Notas cataláunicas

De la serie: Esto es lo que hay

Interesante jornada la de ayer. Por muchos motivos.

Bueno, antes que nada, constatar que el lunes pasado me equivoqué cuando daba cuarenta y ocho horas a la acampada: no fueron cuarenta y ocho sino poco menos del doble, casi noventa. Pero tampoco fueron, porque no hubo desalojo, luego ni cuarenta y ocho, ni noventa, ni trescientas. Así, pues, tal como deseaba el lunes, me equivoqué -es lo menos que suele pasar cuando se pone uno a jugar a profeta- y me alegro enormemente de haberme equivocado. Y constato otro error, este más grave, de apreciación, cuando vaticinaba que el desalojo se produciría entre la indiferencia de los ciudadanos. Error tanto más grave en cuanto ayer por la tarde yo mismo -y mi propia hija- estábamos en la plaza Catalunya expresando claramente a la autoridad incompetente, juntamente con varios miles de barceloneses, que los ciudadanos, los de a pie, no vamos a consentir que se levanten las acampadas por las bravas. No gratuitamente, al menos: si osan levantar las acampadas por la fuerza, la factura política que habrán de pagar será crecida. De hecho, vamos a ver si conseguimos que paguen cara la intentona; no sé si vamos a poder lograr cargarnos -políticamente, por supuesto- a Puig, pero vamos a intentarlo.

Esto dicho, vamos a más cosas…

La gente de la acampada

Mi homenaje, mi admiración y mi sombrerazo por su gestión del conflicto. Por su táctica, por su actitud, por su serenidad y, en definitiva, por su valor cívico. Toda una lección que mucho inútil con galones debería estudiar mientras se ciñe los cojones con un cilicio (o con un par de vueltas de alambre de espino, si no hay cilicios de ese tamaño) y se arrea unas cuantas ansias con un buen knut. No sé si eso lo volverá competente, pero al menos puede intentarlo… En el peor de los casos, poco se perderá.

Lo que más me admira de la actitud de los acampados es la suma inteligencia con que han llevado el asunto y con que han diseñado la resistencia. El estoicismo con que han sufrido la brutalidad policial manteniendo inalterable su actitud pacífica, sin responder, en el más violento de los casos, más que con chorros de agua (sin presión), según he visto en algunas fotos y vídeos, ese estoicismo, digo, es absolutamente ejemplar y certero. Dejando que la violencia gratuita sea ejercicio exclusivo del enemigo, han logrado una victoria atronadora con los mismos argumentos del propio enemigo. Los que han utilizado la violencia gratuita, los que se han comportado como verdaderos perroflautas antisistema, como auténticos quemacontenedores, los que han montado una kale borroka talmente como las de allá arriba, han sido, precisamente, los mandatarios de Puig, calcinando con ello fulminantemente su imagen ante la ciudadanía, que no vacila, ya tendido el sábado, en compararlos con los grises sin matiz diferencial alguno.

Sólo me queda, eso sí -porque lo dicho, por lo demás, en anteriores mensajes, lo mantengo- desear que esa inteligencia que han demostrado y ese apoyo ciudadano ayer reiterado, al que deben por su parte un enorme respeto, se vean en las asambleas y ciñan contenidos y manifiestos a lo que estrictamente nos movilizó a todos el 15-M. Si esto se hace así, el precio de levantar las acampadas se irá encareciendo más aún que el petróleo.

Los ciudadanos

Sobre nosotros mismos, poco hay que decir: hemos manifestado claramente que no queremos que los campamentos sean levantados a la fuerza y, ayer por la tarde, Sol cedió liderazgo a Catalunya, siquiera por unas horas. Los barceloneses hemos determinado actitudes a nivel de toda España: las acampadas no se tocan. Ya haremos, si gustamos, el debate de si deben levantarse por las buenas y cuándo, pero lo que está claro es que, aunque sean unos centenares de chavales, representan claramente los sentimientos, los deseos y -si moderan el argumentario- las ideas de miles y miles de ciudadanos. En otras palabras: no se están apropiando del espacio público, como en su infinita torpeza claman los politicastros, porque ese espacio público es nuestro, de los ciudadanos, y está más que claro que se lo hemos cedido.

Los políticos

Su torpeza, su ignorancia, su venalidad y su manía de tomarnos por tontos no cede ni siquiera ante la fuerza de los acontecimientos, que no es poca. Sigo preguntándome hasta dónde habrá que llegar para que esos idiotas se lleguen a dar cuenta de la dirección por donde sopla el viento. Y, la verdad, me da mucho miedo el hasta dónde habrá que llegar. Me pregunto quién, en definitiva, tendrá que acabar pagando su ceguera interesada, su cortedad mental, su venalidad, y cuál será el importe de esa factura. Me da mucho miedo este país, lo he dicho muchas veces, un país que no tiene término medio y que puede pasar de la mansedumbre y la borreguez más absolutas a la brutalidad más abyecta. Creo que estamos teniendo la suerte -en términos históricos- de que se esté produciendo un aviso, un aviso claro y diáfano. Y pacífico al cien por cien. Si ese aviso no es escuchado, las responsabilidades en que incurrirán los premeditadamente sordos pueden ser terribles.

En volumen menos histórico, la chanza -sanguinaria- que se nos hace a los ciudadanos: Barcelona es pasto de trileros, carteristas, descuideros, tironeros, revientapisos, asaltatorres, negreros, macarras, tratantes de blancas y demás especialidades de hijos de la gran puta sin que, al parecer, haya bastante policía para tanto malsín. Sin embargo, Puig puede utilizar nada menos que trescientos cincuenta antidisturbios (me niego a llamarlos polis, que, en su correspondiente ámbito, es un honroso título de servidor público) para devastar una plaza llena de ciudadanos pacíficos. Y aún se queja de que las cosas fueron mal porque no había suficientes apaleadores. ¿Qué necesita? ¿Una división acorazada? Y mientras se recortan nuestros salarios y nuestras prestaciones sociales, se tira de helicópteros, al precio -nada módico- que cuesta cada hora de vuelo (tanto mejor empleada echando una mano en los incendios de Baleares, en vez de atorrar al personal aquí).

Los Mossos d’Esquadra

Lo de estos es para verlo. O, por lo menos, su sección, división, departamento o como cojones le llamen, de antidisturbios.

Para empezar, el error de base de enviar antidisturbios donde no hay disturbios, pero ese error puede ser más bien atribuible (para variar) a los políticos.

Seguimos por su tremebunda y manifiesta incompetencia táctica.

No tuvieron en cuenta -por enésima vez- los modernos sistemas de telecomunicación. Ellos se creen seguros, ocultos bajo sus cifradísimas comunicaciones en tetra, pero son absolutamente incapaces de realizar una mínima prospectiva sobre las posibilidades del adversario. Ya hicieron el más patético ridículo, pobres desgraciados, cuando con motivo de las protestas por el plan Bolonia, se les metió un pufo por Internet y por las redes sociales y se dedicaron a proteger el centro casi con cazabombarderos, mientras decenas de miles de estudiantes, perfectamente sincronizados mediante un inteligente uso de las TIC se iban por otra parte. Si esos estudiantes hubieran sido tan bárbaros como los propios antidisturbios (afortunadamente fueron extremadamente pacíficos) aún estaríamos reconstruyendo el Eixample. El tremebundo error táctico, por el que hubieran debido rodar decenas de cabezas negligentes, pasó desapercibido sólo porque, a la postre, no pasó nada. Muy político todo, sí…

Esta vez, se han dejado rodear. Mientras ellos saqueaban (ahora iremos a lo del saqueo) la acampada, los móviles empezaban a echar humo y, cuando quisieron darse cuenta, estaban rodeados.

Les pasó como a Julio César en Alesia, que tuvo que sostener un cerco mientras los propios cercadores eran cercados. Veni, vidi, vici, Julio César, con una inteligencia táctica que, reitero, debieran estudiar cuidadosamente los del cilicio en los cojones, terminó allí con Vercingetórige y sometió a toda la Galia, que pasó a ser la más fiel de las provincias romanas -más aún que la propia Hispania- hasta el siglo V D.C., en los mismísimos últimos momentos del Imperio. Está claro que el jefe táctico de los antidisturbios cataláunicos sólo sabe de Julio César lo que ha leído en Asterix. En su caso.

Así rodeados, los Mossos, en vez de reaccionar como una fuerza disciplinada, fueron presas del pánico y se produjeron con una violencia absolutamente bestial, bárbara, y causaron un sinnúmero de heridos, algunos de ellos gravísimos. Y, encima, hubieron de retirarse vergonzosamente, más al estilo liebre que ordenadamente. Y todo eso frente a una multitud no tan numerosa, completamente desarmada, y que no ofrecía resistencia alguna, más allá de su propio número y su masa (en sentido físico).

¡Qué vergüenza! ¡Qué puta, vil y rastrera vergüenza!

Las escenas de ese pánico -que, obviamente, han corrido a match 3 por la Red, pues los políticos han perdido también, y ya hace tiempo, la iniciativa estratégica en la comunicación- se han visto reflejadas en mossos golpeando a jóvenes indefensos -en medio y en actitud-, a discapacitados en silla de ruedas, y en actitudes chuloputescas, como ese fulano acorazado hasta arriba retando a los ciudadanos a que hicieran o le dijeran vete a saber qué…

Vergonzoso, vergonzoso, vergonzoso. Hasta la chusma de Pancho Villa hubiera toreado el asunto con muchísimo más decoro.

Algunas dudas jurídicas que albergo en mi santa inocencia

¿Qué historia es esa de llevarse los ordenadores so pretexto de limpiar la plaza por si los vándalos del fútbol la arman hoy? ¿Qué tiene que ver una cosa con otra? ¿Qué bases de datos -perfectamente legítimas en manos de los acampados pero no en otras– contienen esos ordenadores? ¿En manos de quién están? ¿Con permiso de qué jueces? ¿Qué se va a hacer con ellas? ¿Con la supervisión de quién?

¿Qué historia es esa de arrambar a saco -nunca mejor dicho- con todos los enseres de la acampada, que, habrá que recordar, han sido donados por multitud de ciudadanos? ¿Quién ha supervisado y levantado acta del contenido de todos esos camiones cargados de bienes y enseres? ¿Quién ha supervisado su destrucción, en su caso? O, en otro caso ¿dónde están almacenados e inventariados esos enseres? ¿O quién se ha apropiado de ellos? ¿Dónde está la intervención judicial en ese expolio?

¿Qué figura jurídica de qué código describe todo este turbio asunto?

La trama del calzoncillo

El puto fútbol ha sido el pretexto para cometer la tropelía que los poderes públicos catalanes ejecutaron ayer en la acampada de la plaza Catalunya. Puto fútbol que, como sabemos históricamente, sí da razones sobradas para temer por sus consecuencias. Sabemos que un triunfo del equipo local preeminente acaba sistemáticamente con las Ramblas patas arriba, tanto más arriba cuanto más importante se considera el triunfo en cuestión. Consecuentemente, los muchachos de las acampadas habían pedido ayuda policial para el alarmante caso de que el equipo local en cuestión diera la de cal hoy, lo que podría traer muchos problemas a la plaza Catalunya.

Ya vemos cómo ha sido la ayuda policial: es decir, que si yo llamo a la policía porque temo que unos ladrones vengan a desvalijar mi casa y a hacer daño a mi familia, puedo esperar que vengan los Mossos d’Esquadra, nos doblen a golpes a mi familia y a mí, llamen a unos presuntos servicios de limpieza para que se lleven la tele, los ordenadores y el joyero de mi mujer, y nos pongan de patitas en la calle a puntapiés. Vaya por Dios.

O sea que si un día de fútbol yo cojo a mis amiguetes y prendemos fuego a dos o tres contenedores de basuras, digamos, frente a la antigua Maternitat, en la Travessera de les Corts, puedo conseguir que evacúen el Camp Nou o, incluso, que suspendan el partido antes de que empiece. ¿Es eso? Bien, porque si es así, bueno será saberlo, porque voy a estudiar qué me puede caer por quemar contenedores, que igual la diversión antifutbolera compensa el puro.

Lo que me pregunto es si, en caso de que gane el equipo local de las narices esta noche, habremos de ir a defender las acampadas de la plaza Catalunya, porque con la fuerza llamada pública no sé yo si podremos contar… si no es para que los infiltrados policiales echen una mano a los hooligans desencadenados.

En resumen…

Cuando Rubalcaba despierte de su cogorza partitocrático-triunfalista y efectúe consultas con sus técnicos -o lo que cojones sean- de Interior, y le expliquen que ahora que lo de las acampadas iba aflojando, que ahora que muchos ciudadanos empezaban a rebotarse por los contenidos de las asambleas y de algunas otras actividades (cátedras magufas, por ejemplo) que se estaban llevando a cabo, ha venido un catalán a quien le han dado el carnet en una tómbola y ha montado un pifostio de tres pares, que ha conseguido volver a poner las acampadas -y, de paso, a la policía «española»- en las portadas de periódicos europeos, singularmente británicos y alemanes -y de los de más prestigio-, que ha vuelto a hacer hervir la sangre a los ciudadanos y que ha redoblado la moral de los acampados y que, en resumen, ha conseguido, si no perpetuar, sí, al menos, prolongar las acampadas -y su repercusión mediática- durante sabe el diablo cuántas semanas más, en fin, es divertido pensar en los cagamentos que soltará. Quizá -no lo sabremos unca… o sí- habrá una llamada de Rubalcaba a Puig, pero bueno, tío, dónde tienes tú la cabeza, chaval, a quién se le ocurre, y de dónde sacas tú a esos chapuceros que pones en la calle a dar gorrazos, que nos comprometes a todos, coño…

Sé que Mas no estará para nada dispuesto a cepillarse a un conseller de primera línea apenas cumplidos los cinco meses de su acceso al poder; sé, además, que Puig es un peso gordo en el partido y que no se lo quita uno de encima así por las buenas, como si fuese un ministro de Trabajo honrado. Sí, es posible que Mas tenga todos esos handicap encima y haya de apoyar a Puig como ya ha hizo ayer mismo.

Pero mientras Puig esté ahí, Mas no podrá alegar ni limpieza ni eficacia en la gestión de su Gobierno. Puig se ha convertido en una mácula que los ciudadanos siempre le vamos a plantar ahí delante cada vez que el president abra la boca, y más si la abre para molernos las costillas sociales, como ya ha hecho y como se prepara para seguir haciendo en aún mayor medida.

Ya que tanto interesa al Govern la salud pública, podría dar una buena muestra de lo mismo cesando fulminantemente a Felip Puig.

Es lo que exigimos hoy muchísimos catalanes.

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Comentarios

  • miguelc  On 28/05/2011 at .

    Amén.

  • Teodoro  On 29/05/2011 at .

    Preguntas: ¿Qué historia es esa de llevarse los ordenadores so pretexto de limpiar la plaza por si los vándalos del fútbol la arman hoy?

    Te recomiendo que revises las imágenes de la “limpieza”. Los ordenadores que se llevan en los camiones de limpieza NO contienen discos duros. Están todos abiertos y se les han retirado los discos duros. ¿Quien tiene esos discos? Te voy a decir quien no los tiene:
    – No los tienen nos acampados.
    – No los tienen los operarios de la limpieza.

    Ahora dirán que era para hacerles un backup contra la pérdida accidental de datos durante el traslado.

  • Sebas  On 30/05/2011 at .

    Yo tambien quise ver rodar la cabeza de Joan Saura por los sucesos de la Pza Universidad.
    Hay que entender el mensaje subliminal de estos actos violentos por parte de la policia.
    “…que sepais que,sea legal o no, al que aparezca por aqui se va a llevar unos porrazos gratis”.
    O sea, coaccion para que no asista mas gente.
    Luego se disculpan, se inventan excusas absurdas para justificarlo, le echan la culpa a su superior inmediato…etc. Pero el aviso esta hecho.
    Estos politicos son como los mafiosos. Se yo de cada historia que no veas.

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  • By Anónimo on 28/05/2011 at .

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