Autoeditando el futuro

De la serie: Correo ordinario

Se llama Amanda Hocking, es norteamericana, tiene 26 años y gana más de medio millón de dólares al mes. Y no: no es una alta ejecutiva de una gran empresa tecnológica, ni es una prostituta de alto standing, ni es directiva de un banco español de esos que ha habido que rescatar con fondos públicos, por lo que nos rebajan sueldos y jubilación. Simplemente, vende sus libros en Amazon, en formato digital. Los vende a 9 dólares cada ejemplar y se queda un 70 por 100 de ese dinero. Realmente, vende muchísimo: 100.000 ejemplares al mes. Sin editorial, sin campañas de promoción, sin distribuidoras, sin corteingleses, sin efnacs y sin mandangas.

El enlace me lo ha pasado una compañera de trabajo y hemos estado hablando de ello esta mañana. Y le decía que lo que le está pasando al gremio editorial es que está librando una lucha no contra la piratería sino contra un modelo de negocio que determina su defunción. Lucha que está, obviamente, perdida. Todo esto que cuentan de la piratería y demás, nada, cuentos chinos. Sabíamos que era imposible que los ejecutivos editoriales fueran tan lerdos como para no ver lo que les ha pasado a las compañías discográficas y, en mucha menor medida -por más que berreen-, a las cinematográficas. Y, efectivamente, no eran tan lerdos.

Las compañías discográficas y cinematográficas afrontan -parece que allá a lo lejos, en los EE.UU. ya empiezan a darse cuenta- una severísima reconversión determinada por la necesidad de adaptarse a nuevos modelos de negocio. Reconversión y severísima, sí, pero no desaparición. La gestión tecnológica compleja en la producción de sus contenidos -sobre todo en el caso cinematográfico- y la gestión financiera de capitales procedentes de diferentes fuentes de inversión mantendrá vigente, probablemente (cualquiera osa ser determinista, en estos ámbitos), la necesidad de su existencia.

Esto es muchísimo más dudoso en el mundo editorial, en el de los libros, para entendernos. En el libro hecho con árboles muertos, la creación, igual que en el cine o en los discos, precisa de un proceso técnico costoso que implica que alguien arriesgue una inversión dineraria -más o menos importante, según el caso- para que la inversión en tiempo y en esfuerzo realizada por el escritor pudiera ver la luz. Eso supone, además, un doble riesgo: el creador ha de trabajar por la cara -o bien mediatizado en base a diferentes parámetros de adaptación de su obra a políticas editoriales- asumiendo el riesgo de que a la editorial no le guste su producto; si salva ese primer riesgo, debe asumir otro: el de la comercialización de la obra, riesgo que comparte con el editor -a partes iguales en el riesgo propiamente dicho, pero no en el beneficio, ni muchísimo menos-, pieza imprescindible, casi tanto como el propio autor, en el proceso que pone al libro en los anaqueles de las librerías y de los grandes almacenes. Sin olvidar el importantísimo -quizá crucial- papel de las distribuidoras en todo ese proceso.

La digitalización e Internet han venido a cepillarse toda esa maquinaria. El autor no precisa más que un servicio de maquetación y una plataforma digital para la venta. Con la particularidad de que la maquetación -que, hoy por hoy, puede contratarse con un profesional libre y, obviamente, por un tanto alzado, por lo que sigue sin ser necesaria la editorial- en un futuro probablemente cercano -si es que no es ya presente-, tan pronto surja la demanda suficiente, podrá ser realizada mediante procedimientos automáticos instalados en el propio ordenador del autor. Es más: la maquetación, en cuanto a formato físico, ya hace años que es facilísima: basta con configurar la hoja de estilos de cualquier tratamiento de textos (incluso uno de Micro$oft puede hacerlo, fíjate); lo complicado ha de ser automatizar el conocimiento de una materia tan difícil como la ortotipografía. Pero todo se andará. Y, por supuesto, el distribuidor queda reducido a escombros, sustituido por la plataforma digital… que muchas veces podrá ser sustituida también -basta con una simple pasarela de pago-, pienso que en casos de literatura técnica o especializada (cavilo que será más fácil vender un libro sobre ingeniería en una página web de ingeniería o en la de un colegio oficial de ingenieros que en Amazon, pongo por caso) o la obra de un autor consagrado previamente -como tal autor o por otras causas, y desde cuya página pueda adquirirse la obra.

Por más que se masturbe uno las meninges, no acaba de ver dónde puede incardinarse el editor -reconvertido o no- en el mundo digital. Ellos se defienden hablando de controles de calidad -como si ellos no vendieran mierda en papel y tiemblo pensando en la calidad que echarán a la papelera- y de tareas de promoción. ¿Y cómo se promociona Amanda, la autora cuya lucrativa peripecia literaria a dado pie a esta entrada? Por el boca a boca de Internet, está claro. Aparte de que siempre he pensado que la propaganda editorial sólo sirve para que compren libros los que leen pocos libros, los que no tienen hábito lector, los compradores de día del libro. Los que leemos habitualmente, tenemos muy claras nuestras preferencias y nuestros gustos (y nuestras fobias), por encima y por debajo de toda la propaganda editorial del mundo. Toda esa propaganda no ha conseguido -ni conseguirá- que yo lea a un Ángel Ruiz Zafón o a un Dan Brown; el primero, porque me cae gordo y, el segundo, porque es un mercachifle mal documentado y no lejos de la magufada.

¿A qué está jugando, pues, el sector editorial? Veamos las cosas como parece que son: no puede entrar en Internet. No, no por la piratería (esta es la excusa: necesitan una) sino porque entran en un terreno que no sólo no dominan sino que cualquiera domina mejor que ellos y que, además, determina claramente su inutilidad. Veamos… ¿qué van a hacer? ¿Promoción? ¿Qué promoción? ¿Banners en la página de Enrique Dans anunciando el último best seller? El boca a boca digital es infinitamente más eficaz, sin tener en cuenta, además, que un traspiés en Menéame o en Twitter puede convertir en guano miles y más miles de euros invertidos en esa promoción. O que aparezca una plataforma de recién llegados y se dedique a la venta de libros -obviamente libres de derechos editoriales- ofreciendo mejor experiencia de usuario, una plataforma realizada con cuatro euros y mucha imaginación, que mande a tomar viento el tinglado montado a base de centenares de miles de euros por la editorial.

Lo cierto, también es sabido, es que los autores consagrados se están resistiendo a ceder los derechos digitales de sus obras a las propias editoriales que les publican en papel. Las razones son casi obvias: primero, reservarse la posibilidad de comerciar directamente; segundo, si descartan lo anterior, mantener la posibilidad de comercializar a través de una plataforma digital como Amazon; tercero, no meterse en el más que probable cul de sac de ceder los derechos -esto es, la exclusiva- a quien va a estrellarse con casi toda seguridad en el intento de ejercerlos. Así, pues, sólo están pudiendo acceder a los derechos digitales de los autores noveles, a los cuales se les empaqueta todo en el mismo contrato y si quieres ver tu libro publicado -en papel, of course-, monín, nos cedes todo el paquete o a la puta calle.

No hace muchos meses -pero imagino que antes, en todo caso, de haber sido fichado para dirigir el think thank de las sociedades de gestión de derechos de autor- Arcadi Espada publicaba en «El Mundo» un muy lúcido artículo sobre el negro futuro de la industria editorial. De ese artículo, sólo discrepo frontalmente en la insinuación de que el libro convencional, el libro que todos conocemos, aún digitalizado, es un formato obsoleto. No. El formato audiovisual con dibujitos, animaciones y toda la pesca puede ser un elemento que permita prolongar la vida de las editoriales, pero de la misma manera que el tebeo no sustituyó al libro -aunque no lo pretendía: simplemente, edificó su propia parcela- ese libro multimedia al que alude Espada será un producto más que, como el propio tebeo, tendrá un lugar -probablemente- en el mercado pero que no sustituirá a la experiencia lectora. Al libro -en formato digital, pero libro a fin de cuentas- le queda aún una larga vida por delante, al menos mientras haya quien lo escriba. La experiencia de lector es insustituible: ni el mejor paisajista es capaz de superar los escenarios que construye mi imaginación, y nadie es capaz de ponerle, más apropiadas que yo, la voz, las inflexiones y las facciones a un determinado personaje. Seremos clientes del libro interactivo como somos clientes de ese bar de copas o de aquellos grandes almacenes, pero los lectores, los lectores de verdad -no los de día del libro– seguiremos leyendo libros; en tinta electrónica o en tablets, pero libros.

Por otra parte, el redicho libro multimedia podría ser la salvación de las editoriales… o no. Porque también ahí tienen una competencia feroz, experta y que se desenvuelve mejor en la red.

En todo caso, mi felicidad es que la censura implícita que suponía el mundo editorial -esto se publica, esto no- no siempre guiada por criterios de calidad y sí con demasiada frecuencia en base a la asfixia de determinadas ideas políticamente inconvenientes, ha terminado. Que vendan o que no vendan. Que sigan ahí o que desaparezcan y vayan a jugar a tute con el Titanic. A mí me da igual. Yo se a dónde ir a buscar los contenidos que me interesan y, a cada día que pasa, eso me resulta más fácil.

Y a las editoriales, que les den.

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Comentarios

  • Jordi  On 02/03/2011 at .

    En la medida en que se eliminan los intermediarios, productor y consumidor, respectivamente, se benefician de mayores ingresos y de un precio mucho más asequible, se venda música, libros o patatas. Y no hace falta tener ningún ningún megamaster del universo.

    Que n’aprenguin!

  • Ángel Bacaicoa  On 02/03/2011 at .

    Me regalé un Kindle estas Navidades y compré hace poco un ¿libro? de esta chica (Total 0,79€ no van a ninguna parte) más que nada por apoyar moralmente, la calidad literaria es discreta. No he vuelto a comprar en papel y en mi mesa se acumulan todos los que me han regalado últimamente. La comodidad de llevar mi biblioteca encima y la propia de leer en el cacharrín son de imposible vuelta atrás.
    Coincido en que se el futuro de las editoras (de casi cualquier cosa) se presenta más oscuro que el reinado de Witiza y que veremos muchas cosas raras hasta que se situen (ya sea en le red o en la historia)
    Don Javier sigue usted tan inspirado como (memento mori) casi siempre. Se agradece su esfuerzo con los lectores.

  • Vicent  On 02/03/2011 at .

    Estimado Javier, no te escribo para debatir el tema del artículo, por lo que no creo necesario que luego publiques el post. Solo te quiero comentar, que desde que has cambiado la imagen de la web nos está creando a algunos un problema de cansancio al leer los comentarios, y no es por el contenido, que va mejorando como el buen vino, sino por la combinación de colores que has elegido con la letra negra sobre el fondo morado, que a los que trabajamos con máquinas con mucha resolución de pantalla y ya peinamos canas, nos supone un gran esfuerzo de lectura. Yo me veo obligado para leer cómodamente a seleccionar el texto y mantenerlo durante toda la lectura. Aclara un poco el fondo o pon la letra blanca, amigo mío, y no nos castigues que no nos lo merecemos y vamos muy pegados ya.

    Un fuerte abrazo y, adelante, duro con ellos.

    Vicent, un amigo desde el sufrido País Valencià.

  • Javier Cuchí  On 02/03/2011 at .

    @Vicent, me sorprendes. El fondo no es morado, es de un azul palidísimo sobre el que el negro contrasta [yo diría que] perfectamente. Vamos a mirar eso… ¿Hay alguien más que tenga este problema o uno análogo?

  • Chema Peribáñez  On 02/03/2011 at .

    Interesante artículo. Eso sí, un autor que publique en español lo tiene complicado para lograr algo así, al margen de que en el mercado en español se vende mucho menos que en el de inglés. Para los autores interesados en el mercado español Amazon no lo pone nada fácil. Para ventas fuera de EE.UU. Reino Unido y Canadá, Amazon se queda no el 30% sino el 65%. Eso es todo un robo teniendo en cuenta que no hacen absolutamente nada más que ponerlo en sus servidores: ni editan el libro (revisar errores, maquetar) ni lo promocionan y simplemente lo están poniendo en su web. Bueno, en realidad no se quedan el 65% sino el 50% porque el 15% va como IVA gentiliza de la UE que considera que los libros electrónicos si no se venden en soporte físico son un servicio y deben tributar con el tipo normal, pero aún así, también en las ventas en el Reino Unido tienen que pagar IVA y dan el 70% de royaltie en lugar del 35%.

    Lo bueno sería vender directamente sin pasar por Amazon (perfectamente posible, los libros de informática que yo he comprado para el Kindle no ha sido a través de Amazon), aunque claro que entonces tienes que preocuparte de todo el tema de pagos y la fiscalidad. De lo poco bueno que tiene que te den el 35% en lugar del 70%, es que al menos tienes libertad plena de vender a otro precio más barato en tu web sin que se vea afectado tu precio de venta en Amazon.

  • Chema Peribáñez  On 03/03/2011 at .

    Rectifico mi comentario anterior. En los libros vendidos en Amazon te llevas el 35% del precio que has fijado, que Amazon incrementa para aplicarle el IVA y otros gastos que no son bagatelas (¡ahora mismo 2,30$ extra por libro!), como es la propia distribución por 3G, aunque luego resulte que el comprador se lo puede descargar por Wifi y a Amazon no le cuesta un duro. Vamos, que en el mejor de los casos, suponiendo que aplican el 15% de IVA de Luxemburgo, un libro que al consumidor le ha costado 2 EUR, se reparte así:
    0,30 EUR para el fisco de Luxemburgo en concepto de IVA
    1,105 EUR para Amazon
    0,785 EUR (30% de 0,595) para el fisco de Estados Unidos
    0,4165 EUR para el autor, que recibirá 60 días después de la venta, si acumula más de determinada cantidad vía cheque

    Y estos cálculos son sin tener en cuenta los 2 EUR extra (2,30 con IVA) que incrementa a cuenta de la posible distribución 3G.

    Me he quedado alucinado y he escrito una entrada en mi blog.

  • Vicent  On 03/03/2011 at .

    Javier, querido amigo, sobre el tema del fondo, no se las horas que pasais vosotros frente al monitor ni para qué, pero yo paso un mínimo de 10 diarias y trabajo en fotografía digital, con lo que el tarado del color del minitor es crucial y se revisa semanalmente, a pesar de que es LED, y te juro que cuando el artículo es del tamño del de hoy, y mucho más si fuese una paella, se nota mucho, y yo a mis 53 aún no uso ni gafas para leer, por fortuna.

    De todos modos, tengo claro que yo solo soy uno más de los que te leemos, y te juro que ya no somos dos docenas.

    Muchas gracias, amigo mío.

    Vicent.

  • Javier Cuchí  On 03/03/2011 at .

    @Vicent, me sigues sorprendiendo. Yo paso más de quince horas diarias frente al ordenador, unas por trabajo -del de comer- y otras por trabajo activista -del de no echar sustancia al puchero-, y tengo casi 56 años. En el ordenador del trabajo tengo Window$ (a ver qué vida) y en el de casa, Ubuntu, igual que en el netbook. En los tres -de distinta marca, tanto las tarjetas gráficas como los monitores (TFT en todos los casos), y de sobremesa los dos primeros- se ven los colores idénticamente.

    La semana que viene a ver si encuentro un momento para jugar con la configuración de los colores de fondo de la bitácora y empalidezco el azul de fondo un poco, porque no va a poder ser mucho o se me quedará el fondo blanco.

    Bueno, veremos… Lo que más me mosquea es que nadie se haya quejado. Comentad algo, porfa, y ayudadme los que leáis esto.

  • Ángel Bacaicoa  On 03/03/2011 at .

    Color de fondo
    Tanto en el iMac como ahora en el iPhone veo el fondo azul-gris muy pálido. No lo encuentro molesto, ni difícil para leer. Otra cosa es que no me importaría que el fondo fuese más claro (si su sentido creativo y estético lo admite)
    Por mi no lo toque pero si se trata de salvarle la vista a un seguidor tampoco me importa.
    Saludos

  • ifanlo  On 05/03/2011 at .

    Javier,

    Vicent tiene razón… yo me iba a quejar de lo mismo… ¡en Chromium!

    He probado con Firefox, y la legibilidad es perfecta.

    Ahora subo un par de pantallazos al FB y te lo enseño.

    Salud,

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