Capulladas a patadas

de la serie: Los jueves, paella
…Y no olvidéis el atropello yanqui: #rojadirecta

El martes día 15 de febrero está convocado -no me preguntéis por quién, aunque a mí me da igual- un apagón general. La cosa es que ese día, a las 22:00 (10 de la noche) cerramos luces y aparatos hasta las 22:30. Con alguna excepción: una lámpara para no darse de tortas contra los muebles y supongo que el frigorífico. Lo demás, todo cerrado. Todo lo que vaya enchufado: televisores, ordenadores, radiadores (si no supone, termómetro mediante, un comportamiento irracional), lavadoras, lavaplatos, luces (salvo esa bombilla justa para lo dicho, no hacerse polvo los cataplines contra el canto de la alacena, aunque las linternas a pilas y los lumogases hace ya tiempo que se inventaron) y, bueno, todo lo que os podáis imaginar. Contador parado o casi.

La finalidad de la operación consiste en aprovechar la fecha (Día del Consumidor, hay que joderse) para mostrar el cabreo generalizado ante el tarifazo eléctrico.

Por supuesto que voy a participar. Y mi apagón va a durar mucho más de media hora. A las diez de la noche, debidamente cenado, al sobre con funda nórdica, vasito de whisky, cascos conectados a algo sinfónico, mi linternita de tropecientos leds por aquello de no estar completamente a oscuras -hombre, se puede leer y bien, pero es incómodo- ni un cura va a estar mejor que yo y en casa lo único que coleará será la nevera, porque hasta el cepillo de dientes voy a desconectar (total, ya tendrá la batería cargada…).

Dicho esto, me temo que sólo yo, mi familia y unos pocos miles de bravos vamos a secundar prácticamente la convocatoria. Por lo de siempre: aquí, cuanto más pringado, más sobrado, y ya se sabe que eso de protestar y reivindicar no es cosa propia de la alcurnia y rancio abolengo de casi todo el mundo, hombre, voy a hacer yo tonterías, y más en casa, que no me ve nadie. Y, por supuesto, el magno pretexto del personal de los huevos de plomo: total, no va a servir para nada ¿a qué perderme el Gran Marrano?

Cuatro millones y pico de parados. Y me pregunto: ¿cuántos quizá se lo merezcan? ¿Cuántos, cuando España iba bien y hasta cuando ya no iba tan bien, pasaron de protestas, de reivindicaciones, de huelgas, de reclamaciones… porque eso es de pringados. El hecho de sufrir una desgracia no confiere -no automáticamente, cuando menos- la inocencia en la causa de esa desgracia. Que el muy humano compadecimiento de tantos y tantos compatriotas que las están pasando putas no nos prive de esa perspectiva: hay algunos -no sé si muchos o pocos, mayoría o minoría (que mayoría no sé, pero muchos, seguro que sí)- que se ven como se ven por su propia culpa. Está medio mundo incendiado y la España del paro se dedica al botellón, a arrasar con las existencias de las agencias de viaje en cuanto llega un puente y a abarrotar las estaciones de esquí en cuanto caen cuatro copos.

Teoría del esto-quisiste-esto-tuviste aparte, esta protesta llega en un momento muy oportuno. El problema es que hace muchos años ya que el momento es oportuno. Porque sobre ser vasallos de una chusma infecta de políticos, lo somos también de una colección de compañías oligopolísticas -cuando no llanamente monopolísticas- que hacen lo que les da la gana. Nosotros no somos consumidores de bienes o servicios. Nosotros, en realidad, respondemos a las exigencias de una serie de compañías constituidas en verdaderos señores feudales. Nosotros no pagamos por bienes o servicios, nosotros pagamos fielatos, pechos y tributos diversos decididos unilateralmente por el enfeudado, en función del necesario crecimiento de sus beneficios -habitualmente exponencial- y a cambio recibimos mierdas de bienes y porquerías de servicios. Con la bendición del Gobierno, que aporta a los mamporreros. Vamos, igual que en la alta Edad Media, cuando los señores feudales brindaban protección a sus vasallos a cambio de llevarse por las buenas el producto del trabajo de estos y el mierda del rey -porque no era otra cosa- decía «sí, señor». Como podéis ver, la Mafia no inventó nada.

No. Por culpa de millones de gilipollas culogordos, perezosos y ensoberbecidos en su propia mierda tomada por oropel, unas pocas decenas de miles de ciudadanos protestaremos y no conseguiremos nada. Seremos ninguneados: rojos, rastas, antisistema… Eso lo tengo clarísimo. Pero esas pocas decenas de miles, habremos salvado, al menos, el arma, esa arma que jamás debe perder un soldado: la dignidad.

Los demás, estarán bien para ser utilizados como escupidera.

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A mí siempre me enseñaron que este pueblo [el español, que igual hay que matizar] es arrojado e indómito. Coño, conseguían que a los siete años me picaran las pulgas de la pelliza de Viriato, como diría mi buen amigo Manolo Parra. ¡Qué machos somos!, me decía a mí mismo: les atizamos a los romanos, a los moros (bueno, sí, echamos en la cosa ocho siglos pero…¿qué prisa había?) y les pateamos el trasero a italianos, franceses, flamencos, ingleses (no con la Invencible, pero sí en las Canarias y, sobre todo, en Cartagena de Indias, donde Blas de Lezo -cuya onomástica se celebra precisamente hoy- le sacudió a puntapiés las ladillas a Vernon y, de paso, se cargó al hermano mayor de George Washington, ahivalahostia, pues) y, bueno, como quien dice, a Dios y a su padre.

Pero no. De machos, nada. Al contrario: ruines, sucios, miserables, malolientes y cobardes que te cagas.

Aquí, machos, lo fueron aquellos heterodoxos españoles de Menéndez Pelayo que escribieron episodios de gloria… y que fueron retribuidos con el desprecio, con la persecución y, frecuentemente, con el exilio, con la cárcel y con el cadalso. Y, si no, lee la historia de Viriato, para empezar, del Cid, del Gran Capitán, del Duque de Alba, del propio Blas de Lezo citado, y de toda una pequeña y selecta colección de grandes hombres, algunos de ellos verdaderos genios, que se dejaron la vida para esta mierda.

Se me vienen a la cabeza estos pensamientos viendo a Zap, que ya ni a anodino llega -y es que se me terminan los adjetivos que pueden ser escritos sin dar razones a la justicia-, meando colonia con la visita de Ángela Merkel, la canciller alemana -que lo es, no vamos a decir otra cosa, pero que ya está bastante decadente y no le quedan muchos telediarios en el machito- que ha venido aquí, la tía, a examinarnos, que ha venido aquí a ver si sus cipayos -con permiso del Gran Padre Blanco- han hecho los deberes que les impuso la seño. Y encima, parece que el aprobado ha sido justito.

Pero es de ver la cara de Zap, en la que se adivina un culo hecho caramelo. Ahí es nada, alternar con tan altos personajes (como si la Merkel fuera, por lo demás, Adenauer), igual que si uno fuera un estadista de verdad en vez de un matao salido, nadie sabe todavía cómo, de la periferia del partido. Y, encima, de refilón, me sacan el careto de Rubalcaba que a mí, qué queréis que os diga, cada día me recuerda más a uno de los personajes de El món d’en Beekman (una estupenda serie de mini espacios científicos para chiquillos, muy bien hechos, que hicieron las delicias del público de TV3 y del Canal 9). Yo no sé a vosotros, pero a mí me recordó el babeo de Franco cuando, con lo del Congreso Eucarístico del 52, vino aquí Tedeschini, a modo de sucedáneo de papa, y todo el Consejo Nacional del Movimiento se puso de rodillas señor ante el sagrario, o cuando poco después llegó Eisenhower a darse el abrazo con el gallego ante la sonrisa beatífica del general Vernon Walters, el virrey yanqui del momento. Momentos cumbre de la épica hispana.

Ahí los tienes a todos tan contentos, la bolsa subiendo (bueno, hoy los buitres han recogido beneficios, según parece), y el Toxo y el Méndez dándose besos a tornillo con Rosell, que este sí que es un caballero y no como el otro, a dónde va usted a parar. Reunión de pastores, oveja muerta, ya lo dice el refranero. La oveja, claro, somos nosotros: cuatro millones de parados, y los que sobrevivimos en el estercolero laboral, con los salarioa recortados, las pensiones recortadas y aplazadas y el estado del bienestar convertido en una casa de putas a la que van a follar un montón de cabrones pagando nosotros y, encima, nos hacen dormir en las sábanas que dejan.

Y aquí, nadie pía.

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Sumido ya en la desesperación porque no me inspiraba para esta tercera entradilla, vienen los hados a echarme una mano. Y no nos confundamos: los hados no son como las hadas pero en tío, porque la palabra se refiere más bien a la fatalidad, no en vano su raíz latina es fatum. Pero los que os habéis dejado engañar por ese falso amigo como tantos hay en todos los idiomas, sepáis que tampoco íbais muy desencaminados y que vuestra venial ignorancia os ha llevado, en esta ocasión, por el camino correcto. Porque la salvación de la paella de hoy no viene de la mano de unos tíos gays con varita mágica, pero sí de algo parecido: los magufos.

En los ámbitos del racionalismo -que deberían serlo todos, pero, en fin…- magufo -contracción ideal de «mago» y de «ufólogo»- es el tío que se dedica a tomar el pelo a la gente -con o sin ánimo de lucro, pero casi siempre con– con cuentos esotéricos, con supersticiones, con supercherías, con falsas simulaciones de ciencia y, en fin, con mucho abracadabra que, según el gusto de la clientela pagana, puede tener o no contenido religioso.

Que estos comediantes susciten la credibilidad de la gente e ainda mais, como dicen los gallegos, se forren regularmente, sólo se explica por el analfabetismo funcional del personal, por la gilipollez ambiental dominante y, en fin, por cosas como las que cuento en las dos entradas anteriores.

Así, son legión los ciudadanos que se creen lo de la homeopatía, una de las chorradas más extendidas en el mundillo magufo, pero que, ay, dolor, ha triunfado. Ha triunfado hasta lo indecible. Ahí tenemos a gente que tiene un título de médico expedido por una universidad-universidad, es decir, de las normales, que va por el mundo intitulándose homeópata. Y he aquí que hasta la Organización Médica Colegial -de la gente esta hablaré con calma un día de estos…- la reconoce como algo parecido a una especialidad. Claro, si los galenos ya andan haciendo tonterías como esta, no debería sorprendernos que las enfermeras se apuntaran también a la coña marinera, como el Colegio Oficial (ojo: Oficial) de Enfermería de Barcelona que anda proponiendo a sus pobres colegiadas -mi santa entre ellas- cursos de cosas raras como la reflexoterapia podal o las flores de Bach. Un día voy a montar yo una academia de de gestión pública alternativa mediante procedimientos como «silencio administrativo de las trompas de Falopio» o «justiprecio de predios rústicos mediante bendición apostólica». Nos ha jodido mayo con sus flores (de Bach, of course).

Uno diría, pues, que, bueno, vale, que se trata de supersticiones de aliento a ajo y, como decía Lope, puesto que el vulgo paga es justo hablarle en necio para darle gusto y cuando tengas un cáncer ve a que te imponga las manos un capullo de estos y no corras, no…

Pero coooooño, resulta que en el ámbito magufo la estupidez no es patrimonio exclusivo del analfabetismo hispano, sino que también cuecen habas los hijos de la Gran Bretaña. Bien es verdad que se trata de hijos del sector rarito, porque estos ya se habían caracterizado por un asunto muy turbio de un presunto monstruo lacustre que, vaya por Dios, nunca ha llegado a ser habido, pero que tiene la esotérica propiedad de ser capaz, aún a pesar de su etérea vaporosidad, de levantar a todo un sector turístico local. Ya se infiere de lo dicho que la gilipollez deja muchísima pasta al avispado que sabe cabalgarla. En fin, que resulta que un tribunal escocés ha admitido como prueba en juicio una experiencia telepática, cosa que ha cabreado mucho al sheriff local, que parece que no es como el ranger Walker -buen americano, de derechas y temeroso de Dios-, sino que incluso aparenta dos o más dedos de frente.

Ayer, precisamente, comentaba en el muro de Facebook de Luis Alfonso Gámez, que el sábado que viene va a protagonizar en la televisión vasca un intento de suicidio por sobredosis homeopática a base de beberse no sé cuánta agua de esa que bendicen los tíos esos ciscándose en la constante de Avogadro (que no era un jurista muy tenaz, sino un físico italiano), que tendríamos que investigar si el vino de Rioja tiene memoria, como el agua de los cachondos estos. Después de todo, está científicamente demostrado que el vino de Rioja, en determinadas condiciones -y, sobre todo, en determinadas cantidades- tiene la propiedad de hacer olvidar, así que algo hay en eso de la memoria.

A vuestra salud. Nunca mejor dicho

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Sudores de parto,pero se ha cumplido. Y aunque entrada la medianoche, vamos a hacer ver que no, que no es viernes aún (después de todo, en UTC todavía es jueves), este jueves ha habuido paella de nuevo. El año continúa, pues, bien.

La próxima será el día 10 de los corrientes, así que aquí os quiero ver a todos.

Sed felices.

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Comentarios

  • David Arcos  On 04/02/2011 at .

    Hola,

    en Barcelona también hacemos el suicidio hoemopático 🙂
    – 10:23, en Canaletes:
    http://www.esceptics.com/?p=62

    y por la tarde haremos el primer “Escèptics al pub”:
    http://www.esceptics.com/?p=71
    http://skeptic.org.uk/events/skeptics-in-the-pub

    Si te quieres pasar, estás invitado 🙂

    Más info:
    http://www.esceptics.com
    http://twitter.com/esceptics

    Saludos,

  • alegret  On 04/02/2011 at .

    No se si es peor la homeopatía y las flores de Bach y el Rekki o el GolTv, con la que está anestesiada esta abúlica y cobarde sociedad.

    Por cierto ,como Abogado, me ha gustado eso de “el silencio administrativo de las trompas de Falopio”. Me queda por saber si es positivo o negativo.

    Un saludo.

  • miguelc  On 05/02/2011 at .

    Javier, me parece que esta vez te equivocas de medio a medio … me refiero a lo de “millones de gilipollas culogordos, perezosos y ensoberbecidos en su propia mierda”.

    En este post tuyo, y algunos más de los últimos tiempos, noto una cierta deriva que me preocupa. Eres uno de mis referentes de opinión, y no quisiera perderte como tal.

    El problema no es que insultes a la gente, ese puede ser un recurso expresivo válido en ciertas circunstancias, … y ciertamente que hay quien se lo merece, a ver si por lo menos reacciona.

    No, no es ese el problema. El problema es que me da la impresión que, de un tiempo a esta parte, te estás abandonando a la “santa indignación”, y si sigues así tu blog puede terminar derivando en un espacio tan pintoresco, entretenido, … e inútil, como un programa del corazón.

    Si has podido llegar hasta aquí sin mandarme a la mierda, déjame que me explique. Creo que te equivocas por 2 motivos:

    1) No hay motivo para la indignación.
    2) Aunque lo hubiera, ceder a ella es contraproducente.

    1.No hay motivo para la indignación porque: Los animales se comportan, dentro de un cierto margen, como su biología determina que se comporten.

    Los seres humanos somos animales, y nuestra [psico]biología nos marca que nos comportemos como una especie de super-ovejas. Nuestro comportamiento individual y nuestro comportamiento social siguen conjuntos distintos, y disjuntos, de normas. Estos dos conjuntos guardan relación, pero no son las mismas. Lo que pensamos como individuos, y lo que hacemos como sociedad, guarda relativamente poca relación, porque para que lo primero se refleje en lo segundo necesitamos llegar a un acuerdo social.

    En todo rebaño hay un 99% de seguidores y un 1% de líderes. Estos líderes no tienen un poder absoluto, no pueden dictar sin más como han de comportarse los seguidores. Pero si un líder dice en voz alta algo que mucha gente ya tiene en la cabeza (o pone él la idea), y consigue que se hable de ello, y que un masa crítica de individuos se den cuenta de que no son unos bichos raros sino que en realidad piensan casi igual, entonces, y sólo entonces, puede que se produzca un movimiento global del rebaño.

    Para decidirse a actuar cada individuo debe resolver su propia ecuación riesgo-beneficio, pero poco importa si no hay un acuerdo social.

    En todo caso está en nuestra naturaleza, como ya estaba en tiempo de Viriato o de la reconquista, no hemos cambiado tanto.

    2.No deberíamos ceder a ella porque: ¿Es reprochable que un individuo no quiera actuar en solitario? Pues puede que sí, pero de poco vale echárselo en cara, eso sólo sirve para que cierre aún con más fuerza ojos y oídos para no tener que enfrentarse con su propia vergüenza.

    La santa indignación puede ser muy entretenida, pero para muchos, los que no la acompañan con ninguna acción positiva, no es otra cosa que una forma de hipocresía.

    ¿A cuanta gente conocemos que, conscientes de lo que se cuece, o por moda, o diversión, o por todo a la vez, hablan sapos y culebras de la situación actual … mientras al mismo tiempo dejan bien claro que no están dispuestos a mover un dedo para cambiarla?

    Pinchar al individuo poco ayuda a que el rebaño se mueva, como mucho a que este se revuelva y te muerda.

    P.D.: No tenía ni idea de la iniciativa del día 15. Hay que darle toda la publicidad que se pueda. Ten por seguro que pienso participar, y además voy a comentárselo a todo el que se me cruce por delante en estos 10 días. Ojalá que nos llevemos una agradable sorpresa el 16.

  • Javier Cuchí  On 05/02/2011 at .

    @miguelc:

    Bueno, la verdad es que da gusto leer una crítica tan estructurada (lo que la hace, entre otras cosas, constructiva). Merece, desde luego, estudio y reflexión y, por tanto, la estudiaré detenidamente y la reflexionaré con no menos rigor.

    A bote pronto, solamente decirte que no soy consciente de esa evolución, esa deriva a la que te refieres. «El Incordio» siempre ha sido muy broncas, muchísimo y que haya ido a más todavía casi me sorprende, porque el límite de la injuria demandable es el único que tengo y lo he bordeado desde el principio, desde 2004. Sobrepasarlo, nunca, al menos premeditada o conscientemente, pero siempre he estado casi sur le ligne.

    De todos modos me auto-releeré desde cierta distancia hacia acá -que es trabajo de chinos-, a ver si puedo llegar a ver lo que tú indicas o bien establecer que es tu percepción la que se equivoca.

    Te debo, pues, contestación.

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  • By Hasta Enrique… « El Incordio on 07/02/2011 at .

    […] Hace un par de entradas, uno de mis bravos hizo un comentario sobre mi deriva, cada vez más acusada, a su modo de ver, hacia un tremendismo formal que, si lo entendí bien, alcanzaba a lo conceptual. Sigo estudiando la cuestión, que no es fácil pero, mientras tanto, ahí tenemos a Enrique Dans, que ni de lejos llega a mi deflagración expresiva, pero que, conceptualmente, coincide en todo, absolutamente en todo, avisando de que, en los parámetros actuales, no pesamos una mierda. Dans hubiera probablemente (hagamos la salvedad del probablemente para no traspasar a otros en su integridad mi propio pensamiento propio) firmado debajo de mis últimas entradas. […]

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