Ser o no ser

De la serie: Correo ordinario

Lo más divertido es que a la chusma esa se le ve el plumero a las primeras de cambio. Ahora se han lanzado a lo que parece una operación para desactivar la palabra internauta. Y las preguntas retóricas y los comentarios recurrentes se suceden: ¿a quién representan estos internautas?, ¿cuántos son estos de la Asociación de Internautas? o eso tan divertido de todos somos internautas, que a veces parece dicho en el mismo tono de aquel «yo también soy adúltera», que tuvo tanto significado en su momento -y tanto representó, además- pero que, fuera de su contexto y aplicado a cualquier cosa, resulta hasta patético.

También es divertido constatar que cuanto más intentan despreciarnos más nos están haciendo, en realidad, el caldo gordo. Peor para ellos y mejor para nosotros.

Porque, además, aunque lo consiguieran, aunque lograran efectivamente deshacerse de la Asociación de Internautas -ya lo han intentado por varios procedimientos y, de momento, aquí estamos- ¿creen realmente que se les acabaría el problema? ¿Creen realmente que habrían acabado con el movimiento internauta (internauta de verdad)? Pues no. Es tarde, amiguetes. A estas horas, ya la habéis cagado: el movimiento internauta -con Asociación o sin Asociación- es, en estos momentos, tan amplio que incluso sin nosotros seguirá adelante como si nada. Ya os lo dije hace no muchos días: si la Asociación de Internautas desapareciera, desaparecería una referencia histórica en la Red, y desaparecería un grupo bien organizado y sumamente cohesionado -por eso resulta tan difícil de hacer desaparecer-, pero, a estas alturas, vuestros dolores de cabeza no menguarían lo más mínimo. Quedan en la Red española individualidades y grupos suficientes para que vuestro consumo de aspirina no sólo no disminuya sino que vaya in crescendo.

Por otra parte, esta historia de las representatividades cae por su peso: el asunto no es a quién representa la AI (está claro que, en términos formales, a sus socios y a nadie más) sino la adhesión que suscita entre todos los internautas lo que dice o lo que hace. Que a veces es más y a veces es menos, como es lógico. El viernes, en TV3 puse el ejemplo de un club de fútbol, concretamente el Barcelona. Por más que Cuní, el presentador, dijera que no es lo mismo, ya lo creo que es lo mismo. Y me preguntaba ¿es el Barcelona -vale decir el Madrid, el Betis o el Deportivo, da igual, cada cual en sus proporciones- sus ciento y poco pico mil socios o es, por el contrario, los centenares y centenares y centenares de miles de seguidores y la ola de entusiasmo que suscita entre éstos? O, si nos vamos a otro ámbito: ¿y los sindicatos? Los sindicatos representan -por fuerza e imperio de la ley- a todos los trabajadores; y, es más: todo lo que firman los sindicatos vincula forzosamente a todos los trabajadores, que hemos de pasar por los convenios que ellos firman y por los acuerdos con la clase política que ellos suscriben. Y, sin embargo… ¿cuántos trabajadores estamos sindicalmente afiliados? La proporción da verdadera risa. Y ahí los tienes.

Y si nos ponemos a hablar de representatividades, podríamos hablar de las de las propias entidades de gestión. Empecemos por nuestra querida $GAE: tiene casi cien mil afiliados, según sus propios órganos de dirección (y yo no lo dudo, ojo). ¿Todos estos afiliados se sienten representados por la $GAE? ¿Todos estarían afiliados a la $GAE si tuvieran la posibilidad -que no la tienen- de afliarse a otra sociedad o, simplemente de no afiliarse? (la posibilidad de no afiliarse es legalmente posible pero realmente impracticable, de esto ya se ha hablado muchas veces). ¿Cuál es la representatividad de los acuerdos que se adoptan en la asamblea de la $GAE, cuando sabemos que de esos casi -o poco más de- cien mil socios, sólo pueden votar cuatro mil y aún estos no tienen voto igual (los votos tienen un valor que va de 1 a 4, según los ingresos, ventas o cosa parecida)? ¿Esto es representatividad? Yo lo dudo. He conocido a algunos autores afiliados a la $GAE, y según muchos de ellos, eso de la representatividad vamos a dejarlo estar. Es más: he encontrado a algunos que incluso defienden el canon por lo que, según ellos, se hace con él (mutualidad y no sé qué más) pero que son frontalmente críticos con la política de Teddy Bautista. Por lo demás, mutualidades las tienen muchos colegios profesionales y no vienen a meterme la mano a mí en el bolillo.

También podemos hablar de colectivos que carecen no de representatividad, sino de representantes, precisamente, porque los politicastros afectos a la industria del entretenimiento les impiden toda posibilidad. Al ser las entidades de gestión un numerus clausus -un monopolio, como efectivamente ha constatado la Comisión Nacional de la Competencia-, resulta que, por ejemplo, los autores de contenidos divulgados bajo licencia libre no tenemos más defensa que los escasos recursos que nos permite el asociacionismo privado y, así, tenemos que contemplar indefensos cómo se nos plagia brutal, constante e impunemente. Pero se ve que nosotros no somos creadores y no tenemos derechos.

En definitiva -y como no se le oculta a nadie- es un problema de pasta. Por eso decimos tantas veces, y es verdad, que nuestra guerra no es contra los autores sino contra la industria. Lo que ocurre es que los autores a los que se les da voz suelen ser representativos… de la industria. Nunca aparecen en los periódicos tantos y tantos autores que las están pasando canutas no por la piratería (ya les gustaría aprácticamente todos ellos de que hubiera ocasión de que los piratearan) sino por los abusos de la industria y por la indiferencia -cuando no el abuso también- de la sociedad de gestión de turno. No sé qué pazguato decía el otro día que por causa de la piratería había autores cantando en el metro. Eso es: están cantando en el metro por culpa de la descarga masiva de sus discos. Y es que hay que oir cada cosa…

Que, bueno, que sí, que vale, que, como decimos choteándonos en nuestras listas, no semos naide. Po fueno, po fale, po malegro, como decía aquel. Nosotros vamos a seguir ahí, al pie del cañón, continuando con nuestra lucha, codo con codo con decenas de comunidades en Red y con miles y miles de activistas individuales. Si Caco Senante o la Sinde son también internautas o si caben o no en un taxi, nos trae al completo fresco. Vamos a seguir ahí, representando a quien representemos y haciendo lo que hemos venido haciendo toda nustra vida social: seguir luchando por una Internet libre, seguir luchando por una Internet para todos, seguir luchando por los derechos civiles en la Red y seguir luchando en definitiva, para que España no pierda -y está muy cerca de ello- el tren de la tecnología.

Y en ello, aunque os repatee y os atragante la vesícula, representamos a muchos, a muchísimos, ciudadanos.

Jodeos.

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Comentarios

  • javier  On 01/02/2011 at .

    Sin más, eso, que se jodan y punto y pelota,muy bueno el escrito Javier.

  • Monsignore  On 01/02/2011 at .

    Caco Senante: “La asociación de internautas cabe toda ella en un taxi”

    Y aún sobra sitio para poner todos los discos vendidos por Caco Senante.
    En la guantera.

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