Software libre ¿«Principe de Asturias»?

De la serie: Correo ordinario

Como ya sabéis los más viejos de mis bravos, he sido, soy y, por desgracia, habré de seguir siendo extremadamente crítico con los premios «Principe de Asturias», cuya trayectoria, cada vez más populista, muestra claramente que se trata de un tinglado de promoción dinástica, aprovechando nombres e imágenes ilustres para, asociándose a ellos, proyectar la imagen del trono español, que nunca ha dejado de estar en tela de juicio.

Lo que no deja de ser cierto, sin embargo, es que la potencia mediática desplegada en torno a ellos puede ser ocasionalmente útil cuando el premiado es -siempre en términos mediáticos- un menor cuantía. Que debieran serlo todos, porque esa sería la función social de estos premios: dar impulso a proyectos meritorios pero desconocidos (y no al revés, como suele suceder). No obstante, en el conjunto de los premios, cada año se sienta a un pobre a la rica mesa de las celebridades que obtienen el galardón; recuerdo hace tres o cuatro convocatorias que se lo dieron a unas monjitas que estaban desarrollando una tarea enorme y a las que el premio confirió, muy probablemente, un impulso tan fuerte como necesario.

Tampoco vengo con ello a decir que el grueso de los premiados sea grano de anís. Evidentemente, el prestigio de los premios -y su valor para la propaganda dinástica- no se sostendría si fuera dado a mindundis y, por tanto, los premios se reparten en tres grandes grupos: personajes e instituciones muy meritorios, pero de fama mundial, a los cuales el premio les llueve sobre mojado; personajes de relumbrón cierto de presente, aunque quizá ocasional o efímero de cara al futuro, pero que permiten una foto de las que dan la vuelta al mundo, cuyo mérito es innegable, pero cuyo valor ejemplarizante aún está por ver: son los casos de Fernando Alonso, de Rafa Nadal, de la selección nacional del calzoncillo, etc. (y no -nunca me cansaré de quejarme de ello- a un deportista multicampeón que sí constituye un clarísimo ejemplo de valor generacional, pero que ya no hace fotos de proyección mundial: Ángel Nieto). Y el tercer grupo está formado por personas y entidades verdaderamente admirables, como los del primer grupo, pero que, a diferencia de éste, necesitan como el aire que respiran una promoción semejante de la que, por supuesto, carecen.

Este año, el pobre sentado a la mesa de los ilustres puede ser alguien -muchos, de hecho- que nos pilla bien de cerca, tan de cerca como que muchos pertenecemos al nominado: la comunidad internacional del software libre. No sé cómo habrá sucedido ni por qué, ni si es habitual en la mecánica de los premios «Príncipe de Asturias», pero lo cierto es que desde la propia Fundación han encargado al CENATIC la promoción de dicha candidatura.

Promoción que ya está en marcha. Yo mismo firmé el viernes mi adhesión personal a la candidatura y hoy mismo he hecho llegar -como su representante ad hocla de la Asociación de Internautas.

Debo reconocer que estoy gratamente sorprendido por esta nominación que, la verdad -y lo digo incluso desde un difícil distanciamiento-, es de auténtica justicia. Tal como digo en la nota, estamos ante uno de los supuestos colaborativos más importantes de la Historia humana, si tenemos en cuenta que no tiene líderes -en términos orgánicos- y que los miembros de esta comunidad estamos ahí porque queremos. Millones y más millones de horas de trabajo desinteresado empleadas en desarrollo, difusión, activismo, formación, divulgación… desplegadas por centenares de miles de personas que no han aspirado a otra recompensa que la de llegar a ver al software libre tal como es hoy: una realidad esplendorosa, una verdadera y madura alternativa tecnológica, algo ya no sólo cotidiano sino también imprescindible y más aún si lo asociamos a un concepto que es primo-hermano: el de los formatos libres, una lucha que ha ido muy en paralelo a la del software.

Es de auténtica justicia, además, porque España es uno de los países destacados en este ámbito -quizá el que más de Europa- y sólo duele pensar en lo aún mucho más que debiera estar implantado y no lo está. El agobiente panorama de corrupción política que nos asfixia también se nota aquí ha llegado a cerrar el paso al software libre en ámbitos públicos mediante la libre circulación del soborno a tutiplén. Incluso al mismísimo nivel europeo.

Como decía en la nota de la Asociación, la comunidad del software libre es internacional, pero ello no debe verse en clave de frontera sino de puente tendido, de mano abierta, de colaboración, de solidaridad, de esfuerzo compartido.

Ahora, a ver qué pasa. Una cosa es la candidatura -en la que todos -estoy seguro- nos vamos a dejar los dientes si es preciso y otra cosa es obtener el premio (el de Cooperación Internacional, muy apropiadamente, además). Imagino que también va a haber poderosos intereses que no van a escatimar esfuerzos y medios para impedir que llegue a buen puerto: el premio «Príncipe de Asturias» daría una visibilidad tal que difuminaría muchas ignorancias sobre el software libre, y eso nunca será bueno para… Bueno, todos sabemos para quién.

Queda una última cuestión que ya he visto planteada por ahí: si se obtiene el premio… ¿quién lo recogería? Espero que esto dé lugar a un debate risueño y no -como, por otra parte, me temo- a una bronca. A mi modo de ver, sólo hay dos personajes indiscutibles (hay muchos más igualmente dignos, pero indiscutibles, lo que se dice indiscutibles, sólo dos): Stallman y Torvalds. La verdad, no sé por cuál me decidiría yo. Torvalds seguramente configuraría una presencia mucho más adecuada a la formalidad del acto pero, francamente, yo creo que daría un dedo por ver a Stallman en el Campoamor, con su camiseta llena de lamparones, su tripa cervecera y descalzo, entrar allí, recoger el premio (¡Salud, Reina! ¿Qué tiempo hace por allá arriba?) y ponerse a discursear en modo San iGNUcio (con CD-ROM y todo), pontificando sobre la virtud y acusando a Micro$oft -con toda la razón, ojo- de todas las trapazadas del universo. Ver a la Letizia en plan tierra trágame, no tiene precio.

Para todo lo demás, una buena fabada. Y sidrina.

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Comentarios

  • alegret  On 21/02/2011 at .

    Cada vez que me acuerdo cuando se lo dieron a Sito Pons se me revuleven las tripas. O a Arantxa Sánchez vicario en una candidatura en la que competía con Martina Navratilova. O a Alonso, hijo de la localidad, que aún no había ganado nada. O a Nadal, que pugnaba con Federer.

    Es un premio paleto, con mucha boina, como decimos en Asturias. Aunque hay que reconocer que a veces acierta.

    Y ahora que encima está en manos del Opus Dei, ya nos podemos echar a temblar.

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