Alejandro… magno

De la nueva serie: No, si ya…

Hace unos días, anteayer, decía en esta misma bitácora, refiriéndome a la fastuosa decision de Álex de la Iglesia: «lo veré mucho más claro cuando esa dimisión sea efectiva, porque a mí, con el relente que sufrimos, me cuesta pensar que, de aquí a allá, no vayan a convencerlo, hombre, Álex, con la falta que le haces al mundo del cine, no te cabrees, caramba, no te dejes llevar por un berrinche, no te dejes influir por los pendejos electrónicos. No olvido que, después de su encuentro de la conciliación con los internautas, estuvo en una cena siniestra de contenidos terroríficos, que hubiera sido absolutamente secreta de no haber habido, a la hora de repartir invitaciones, una confusión entre un padre y un hijo que le salió ideológicamente rana y que, aterrorizado, pió lo sucedido en el aquelarre. Y luego vuelta a tuitear comprensión y buen rollito. A Álex de la Iglesia lo pongo en el anaquel de la duda».

En este par de días, me veía, por una parte acomplejado (vaya cagada de juicio, macho, te la vas a tener que envainar doblada y todo) porque, claro, toda la puta Internet meando colonia: Dans, Nación Red, y un laaaaaaaargo long tail de entusiastas (a la mayoría de los cuales respeto muchísimo, empezando por los citados, pero que la han cagado tanto como temí por unas horas haberla cagado yo) que no paraban de cantarle aleluyas al genio dialogante que bla, bla, bla, bla.

Pues ahí lo tienes.

Mirad: cuando uno dimite, dimite. Me voy. Adiós. Cuando uno no quiere dimitir hasta una determinada fecha, hasta que suceda un acontecimiento -sea previsto o indeterminable- simplemente se calla, sigue en lo suyo y dimite cuando ese acontecimiento se ha producido. Cuando uno dimite a diferido, es como cuando uno acepta letras (hace veinte años que estoy en la función pública y no sé si aún existen): ya veremos si a su vencimiento se pagan o no. Lo que ha hecho nuestro Álex, el De la Iglesia que hasta hace cuatro días era martillo de herejes hasta que se cayó del caballo, es, o propio de gente poco seria o propio de submarinos.

Y aunque hace años -quizá tanto como quince- que no meto un pie en el mar (ese mejunje infecto de plomo, mercurio y mierda), detecto a los submarinos mejor que una fragata. Y este era uno de los medianejos. Uno de los buenos, visto lo visto y lo fácil que le ha sido al interfecto, nos hubiera metido el síndrome de Estocolmo hasta en las transaminasas.

No basta con Twitter. Hay que ser, además y sobre todo, perro viejo.

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Comentarios

  • Nubian Singer  On 28/01/2011 at .

    No acabo de estar de acuerdo contigo, Javier. En todo lo que he leído al respecto, De la Iglesia decía que dimitiría después de la gala de los Goya: la dimisión era en diferido desde el principio.

  • Monsignore  On 28/01/2011 at .

    Pues yo concuerdo con D. Javier. Ya no me fío ni de mis padres (que seguro que son los Reyes)

  • JP Clemente  On 28/01/2011 at .

    salu2, sigo pensando que Álex de la Iglesia me mola mucho, El día de la Bestia, Acción mutante, puede que la última, y además la famosa reunión donde estuvo Víctor. Me he unido a su apoyo en Twitter #todosconalexdelaiglesia y @Alexdelaiglesia, también con @perezreverte que además ha empezado a tomar partido contra la ley Sinde, aunque ya lleva tiempo de internauta como el que más, además académico, un lujo. Sigue habiendo letras de cambio desde la ley de comercio de 1985 lo que pasa es que se ha sustituido la financiación de las empresas mediante letras de cambio y pagaré que suponen el reconocimiento mutuo, parecido al intercambio, por su bancarización con el consiguiente desastre. Es posible que la única salida de la crisis sea volviendo a las letras de cambio pues las empresas difícilmente pueden pagar a los proveedores de otra forma y a la vez los proveedores, si no es con ese acuerdo mutuo difícilmente van a porder dar salida comercial a sus productos.

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