- devino en una guerra a yugular mordiente.

Hace ya algún que otro año que la $GAE se duele del precio que ha pagado, en fama, en imagen y en prestigio, por encabezar la agresión apropiacionista contra los ciudadanos, hasta llegar al inaudito punto de que la $GAE se ha convertido en la entidad más odiada del país. Personas absolutamente incapaces de decir el apellido del vicepresidente del Gobierno o del presidente del Congreso de los Diputados, conocen a la $GAE y la odian profundamente. Si nos ceñimos a los menores de 30 años, estas proporciones, la del conocimeinto y la del odio, se multiplican hasta el paroxismo, seguramente por haberse sentido los principales targets de la entidad y por haberse sentido asimismo insultados reiterada y lacerantemente por dirigentes conspícuos de la conocida en algunos ámbitos como la Oprobiosa y en otros como la Innombrable (seguramente por su afición a interponer querellas y pleitos por injurias so cualquier pretexto).

Algunos dirigentes han pagado por ello un precio altísimo. El propio Bautista ha pasado a ser la bicha de todo un país, pero él ha salido 24.000 veces mensuales bien librado; otros, como el llamado Ramoncín, no es que haya sido reducido a la pobreza (ni muchísimo menos) pero sí ha sido recluido en una especie de limbo civil, en un verdadero ostracismo del que si osa salir sólo es para recibir improperios y abucheos. También a aquel famoso Farré, que tantas baladronadas vertió contra los ciudadanos durante tantos años, le pasó como al finado Fernández, que de él nunca más se supo. Tampoco estará precisamente en la indigencia, me imagino, pero sí en la oscuridad más absoluta. Otros le vieron antes las orejas al lobo y también desaparecieron a toda prisa en la confianza de ser, si no olvidados, sí, al menos obviados, pese a que no se les caía de los labios el hijo de puta dirigido al adversario. Y así, hace tiempo que no sabemos nada de Víctor Manuel, aquel que, sobre la base de que ser comunista no era ser gilipollas, llegó a convencernos de que comunista, desde luego, no lo era. De lo otro, no hay constancia. Quizá influyó la divulgación de aquel tema suyo, «Un gran hombre», en el que tributaba un cepillado a su excia el gísimo (Porcioles dixit) que déjalo correr, al rojo ese…

En segundo lugar, las cosas empezaban a no ir bien en los tribunales. Después de tantos años de aleccionar a los jueces a base de cursillos, parece que éstos empezaron a encontrar otras fuentes de información doctrinal menos favorables a las tesis de la $GAE, lo que, sumado a un grupito de abogados que ha dedicado buena parte de sus esfuerzos y de sus medios (totalizan un buen montón de lucro cesante, económicamente hablando) y de su nada desdeñable conocimiento de la materia, así como una profunda convicción de las bondades de la cultura compartida, ha venido en resultar que las sociedades de gestión han recibido en los ultimísimos años hostiazos verdaderamente importantes. El último, casi dirimente, el del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que les ha bloqueado la recaudación del canon a las empresas y administraciones públicas, recaudación que las entidades de gestión han reconcido como un 30 por 100 del total por ese concepto, pero yo estoy convencido de que es muchísimo más, quizá tanto como el doble. La imposibilidad política de trasladar ese diferencial al resto de los paganos (el precio político de tocar el canon hacia arriba es prohibitivo), hace que la situación financiera de las entidades de gestión sea, cuando menos, preocupante, teniendo en cuenta la caída en picado de los demás ingresos por causa de la crisis (no de la piratería, pero es igual, que digan lo que quieran).

Y, en tercer lugar, y en parte como consecuencia de lo anterior, la aparición de una creemos que aún modesta pero pujante oposición interior que va recogiendo a cada día que pasa más apoyo por parte de los propios autores. Apoyo que hoy no puede expresarse por la represión que impone la dirección, pero que el día que se decida a salir del armario, como lo haga masivamente, va a haber aplastamientos. Y quizá en estas circusntancias, las puestas de patitas en la calle no lo sean de buen rollo, jubilación, homenaje y reloj de oro, sino puntapiés en las posaderas. En fin, ellos verán…

El código en cuestión -aparte de las consideraciones que hace Almeida, a las que me sumo- parecería como un intento de reconciliación con el ciudadano. El problema es que el ciudadano no está para reconciliaciones: con una Ley Biden-Sinde a punto de caerle sobre la coronilla, el ciudadano lo que quiere es sangre. Lo más gracioso -si es que cabe hablar de gracia alguna- es que la Ley Biden-Sinde más que beneficiar a las sociedades de gestión (con abstracción de sus gestores, que tienen el comedero asegurado por otro lado más coincidente), beneficia a la industria, con lo que aquellas -inculpadas igualmente por la nefasta ley- se ven más bien perjudicadas -nueva pérdida de fama, acrecentamiento del odio en su contra- sin que, realmente, vayan a ganar mucho con ella.

Muchas veces pienso que si hubieran justificado el canon en la legalidad de las descargas, el canon estaría ahora mucho menos discutido -algo sí, pero bastante menos- y la fama de las gestoras no estaría, como está ahora, bajo tierra. Pero -cosas de no servir a los intereses que se dice servir- los directivos de las gestoras prefirieron alinearse con la industria y esquilmar al ciudadano al tiempo que lo denigraban, con lo que flaco favor hicieron a los autores.

Los reiterados intentos, finalmente, de agredir a los intereses cívicos sin plantearse siquiera la ética de la agresión -o incluso despreciándola cuando se la plantearon- y el largo historial de injurias a los ciudadanos, hacen poco creíble ese paso, que parece incardinado en una táctica de imagen que consistiría en usar a Arcadi Espada como pararrayos (como pararrayos voluntario que percibe a cambio su buen por qué, no lo estoy compadeciendo, en absoluto) y se vería favorecido -si $GAE y compañía no son co-impulsores- por el uso de escudos humanos en las tristes personas de unos pocos privilegiados que han sido probablemente obligados a dar la cara -para que se la llenen de hostias- y verter todo tipo de injurias e improperios en las amables páginas del decadente «El País».

Va a tener que hacer mucho más la $GAE que promulgar códigos de buenas prácticas si quiere lavar su imagen. Está tan sucia que hace falta muchísimo detergente. Como prelavado, yo sugeriría, la puesta de patitas en la calle -o en la jbilación, donde quieran, pero fuera- de todo personaje que tenga las manos sucias de esta etapa (pongamos, desde 2003, cuando empezó la guerra del canon); como lavado, un planteamiento riguroso por parte de las nuevas caras, de dedicar las entidades a aquello para lo que verdaderamente nacieron, que es la protección del autor. Del autor, no de los intereses de la industria que está machacando al autor; al contrario, incluso: parapetando al autor contra los abusos de la industria, no vehiculizando éstos sobre aquél. Y, por supuesto, democratizar la entidad, rechazando sufragios censitarios y otras corrupciones. Sólo con esto, ya tendrían ganada más de la mitad de la tarea. Como aclarado, establecer democráticamente las relaciones con los ciudadanos, para lo que yo sugiero el principio siguiente: «cuando corre el dinero, tiene que haber parte para el autor (cuánta, es, precisamente, la materia que hay que negociar); cuando no corre el dinero, no lo hay para nadie». Implícitamente, por supuesto, dejar de hacer malabarismos con el afán de lucro: si hay dinero, lo hay y, si no, pues no. Sin más. Bajo este principio, las negociaciones serían rápidas, relajadas y fructíferas, estoy absolutamente seguro. Y ya, como centrifugado, buscar el lugar adecuado y digno -dentro de unas entidades de gestión de derechos de autor limpias y democráticas- para la producción copyleft.

Es trabajo arduo y duro que, seguramente, generará muchísimas tensiones dentro de las sociedades, pero no les queda más remedio que emprenderlo o las cosas les irán peor. O sea que menos cuento de buenas prácticas y menos declaraciones pomposas, y al avío de verdad, que obras son amores.

Si no, no cuela.

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Comentarios

  • Monsignore  On 18/01/2011 at .

    “Muchas veces pienso que si hubieran justificado el canon en la legalidad de las descargas”

    Eso es imposible, caro figlio.
    Se trata de una maniobra en dos partes, como ya se hizo tiempo ha con las fotocopias. Primero, se impone un canon a las fotocopias, para compensar a los autores por la pérdida de ingresos derivada por la copia de libros. Segundo, una vez establecido el canon, se prohíbe fotocopiar los libros.
    Con lo que estamos pagando un canon como compensación por hacer algo que no nos permiten hacer.

    Il ché e bello e istruttivo…

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