El timo de la copia privada

De la serie: Correo ordinario

Hace algo más de un mes, me dio por hacer cuentas con el canon, teniendo claro -como tengo claro desde hace mucho tiempo- que nos la están metiendo doblada por muchos conceptos. Uno de ellos es, efectivamente, el volumen real de la copia privada y la cantidad de ésta que se está retribuyendo…. equitativamente, nos ha jodido.

En suma, establecía que, dado que las sociedades de gestión de derechos de autor no reconocen las descargas desde redes P2P como una manifestación más de la copia privada, lo que se recauda por el canon es brutalmente desproporcionado en relación a la extensión -escasa hasta ser prácticamente nula a efectos prácticos- de la copia realizada al modo tradicional, es decir, tú me dejas un CD con un contenido y yo copio de él lo que me interesa, o voy a tu casa con un puñado de CDs (o DVDs, es igual) miro a ver qué tienes y quemo mis soportes con lo que me interese de lo que tú tengas. Eso ya hace años que es una práctica marginal, tanto como, quizá, diez años, desde que la generalización del uso de redes P2P terminó con la piratería -esa sí que lo era- de la venta de CDs abarrotados de música en formato MP3 de los que el adquirente hacía copias, a su vez (onerosas o gratuitas), para sus amigos. Yo aún recuerdo cómo circulaban como Pedro por su casa catálogos de CD’s abarrotados de exquisiteces -artísticas e informáticas- a precios que, con el tiempo, llegaron a ser muy asequibles; la economía de escala también llegó a la piratería minorista.

El último refrito de la Ley de Propiedad Intelectual, que hubiera podido estirarse y solucionar la cuestión de una vez, la lía aún más y, con un claro espíritu de ilegalizar las descargas -pero sin que se notara demasiado y recordemos, además, que el espíritu no prevalece sobre el tenor literal más que llegados a la irresoluble duda hamletiana en la interpretación del mismo- prohíbe la puesta a disposición pública de un contenido, por una parte, y establece que la copia privada, para ser considerada como tal, debe proceder de una copia legítima. Digo que esto complica la cosa por dos razones fundamentales: una, que las redes P2P son, efectivamente, redes de intercambio, pero no forzoso; es decir, uno puede bajarse contenidos teniendo vacío el directorio asignado para que los demás tomen, a su vez, contenido; siendo así, la simple descarga, en sí misma, no sería ilegal puesto que no puede suponerse -por parte de quien descarga- que ponga a pública disposición contenido alguno; la otra es que, cuando uno se descarga contenidos, no tiene por qué suponer que la procedencia del contenido que se está descargando es ilegal, por más que las estadísticas digan -o supongan- que sí lo es es un porcentaje todo lo amplio que se quiera que sea. Quedaría únicamente la duda -no resuelta aún por los jueces- de si esa puesta a disposición pública del contenido ilegaliza en sí mismo el contenido de cara al que se lo descarga. En todo caso, está claro que no puede afirmarse categóricamente que las descargas son ilegales, porque hay mucho que discutir ahí.

Ello no obsta para que las sociedades de gestión (de la industria ya no digo nada) sostengan que la descarga en cuestión es sietemáticamente ilegal, y se quedan como si hubiesen cagado diciendo que eso es así porque lo dice la ley. Y ya vemos que no está nada claro lo que dice la ley. Por supuesto, tooooooodo el gremio mediático se alinea con el apropiacionismo calificando sistemáticamente de ilegales a las descargas y calificando de piratería al conjunto del fenómeno. Faltaria más, los del cadáver de árbol y el telebasurismo…

Ahora, el canon está más cuestionado que nunca, ya no sólo en la calle -en la calle está generalizadamente cuestionado desde hace ya años- sino en las propias instancias gubernamentales, para las cuales este mal rollo es una patata, más que caliente, abrasadora. Las últimas sentencias (la europea cuestionando su legitimidad de fondo y la de la Audiencia Nacional cuestionando radicalmente su legalidad de forma) han puesto muy cuesta arriba la cuestión para el Gobierno. Y, como siempre que aparece ese asunto, hay rifirrafe incluso entre ministerios: Industria contra Cultura, Economía por ahí enmedio… la de Dios… La oposición intenta complicarle aún más la cosa al Gobierno -aunque ya sin credibilidad alguna, después de su pliegue a la Ley Sinde-, pero temblando a su vez de miedo para cuando le toque coger con la mano, a su vez, la patata de las narices.

Y así las cosas, me sorprendía a mí mismo barruntando… Si el derecho a copia privada no es, en realidad, sino una mierda completamente desprovista de contenido y la práctica totalidad de lo que hacemos con los contenidos es piratería ¿por qué no matamos al perro y acabamos con la rabia? Sí, estás leyendo bien: suprimamos el derecho de copia privada (no el derecho de copia de resguardo, ojo). Y, obvia y consecuentemente, suprímase radicalmente el canon, al no quedarle ya nada que compensar. Equipemos los contenidos al software y todos contentos. La industria, fíjate si dará saltos de alegría, será que Guisasola no está clamando por eso desde hace años; nosotros, los ciudadanos, contentos, lo que se dice contentos, no, pero realmente ¿qué perderíamos? Los que se cabrearían serían los de las sociedades de gestión, pero que se jodan, no haber ido por ahí comprando teatrillos con la burbuja inmobiliaria hinchada a tope, so listos. Y si no pueden desarrollar obra social (que, como en el caso de las cajas, es el pretexto para recaudar a saco y hacer lo que les da la gana con la pasta), pues que sus afiliados coticen como autónomos, que es lo que hace todo el resto de los mortales no asalariados, y solucionado, qué caramba.

Yo ya estoy harto de pagar canon y de que me llamen pirata si me descargo contenidos (cosa que, además, no hago porque, para mi gusto, la mayor parte de lo que se hace ahora no vale un churro), de que en las copisterías no me quieran fotocopiar una decena de páginas de un libro -pese a que pagan canon por las máquinas y por cada copia que hacen- porque no quieren líos y tienen más miedo que fondillos, de que si me compro un libro digital o un DVD (cosa que intento evitar como mearme en la cama) me los encuentro abarrotados de DRM que, además, muchas veces no puedo gestionar con mis programas o de que el préstamo bibliotecario genere también un canon que, aunque no pago directamente de mi bolsillo sí que sigo pagando igual porque se carga al presupuesto público.

Para como estamos ahora, viviríamos igual de bien o igual de mal sin derecho a copia privada y, ya puestos, no habríamos de pagar canon casi hasta por los paquetes de cigarrillos. Y nos ahorraríamos movidas y mandangas, y en la Asociación de Internautas podríamos dedicarnos plenamente a lo que de verdad nos divierte, que es putear a Telefónica, a su monopolio, a sus tarifas, a la calidad de sus servicios y todo eso que la $GAE insiste tanto en que nos dediquemos porque dice que lo hacemos muy mal y tal…

El canon es un atraco se mire por donde y desde donde se mire. No tiene nada de equitativo, como hemos visto, al no corresponderse, ni cuantitativamente ni conceptualmente, con ningún derecho real, verdadero. Causa tensiones políticas donde no vamos precisamente mancos en cuestión de tensión política. Es un lastre económico que la industria, la empresa, el desarrollo tecnológico y, en definitiva, la sociedad en general, no tiene por qué soportar. Y todos estamos de esto al cabo de la calle ya desde hace tiempo.

En consecuencia, basta ya. El canon debe suprimirse. O por las buenas (y sin inventos alternativos, que es lo que me parece que andan pergeñando desde Moncloa o desde Génova) o por las malas, cargándose esta fantochada de la copia privada y la remuneración, en absoluto equitativa, que en ella se sustenta.

O bien, que reconozcan la descarga como un modo completamente legítimo de copia privada y entonces hablemos del canon. Hablar no quiere decir dejarlo como está, sino ajustarlo a la realidad del mercado, establecer sobre parámetros reales qué es lo que los autores dejan de ingresar a causa de la copia privada y, desde luego, atribuyendo el canon sobre aquello que realmente tenga que ver con la copia privada y no sobre todo lo que les dé la gana so pretexto de una supuesta idoneidad, de la que resultan ser idóneos hasta los preservativos.

O todos moros o todos cristianos.

Anuncios
Both comments and trackbacks are currently closed.

Comentarios

  • asmpredator  On 18/04/2011 at .

    Quizas todos estos abusos se han realizado con la mira puesta en eso que indicas, eliminar la copia privada y mientras se elimina se llenan los bolsillos como siempre robando a todo aquel que se pone a tiro.
    Lo que estaría bien es que dejaran ya de robar de forma tan explicita y se dedicaran a su trabajo, protejer a los autores no a llenarse los bolsillos con ellos.

A %d blogueros les gusta esto: