Libios, curas y morrudos

De la serie: Los jueves, paella

Bueno, pues si la semana anterior la paella fue larga y dura como un mal parto, esta semana ha sido todo lo contrario, ha salido como patinando sobre aceite y hace ya dos días que su guión estaba listo, pendiente únicamente de desarrollo (el guión suele ser lo más difícil: consiste en el tema y en su estructura esquemática). Y es que con estas cosas de las musas todo es incertidumbre: o se te giran de espaldas -y los que sabemos del desafío de la hoja/pantalla en blanco sabemos también lo feo que tienen el culo- o te vienen de frente y corriendo. Y no entiendes por qué pasa.

Pero pasa.

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Una de las cosas que me hace más gracia -si así puede decirse- de la guerra civil de Libia (en la que los euroyanquis estamos metiendo las narices todavía no me entero muy bien de por qué) es ver a los milicianos rebeldes alegres como locos tras una victoria, disparando al aire las armas -hay que ver lo que les gusta a los moros poner al fusa haciendo gárgaras al viento- y clamando bendiciones a Alá… como si ellos hubieran sido los artífices de esa victoria. Y de eso nada.

Lo cierto es que, según todas las apariencias y resultados, son una pandilla de desharrapados más o menos numerosa y completamente desorganizada, prácticamente inútil, en conjunto, para todo servicio. Lo que ocurre es que tienen ahí al primo de Zumosol. A las bien armadas y disciplinadas huestes de Gadafi, no les cuesta más que alguna molestia y un poco de munición poner en fuga a esa chusma; lo que ocurre es que en cuanto la chusma resulta con el culo escaldado, aparece el capitán Pepito Martínez montado en su F-18 y empieza a soltar munición de alta tecnología contra el aparato militar gubernamental; el aparato militar gubernamental está, como ya he dicho, armado y disciplinado pero, claro, lo que le echamos encima los euroyanquis es muy sofisticado y caro y, encima, conocemos al dedillo el inventario bélico del dictador, porque se lo hemos vendido nosotros. Y el día que no es el capitán Martínez, es el teniente Blossom o el comandante Piubombazzi, que, junto con sus respectivos muchachos de punto, se dedican a deshacerle al jefecillo libio todo el arsenal y a dejarle con el trasero chamuscado y al aire al personal anexo. Vaya, que los matamos un poco. Un poquito, nada más.

Claro, así no hay quien combata: si las invencibles legiones romanas tienen que enfrentarse con la poción mágica de los galos, el resultado es que al final hay que adoptar la táctica de la liebre, es decir, emprender la fuga a toda mecha.

No he leído del mandato de la ONU más que lo que se ha dicho en la prensa, pero a mí me habían vendido que la ONU autorizó una exclusión aérea, nada más. No me parece que hablara de reventar carros blindados ni que dijera nada de apoyar con ataques aéreos las acciones de la resistencia (o, más bien, sus inacciones). Tampoco creo que la ONU autorizara a derrocar a Gadafi, y ahí tienes a la Trini, diciendo oficial y públicamente, sin cortarse ni un pelo, que el Martínez, el Blossom y el Piubombazzi van a seguir ahí dando caña hasta que Gadafi se largue o casque. No sé si esta será la ley de la ONU, pero lo que sí es, en todo caso, es la del embudo.

El problema, por otra parte, es que los listos de lo políticamente correcto amenazaron a Gadafi, cuando parecía que iba a caer a la egipcia, con el Tribunal Penal Internacional. Chicos listos, inteligentes. Consiguieron que Gadafi se encastillase. Lo práctico -inmoral pero práctico- hubiera sido decirle a Gadafi: «mira, oye, cógete cinco o diez millones -y no más- y piérdete, que no te veamos, en tal o cual isla del Pacífico y dedícate exclusivamente a bailar el hula-hoop y a que no volvamos a saber nada de ti» y lo mismo a estas horas ya estaba solucionado el problema. De la forma en que se ha hecho, el otro se parapetará en Trípoli a muerte, secundado por sus leales, que se saben en las mismas y sacarlos de allí (más bien liquidarlos allí) va a costar una de sangre de mil pares… Porque por más que el primo de Zumosol le reviente las instalaciones, el asalto final -no hay que ser Napoleón para verlo- habrá de ser, necesariamente, a mano, y ahí te espero, porque en los asaltos es cuando de verdad se ve quién es quién y verás tú la cantidad de milicianos que se irán al paraíso de Alá antes de que, a puro peso, por pura masa numérica, aplasten a la muy organizada y profesional resistencia que Gadafi habrá dispuesto en torno suyo para darle tiempo a montar la pistola con la que se descerrajará el último tiro en la boca. Que es, probablemente, como acabará la cuestión.

Las potencias que hacen tamaña justicia en nombre de la sacrosanta ONU planean ahora armar a la chusma -que, no faltaría más, es democrática y buenrrollítica, eso sí- porque si no, crudo lo tienen. Asumo que armarlos no significa darles fusilitos y pistolitas -que de eso ya tienen- sino algo más consistente: lanzacochetes, cañones, ametralladoras, algo de vehículos blindados, morteros de 120 mm… fruslerías así. Pero, claro, esas fruslerías necesitan de un cierto adiestramiento y de meterles en la mollera una disciplina de fuego basada en una doctrina de combate y todo eso, como no viene por ciencia infusa va a necesitar de consejeros, es decir, nada de aviones y apoyo distante, sino trabajo en corto, a pie de obra. Imagino que, para ello, utilizarán a los cipayos, ¡ups!, perdón, a los aliados árabes que se han apuntado al fregado bendecido por la ONU porque sucede que, con excesiva frecuencia, los consejeros acaban combatiendo en el papel estelar de oficiales (un tanque se fabrica en un abrir y cerrar de ojos en el mundo occidental, pero incluso en el poderoso y riquísimo mundo occidental, formar un oficial requiere tiempo, cociente intelectual y formación previa un poco sólida) y a los marines se les da mal eso de combatir mandando fuerza ajena. Que les pregunten por Vietnam. Y verás qué risas cuando las fuerzas gadafistas empiecen a presentar ante los medios cadáveres -o incluso prisioneros, cabizbajos y parlanchines- de oficiales extranjeros pillados in fraganti dirigiendo a la chusma rebelde. Van a tacharlos de mercenarios y, a lo mejor, hasta tienen razón.

En conclusión, el enésimo embolado en el que nos metemos estúpidamente a la salud de los de siempre. Primero fue Irak, después Afganistán, ahora Libia. Y, así, vamos yendo por el mundo sin saber qué temen más de nosotros, que metamos las narices en sus asuntos o que, una vez metidas, se nos indigeste la cosa y decidamos largarnos dejándoles a ellos el marrón (que no hay ni que decir, está casi siempre mucho peor que cuando llegamos).

Nunca el mundo occidental fue, simultáneamente, tan cruel y tan gilipollas.

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Bueeeeno, quieren meterle un puro a Leo Bassi por intromisión en el honor del papa, del Vaticano o de no sé quién. Ya estamos otra vez a vueltas con el honor.

Decía mi abuelo -no con estas palabras: era moldeador-fundidor y llegaba hasta donde podía, que no era poco, por otra parte- que el honor consiste en que la palabra de uno sea un título ejecutivo que jamás se protesta y que la forma de vivir de uno sea consecuente y coherente con esa palabra. Lo demás -eso ya no lo decía, pero quedaba sobreentendido- es todo pura cagarela. Y no dejaba de tener razón. Las palabras, en definitiva, no son más que palabras y, en sí, no son más que sonidos. El hecho de que alguien de una entidad de gestión de derechos de autor me llame hijo de puta en un momento determinado, no pone a mi madre a hacer chapas en las Ramblas por más que bailen, no sé si me explico.

Hay cosas que, sin ser insultos, son mucho más ofensivas y dicen poco del honor de quien las patrocina: por ejemplo, que haya un puñado -bastante inabarcable como tal- de clerizontes pillados in fraganti con las manos en el culo del menor y se estén saliendo de rositas, más allá de que la empresa esté indemnizando a los damnificados con la pasta de vete a saber qué crusesitas marcadas en qué declaraciones de IRPF de aquí o de allá. O, por otro ejemplo, que estando todos al cabo de la calle de la corrupción clerical imperante en este país, aquí no se haya abierto un puto sumario. O, por si quieres más, que haya aquí un concordato con la iglesia católica firmado de prisa y corriendo a Constitución aprobada, aunque no publicada en el BOE (si esto no es una burla y no ofende al honor, ya me diréis qué), concordato materialmente abarrotado de prebendas imposibles con la Constitución en la mano.

Es profundamente ofensivo que unos cuantos pájaros, líderes más o menos locales de esa religión, de la otra o de la de acullá pretendan dictar pautas de conducta no a sus acólitos sino a todos los ciudadanos, y que no vacilen en imponerlas a la trágala (y ojo que a veces el trágala es durísimo y va de horcas) a la que pillen la menor cuota de poder civil, ellos o sus chupacirios.

Es denigrante que las autoridades (no los ciudadanos: las autoridades) armen el gran follón por el hecho de que una asociación de ateos quiera insertar propaganda en los autobuses y le pongan toda suerte de dificultades, llegando hasta el veto -como en la ciudad de Madrid- mientras que cualquier religión puede hacer todo tipo de propaganda, incluso televisiva, de su ideología y de sus campañas y, aún más, que tres o cuatro religiones tengan programas propios en la televisión pública estatal que, además, jamás deja de retransmitir la misa católica dominical.

Es aberrante la cantidad de dinero público que por muchísimos conceptos va a parar a las religiones y muy especialmente -casi únicamente- a la católica; es aberrante que la iglesia católica controle -so pretexto del culto para el que fueron construidos- la inmensa mayoría de los monumentos arquitectónicos de este país, por muchísimos de los cuales perciben subvenciones para su mantenimiento adecuación y reparación, cosa que no obsta para que su acceso sea puesto bajo precio y que, con harta frecuencia, se apropien de la imagen de muchas de esas obras que, por su antigüedad ya están en el dominio público y, así, prohíben la obtención de fotografías o de grabaciones videográficas de los interiores (pretextando molestias al culto incluso cuando no se celebra) y obligando, a quien quiera imágenes, a adquirir las que están a la venta -con casi toda seguridad- a la puerta del recinto.

En mi particular opinión es especialmente indignante lo de los monumentos y ese abuso clama a Mendizábal. En este país es urgente una desamortización artística y debería nacionalizarse no la titularidad de los edificios artísticos (aunque ¿por qué no?) pero sí, cuando menos, su gestión cultural y el aprovechamiento público de su valor artístico.

Y me quedo corto.

O sea que fíjate si los ciudadanos tenemos cosas de qué quejarnos, injurias de qué dolernos y honores ofendidos, para que se monte el gran cristo porque un cómico ha parodiado al papa (y ello por no hablar los insultos que han vertido sobre mucha gente diversos medios de comunicación de propiedad confesional, obviamente católicos en su práctica totalidad).

Habría que fundar una asociación que se llamara Que se hagan oir con su dinero y que reivindicara la reparación de los abusos que se cometen contra los ciudadanos aconfesionales y ateos al utilizar el dinero de sus impuestos para regalárselo a entidades de tipo religioso que lo usan muy frecuentemente para escarnecer, precisamente, la laicidad y el ateísmo.

Esto son insultos y lo demás, estupideces, paparruchas.

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Las cajas y bancos en apuros piden dinero al Gobierno. La pregunta es: ¿y por qué hay que dárselo?

Casi 7.000 millones de euros, o sea un billón (con «b» de barbaridad) más una propina de 170.000 millones de las viejas. Y tienen el inmenso morro de pedir esa ingente pastizara mientras: a) se recortan los sueldos públicos por decreto y los privados, de hecho; b) se recortan las pensiones; c) se recortan los servicios sanitarios; d) se asfixian de forma prácticamente total los servicios sociales (esta vez ya no se los comerán ni los moros ni los latinos: no hay para nadie); e) otros servicios públicos sensibles sufren asimismo recortes que afectan directamente a su operatividad (policía, bomberos); f) se retrasan enormemente los pagos de las subvenciones pendientes del año pasado y aún del 2009 en perjuicio de empresas productivas que han realizado inversiones fiadas de esas subvenciones (ya otorgadas); g) los anteriores, que disfruten con salud aunque no sea sino algo tan etéreo como la expectativa generada por el derecho ya otorgado, porque para el ejercicio de 2011, las líneas de subvención no es que vayan a ser recortadas, es que en muchos ámbitos van a desaparecer; h) las administraciones públicas están aligerando personal como globos aerostáticos soltando lastre: pagan el pato laborales e interinos (precisamente hoy hemos despedido a una compañera que había trabajado conmigo los últimos cuatro años, y estoy de una leche…); i) los ERE’s en las empresas públicas van a ser espectaculares, bestiales, pero tranquilos, el pistoletazo de salida no se dará hasta después del 22 de mayo, no faltaba más, no fuera a ser que la gente fuera a votar cabreada; j) los bancos y cajas piden mucho cuartelillo al Gobierno, al dinero público (cuando las cosas van mal, entonces sí es bueno que intevenga papá Estado, tienen un morro que se lo pisan, esos cabrones) pero ellos, los muy hijos de puta, no han dado el menor cuartelillo a miles y miles de familias a las que han despojado de su vivienda, han puesto en la puta calle y aún les reclaman deudas de decenas y centenares de miles de euros porque la casa embargada no cubre la deuda (pese a que la valoración que ellos, los muy cerdos, encargaron, la cubría de sobra); k) etcétera, podría seguir así hasta agotar el abecedario y aún tener que empezar la combinación de letras como las matrículas de los coches.

Después vienen los falsarios del partido y nos dicen que la Tesorería de la Seguridad Social -la caja de las pensiones y de los subsidios, para entendernos- no aguanta y que hay que reformar el sistema. Reformar el sistema quiere decir, naturalmente, que se jodan los ciudadanos. Pero luego te enteras de que la caja sigue teniendo superavit, porque aunque, efectivamente, éste disminuye -qué menos, con la que está cayendo- no se está todavía (y lo que falta) para llegar a los números rojos.

Pero, claro, aquella hucha de las pensiones, que con tanto placer pronunciaba Aznar, que hasta se le notaba la «h», ha servido para rescatar a la banca. Eso, claro, no hay tesorería que lo aguante. Ni de la Seguridad Social ni de ninguna otra parte.

Los ciudadanos, en cambio, nos quedamos ahí, pasmados como panolis. No se mueve una brizna. Las calles deberían arder, pero sólo se llenan de aburridos en calzoncillos en cuanto el ayuntamiento de turno toca el pito de cursa atlética. Trotad, trotad, gilipollas. Hay tío -y no exagero- que sabe que le van a pasar por el túrmix de un ERE la semana que viene, y hasta ayer estaba muy preocupado porque igual el domingo no había liga de fútbol; y que está planificando las vacaciones de este próximo verano, no cuelgues…

Estamos, ya lo he dicho en otras ocasiones, ante una estafa de dimensiones históricas. En Islandia han encarcelado a directivos financieros; en Estados Unidos, tuvieron la vergüenza torera -mínima y exigua, pero vergüenza, al fin y al cabo- de inventarse una cabeza de turco con el megaladrón aquel que ha pagado por todos, como si sólo él hubiera hilado la trama del follón que hay armado y sólo él se hubiera forrado de ganar dinero. Aquí, ya lo ves: los treinta y pico capitostes más gordos de la banca y de los monopolios, dándole consejos al Zapatilla y, encima, a implorante petición del mismo.

Nos merecemos la enorme catástrofe que, al final, vamos a acabar sufriendo.

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Bueno, pues hasta aquí hemos llegado, mucho menos penosamente que la semana pasada, en este jueves último día del mes de marzo, con lo que liquidamos el primer trimestre del 2011, cuando aún nos repite el turrón de Nochebuena. Pasa el tiempo que no se entera uno.

El próximo jueves será 7 de abril y aquí estara, espero, la cotidiana paella.

Sed buena gente hasta entonces.

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Comentarios

  • Jordi  On 31/03/2011 at .

    Volvemos a un feudalismo camuflado con partitocracia.

  • Monsignore  On 01/04/2011 at .

    Ya me jode, ya, tener que recordar un argumento que empleaba en tiempos la caverna; pero Gadaffi se ha aprendido bien la lección.

    Cuando se montó el circo mediático del proceso a Pinochet – organizado por unos #nolesvotes y denigrado por otros #nolesvotes – un grupo de exiliados cubanos solicitó, por los mismos motivos, el enjuiciamiento de Castro. La respuesta de la judicatura competente (¡qué juego de palabras!) fue que no se podía procesar a un gobernante en activo. Evidentemente, los salvapatrias que en el mundo son se han atornillado a la poltrona, y no la van a soltar ni a hostias.

    Lo que tampoco sé si es conveniente, porque con todo lo que es Gadaffi, mucho me temo que los que puedan venir sean aún peores.

    Lo cual es bello e instructivo, que decía el otro.

  • edredon_nordico  On 04/04/2011 at .

    Buenas,

    siguiendo diversos hilos, he llegado hasta ti. El tema es que, paralelamente a tu idea de crear una cación pegadiza para #nolesvotes, hemos hecho algo que se puede acercar a lo que buscas desde sin salir de la cama. Si te parece, échale un vistazo y si te mola, muévelo a tu gusto

    Saludos

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