Una tarde para un futuro

De la serie: #nolesvotes

Ni la radio, ni la tele, ni el periódico… Nadie dijo nada. Los pocos carteles pegados en algunos puntos estratégicos -centros de secundaria y similares- fueron cuidadosa y puntualmente arrancados, supongo que por los palanganeros de a pie de los partidos (ya sabes aquello de que si el verdugo es despreciable, imagínate su ayudante). Y, por supuesto, ningún corrupto del ayuntamiento dispuso servicios especiales de transporte público, habituales cuando se trata de favorecer la asistencia a las manifestaciones gratas al régimen. Nada. Silencio total. La vieja consigna -antes indigna; ahora, simplemente estúpida- del siglo XX: «aquello de lo que no hablamos, no existe».

Pero ni la radio, ni la tele, ni el periódico, ni los cagasillas de los partidos, ni los corruptos del ayuntamiento, son ahora la única voz. Ahora estamos empezando a tener voz los ciudadanos. No la mierda de voz que nos dan esos cerdos -contada, pesada y, sobre todo, dividida- sino nuestra propia voz, la que hemos conquistado por nosotros mismos. La red. Ahí somos los amos. Para su desesperación.

No las teníamos todas, para qué vamos a engañarnos. Sabemos que en la red cualquier fuego prende fácilmente, pero que hacerlo bajar a la calle es harina de otro costal. Fuimos, los de siempre, con el espíritu resignado, dispuestos a comernos solidariamente el habitual marrón de ser cuatro y sin el cabo, porque para el cabo ya no suele llegar la cosa. Íbamos ya dispuestos a exhibir nuestra frustración, a hacernos ver a nosotros mismos aquello de que no hay manera, que con lo fácilmente que se montan movidas enormes de red, no hay forma humana de lograr que todas esas sinergias se concentren también en la calle.

Y llego a las seis menos cuarto a la plaza Catalunya y, coño, me la encuentro llena como un huevo. Sorpresa aún mayor en el país de la doble convocatoria: si se había fijado el comienzo de la mani a las 18:00, el cuarto manifestante no llegaría antes de las 18:30 y estaríamos aún media hora más esperando por si llegaba el cabo. Pues no: faltando quince minutos para la hora fijada, la plaza Catalunya llena a tope. Y empieza la mani y nos cuesta un rato largo salir de la plaza Catalunya en dirección a Fontanella, que está ya atestada, pero es que mirando en dirección a las Ramblas, también había un gentío.

Me froto los ojos. Lo veo y no lo creo.

La manifestación sigue -alegre, juvenil- a paso muy lento, con muchas detenciones. Entramos por la Via Laietana hacia el mar. No consigo una perspectiva del conjunto hasta que llegamos a la confluencia con Ortigosa. Allí alcanzo a ver la cabecera un poco más allá de la plaza de la Catedral y la cola en la plaza Urquinaona. Lo que no sé es si es la cola de verdad o todavía sigue habiendo riada en Fontanella. Me da igual, en medio del gentío, alucino.

Ya en la plaza Catalunya me he unido al grupito formado por Paco González, de la junta de la Asociación de Internautas y con Carlos Sánchez Almeida y su mujer. Carlos se pasa todo el recorrido fotografiando y tuiteando y va pasando las noticias. «En Madrid, Cibeles abarrotada», «Mucha gente en Sevilla, también».

Nos vamos encontrando conocidos, gente del Partido Pirata (de riguroso paisano: los partidos están corporativamente proscritos en este día), Josep Gil Manyou, un contacto de Facebook al que conocozco hoy en carne mortal tras no sé cuántos meses de presencia virtual; me dicen que anda por ahí también Angeloso; y, ya a toro pasado, una vez en casa, veo por su bitácora que también andaba por ahí -obviamente no me sorprende nada- Carlosues. Pero, claro, es que había tanta gente que costaba mucho encontrar a los conocidos.

Carlos va pasando las noticias. Nos cuenta que Ignacio Escolar, bien pasadas las siete de la tarde, ve la luz y empieza a tuitear su asombro: el mitin más multitudinario de la campaña electoral, dice. Estando todos al cabo de la calle del ninguneo mediático, empezamos a asombrarnos; llegan noticias: portada -digital, claro- en «El País»; «Público», también; y «El Mundo». El hashtag #15mani se coloca el número tres a nivel mundial.

Por supuesto, el tono de los medios es de poner el asunto en plan menor cuantía. «Parados y desahuciados» dice alguno que éramos los participantes, en el mismo tono que aquel otro dijo lo de chorizos y macarras. Enrique Dans comunica que mientras los medios de aquí juegan al veoveo los muy gilipollas, el «Washington Post» sí recoge la noticia hablando de «decenas de miles de manifestantes». Nada: catorce, según la Guàrdia Urbana.

¿Algo más que destacar? Algunos detalles. Por ejemplo: profusión de banderas españolas 😉

Bueno, claro, dicho así, quizá no son las que muchos esperarían (en todo caso no son las que suelen utilizar los futboleros) pero lo cierto es que de China no parecen. Y, bien, va siendo notorio que la bandera republicana va convirtiéndose, cada vez más, en un símbolo que va más allá de su significación intrínseca para pasar a ser el símbolo de una verdadera alternativa de sistema, extensamente entendido (o sea, que no se limita la cosa a que el barbero se dé un garbeo por la Zarzuela, vaya).

Más fotos:

¿Y ya está?

Pues no, no está. En los próximos días va a haber más sorpresas. Alguna sorpresa, por lo menos. Y hasta aquí puedo leer, pero creo que no tardará mucho en ser saciada vuestra eventual curiosidad.

Y 22-M aparte, esto es solamente el principio. Ahora sabemos que podemos. Y lo que es más importante: muchísima gente que se quedó en casa pensando que, como siempre, íbamos a ser cuatro y el cabo (o sin el cabo) ahora ya ha visto que no, que algo ha pasado, que se ha superado un listón que parecía más bien una losa. Ahora podemos aspirar a metas muchísimo más ambiciosas porque se ha roto el maleficio.

A reserva de la sorpresita, en estas elecciones ya está el pescado vendido, pero es que esto acaba de empezar. Entre este próximo otoño y la próxima primavera, habrá elecciones generales: ahí, todos estos colectivos, #nolesvotes, #democraciarealya y similares, habremos de echar el resto y este resto habrá que trabajarlo desde el mismísimo 23 de mayo. Ahora sabemos que se puede, que hay mundo más allá de la barrera, que fuera de la red también podemos ser los amos… si queremos. Y tenemos que montárnoslo muy bien, porque lo único que preocupa a los cerdos son las elecciones, los votos, y, tras las próximas elecciones generales habrá un largo período sin ellas, un período en el que nos podrán jugar impunemente las mayores cabronadas, sin que nosotros podamos hacer prácticamente nada dirimente. Tenemos que cascarles fuerte ahí cuando aún los tenemos en un puño y darles un golpe del que no puedan recuperarse. Porque si sobreviven y las cosas permanecen sin sufrir alteraciones importantes, la que nos caerá encima será apocalíptica.

Tomemos de ello muy buena nota.

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Comentarios

  • Persépolis  On 16/05/2011 at .

    En Sevilla ví yo una estampa curiosísima: un chaval con una bandera republicana charlando tranquila y amigablemente con otro que portaba una constitucional mientras marchaban juntos…
    De todos modos, creo que hubiera sido mejor que la gente se abstuviera de haber llevado banderas de ningún tipo, así la cosa hubiera quedado más neutra…que al fín y al cabo es de lo que se trata, no?

    En fín, como tú, yo estoy exultante, porque ni de lejos me esperaba un éxito así en mi ciudad, tan proclive a quedarse en casita. Claro, que tras la de cal vino la de arena cuando uno, un par de horas después del final de la mani, ve la ciudad colapsada y un gentío como mínimo 10 veces mayor al de la manifestación (cortando sin ningún tipo de problema ni de aviso previo ni gaitas una de las principales arterias de la ciudad) vitoreando la llegada del Betis a la ciudad tras conseguir la increible, fundamental y absolutamente necesaria proeza de ascender de categoría futbolística con seguimiento EN DIRECTO durante varias horas en Canal Sur, como quien retransmite la llegada del hombre a la luna.

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