ESADE, catalán y buen rollo

De la serie: Los jueves, paella

Un cambio de partido en el poder siempre es algo que llama la atención a cualquier ciudadano; a veces por simple curiosidad (a ver qué van a hacer estos) o, en ocasiones, por interés propio, porque se espera -o se teme- que el advenimiento del nuevo partido en el poder traiga beneficios o perjuicios en alguna faceta de la vida del interesado.

En mi caso, como funcionario autonómico catalán, observo con muy justificado interés la evolución del Govern de la Generalitat desde que Artur Mas ganó las elecciones en noviembre pasado. Igual que mis compañeros. Sobre todo cuando se está en unidades centrales, es decir, cerca del poder, estos cambios se notan mucho a cualquier nivel, porque se produce un cambio de jefes -en uno o más niveles- y eso siempre influye en las condiciones de trabajo, en la convivencia con los compañeros, etcétera.

Una de las primeras tareas que realizo cada día, cuando enciendo el ordenador del trabajo, es consultar el diario oficial del día, en una labor cuya rutina consiste en comprobar si aparece alguna disposición que pueda afectar para bien o para mal a mis personales circunstancias del trabajo -con suerte, puede ser una oportunidad, si se convoca una plaza interesante a la que yo pueda optar-, observar si hay alguna disposición que afecte al contenido de mi trabajo, de mis propias funciones, y, finalmente, husmear los pocos cambios de cargos que suelen darse en el día a día normal, más que nada por el morbo funcionarial de ver a los políticos entrar y salir mientras uno se queda siempre. Esta última tarea cobra, en estos días, muchísimo interés, porque, en lo que a cargos se refiere, se le está dando la vuelta a la tortilla administrativa 180 grados (y no 360, como decía aquel extremista verbal al que le parecía timorato quedarse en menos del máximo). De ese movimiento -sobre todo enfocando a los que se van- quizá hable otro día, porque he detectado cosas que… bueno, más vale tomárselas a coña, más que nada para no comerse la mesa a mordiscos de ira.

Hoy me interesa hablar de los que van viniendo. Y estoy notando una proporción verdaderamente enorme, como jamás se ha visto, de MBA de ESADE. ESADE es una escuela de negocios barcelonesa, con un gran prestigio internacional, que está en la órbita de los jesuitas. Ya sabéis lo que pienso yo de muchos MBA pero, en fin, mejor los de ESADE que los opus de IESE (que también hay alguno, pero nada, apenas una ínfima excepción). Lo que ocurre es que la densidad de ESADE es francamente exagerada, tanto, que estoy dándole vueltas a una idea…

¿Y si Mas hubiera encargado a ESADE la gestión económica de la Generalitat? Es decir, que hubiera encargado a ESADE un proyecto llave en mano que comprendiera incluso la propia ejecución del mismo. Es que, por más admiración que se tenga a esa escuela de negocios y a sus MBA, no existe otra explicación para esa densidad que, en algún departamento -sobre todo, obviamente, en los de relevancia económica- se acerca al 60-70 por 100 de los altos cargos, quizá aún más en algún punto concreto.

Si de alguna manera pudiera esto confirmarse, estaríamos ante algo inédito en España y no sé si en Europa.

Yo sólo sabía de algo parecido cuando oí que la doctrina de la intervención norteamericana en Vietnam había sido diseñada por el MIT y supe entonces que los EE.UU. encargan el diseño de sus políticas guerreras a una universidad (una por guerra).

Es verdad que la situación financiera de la Generalitat está fatal. Por si los tiempos no habían sido suficientemente malos, la peña que se ha implantado aquí durante los últimos seis años ha saqueado hasta el último cajón y ahora las vamos a pasar putas de verdad. Una reducción de un 10 por 100 del presuuesto parece poco, pero es una verdadera barbaridad. Pero de esto a encargar a una entidad privada que planifique y ejecute toda la política económica de un gobierno…

Lo cierto es que no encuentro otra explicación para este desembarco de gente de ESADE -de verdadera saturación- que parece haberse organizado en los puestos de mando político de la Generalitat.

¿Que qué me parece? Pues no sé qué decir. Por una parte, de la gente de estas escuelas de MBA me fío menos que de un nubarrón; pero, por otra, viendo el nivel general de los políticos (que los de CiU estén algo por encima no significa nada: el listón está tan bajo que saltarlo parece al alcance de cualquiera) quizá sí que, ante una tesitura delicadísima, no esté de más recurrir a profesionales considerados como de alto nivel.

Esperemos acontecimientos y esperemos hechos concretos. La situación, desde luego, pinta muy mal. Ahora está por ver si todo ese batallón de MBA la mejora o la empeora.

Que todo es posible.

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No me podía creer que fuera a llegar a verlo. Pese a que de los políticos -y más de los actuales- estoy dispuesto a creerme cualquier cosa, pese a que esto ya hacía tiempo que se venía exigiendo, me costaba creer que se llegase a ciertas cosas. Pero sí, se ha llegado: en el Senado se van a poder hablar las lenguas autonómicas que tengan carácter cooficial. Y que me perdonen: me parece una de las más enormes gilipolleces en la historia del parlamentarismo español.

O sea que con todo el mundo hablando y entendiendo el castellano perfectamente, ahora hay que proveer al Senado de un sistema de traducción simultánea, de auriculares y de toda la pesca para cuando tome la palabra un señor que hable en catalán o en euskera, siendo así que ambos, insisto, hablan y entienden el castellano perfectamente. Bueno, lo de perfectamente es un decir, pero las patochadas y las leches que le pega al lenguaje esta peña no tiene nada que ver con lo autonómico ni con la lengua materna, y al castellano lo hacen polvo lo mismo los catalanes que los gallegos que los vallisoletanos.

La enormidad del despropósito se me antoja escandalosa. En unos momentos en que, con toda la razón, se está propugnando que todos los españoles deben llegar a la universidad con un nivel de inglés alto o salir de la ESO con un nivel, también de inglés, cuando menos aceptable, porque el inglés es una lingua franca en el mundo, vamos nosotros y en un entorno geoparlamentario en el que ya tenemos una lingua franca conocida por todos desde siempre (sin excepción alguna que no sea rayana en lo patológico), nos ponemos a introducir otras lenguas y auriculares y traducción simultánea. No sé si es de locos o de perfectos sinvergüenzas. La verdad, no sé a qué carta quedarme.

Hace muchos años, leí un libro de Fernando Vizcaíno Casas titulado «Las autonosuyas» (creo que de esa obra incluso se hizo una película). En ese libro -una sátira durísima, feroz, contra el estado autonómico, escrita por un franquista confeso y orgulloso- aparece una esperpéntica conversación entre el presidente de la Generalitat y el lehendakari. Cada cual habla en su lengua, para lo cual utilizan los servicios de un intérprete, que acaba haciéndose de la picha un lío, convirtiendo la cosa en un diálogo para besugos. Finalmente, los dos dirigentes acaban expulsando al intérprete y, oiga usted, ¿y si continuamos la conversación en castellano? Y, efectivamente, continúan hablando en la lengua común como si tal cosa.

Cuando leí la obra y este episodio, no pude menos que pensar, joder, cómo se pasa el Vizcaíno, pero, bueno, al fin y al cabo, una sátira es precisamente eso, una exageración, una caricatura. Si en aquel momento me hubieran dicho que la caricatura se habría de materializar un cuarto de siglo después y nada menos que en el Senado español, me pinchan y no me sale sangre. Lo cierto es que si Vizcaíno Casas pudiera enterarse de esto, se estaría descojonando de risa en su tumba.

Mis lectores más antiguos saben que, desde siempre, he defendido en «El Incordio» tanto el catalán como la catalanidad, y saben que eso me ha reportado críticas y alguna polémica (siempre en tono correcto, por supuesto, porque mis lectores son, por definición, damas y caballeros), pero esto no tiene defensa. Esto es salirse de madre y perder el sentido del ridículo y de las proporciones.

Por si fuera poco, la actitud no menos gilipollesca del Partido Popular: el problema no es la cuestión en si misma, la estupidez inherente, el despropósito ya no político y cultural, sino, simplemente, desde la racionalidad más básica. No: el problema es que los intérpretes cuestan doce mil euros por sesión. Esta es la jerarquía de valores del partido que, si no cambia mucho el panorama, dentro de un año y medio nos va a gobernar y quizá -el pastafarismo nos ampare- en mayoría absoluta en el Congreso. Brillante futuro nos espera.

Me fastidia ponerme apocalíptico, pero entre los palos y palas al lenguaje y lenguaja, el feminazismo desencadenado, los despropósitos legales contra/sobre la cotidianidad (de los que la Pajín es caricatura y coronamiento, pero que ya vienen de muy atrás), la discriminación positiva hacia ciertas prácticas llevadas a cabo por inmigrantes (y digo inmigrantes no inmigración) y ahora esta estupidez perpetrada en sede parlamentaria, esto cada vez se parece menos a un país. Y no: no se parece cada día más a una casa de putas porque en las casas de putas hay, en su función, orden, concierto y hasta coherencia. Allí se va a lo que se va y eso es exactamente lo que se hace. No hay malentendido posible. La España de hoy es como se dice de los gallegos en las escaleras: nunca se sabe si suben o si bajan.

Lo cual, dicho de un gallego, puede tener cierta gracia. Dicho de un país que otrora fue serio (aunque por poco rato), no hace ninguna.

Qué dolor de DNI, por el Gran Batracio Verde…

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Bueno, pues nada, que como todos sabemos, nuestras Fuerzas Armadas van por el mundo como los curas en misa, dáos fraternalmente la paz, reparten chorizo Revilla y tinto Don Simón (excepto en los países musulmanes, donde abren latas de calamares en salsa y botellines de sueps, que el Profeta tiene prohibido el jalufo y la priva), ponen tiritas, enseñan a leer y juegan al corro de la patata con los niños. Vamos, que no sabemos si hemos enviado allá (allá es medio mundo) a la fiel Infantería o a una cátedra ambulante de la Sección Femenina.

Bendito sea por siempre, Señor, el nombre de España, deben clamar cada mañana al levantarse nuestros felices beneficiarios, y que Dios se lo pague a la Chacón con muchos hijos.

Pero hete aquí que uno de mis lectores más conspicuos, siempre a la que salta, hay que ser mala persona, me envía un recorte de prensa digital (o sea, un enlace) en el que se dicen cosas muy raras. Se dice por ejemplo, ay, madre, que han condecorado a no sé cuantos de nuestros soldados por acciones de… ¿guerra? No puede ser: debe ser que en algún sitio de esos por los que andan habrán organizado una especie de tomatina -algún buñolense con morriña– y a los más caracterizados en el arte tomatero les ha sido reconocida su habilidad. Quizá la medalla la haya otorgado la Sinde, en reconocimiento a la expansión cultural de las altas y refinadas costumbres de nuestro país, ese del Senado políglota, por parte de la tropa.

Y no, oye. Resulta que han condecorado -medallas de verdad, no de las de la Sinde- a diez soldados de diversos empleos por haber hecho algo tan feo y tan impropio como la guerra, por haber tomado el FUSA y haber abierto fuego contra inocentes inmigrantes magrebíes -bueno, ni eran propiamente inmigrantes ni magrebíes, pero, en fin, moros, para entendernos, que viene a ser lo mismo- que no habían hecho más que dar cera a nuestras fuerzas pacíficas haciéndoles pirotecnia con unos Kalashnikov, eso sí, de buen rollito y con la mejor intención. Cruces al mérito con distintivo rojo, la más alta condecoración militar en tiempo de… ¿paz? Bueno, pues de paz, no se me vaya a enfadar doña Carmen, que igual me manda al capitán con el cornetín de órdenes para que me ponga firme.

Coñas aparte, me ha encantado la peripecia que ha dado lugar al reconocimiento castrense. Van los chavales por ahí tan tranquilos -bueno, parece que por la zona de Qala-i-Now se va de todo menos tranquilo, y eso lo supe de primera mano este noviembre pasado, por uno que estuvo allí- cuando unos terroristas incontrolados e intolerantes les tienden una emboscada, que es una cosa poco democrática que consiste en que unos tíos (llamados terroristas cuando son los otros y guerrilleros cuando son de los nuestros) se esconden a la espera de que pase una columna enemiga o algo, y justo cuando esa columna pasa y sus integrantes están más confiados zampándose el bocata del desayuno, se abre fuego con todo lo que se tenga, de lo cual, si se hace bien, suelen salir muy maltrechos y quebrantados los destinatarios de la celada. Nuestros héroes -ahora lo son oficialmente: consta el «valor acreditado» en su hoja de servicios- se aprestan a la defensa y responden al fuego (hay que ser fascista, coño), pero he aquí que les hieren a un suboficial y efectúan un sabio repliegue manteniendo un buen orden de fuego, lo que permite la feliz evacuación del sargento damnificado por el accidente laboral.

Ahora viene lo que más me gusta: por si los quilapayunes, pashdaranes, pastunes, talibanes o como coño se llamen esos tíos, hubiéranse creído que el sabio repliegue obedecía a una de las prestigiosas tácticas que las historietas de Asterix atribuyen a los romanos (cuando, ya que estamos, el único sabio repliegue a la desbandada lo dieron en Alesia -y en otros sitios que no fueron Alesia- los galos de Vercingetórige ante las tropas de Julio César), los soldados españoles regresaron al lugar de autos y repartieron un buen saco de hostias a los del turbante, más que nada, supongo, para que no hubiese malos entendidos. Parece que trece de ellos quedaron mirando a La Meca con carácter definitivo y los demás demostraron haberse dado por enterados al haber recordado súbitamente que tenían algo mejor que hacer en otra parte.

Misión de paz.

De todos modos, qué queréis que os diga, no deja de encantarme comprobar que cuando se quitan de encima a los mierdas de los politicastros, nuestros soldados saben hacer de soldados y, por lo que parece, bastante bien. Menos mal, porque yo ya estaba por proponer que disolvieran las Fuerzas Armadas y pusiesen en su lugar a las Hermanas Ursulinas.

Habemus milites

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Bueno, pues la segunda paella del año está debidamente servida. Vamos, pues, avanzando hacia el final de este primer mes del año cuyo jueves 27 será el último y será, obviamente, la próxima cita con el arroz (si no se rompe nada, que yo ya no sé si algún día volveré a tenerlas todas).

Así que salud para verlo y hasta entonces.

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Comentarios

  • Jordi  On 20/01/2011 at .

    Sobre ESADE, sí y no: la Conselleria de Empresa y Ocupación tiene a sus altos cargos salidos de esta escuela pero no así la de Economía. El conseller Mas-Colell y el secretario Carreras son profesores en la Universidad Pompeu Fabra, que es una institución pública. Otra cosa es que el perfil de la Facultad de Economía de la UPF es descaradamente liberal; a modo de ejemplo, a servidor de usted nadie le enseñó Keynes.

    Las lenguas indígenas: vale, será una gilipollez lo del pinganillo pero ¿por qué cualquier lengua española diferente del castellano es vista casi siempre como un problema? ¿no será que el rollo éste de la España pluricultural y plurinoséqué es una papanata como un piano? Quizá si hubiera una concepción realmente bilingüe de España no nos veríamos siempre pidiendo permiso para hablar, en mi caso, catalán.

    Lo de la “misión de paz” en Afganistán, clama al cielo, y más si tenemos en cuenta que la lista de muertos se acerca al centenar. Pero es lo que tiene tener unas FAS profesionales: nadie te monta un pifostio en la calle porque has enviado a chavales de la mili en un fragata rumbo al Golfo Pérsico.

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