Crónicas del tiroteo

De la serie: Correo ordinario

Ayer empecé a escribir una entrada para este blog -que es prácticamente el único sitio para el que escribo- sobre el artículo que la Sinde publicó ayer en «El País». A las diez líneas lo dejé, absolutamente hastiado de dar crédito -aún para oponerme- a tanto despropósito. Aparte de todos los apartes, Sinde me aburre, sus ideas -en su caso- me aburren, su entorno me aburre y tanta creación de pacotilla comprada a peso por la industria me aburre hasta la náusea. Aparte de que tiene razón Javier de la Cueva cuando twitea que el artículo de marras se ha llevado por delante un exceso de energía en lecturas y respuestas. Es verdad: no merecía tanto ni mucho menos. Sobre todo cuando constituye la tristísima (e irritante) constatación de que la ministra [llamada] de Cultura es una absoluta ignorante incluso en su propio campo profesional. Aparte de una manipuladora… iba a decir de muchísimo cuidado, pero no, justamente lo contrario: una manipuladora de baratillo (ver mi minúscula aportación, señalada con el número 38 en la página 97 de los comentarios del propio artículo).

En Facebook me ha reñido uno de mis bravos que me acusa de una especie de abandono del servicio, que qué es eso de que me aburre la Sinde, que la bronca hay que meterla con aburrimiento o sin él, que para eso me pagan (ojo, que no lo digo en broma: me pagan con su atención y me siento muy bien retribuido). Algo de razón tiene, desde luego: cuando uno se mete en una guerra, no puede abandonar el combate por el hecho de que el capitán de la compañía enemiga le parezca, por ejemplo, feo. Ah, no. ¿Cómo voy a lanzar mis selectas tropas contra semejante pitafio? Pues sí: hay que batir el cobre a las duras y a las maduras, se siente.

Lo que ocurre es que la Sinde no es más que un incidente. Un incidente desagradable y, desde luego, sintomático; sintomático de la corrupción política o, más bien, putrefacción política que apesta en el ambiente en cuanto se habla de presunta cultura y de nada presunto copyright, pero un incidente. La Sinde canta porque canta su procedencia, pero no la veo mucho peor -ni mucho mejor- que la vieja amiga Dixie y no me cuesta nada imaginar que puede haberlos incluso peores que ambas, aún sumadas. La Sinde es una personilla de poco valor añadido y de segunda o tercera división profesional que, más allá de simbolizar esa corrupción a la que me refería, ni tiene más historia ni, por supuesto, pasará a la misma. Dentro de poco más de un año, a más tardar, dejará la poltrona, volverá a escribir guiones malos para películas subvencionadas con nuestro dinero, con el dinero de los ciudadanos, con el dinero -manda huevos- de los ladrones, y muy probablemente nos olvidaremos de ella, salvo cuando veamos en el BOE a sus empresas como beneficiarias de las subvenciones de marras. Exactamente igual que ahora, por otra parte.

Ocurre que el artículo de la Sinde es la culminación de la campaña de irritación a la que se ha dado rienda suelta en el boletín oficial de ya no se sabe quién, «El País», desde que la Ley Biden-Sinde recibió el zapatazo 😉 en el Congreso de los Diputados, contra todo pronóstico. Bueno, en realidad, hoy sale un pequeño exabrupto de Elvira Lindo, pero es ya tan surrealista que ni siquiera lo enlazo ni creo que compute demasiado en la campaña en cuestión.

No sé qué resultados habrá tenido esta campaña. Los comentarios que han adornado el artículo de la Sinde -más de quinientos- la llaman de todo menos guapa (y ojo, que la calidad y el tono de las respuestas ha sido mayoritariamente exquisito), salvo la inevitable media docena de estómagos agradecidos que no han podido contenerse y han encendido el botafumeiro. ¿Llegará a la calle este artículo? Pues creo que no, la verdad. Creo que habrá sido objeto de atención por parte de un determinado pero minoritario número de lectores del medio en cuestión -en los que creo adivinar, en el mejor de los casos para la ministra, una cierta división de opiniones- y ha tenido una trascendencia muy extensa en la Red, donde ha sido puesto como chupa de dómine. Pero no veo en los bares comentarios encendidos al amor de un carajillo.

Que sí es muy posible que los haya habido ante las boutades de Sanz o de Bardem (el primero, por cierto, volvía a cubrirse de gloria ayer en un twiteo extenso, de esos de nuevo modelo, en el que soltaba diversas paridas en clave ONG -nos ha jodido, el creador sin fronteras– insultando, para variar, al personal que no le va por la banda, lo que equivale a decir a todo el mundo). Lo que me gustaría saber -aunque me lo imagino- es si esos comentarios han sido favorables o desfavorables. Hagan sus apuestas.

Lo cierto es que, como en toda guerra, las razones acaban contando poco y todo el predominio acaba siendo para la potencia de fuego. Nosotros -los internautas, todos los internautas- llevamos muchísimo tiempo desgañitándonos… no diré que para nada (luego explicaré el porqué) pero sí como clamando en desierto: ninguna razón es lo suficientemente poderosa como para que un sector industrial que constituye un imperio económico y, a la postre, político, renuncie a su posición dominante. Por lo tanto, razonar con esa gente no sirve absolutamente para nada. Para nada, porque lo que guía a esa gente no es la razón sino la simple y pura pasta y contra la simple y pura pasta no hay argumentos que valgan. Y no hay más.

¿Para que han servido pues tantos años de razones? Pues nada más y nada menos que para darnos esa potencia de fuego que es lo único que entiende el enemigo. Porque esa potencia de fuego es la masiva adhesión de los ciudadanos precisamente a la razón que nos asiste… ahora ya a todos.

No me gusta ser derrotista; es más, no lo soy. Lo que sí soy -creo ser- es realista. La ley Biden-Sinde será finalmente aprobada; y será aprobada con apenas un poco de maquillaje para cubrir el expediente, pero básicamente igual, seguirá ciscándose en la misma medida que el proyecto original en los derechos civiles y seguirá soslayando la intervención judicial en el fondo de la cuestión, aunque le pongan una toga por ahí perdida para darle color al macabro papelón cómplice que va a jugar el PP. El timo está claro, sobre todo por una cosa: para que los jueces intervengan en el fondo de la cuestión, no hace falta una ley Biden-Sinde, basta con dejar las cosas como están. Si no dejan las cosas como están, es porque quieren quitar a los jueces de enmedio, aunque los pongan en el retrato. Así funcionan los políticos hoy, convencidos de que el ciudadano es tonto.

Por tanto, nos van a vencer por pura potencia de fuego. Ellos tienen a los políticos y los políticos tienen el poder omnímodo entre elecciones, no tenemos medio de limitarlos o controlarlos (a menos que fuéramos capaces de darles una lección electoral que no olvidaran jamás, pero no veo yo el patio maduro para ello).

Ahora bien: que ganen esa batalla no quiere decir que vayan a ganar la guerra. La promulgación de la Ley Biden-Sinde generará -que nadie lo dude- anticuerpos digitales altamente eficaces. En un primer momento, los generará simples, de fortuna; y, a medio plazo, complejos, previstos para sostenerse durante mucho tiempo. Puedo recordar -se ha hecho hasta la saciedad- el caso Napster; o, más recientemente, cómo los internautas suecos, ante la agresión estatal, han cifrado masivamente sus comunicaciones y ahora la que se las ve negras es la propia policía para perseguir no internautas sino delincuentes reales, de los de verdad, cuyo tráfico, a su vez cifrado, es inextricable de entre la ingente cantidad de flujo encriptado; o cómo los franceses han ido a buscar sus contenidos a esos servidores que tanto odia la Sinde pero que están fuera del alcance nacional de monsieur Bruni (como están fuera del alcance de la guionista y de sus mandantes). De la misma forma que si, como nos tememos, la Ley Biden-Sinde va a utilizarse para silenciar por las buenas a opositores y discrepantes, tendremos que colocar nuestros blogs y publicaciones en servidores lo suficientemente remotos como para que las comisiones rogatorias ejecutivas se ahoguen por el camino. Nos incomodarán, nos entorpecerán, quizá, pero no nos detendrán.

Y, mientras tanto, los políticos que traicionen a los ciudadanos, que vayan preparando el culo, porque no regatearemos esfuerzos para que paguen la factura de su venalidad: circularán listas de candidatos malditos, circularán refrescos de memoria, circularán extractos de diarios de sesiones… Todo. No regatearemos esfuerzos, repito. Y a ver si los millares de votos que les va a costar la broma se los da Bardem.

O Álex de la Iglesia.

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Comentarios

  • Rogelio Carballo  On 19/01/2011 at .

    Por alusiones….
    Esto es otra cosa. Y además, sin ser una respuesta directa, aporta perspectiva. Así que ánimo. Efectivamente, leyendo los comentarios en el propio País al artículo de Sinde, el tuyo incluido, esta guerra la tienen perdidísima.

    Un abrazo

  • JP Clemente  On 19/01/2011 at .

    Salu2 Javier, especialmente para unirme a lo último. Siempre he pensado que si los archivos de @WikiLeaks (en Twitter) hubiera caído en manos sabias que saben manejar bases de datos relacionales ya estarían fritos, pero esa lista de la que hablas es necesaria y también su técnica: cruzar los datos.

  • Juan P. Clemente  On 19/01/2011 at .

    salu2 Javier y resto lectores, acabo leer en Periodista digital otra información que tiene que ver conlo último de este post y mi comentario anterior pero sobrel consejo censor, cifrao su coste en 20.000.000 € y es algo que he dicho siempre, lo peor o lo mejor dela censura yla inquisición, según se miren, es que son muy caras, amen de peligrosas pasus propios gestores, por ejemplo @WikiLeaks. Me recuerda la web inaugural dela presidencia europea que quedó fuera de juego a las pocas horas con 1 hoax lamentable pero que costó 12.000.000 € y no se recuperó hasta 6 meses después con otra plantilla WordPress como esta y la mayoría web. Alo mejor son los mismos a por otro atraco pero parece que no tienen 1/2 hostia.

  • asmpredator  On 20/01/2011 at .

    Da repugnancia tanta falsedad y mala intención, tanto robar descaradamente, tanto papelón de victimas de una serie de personas que justifican de cualquier modo el expolio y el vivir del cuento, los parasitos no contentos con parasitar, enferman el cuerpo que les permite vivir, le incordian e insultan, lo menosprecian.
    Me dio la risa cuando hace unos dias leí los 10 puntos para lavar la cara a la SGAE, a esa ni con salfumán se le puede lavar la cara y lo que me dió mas grima fué uno de los puntos que hace referencia a la “educación” al “adoctrinamiento” que pretende esta saga de mafiosos imponer a la sociedad, para que aprendamos que en una sociedad deben existir los parasitos que sin hacer nada , sin aportar nada, sin ayudar a nada deben tener acceso al dinero público y privado para subvencionar, comprar, sobornar, cerrar o corromper lo que les de la gana.

  • Ryouga  On 21/01/2011 at .

    La verdad es algo que me sorprende tanto lio y con un cambio de servidores al extranjero todo quedara igual, salvo las empresas de hosting españolas que iran a la ruina lo mismo que fabricantes de soportes informaticos.

    Bloquearan los dns? ,usaremos los de google u otros libres, los borraran de la raiz como wikileaks ? pondremos espejos y acabaremos desarrollando sistemas alternativos, encriptacion…

    Quiza algún tiempo los menos hábiles con la informática se queden atrás pero si al fin y al cabo desde el nacimiento del p2p millones de personas aprendieron a abrir puertos, conectarse a servidores ,hacer NAT… como bien dice otro caso Napster.

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