Quo vadis ICANN?

De la serie: Correo ordinario
…Y no olvidéis el atropello yanqui: #rojadirecta

Tenía curiosidad por ver cómo reaccionaría Daniel Rodríguez Herrera, responsable del área tecnológica de «Libertad Digital», ante el secuestro norteamericano del dominio rojadirecta.org. No era curiosidad malsana, en este caso, sino de la buena, curiosidad-curiosidad.

Viene todo ello a cuento de que hace unos pocos años, dos o tres, si la memoria no me falla, hubo una cierta campaña para deslocalizar el ICANN de los Estados Unidos. El ICANN, como se sabe, es, entre otras cosas, el organismo gestor de los dominios en Internet y los dominios son una de las llaves de la Red: quien tiene el ICANN tiene un poder tremendo. Pues bien, precisamente el hecho de que ese poder lo ostentara un único Gobierno, se postuló que el control del ICANN pasara a la ONU. Daniel escribió contra esa posibilidad argumentando que entregar el ICANN a la ONU equivalía a entregarlo a la ordalía de dictaduras bananeras que controlan ese organismo internacional perfectamente inútil, dictaduras que, además, lo primero que hacen con Internet es controlarlo férreamente, cuando no cerrarlo sin más. Bueno, de hecho, acabamos de verlo en Egipto y todos conocemos la realidad de China y Cuba. Precisamente de Cuba ha regresado estos días Víctor Domingo, el presi de la AI, que ha estado allí por razones profesionales, y ha vuelto asustado. No ha sido más explícito porque dice que ya lo escribirá cuando se haya reaclimatado. Esperaremos, pues.

El caso es que, muy a mi pesar, tuve que estar de acuerdo con Daniel. Muy a mi pesar no por el acuerdo en sí mismo sino porque, efectivamente, mal por mal, yo también prefería que el ICANN se quedara en Norteamérica si la alternativa era entregarlo a esa merienda de negros vestida de azul. En definitiva, aunque los Norteamericanos tienden a pensar que el mundo es suyo y a actuar en consecuencia, es decir, a hacer lo que les da la gana dentro y fuera de sus fronteras, bueno, tienen un orden, tienen una constitución, tienen unos jueces y tienen, al menos de cara a la galería, unos principos rectores de su sociedad generalmente y generalizadamente aceptables, con lo correspondientes matices, claro… No sé cómo explicarlo. No me gustaría nada vivir en los Estados Unidos pero, aún a riesgo de darme de narices con el ranger Walker (buen americano, de derechas y temeroso de Dios, como está mandado), preferiría recalar allí antes que en China y no digamos en un paraíso islámico de esos donde aún andan mutilando, azotando, ahorcando o decapitando a la gente por un quítame de allá esa frase del Profeta interpretada al cutre gusto y ganas de un montón de fanáticos analfabetos funcionales (o sin funcionales, depende de dónde…).

Pero, claro, lo de #rojadirecta nos ha dejado a ambos (y a muchos más) con el culo al aire en esta cuestión. Si los norteamericanos se comportan como auténticos talibanes, sin práctica diferencia alguna… ¿qué vamos a hacer con el ICANN? ¿Dónde lo vamos a meter? Bueno, pues esta es la pregunta que se hizo Daniel en su columna de «Libertad Digital» hace algo menos de una semana.

Para empezar, como puede verse, constata dos cosas: una, que, en términos generales, Estados Unidos respeta bastante bien el sistema de dominios sin interferirlo ni administrativa ni judicialmente o, en otras palabras, que lo de #rojadirecta es una excepción; otra, que la pérdida de un dominio ya no es tan tremenda como antes porque la mayoría de la gente accede a los sitios por medio de buscadores y éstos redireccionan a la IP y no al dominio (como todos los enlaces que estoy poniendo en «El Incordio» para #rojadirecta).

Hay una tercera atenuante que no cita Rodríguez Herrera pero que he leído por ahí: el no poco importante detalle de que el secuestro del dominio se ha producido en vísperas de la Superbowl. Esto de la Superbowl, para quien no lo sepa, es la finalísima del calzoncillo norteamericano, eso que ellos llaman «fútbol» pero que juegan con un balón de rugby y es un acontecimiento nacional de primera magnitud, del orden de la Navidad o del Día de Acción de Gracias, o cosa parecida. Digo, por lo que veo en la tele, leo en los periódicos o me entero por alguna de las poquísimas series suyas que he seguido (actualmente, ninguna), que no de otra cosa -salvo referencias personales de amigos, parientes y allegados- conozco el percal de allí. Obviamente, la cosa esa de la Superbowl mueve una pastísima, ya os podéis imaginar: oía el otro día que la seguían cien millones de telespectadores, y hasta me parecen pocos, para lo que dicen que es la cosa. Pues bien: la ocupación de #rojadirecta, según cuentan (yo no la conocía antes del follón) era enlazar con lugares donde se retransmiten by the face espectáculos [llamados] deportivos, y uno de ellos hubiera sido -o hubiera podido ser- la tal Superbowl. Eso, obviamente, hubiera chocado con los importantísimos intereses económicos de un poderosísimo sector, el televisivo, pero me da la impresión de que burlar el pay per view de la Superbowl hubiera constituido mucho más que un atentado económico, me huelo que hubiera supuesto una especie de puntapié en los cataplines de una especie de honrilla nacional: nada menos que piratearle la Superbowl al paraíso de la propiedad intelectual… Alguien debió decir aquello de «Ah, no: por aquí sí que no paso».

De todos modos, con todas las atenuantes que se quiera, el hecho se ha producido, lo que nunca debió suceder, ha sucedido y eso nos coloca a todos en un problema de muy difícil solución. Por un lado, no queremos -y los hechos nos dan la razón- que el ICANN esté en los Estados Unidos; tampoco queremos -por lo mismo, pero multiplicado- que lo tenga la olla de grillos de la ONU… ¿Qué hacer, entonces? ¿Dónde y en manos de quién debe estar? Rodríguez Herrera propone -como simple sarcasmo- que nos vayamos todos a Suiza pero, si hemos de hacer caso a los papeles de Wikileaks, Suiza no parece tampoco un refugio cien por cien seguro. La única solución se me antoja inaceptable para la estúpida corriente de opinión políticamente correcta ad usum: entregar el ICANN a un colectivo aristocrático de notables independientes cuyos miembros estuvieran repartidos por la Unión Europea y por Norteamérica. No obstante, también esto reportaría problemas serios: primero, decidir el número; segundo, establecer el método de elección; tercero, diseñar el perfil del elegible; cuarto, establecer quién ha de ser elector. Y el más importante de todos ellos: ¿quién ha de resolver estos problemas previos? Por no hablar de que la independencia de las personas individuales es fácilmente comprometible por las buenas o por las malas: el soborno o la amenaza no siempre encuentran respuestas firmes, incluso en espíritus y caracteres fuertes.

La tentación de dejar las cosas como están, fiando en que estamos ante un caso excepcional causado por coincidencias excepcionales -dejad tranquila a la Superbowl y esto no volverá a pasar- debe rechazarse. Debe rechazarse porque, como también -y muy bien- dice Daniel, el lobby de la propiedad intelectual norteamericano -todopoderoso allí y mucho más allá de allí, con perdón por el trabalenguas- está preparando leyes para intervenir Internet a gusto y ganas. No podemos correr ese albur.

¿Qué debemos hacer? La verdad, no se me ocurre nada más allá del colectivo de notables (y, de todos modos, para el caso que me iban a hacer… supuesto que me llegaran a oir…). Pero no podemos dejar la cosa así. Los dominios constituyen una parte muy importante en Internet y quién sabe lo que el futuro puede depararnos: lo mismo su decadencia que una eclosión aún mayor. Todo va a depender de cómo Internet vaya a manejar nuestros hogares (que lo hará, parece seguro) y qué tipología de denominación, más allá de la simple IP, vaya a elegirse para nuestros aparatos domésticos (incluidos algunos tan prosaicos como el frigorífico o la lavadora).

Por más reconsagrada que sea la Superbowl de las narices, creo que alguien, allá en yanquilandia, ha metido la pata y ha marcado un antes y un después que no será nada bueno para los norteamericanos. Lo de #rojadirecta ha dejado sin argumentos a quienes, como Daniel Rodríguez Herrera, tenían una confianza total en la democracia USA y, cuando menos a los únicos efectos del ICANN, consiguieron transmitirla incluso a ultraescépticos anti-USA como yo mismo.

El mito ha caído y ahora sabemos que el ICANN no está en buenas manos.

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Comentarios

  • Angeloso  On 09/02/2011 at .

    Javier,

    Yo que estoy recien llegado de los USA despues de estar casi 12 años alli viviendo y que lo mas seguro en breve me vuelva otra vez para alli, pues alli tengo toda mi vida ultimamente, los retrata bastante bien, pero hay algo en el core del articulo que no es correcto, la Superbowl, la emiten en abierto. Normalmente es la ABC, pero a veces cambian. Se mantiene por los anuncios, a razon de varios millones de dolares por cada 30s. en los cortes y los injertos publicitarios durante el partido.

    @Angeloso69

  • Jose Manuel  On 09/02/2011 at .

    Pues si lo que hay que elegir es un pais democrático, garante de las libertades y con los poderes bien separados, no tengo ninguna duda: Islandia.

  • Daniel Rodríguez  On 10/02/2011 at .

    El problema que veo con tu idea es que haría que fuesen sensibles a las demandas en todos los países donde hubiera un notable o, más probablemente, en todos los países donde hubiera servidores raíz. Quizá pudiera aliviarse si los administradores de cada uno de esos servidores tuviese comprometido dar como errónea cualquier resolución de dominio de otros servidores raíz resultado de una demanda. Lo que no sé es si el protocolo DNS lo admite.

    Lo de Suiza lo decía en parte como sarcasmo… pero no del todo. Parece el sitio más adecuado. Si con lo de Wikileaks te refieres al affaire del banquero, es que el tipo ha cometido un delito. Pero eso no ha llevado a eliminar wikileaks.ch.

  • Daniel Rodríguez  On 10/02/2011 at .

    (Por cierto, que algunos políticos en EEUU han reaccionado en contra de la medida. Habrá que ver en qué acaba el tema.)

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