Recapitulando

De la serie: Correo ordinario

Ayer, domingo, por la mañana, estuve en el Port Olímpic tomando una cervecita con mi tocayo Javier Gandul y con Ana María Méndez, ya sabéis, la de Padawan, la que le ha propinado a la $GAE el puntapié en los cojones más doloroso, probablemente, de su historia. Resulta que el sábado convocó a celebración gloriosa en su tienda de la calle Sepúlveda (Traxtore) y yo no pude ir porque tenía un compromiso previo con los amigos de Aire para participar en una jornada gastronómico-cultural de tinte, obviamente, aeronáutico, así que para darle un abrazo al tocayo andaluz y reiterarle mi entusiasmo congratulatorio a Ana María, hicimos este agradable rancho aparte. En mi lugar, el sábado fue mi hija mayor, a la que encomendé mi representación para que, de paso, vaya metiéndose en el ambiente y de este modo tengamos preparado el relevo generacional haciendo como Amílcar Barca: que los hijos juren odio eterno a los romanos, ya me entendéis. Aunque los de la generación de mis hijas ya nacen con el odio jurado y es que, a este paso, lo del rollo anti$GAE acabará impreso en el mapa genético. Por cierto, y aprovechando que el Besòs pasa por Sant Adrià, quisiera agradeceros el detalle a todos los que fuísteis especialmente obsequiosos y atentos con la chica: la propia Ana María, por supuesto, Javier Gandul, claro está, pero también Pep Jover, Simona Levi (de la EX que fue EXGAE) y lamento olvidarme de algunos, pero es que hablo de referencias y no atino a poner nombres a las caras que me han descrito.

Una sensación en cierto modo rara, ver a Ana María tranquila, relajada, feliz; yo, que la conozco desde el 2004, siempre la he visto como si estuviéramos en el desembarco de Normandía, en medio de una balacera de mil pares y lloviendo tiros, bombas y puñalaes por todos los flancos. Pero, realmente, se había quitado de encima un peso enorme y, además, venciendo (en esta vida no son pocas las veces en las que uno se quita de encima un peso enorme pero a cambio de salir con el culo como un bebedero de patos) y, además, causándole al enemigo un daño tremendo con esa derrota que le ha infligido. Es en momentos como los de ayer cuando pienso, hablando de culos, en cómo debe tenerlo, tras los que imagino innumerables puntapiés recibidos en las posaderas, el tío que decidió ser intransigente con Ana María y su familia. Le salió barato a la $GAE, el fulano…

Ana María respiraba alegría: contaba cómo el día anterior se habían acercado a su tienda no solamente la gente del rollo, no solamente las asociaciones, no solamente los comerciantes del barrio (y del sector), sino muchísima gente normal y corriente, desconocida y variopinta, jóvenes, pero también gente mayor, a veces bastante mayor, a los que no detuvo la que estaba cayendo (el sábado llovió en Barcelona a cántaros incesantemente durante más de veinte horas), sólo para tomarse una copa de cava, para expresar una felicitación y una satisfacción. Esa es otra batalla que perdió la $GAE -posiblemente la primera-, pero en esa ya hace años que mordió el polvo y sus efectos, lejos de disminuir, aumentan a cada día que pasa.

Hablamos los tres de muchas cosas… De cómo la $GAE había pasado de ser cuatro simples letras escritas en tamaño de seis escasos puntos en el margen de un disco o de una cassette a constituir una entidad tan conocida como Hacienda y mucho más odiada que ésta, de cómo incluso el ciudadano más sencillo la ha llegado a considerar como una suerte de enemigo público, de cómo es temida y detestada en todos los gremios con profesionales que trabajan en establecimientos abiertos al público. De cómo gozaba -ahora ya un poco menos… y disminuyendo- de protecciones misteriosas y sospechosísimas en instancias administrativas e incluso jurisdiccionales que incluían, por ejemplo, inspecciones tributarias en momentos especiales que, por su reiteración, no parecían nada casuales. De cómo los verdugos a la fuerza -agentes de policía, judiciales…- en tantas ocasiones y en tantos lugares cumplían con presteza y eficiencia sus obligaciones represivas en favor de los cultureta mascullando maldiciones contra éstos por lo bajini, pero claramente audibles para el ciudadano víctima, como diciendo tengo que cortarte los huevos a tí, pero no veas con qué gusto se los cortaría a estos otros… y, a veces, sin el como diciendo, expresándolo claramente. De la chulería barriobajera de no pocos inspectores de la ominosa, de las arbitrariedades sin cuento y sin límite… En fin, de tantas y tantas trapazadas.

La guerra contra la $GAE, contra sus congéneres y contra lo que representan es tan larga que ya está generando verdaderas escenas de abuelo cebolleta de aquellos viejos recuerdascuándo a los que hacía referencia Tom Wolfe, de cómo se está generando una verdadera épica de una lucha que está empezando a ser vieja, pero a la que todavía le queda mucho combate por delante.

Hablamos del tal Ramoncín y de su muerte prácticamente civil (si usamos las propias palabras de Wyoming), de cómo, sin demasiada angustia, no obstante, comprendemos su amargura por haber sido arrojado -voluntariamente, ojo, aunque no desinteresadamente- a los leones, pero luego abandonado vil y vergonzosamente por aquellos a quienes defendía. De unos cuantos que, al principio de la guerra, cuando los internautas éramos pocos y pringadillos, se pusieron muy chulos llamándonos de todo para, al correr de no mucho tiempo, volver a lo suyo despacito y en silencio y si te he visto no me acuerdo…

Hablamos, en definitiva, de cuánto había cambiado el panorama desde el principio de la guerra hasta ahora y de cuánto ha de cambiar todavía hasta que la situación llegue al punto de justicia y de cordura que todos los ciudadanoa hemos querido desde siempre y, desde hace algo menos, redondamente exigimos casi innegociablemente. Ojo a este casi, que aún está ahí, pero no será eterno.

Hablamos de las próximas guerras que tenemos por delante a plazo muy corto: la primera, la del canon, en la que la $GAE -y demás hierbas- van a echar el resto porque la pérdida (teórica: yo creo que es mayor) del 30 por 100 del canon no sólo no pueden recuperarse sino que los lleva al desastre: compraron montones de bienes inmobiliarios cuando la burbuja estaba en su punto máximo de obesidad mórbida y ahora se está desinflando; y aún tienen suerte -gracias al propio pellejo de los bancos- que muy poco a poco, pero tienen que pagar el 100 por 100 -que lo deben- de lo que ahora sólo vale el 70 por 100. Y bajando. Y que no haya un crack inmobiliario como muchos creen que es inevitable a plazo indeterminado; y, la segunda, la de la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual, que pasará por el trance de perpetuar el statu quo de cuatro mangantes reduciendo a escombro las inmensas oportunidades de desarrollo comercial y tecnológico de las que podría disfrutar este país o bien de, efectivamente, poner a este país -de una puñetera vez- de cara al siglo XXI. De lo escépticos que somos de todo ello, pero peor para todos, ojo, no sólo para los ciudadanos. Hablamos pues de todo cuanto aún queda por hacer, por combatir, por ganar, y de cuánto estamos dispuestos a seguir combatiendo hasta conquistar lo que nos pertenece en espacio cultural y cívico.

Y hablamos de hacer… No, no, no, no. Esto no lo digo. Este va a ser nuestro secretito.

A ver si nos sale.

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Comentarios

  • Javier  On 14/03/2011 at .

    el articulo es genial,pero esto es el descojone.
    lo del rollo anti$GAE acabará impreso en el mapa genético.un abrazo tocayo.

  • alegret  On 14/03/2011 at .

    Tampoco te ensañes, estimado amigo.
    A base de palos irán aprendiendo poco a poco.
    No son tontos, saben que Gadafi y ellos tienen la batalla perdida. Es cuestión de dejarlos madurar.

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