Los lerdos no aprenden

De la serie: Correo ordinario

Una clara muestra de lo que está pasando con nuestros políticos es el conseller Puig. Y, ojo, que no voy a entrar en los luctuosos sucesos de la mañana del viernes pasado, sino en algunos detalles de lo sucedido después a raíz de los mismos.

No entienden nada. Pero nada. Y, claro, así nos luce el pelo a todos.

El conseller Puig viene experimentando estos días las hieles de una amarga y merecida derrota a cuenta de sus mamporreros con placa (cuidadosa e ilegalmente oculta). El conseller Puig, que, según todas las apariencias, se ha criado a los pechos de aquellas entrañables escuelas del «orden público» de los gobernadores civiles que sentaban primaria y cutre doctrina sobre cómo mover a los no menos entrañables grises, seguía -y sigue, como ahora veremos- actuando como cuando en el siglo XX los políticos tenían -incluso en un estado denominado de boquilla democrático– el control de los medios. Bueno, en el siglo XX y en el siglo XXI. El problema con el que no contaba el conseller Puig es que en el siglo XXI, los medios ya no controlan omnímodamente la información; y, encima, a los sectores masivos de la clientela de esos medios trasnochados les importa un bledo la propaganda disfrazada de información y sólo quieren conocer las últimas andanzas de Belén Esteban.

El conseller Puig, en su atasco en el siglo pasado, ha visto cómo proliferaban por todas partes -menos por aquellas sobre las que él tiene cierto control- las escenas indignantes y sobrecogedoras de la brutalidad manifiesta y gratuita de sus secuaces golpeando como animales a gente pacífica y desarmada y cómo, a consecuencia de las mismas, la ciudadanía se levanta en un solo grito pidiendo su dimisión e incluso su procesamiento; y ha visto cómo la Comisión Europea contra la tortura y el Síndic de Greuges (aunque de éste me fíe más bien poco, pese al cierto respeto que aún le guardo a Ribó) disponen de un grueso y espeso expediente audiovisual que prueba lo que para mí -y para muchísimos ciudadanos- está claro que, en más de un caso y más de dos, son auténticos delitos. Imágenes que muestran a unos bárbaros acorazados golpeando bestialmente a gente pacífica, jóvenes, sin distinción de sexo, a mayores, a discapacitados… a todo lo que pillaron. Sencillamente, dieron rienda suelta a sus instintos psicópatas.

Ahora el conseller Puig se queja de tanta transparencia. Primero, se le ocurre lo de incrustar una cámara en cada casco de los tíos esos para grabar las trapazadas de los otros. Claro que lo que me pregunto es qué grabarán esas cámaras porque, ahora mismo, muchos le estamos pidiendo los partes de asistencia de sus famosos 37 policías heridos por la barbarie perroflauta, y los partes no aparecen por ninguna parte. Y eso sin contar que corrió la voz -sin pruebas, todo hay que decirlo, pero también con una cierta credibilidad- de que la inmensa mayoría de los presuntos 37 heridos lo fueron a manos de los bárbaros con porra, ya que eran… mossos d’Esquadra infiltrados. Y como lo de meter cámaras en los cascos de los tíos esos ha levantado muchas risas, muchas coñas marineras y mucha rechifla, al conseller Puig se le ve, final y gloriosamente, el plumero cuando clama por impedir que se difundan imágenes como las que le han metido en un compromiso. Es verdad, hombre: con Franco, los grises aporreaban mejor, más a gusto, y después del aporreo -en el que no era raro que acabara habiendo algún muerto que otro- todo el mundo boquita cerrada y sin chistar.

Lo único que parece que no es capaz de explicar el conseller Puig es cómo va a impedir que, ante una nueva tropelía de sus lansquenetes, la red vuelva a poblarse de grabaciones. Cómo va a impedir lo que en otras latitudes no se ha podido impedir ni cerrando Internet ni la telefonía móvil.

Siguen creyendo que la red es una cosa de geeks más o menos pirados. Me resulta curiosísimo: ni el éxito a nivel nacional del 15M, ni las acampadas, que han seguido ahí firmemente apoyadas por los ciudadanos, incluso por los que, como yo mismo, hemos criticado la presuntuosidad de muchas asambleas, ni el contagio de la iniciativa a otros países con sus ciudadanos en conflicto con sus políticos… nada, absolutamente ninguna evidencia palpable y constatable ha sido suficiente para que la gentuza de los partidos cambie el chip o, cuando menos, inicie algún movimiento, por leve que sea, en ese sentido. Siguen encastillados en sus parámetros del siglo pasado; toda evidencia les importa un rábano mientras puedan seguir medrando, pescando con artes de arrastre en el mar de la corrupción y dejando totalmente áridos los fondos de los bolsillos de las familias. Es lo único que les importa.

Ahora se disolverán las acampadas o quedarán reducidas a un par de tenderetes informativos. Ya toca. Nunca se pretendió -en los ámbitos racionales- que la palabra permanente fuera axiomática o que indefinida significase otra cosa que su tenor literal, es decir, sin fecha, pero sin implicar que la fecha no pudiera ponérsele a plazo determinado y no necesariamente eterno. Sol y Catalunya decidirán en las próximas horas -Catalunya lo estará decidiendo mientras escribo estas líneas- si levantan las acampadas, y hay muchas posibilidades de que decidan, finalmente, hacerlo. Los políticos lo celebrarán entonces como el final de algo. «Bueno -dirán- los niñatos y los perroflautas ya se han cansado y el problema ya se acabó. A seguir con lo nuestro, que aquí no ha pasado nada». No se darán cuenta, en su analfabetismo digital -y en no pocos casos, del otro-, de que aquí no se ha terminado nada y de que aquí han pasado muchas cosas. La red seguirá hirviendo, en la red se irán pergeñando proyectos -ya se está inventando algo para el 15 de octubre-, en la red continuará incesante la campaña contra la corrupción, contra la casta… Y esta vez no se partirá de cero. Si para lo que ahora termina se empezó hace tres meses y medio escasos con unos pocos miles de activistas y de oídos, ahora se va a empezar con centenares de miles de ellos. Si aquel maravilloso domingo del 15 de mayo pudo haber habido aún muchísima más gente que no acudió pensando que, como siempre, íbamos a ser dos o tres centenares, si no decenas, esta vez saben que las convocatorias están ya funcionando, que se han acreditado. A raíz del 15M y de los acontecimientos que han derivado de esa fecha, el activismo político apartidista (o, incluso antipartidista) se ha multiplicado en la red exponencialmente. El único requisito necesario para que el 15 de octubre ocupe de nuevo portadas, es que se geste con la misma inteligencia que el 15M, que se seduzca a a ciudadanía con mensajes muy escuetos que todos podamos asumir. No es difícil, ya hay doctrina, ya se hizo.

Si la chusma de los partidos no quiere caldo, tendrá dos tazas.

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Adenda primera – Los catalanes veíamos hasta hace pocos días a los Mossos d’Esquadra como una policía moderna con la que podíamos contar como un auxilio frente agresiones y problemas. Que tenían sus fallos y defectos, sí, que habían cometido algunas trapazadas, también, pero, en general, como una policía que sentíamos próxima y eficiente, sobre todo en la medida en que, en Barcelona, la Guàrdia Recaptatòria, ay, perdón, la Guàrdia Urbana, iba naufragando en las políticas represivas municipales contra el ciudadano y no contra los que agredían al ciudadano. Ahora ya miramos a los Mossos como si fueran los grises. ¿Que cómo mirábamos a los grises? Preguntad a vuestros padres. Y dadle las gracias al conseller Puig y a vuestros 350 compañeros que nos rindieron tan aplaudido servicio. Sólo vosotros sabréis, andando muchísimo tiempo, lo que os va a costar levantar esa imagen… si es que algún día llegáis a tener de nuevo la que hace unos días teníais.

Adenda segunda – Un aplauso, por cierto, para sus señorías, los jueces de esta ciudad: han archivado todas las denuncias contra los Mossos d’Esquadra porque no pueden ser identificados al no llevar expuesto su número de registro personal como es reglamentariamente obligatorio. Si se hubiera seguido el mismo criterio y el mismo ahínco en la persecución de etarras, atracadores de bancos, revientapisos y demás corporación del pasamontañas, ahora las cárceles estarían vacías, al menos de personal europeo.

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Comentarios

  • Jose Rodríguez  On 01/06/2011 at .

    Totalmente de acuerdo. Ahora creo que solo te ha faltado una cosita para terminar de redondear todo, aunque es verdad que has pasado por el tema. Si unimos la incompetencia-prepotencia-estupidez del señor Puig a las primeras medidas (estarían en el programa electoral?) del señor Mas al llegar a la presidencia de la generalitat creo que tenemos la foto completa: http://www.tarragona21.com/artur-mas-puja-12-000-euros-el-sou-de-set-carrecs-de-confianca-de-les-delegacions-territorials/

  • asmpredator  On 07/06/2011 at .

    Exacto los lerdos, son lerdos y como lerdos se quedan, España un pais gobernado por lerdos avariciosos y lame botas.
    Un gran pais desaprovechado por cuatro estupidos engreidos y embusteros, algún dia aprenderemos como evitar que pase de nuevo, de momento volvemos a votar al PP(yo no , pero de nada me ha servido), perpetuando así el bipartidismo simbolco de nuestra ineficaz y falsa politica.

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