Nuclear, curas y mani

De la serie: Los jueves, paella

No me gusta mucho hacer referencia a aquellos temas de los que los periódicos bajan llenos, pero el caso de Japón lo justifica. Desde mi punto de vista, lo justifica el debate sobre las centrales nucleares que, ahora, como es lógico y obvio, está levantando mucho polvo. Mucho polvo interesado -ergo, distorsionado- por ambas partes.

Yo siempre he sido nuclearista. Nuclearista con reservas o, mucho mejor dicho, con condiciones. Siempre he pensado que las centrales nucleares pueden ser seguras, o todo lo seguras que puede serlo una obra humana; el riesgo, aún en su mínima expresión, siempre existe e ignorarlo es de necios; de lo que se trata es de comprobar, desde distintos puntos de vista, desde el entendimiento entre distintos intereses, desde diversas consideraciones éticas, si el riesgo es asumible y qué pasa, quién paga los platos rotos, si el riesgo se materializa.

Otra cosa es la realidad. Y la realidad es que predominan dos modelos de gestión: el público y el privado. Existe un tercer modelo -el adoptado en Europa y también en España- que es el idóneo, sobre el papel, consistente en la gestión privada pero bajo una severa supervisión pública; el problema es que, en la realidad, el modelo se ha corrompido. También es cierto que no existe la gestión puramente pública o privada, pues todos los países tienen normativa de seguridad para sus centrales nucleares de modo que, teóricamente, esa gestión nunca es completamente independiente, pero lo cierto es que en esos modelos la ley no establece unos sistemas de supervisión excesivamente escrupulosos, a menos que la supervisión puramente política del sistema soviético se admita como supervisión técnica.

El modelo de gestión pública tuvo la expresión de su fracaso en el desastre de Chernobil, el más brutal de los conocidos (si es que Fukushima no lo empeora); el modelo de gestión privada tuvo su mayor exponente en Harrisburg. Además, ha habido diversos otros incidentes en Rusia, Gran Bretaña y el propio Japón.

El problema, en la gestión pública es -como en todo- el dichoso pisamierdas del partido, acrítico y adulador, al frente de la cuestión, decidido a trepar como sea y a no contrarias jamás a sus superiores; el problema, en la gestión privada, es que los consejos de admnistración nunca entienden la seguridad como una inversión sino como un gasto y tienden a reducirla en la medida de lo posible.

El modelo mixto sería, como he dicho, el ideal. Pero basta echar un vistazo al Consejo de Seguridad Nuclear español para darse cuenta de que ese organismo no parece sino un think tank nuclearista, lo que no lo hace, precisamente confiable. No hay más que ver la composición del Comité asesor: toooda la canalla política del tinglado industrial-energético estatal y autonómico, más representantes de la industria nuclear y… así, como náufragos, un representante de Greenpeace por aquí, un académico por allá y poca cosa más. De pronuclearismo y antinuclearismo en plan paritario, nada de nada. Como pase algo aquí, fíate de la virgen y no corras.

El caso es que la energía nuclear de fisión es, hoy, imprescindible, porque las centrales térmicas de fuel o carbón son inasumibles por su coste y su contaminación y las energías renovables -sobre todo, la eólica y la solar- son al presente incapaces de dar respuesta a demandas masivas (grandes ciudades, industria pesada) sobre todo en momentos punta. Sin más conocimientos técnicos que los puramente obtenidos de la divulgación, yo diría que el futuro está en la energía nuclear de fusión y si de mí dependiera dirigiría en esa dirección todos los esfuerzos de investigación.

El desastre de Fukushima tiene alarmado al mundo entero -o al mundo que tiene en sus proximidades centrales nucleares- pero creo deberíamos tener en cuenta un par de cosas antes de abrirnos las venas de desesperación: en primer lugar, hubo corrupción empresarial (y política, obviamente) y se desatendieron repetidas llamadas de atención sobre déficits de seguridad de esta central especialmente ante la posibilidad de terremotos superiores a una magnitud de 7; cabe, pues, pensar que, de haberse atendido esos avisos, el problema que se vive actualmente o no existiría o existiría en una medida mucho menor, con lo que esa central nuclear hubiera podido -en términos verdaderamente realistas- ser completamente segura o, como mínimo, mucho más segura. En segundo lugar, pese a ese denunciado y no escuchado déficit, hay que ver lo que ha aguantado esa central: un terremoto de magnitud 9 y un tsunami tremendo; y aún así, el desastre, siendo grave, está lejos -siquiera de momento- de la palabra apocalíptico que, por motivos presumiblemente más bien sórdidos, pronunció el comisario europeo responsable de los menesteres en cuestión.

Los conflictos de intereses que suelen producirse cuando suceden estas cosas (porque conviene no ser panoli: detrás del ecologismo también hay intereses económicos) llenan el espacio de humo que impide ver claras las cosas. Pero sí está claro que realmente pocas alternativas tenemos (yo diría que ninguna) si queremos mantener los altísimos niveles de consumo energético que estamos manteniendo y tener un medioambiente razonablemente limpio. Se trata de elegir: riesgo cero (o casi cero) y consumismo a la mitad o seguir como hasta ahora y pringar con lo que toque. El eterno dilema: comer bien o dormir bien.

Ambas cosas no son posibles, que quede claro.

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Conocí al pare Manel hace muchos años, hace casi treinta y cinco. Lo traté algo, no mucho, cuando era, simplemente, el párroco de uno de los barrios más deprimidos de la ciudad, una especie de campo de concentración urbanístico llamado Verdum en el que un gobernador civil de otra época había confinado a los barraquistas de la Diagonal cuando estaba a punto de celebrarse el Congreso Eucarístico de 1952, cuyo acto central, entre otros, debía celebrarse -y, de hecho, se celebró- precisamente en esa amplia avenida barcelonesa. En los años 80, a todos los problemas inherentes al hacinamiento y a la pobreza, se añadió el de la heroína, gran número de cuyos adictos vivían -si así puede decirse- allí. A lo que hay que añadir, claro está, las secuelas típicas: trapicheo camellero, narcotráfico ya más serio y menos trapicheante, las patologías delictivas asociadas (que se sumaban a las originarias y propias de barriadas tremendamente hechas polvo), y el etcétera que cae por su propio peso y que cabe suponer.

Manel, siempre con una lánguida sonrisa en el rostro, era la mano tendida que ayudaba en cualquier problema, daba igual cuál fuese y allí los había de todos los tipos y colores. En aquel entonces, si no me falla la memoria, funcionaba solo o con ayudas esporádicas de algunos vecinos algo menos desgraciados que otros habitantes del barrio. Y me consta que en más de una ocasión soportó sacrificios y privaciones personales de cierta entidad en su ayuda a los demás.

Por los años 90, la Generalitat de Catalunya acometió una reforma urbanística (que tuvo sus más y sus menos) y limpió el barrio en lo higiénico y en lo urbanístico, pero no sé si en lo social, porque, por lo que veo -no seguí ya la cuestión de cerca- Manel -un cura que muy bien hubiera podido ser aquel que Candel ubicó en Donde la ciudad cambia de nombre (que no lo fue, evidentemente, porque, además del factor edad, al cura del Candel también me lo presentaron en una ocasión hace aún más años y no era Manel)- siguió con su trabajo ya de una manera más organizada, a través de una fundación sobre la que he ido leyendo de cuando en cuando y parece que lleva a cabo una tarea más que encomiable.

Pues ahora lo excomulgan. Según parece, subvencionó por lo menos un aborto en situación desesperada, tal como él mismo reconoció en un libro y una entrevista- y eso tiene mucho puro de acuerdo con el Códex. Bien, la Iglesia es muy dueña, ja s’ho farà.

Pero no deja de resultar chocante tanto rigor con un hombre esencialmente bueno (creo que es la primera vez que en la historia de esta bitácora califico así a alguien) y tanta manga ancha con tanto hijo de puta ensotanado que se lo ha pasado en grande, a lo largo y ancho del mundo entero y en una amplia horquilla cronológica, bajando braguitas y calzoncillitos de niños.

Desde un punto de vista empresarial, yo diría que los dirigentes eclesiásticos deberían ir a hacer un curso a ESADE o al Instituto de Empresa, a ver si Enrique Dans les pone las ideas un poco en orden, porque no parece que sea bueno para el negocio mantener en el machito a los cabrones que han tocado los cojones (en sentido real y figurado) a muchisima gente y propinar a un puntapié fortísimo (la expulsión del tinglado, nada menos) a quien daba a tanta gente tantas buenas razones para su afección al tinglado en cuestión. A ver si será que el cardenal-arzobispo barcelonés ha hecho, por el contrario, algún curso de esos que organiza la $GAE y se ha liado, el hombre.

Después, que se vayan quejando esos apoltronados con solideo de que la sociedad cada día es más laica y menos religiosa, si resulta que los que intentan acercar a las gentes a la organización sacrificándose en ocasiones hasta lo heróico en pro de los desgraciados y de los pobres, dando trigo antes y después de predicar (trigo que, por otra parte obtienen desplegando ímprobos esfuerzos), donde tantos otros predican para luego andar vigilando que nadie se ponga un preservativo, si esa gente valiosísima y, por tanto, apreciadísima, sale en globo, reprimida, expulsada y vituperada por la jerarquía. Ser coherente con la ideología que predican los textos fundamentales del catolicismo puede comportar problemas gravísimos con la jerarquía católica. Es que es de chiste. Porque el caso de Manel no es, en absoluto, el único. No parece que sea esta la manera idónea de acercar la gente a la Iglesia.

Y encima, ilustran el negocio con la cara de Rouco Varela. Buf.

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¿Se está despertando algo por estos pagos? Quisiera poder decir que sí, aunque vete a saber. Está circuando por Internet, parece que con bastante intensidad, una convocatoria para el 15 de mayo, basada en el hecho de que, teniendo los mismos problemas que los demás europeos, somos los únicos que no hemos rechistado. Y que ya va siendo hora de ponerse las pilas y enseñar a tantísimo canalla que ya está bien y que para seguir tomándonos el pelo van a tener que utilizar la fuerza (aunque sea la ley, detrás de ella siempre están las metralletas de la Guardia Civil), pero que por las buenas ya no cuela.

Está bien darles el trompetazo una semanita justa antes de las elecciones del 22, porque aquí hay muchas putadas preparadas que están dejándose para después de ese día. No tienen ganas de que la enorme cantidad de ERE’s que preparan en las empresas y organismos públicos para echar a la calle a personal con contrato de trabajo les vaya a reventar el tinglado electoral. Saben -o creen saber: en nosotros está que acierten- que la memoria aquí es floja y que para el 2012 ya nadie se acordará de los muchos miles de puestos de trabajo que se van a cargar en el ámbito público. Y eso no es todo: nos espera otra reforma laboral (eufemismo que esos sinvergüenzas emplean para fumarse derechos laborales a punta de pala) de las de caballo, de las que generarán más paro, más precariedad y sueldos de verdadera miseria (por si los que hay ahora fueran una alegría). Se ve que necesitan más dinero aún para que no caigan los beneficios bancarios y van a sacarlo de nuestro bolsillo.

Realmente, o se les propina una buena patada en los cojones o estamos perdidos, pero bien.

Es necesario que reflexionemos, que pensemos bien a quien ponemos ahí, que se trata del único momento en todo lo largo y ancho de la acción política en que valemos algo, en que tenemos un cierto poder. Si lo usamos con inteligencia podemos realmente conseguir redirigir el curso de las cosas. El 22 de mayo les daremos ayuntamientos y comunidades autónomas para cuatro años; el año próximo, les daremos por ese tiempo el gobierno de la nación. Durante tres largos años no deberán temer represalias ciudadanas, podrán hacer y deshacer a su antojo, podrán cometer con nosotros las más tremendas barbaridades, las mayores abominaciones, y nosotros estaremos inermes e indefensos… salvo que nos dé por tirar por la calle de enmedio, lo que podría llevar a un nuevo drama histórico.

En este momento, estamos a tiempo y en condiciones de hacernos los amos -como debe ser- sin mayores traumas, basta que les enseñemos bien enseñado el bastón que estamparemos en sus putas narices como se desmanden; es perentorio que, en primer lugar, nos vean seriamente cabreados y, además, movilizados. A ese escenario le temen como a un pedrisco. Y es necesario que dispersemos el poder; que se metan por su puto culo sus clamores de gobernabilidad, hay que terminar con la mayoría más que absoluta, omnímoda, de las dos grandes maquinarias de pencos, hay que conseguir una docena de grupos parlamentarios y un grupo mixto multitudinario en el 2012. Y para ello, tenemos que mostrarles ahora que somos capaces de hacerlo, que somos capaces de ponernos de acuerdo contra ellos, que somos capaces de movilizarnos, que los treinta años que han dedicado a desactivarnos pudriendo la educación, el trabajo, la vivienda, el futuro, en definitiva, han arrojado como resultado no la aborregada templanza que esperan sino oleadas de cólera y ansias de venganza cívica.

Porque sino lo hacemos así, de verdad, de verdad, que no nos pase nada. Iremos directos al vertedero histórico.

Ya sabes: #nolesvotes. Y el domingo 15 de mayo, a la calle.

Todos.

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Bueno, paella cumplida de nuevo. Pese al tropezón del otro día, esto va tirando con regularidad. Oid: es importante que se le dé cuerda a la convocatoria del 15. Nadie es pequeño. La gente de vuestro entorno, vuestros recursos en Red (redes sociales, blogs, etc.), movilizadlo todo, porque los medios del exterior -otros a quienes también habrá que arreglar las almorranas un día- van a silenciar y ningunear la convocatoria.

Yo estoy ya quedando con mis amigos para ese día, nos reuniremos antes de la manifestación, participaremos en la manifestación y, antes o después de la manifestación -según se convoque para la mañana o para la tarde- comeremos juntos. Si podemos cada uno reunir un grupo así y conseguir que, en el ínterin, corra la voz, vamos a darle un buen disgusto a esos cabrones.

Manos a la obra… en nuestro propio interés.

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Comentarios

  • Monsignore  On 17/03/2011 at .

    Ya estamos con el clero, coño…
    Si la Santa Madre Iglesia ya dice bien clarito que hemos venido a este mundo a sufrir, lo lógico es que despida a cualquier empleado que intente que suframos menos.

    (y, hablando de despedir, me voy a seguir muy de cerca el caso del académico de cine ese, a ver si les cierran la Academia…)

    Mille bacci

  • FJAT  On 19/03/2011 at .

    Y RESPECTO A LOS RESIDUOS ¿SON ASUMIBLES? ¿ES ASUMIBLE QUE POR QUERER DISFRUTAR NUESTRAS GENERACIONES DE UN DETERMINADO NIVEL DE VIDA DEJEMOS UN PROBLEMA A LAS GENERACIONES VENIDERAS? SE PODRA ARGUIR QUE ALGUN DIA LA TECNICA LO REMEDIARA PERO SI ESO ES ASI, ENTONCES QUE EL DESARROLLO DE LA ENERGI NUCLEAR LA HAGA LA GENERACION QUE DESCUBRA ESA TECNICA

  • miguelc  On 19/03/2011 at .

    ¿Problema para las generaciones venideras?

    Tanto años de exparcir FUD (http://es.wikipedia.org/wiki/Fear,_uncertainty_and_doubt) han terminado con que la enorme mayoría de la población mundial no tiene ni zorra idea de lo que es verdad y lo que es mentira cuando se habla de energía nuclear.

    Una pista: lo de que los residuos nucleares generados hoy por las centrales nucleares van ha seguir siendo IGUAL de peligrosos dentro de diez, de cien, o de mil años en el futuro, no por ser LA IDEA POLITICAMENTE CORRECTA deja de ser una estupidez (y si alguien tienen ganas de discutirlo mejor que se documente bien).

    Y hablando de los riesgos de los accidentes nucleares, hace 2 días oí por la radio una comparación del catedrático de física nuclear D. Manuel Lozano Leyva (http://www.manuellozanoleyva.com/) que me pareció extremadamente bien elegida:

    El peor accidente en una central nuclear registrado hasta la fecha fue el de Chernobil. En los últimos 65 años se han producido aprox. otros 650 “incidentes” de muchísima mayor envergadura, todas las pruebas atmosféricas de bombas nucleares y termonucleares (y varios miles más de pruebas subterraneas).

    ¿Cuales son a día de hoy, apenas una décadas después, los efectos observables sobre el medio ambiente y la salud de las personas, de la liberación a la atmósfera de esa ingente cantidad de productos radioactivos?

    Prácticamente indetectectables.

    Menos lobos caperucita. La energía nuclear tiene sus riesgos, como los tiene el carbón, el petroleo, la energía solar, la eólica, la hidráulica, y la quema de boñigas de vaca para calentarse.

    ¿Las vamos a prohibir todas sólo por si las moscas? ¿Qué preferimos, usar la inteligencia para evaluar niveles de riesgo y quedarnos con el menor, o dedicarnos profesionalmente a promover la histeria?

    DISCLAIMER: No, no me dedico a la energía nuclear, ni a la energía en ninguna de sus formas, ni a nada que tenga que ver ni remotamente con lo nuclear, ni tampoco trabajo en ninguna central nuclear, ni en nada asociado con ellas, ni nadie de mi familia, ni siquiera mi perrito. Soy ¿informático? (lo que quiera que eso quiera decir), así que paranoicos abstenerse.

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