Cops

De la serie: Esto es lo que hay

Desde mis tiempos de estudiante miro a la poli con cierta prevención. Porque me da la impresión de que los polis pertenecen siempre a una misma clase de gente, cualquiera que sea el régimen imperante, y no hay, realmente, ninguna diferencia, ninguna, entre los grises que irrumpían a hostia limpia en una asamblea en la que no se hacía más que hablar y los mossos d’esquadra que hace un par de semanas aporrearon gratuita, innecesaria e injustamente (entre otros adjetivos más gruesos asimismo aplicables) a los acampados de la plaza Catalunya o los nacionales que anteayer hicieron lo propio en Valencia. No sé cuál será el perfil psicológico de alguien que hace del atizarle a la gente pacífica una profesión de la que -en algunos casos- obtiene placer confeso, como el munipa barcelonés que lamentaba en Facebook no haber tenido ocasión de participar en el reparto de leches.

Hay otros polis, claro, los del sector to care & to protect, que acompañan a casa a los niños que se han perdido o que bajan del árbol al gatito que se pasó de la raya en su audacia. O que detienen a los cacos feos a los que los jueces ponen en libertad con irritante pertinacia. Los de este ámbito son útiles, qué duda cabe, pero siguen siendo gente lejana y ya está bien porque tampoco dejan de ser inquietantes. Supongo que su lejanía de la ciudadanía los hace gente de algún modo indeseable; no indeseable de la forma en que se aplica la palabra a un trilero, sino de otra manera, menos peyorativa seguramente, pero con su significado básico idéntico. Cuando hay polis cerca es que algo no va bien, malo… Y como pese a lo que no paran de prometer los bocazas de los políticos corruptos, no hay policía de proximidad, no sabemos sus nombres y apellidos, no sabemos de sus cualidades humanas, sabemos o nos imaginamos que son padres o madres de familia pero no los intuimos como tales…

Tengo, además de ese sentimiento que imagino bastante generalizado, mi experiencia personal. Hace algunos años, ocho o diez, desayunaba en el mismo bar en que, a la misma hora, desayunaba frecuentemente una docenita de miembros de la Guàrdia Urbana, siempre más o menos los mismos. Se atizaban unas tripadas acojonantes, aunque esto no es valorable: si habían estado trabajando toda la noche, era muy normal que, más que un desayuno, tomaran un sólido almuerzo. Pero me llamaban la atención dos cosas: una, el alcohol que circulaba por aquella mesa y que llegaba a ser licor fuerte que ellos mismos -había confianza con la patrona- sacaban del armario congelador, lo cual hacía que uno mirara con aprensión las armas que llevaban al cinto y los coches y motos que dejaban estacionados -indebidamente, por cierto- a la puerta del establecimiento; otra lo que hablaban, particularmente dos de ellos, que lo hacían a grandes voces (sobre todo a la hora del aguardiente helado) de manera que era imposible no enterarse de lo que decían y de lo que decían era imposible no deducir lo que uno deduce cuando lee lo del munipa de Facebook, lo cual hacía, nuevamente, que uno mirara con aprensión ya rayana en el miedo, las armas que llevaban al cinto. Las apetencias personales que explayaban los tíos -a veces secundados por una tía casi más grande que el armario congelador- respecto de cierto tipo de gente que no les gustaba (y que no necesariamente era delincuente, pero aunque lo fuera) eran como para ponerse a mear y no echar gota. Cierto: eran sólo dos -ocasonalmente tres- de una docena, pero, claro, los que en un momento dado te desintegran el colodrillo a puntapiés por un quítame de allá esa barba de rojo de mierda que llevas son esos dos o tres, justo cuando los demás están lejos o mirando para otro lado. No sé si me explico.

Supongo que ese sentimiento de desconfianza y lejanía -aparte de las atrocidades más que probadas- es el que llevó a que las imágenes bochornosas de la plaza Catalunya y de Valencia hayan circulado por toda la red, profusamente y a toda velocidad. Como desde esta mañana está circulando, incrementándose por momentos, la rechifla por la tremenda desarticulación de la cúpula de Anonymous, con profuso material gráfico tronchante, como la foto del heroico comisario mostrando sus pruebas incontestables o esa otra -de tan habitual morfología antiterrorista- del tremendo arsenal capturado a los peligrosísimos sujetos detenidos (que ya están en libertad, por cierto; con cargos, pero libres).

A mí me sabe mal, sobre todo porque el cachondeo alcanza ya desde este mediodía niveles internacionales y, por más polis que sean, a nadie le gusta que una institución de su país sea el hazmerreir de medio mundo allende fronteras, pero lo cierto es que llevaban años buscándose una así. Digamos que esta vez los hemos pillado con las manos en la masa de la presuntuosidad, de la manipulación y del analfabetismo digital en unos momentos en que, además, el ambiente estaba especialmente sensibilizado para ello, pero numeritos como estos los han montado en multitud de ocasiones, en todas las que han practicado tremendas redadas de piratas por decenas y hasta algún centenar que otro, para después ser puestos en libertad sin cargos por el juez, salvo, acaso, a dos o tres que, una vez procesados, resultaron absueltos con todos los pronunciamientos favorables. Ya estábamos acostumbrados a esas fotos y a esos titulares espectaculares (mucho más espectaculares que los que daban cuenta de que todo había quedado en agua de borrajas… cuando la carraca del sistema se digna dar cuenta, que es casi nunca), a veces con ministros y todo chupando cámara, como aquella impagable de Dixie con los héroes con chapa de la propiedad intelectual, autores de una de las gloriosas redadas de la señorita Pepis.

No he visto aún los medios, que supongo que hincharán el globo por encargo, sin darse cuenta -los encargantes– de que el único globo que se hincha es el del ridículo aunque, bueno, imagino que las audiencias de Belén Esteban tragarán la rueda de molino como quien comulga.

Mal servicio le hacen a la policía estos espectáculos. Yo comprendo que tengan que cumplir órdenes y que si las órdenes les obligan a perseguir a la ciudadanía común y corriente mientras los chorizos están tomando posesión de sus cargos por toda la geografía nacional, no les quedará otro remedio, a ver qué vida, pero se podrían ahorrar el espectáculo porque esto no le hace ningún bien a una imagen que, aún sin ridículos y sin brutalidades, ya es difícil de hacer simpática. Y si al espectáculo también van obligados, por lo menos disimular esa complacencia y esa satisfacción que se les escapa por todas las costuras.

La polarización entre la ciudadanía -ya entendida in extenso, más allá del estamento estudiantil o de unos alborotadores ocasionales- y las fuerzas policiales es otra señal de un estado de cosas alarmante, es como una subversión de las leyes a dos bandas, la constatación de que todo el orden, de que todo el ordenamiento ya no sirve, ya no responde a la regulación social que los justifica. Los ciudadanos ya no contamos con los políticos y los políticos sólo cuentan con la policía desencadenada. Mal asunto cuando las cosas llegan a otro extremo, porque es señal de que algo serio está llegando a su fecha de caducidad.

Esperemos que el canje del producto caducado se haga sin mayores problemas.

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Comentarios

  • Jordi  On 10/06/2011 at .

    Los requisitos para ser mosso d’esquadra son ser mayor de edad, tener el título de ESO i el certificado B de catalán (dicho certificado, convalidado con la EGB desde 1992, significa saber decir “bon dia” y poco más). El despliegue de la policía catalana se hizo de manera incompetentemente rápida e improvisada, con lo que durante muchos años (precisamente aquellos en los que la burbuja ladrillera generó puestos de trabajo en masa) hubo convocatorias de 1.300 – 1.400 plazas. Resultado: actualmente, la policía catalana cuenta con agentes que no servirían ni para gorila de discoteca pastillera.

  • Ryouga  On 10/06/2011 at .

    Pues yo tengo un par de routers en casa junto con varias CPU´s y revistas ,cree que estoy en peligro?

    😄

    Pero que redada, que ridiculo mas grande! cualquier dia cierran un mediamarkt por ser arsenal de terroristas….

  • Jordi  On 10/06/2011 at .

    Jesús Gil y Gil, que un garrulo mafioso pero no un precisamente un memo, siempre sostuvo que si quieres hacer feliz a un tonto, dále una gorra de plato y un uniforme. Tenía razón, y así nos va.

  • ovetus  On 11/06/2011 at .

    Te ha quedado un gran artículo.
    Lo que cuentas para esta profesión se puede extrapolar a muchas otras lo que denota que vivimos en una sociedad decadente y muy irresponsable.
    Un saludo.

  • Antonio  On 11/06/2011 at .

    Como bien dices son una minoría, pero la mayoría les arropa con su corporativismo y ello los hace iguales a nuestros ojos, al menos a los míos.

    Me gusta lo que dices y como lo dices.

  • gatopeich  On 12/06/2011 at .

    Bien dicho, Javier.

    Muy lúcida la observación de que esta chorrada ha sido encargada de un modo u otro por los corruptos que en estos días están repartiéndose los cargos ‘calentitos’. Sin duda han logrado desviar mucha atención ‘mediática’.

    Lástima que el tema de fondo aún sea la decadencia y no la reconstrucción… Qué ganas de que llegue! Y qué sensación de que aún nos queda mucho que sufrir…

    Mientras tanto, nos queda el sentido común y la calma que nos podamos aportar. Gracias por ello, y un saludo!

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