Cosas de mujeres

De la serie: Pequeños bocaditos

La retahila de días mundiales, universales o nacionales dedicados a las más diversas cuestiones, no pocas de ellas bastante peregrinas (y eso que excluyo las puramente costumbristas o cortinglesísticas, estilo «día de los enamorados», «día del padre», «día de la madre», y similares) es algo que siempre me ha molestado -por no decir encabronado– por lo que tienen de hipócritas: si hay un problema, el que sea, o un déficit o, en fin, algo a corregir, todos los días del año deben dedicarse a solventarlo; de otro modo, lo que se hace con esto del día de… es, por una parte, tranquilizar conciencias pusilánimes y, por otra, dar carraca al protagonismo de cuatro gilipollas de diverso género o incrementar el beneficio de los grandes almacenes de referencia, según el caso.

El día que toca hoy me carga especialmente. Hoy, como es absolutamente imposible ignorar (la cagarela medática lleva dos o tres días meando Marie Brizard con la cuestión), se celebra el Día de la mujer trabajadora. Primera tocada de cojones (o de ovarios, según el caso): ¿hay mujeres no trabajadoras? ¿Es que el resto de los días del año son el Día de la mujer ni-ni? ¿O se pretende acaso -y eso sería aún más siniestro- que el ama de casa -las cuatro que quedan- no es una mujer trabajadora? Porque el ama de casa es la trabajadora más paria que hay sobre la faz de la tierra: sin sueldo, sin horario, sin fines de semana ni días libres, sin convenio, sin jubilación y sin derechos asistenciales propios (todo cuelga de la cartilla del marido). Me parece vergonzoso -sobre todo en las sociedades occidentales- que aún tengamos a personas con estas condiciones de trabajo.

Pero no. El día de hoy no tiene nada que ver con las amas de casa: las amas de casa están al completo margen de todo, hasta de la consideración ciudadana. El día de hoy está dedicado a la mujer que trabaja fuera de casa (además de dentro, en la mayoría de los casos): hoy todos tenemos que rasgarnos oficialmente las vestiduras porque las condiciones de trabajo de la mujer son demasiado frecuentemente peores que las del hombre. Así que le dedicamos un día y tal día hará un año. Hasta el próximo, pongamos por caso. Así nos ahorramos la acción sindical cotidiana, la reivindicación diaria, el esfuerzo constante de ciudadanía reclamando medidas gubernamentales que no hay intención ni ganas de adoptar: hoy damos un poco el coñazo con la cuestión y mañana a seguir como siempre, hasta el año que viene, que caerá en miércoles.

La discriminación de la mujer en el mundo laboral ni es un problema femenino ni es una cuestión de días estúpidos: la discriminación de la mujer en el trabajo es un problema que tenemos todos los trabajadores, y, por ello, debemos afrontarlo todos juntos como un problema global que es, que tenemos todos como tales trabajadores. Y caer en la trampa de diferenciar entre trabajadores es hacer el caldo gordo a quienes pretenden desunirnos a base de días estúpidos que nunca solucionan nada.

Días como el de hoy son sólo humo de colores, con mucho diseño y mucha mandanga pero que no evita situaciones verdaderamente sangrantes de discriminación ni permite que se avance un milímetro en la solución del problema. Al contrario, lo estanca porque lo anestesia: mujer trabajadora, ya tienes tu día ¿qué coño más quieres?

¡Y una mierda!

Anuncios
Both comments and trackbacks are currently closed.
A %d blogueros les gusta esto: