Justicia compensatoria, por aquí…

De la serie: Correo ordinario

El aperitivito que compartimos el domingo Ana María Méndez, Javier Gandul y yo, dio mucho de sí, y eso que no estuvimos juntos más allá de una hora y media. Otro de los temas que tocamos en nuestra conversación fue el canon digital, su naturaleza y su legitimidad. Recuerdo que, entre otras muchas, saqué a relucir una cuestión que no es la primera vez que pongo sobre una mesa pero que, sorprendentemente, no parece tener acogida en los argumentarios anti$GAE, cosa que me sorprende mucho porque yo creo que es capital y creo que es un argumento que por razonable, por cierto y por públicamente constatable debería emplearse intensivamente cuando salga a la pista de baile la reforma del canon a que obliga la sentencia Padawan.

Se trata del ajuste entre el concepto y la realidad. El canon remunera al autor por las pérdidas de ingresos que supone -teóricamente- el ejercicio del derecho de copia privada, compensación que la $GAE y compañía gustan de apellidar como justa. Y unas narices.

Unas narices, porque la $GAE y demás hierbas no reconocen como ejercicio del derecho de copia privada las descargas de contenidos desde redes P2P, que no se cansan de calificar, estúpidamente, como piratería. Ahora hagamos números: sólo por este concepto y sólo la $GAE, habrá recibido en 2010 unos 30 millones de euros (más o menos: los números exactos están creo, aún por salir, pero en 2009 fueron 27 millones). Si suponemos el precio medio de un CD de música en 18 euros y la participación del autor en un 10% del total (que no llegan a eso ni locos, pero en fin…), es decir, 1,8 euros, resultaría que 30 millones de euros cubren la copia de… ¡¡¡más de 16,6 millones de CDs enteros!!!. Hay que estar muy borracho para creerse esta cifra en base a copias realizadas a la antigua usanza, como en los tiempos en que íbamos con el magnetófono a cassette a casa del amiguete a copiar sus vinilos. Y hay que ser un falsario de campeonato para sostener que estas cifras responden a la realidad. Cualquiera, en su experiencia común y cotidiana, sabe que esos números, argüidos como reales, son radicalmente falsos

Pero, además, hay que pensar que está el cine. Las cifras que yo he dado corresponderían solamente al ámbito de la $GAE, pero conviene no olvidar que la redacudación anual total del canon es superior a los 100 millones de euros para todas las sociedades de gestión, de modo que si efectuamos idéntica operación con las películas de cine -hablando en este caso de DVDs y no de CDs- llegaríamos a un volumen igual de inaudito. Y sumados los dos volúmenes inauditos, el resultado nos arroja una gigantesca y más que evidente tomadura de pelo.

Y eso dando por bueno -supuesto, pero no admitido- el canon como principio.

O sea que, de entrada, de compensación justa, una mierda. Aquí lo que hay es que unos cuantos (no muchos) se están repartiendo graciosamente y por el morro unos suculentos ingresos que les caen materialmente por la cara, o bien los están invirtiendo vete a saber en qué (quizá en un onerosísimo y probablemente ruinoso patrimonio inmobiliario) que nada tiene que ver con el verdadero interés de los autores, los cuales -conviene no olvidarlo-, en su mayoría no ven ni siquiera algún centimillo de los que le hacen tanta gracia al decrépito Borau. Porque, a todo esto, sigue sin saberse a ciencia cierta qué se hace con el dinero del canon.

De modo que, por una parte, el canon; por otra, tenemos cantidades ingentes de dinero público que se gasta (no se invierte, se gasta) en contratar actuaciones de afectos a la causa; por acullá, tenemos las cuantiosísimas y oscurísimas subvenciones al cine, obviamente también de dinero público.

Las palabras para calificar esto van muchísimo más allá de la simple y casi inofensiva expresión de tomadura de pelo. ¡Y es esa gente la que va atribuyendo a diestro y siniestro calificativos de pirata! Y después, alguno de esos va por ahí rasgándose las vestiduras y preguntándose, mientras nadan en un mar de lágrimas de cocodrilo, por qué les odiamos. «Nos odian, y lo que quiero saber es por qué», pues ahí lo tienes, Borjita, más claro que el agua.

Ahora, por imperativo del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, hay que modificar la estructura del canon, que ya no va a poder ser aplicado a aquellos sujetos que no pueden aceder al derecho de copia privada: empresas, administraciones públicas, etc. Lo que van a pretender las sociedades de gestión es, ni más ni menos, que recaudar por lo menos lo mismo, sobre la base o bien de que se sometan al canon más dispositivos (¿las neveras, por ejemplo?) o bien de que aumenten las tarifas en los dispositivos ya previamente sometidos a la vesanía económica. Es decir, desaparece, incluso en su falsa apariencia, cualquier atisbo de causa justa para ir directamente a la recaudación puramente confiscatoria. Sin más.

Esta es la próxima batalla que se va a librar en este ámbito y que va a iniciarse muy pronto. Una batalla en la que tenemos malas cartas: sabemos que los políticos están del lado de la $GAE; incluso la oposición -ese torpe y sucio PP- que gustaría de aprovechar la ocasión para darle leña al desharrapado y ya noqueado mono socialista, va a tener que aguantarse sometido a la admonición del embajador norteamericano que, en definitiva, es quien manda aquí, como está visto y demostrado (sin que, por otra parte, pase nada).

Después de esta, habrá otra, que será la de la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual, pero esta quedará para una próxima legislatura que, no obstante, a menos que #nolesvotes consiga algún resultado, va a ser igual que la anterior, es decir, dominada por políticos venales y tramposos enteramente dedicados a burlar el interés de los ciudadanos en favor de todo tipo de lobbyes y de todo tipo de acreedores.

Este es el plan.

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