Carod-Rovira también se cabrea

De la serie: #nolesvotes

Pese a que nunca me han gustado -ni en lo que son, ni en lo que significan, ni en lo que pudieran representar- las ideas de Josep-Lluís Carod-Rovira, lo tenía por un hombre inteligente, culto y de recta intención, de aquellos que te hacen pensar que es digno de mejor causa, de los que te hacen observar una idea adversa desde un intento de comprensión: algo habrá en ese independentismo -me decía a mí mismo- cuando gente tan con cara y ojos como ese hombre siguen esa idea.

Ya antes de que un churro electoral catapultara su formación hacia un poder desmesurado, Carod-Rovira -él mismo, personalmente, ante mis narices- me había bajado unos cuantos puntos. Lo expliqué hace ya años en este mismo blog. Con ocasión de haber colaborado -junto con otras personas y entidades- con ERC en la elaboración de una proposición no de ley de implantación del software libre que ese partido presentó en el Parlamento catalán y que pocos días después presentó también en el Congreso de los Diputados (con una traducción mía al castellano, por cierto, para lo cual otorgué el permiso que, cortesmente -porque la divulgué bajo una licencia libre-, se me pidió, pese a que era una traducción muy mala realizada de urgencia para ser divulgada por la red), la formación me invitó más tarde, ya en la precampaña electoral de 2003, a un almuerzo en el que se presentó el programa electoral de ERC en materia TIC para aquellas entonces próximas elecciones. A los postres, Carod-Rovira tomó la palabra para demostrar que no se había enterado de nada y todavía no sé lo que en aquel momento se me desmoronó de aquel hombre: si su cultura -cualidad que comporta una cierta discreción y prudencia cuando no queda más remedio que hablar de algo que no se entiende- o su honorabilidad, al comportarse como un político profesional, en el peor y más deleznable sentido de la palabra. O ambas cosas.

Después, como decía, ERC accedió a una cuota de poder -una desproporcionada cuota de poder en relación a su representatividad electoral- y, en diversas ocasiones, anecdóticas unas y menos anecdóticas muchas más, Carod-Rovira se derrumbó ya completamente a mis ojos -incluso en lo concerniente a su cociente intelectual- y, con él, cualquier leve y mínima posibilidad de racionalidad o de seriedad que, aún bajo una simple presunción como de inocencia, hubiera yo podido otorgar en algún momento al independentismo catalán. Sumado, además, a la acción de gobierno, allá donde la tuvo en sus manos, del independentismo. Adiós, muy buenas, archívese en la «P».

Ahora carga contra el #15M (enlace en catalán). Bueno, está en su derecho. No es el único y, además, hay que considerarlo, desde cierto punto de vista, lógico, toda vez que el #15M ha nacido contra la actual clase política. Podríamos decir que el #15M es un fenómeno nacido contra gente como Carod-Rovira (entendiéndolo como parte de un colectivo, no como algo específicamente dirigido contra él mismo). En estas condiciones, no podríamos pretender, obviamente, que Carod-Rovira aplaudiera el #15M.

Lo que sí cabría esperar, si es que aún quedaba algo de lo que, a mis ojos, hubo antaño, es que esa crítica se produjera desde la inteligencia y no fuera, por las buenas, una simple concatenación de burradas. Y, en algún párrafo, una manifestación tan diáfana de estulticia y de ignorancia que ni siquiera pueda ser achacada a una maliciosa manipulación política de la historia.

Atribuir una orientación sexual al «Tanto monta, monta tanto» puede pasar como sarcasmo; estúpido y barato, pero, bueno, simple sarcasmo. Pretender que una hipotética nación catalana pudiera indignarse con los Reyes Católicos cuando, justamente, jamás la Corona de Aragón y la propia Catalunya llegarían tan alto como con ellos, cuando las tropas de Castilla, mandadas por un cordobés (quizá el único verdadero genio militar que ha dado la historia de España a la universal), conquistaban reinos enteros -Nápoles, por ejemplo- para el escudo de las cuatro barras, es simple y puro analfabetismo. Pretender una indignación catalana cuando Fernando II, desde la Corona de Aragón -que no la de Castilla, que andaba en sus cosas-, imponía su ley en toda Europa a entera satisfacción e interés de navegantes y comerciantes catalanes, es, además de signo de una mala fe tremenda, sencillamente no saber hacer una «O» con un canuto. Carod-Rovra debe ser de aquellos que cuando miran los artesonados del palacio de la Aljafería exclaman -como yo he oído exclamar, y más de una vez- aquello de «¡Hostia! ¡El yugo y las flechas! Pero ¿no se habían prohibido todos los emblemas de la Falange?»

La misma mala fe y la misma ignorancia supina que trasluce su pretensión de que el #15M es un fenómeno español; español, no como constatación geopolitica -en cuyo caso sería una afirmación exacta- sino por oposición a lo catalán. Claro: los españoles tienen muchísimas razones para estar indignados; los catalanes -debidamente segregados de los españoles no sé por quién- no. Los catalanes vivimos en el séptimo cielo, los catalanes vivimos en una Arcadia feliz y maravillosa de justicia y beneficencia a lo constitucional gaditano; el único grano en el culo que tenemos los catalanes, mecachis, es esto de tener que ser españoles. Hay que joderse. Porque la Catalunya libre y feliz de Carod-Rovira no estaría -¡qué va!- en manos de los mismos sinvergüenzas y agiotistas que España, no estaría en manos de los bancos (¿se cambiaría el Banco de Santander su razón social por la de «Banc de Vilanova i la Geltrú» en homenaje al nuevo régimen o seguiría haciendo beneficencia con su misma denominación?), no estaría en manos de los lobbys (obviamente los mismos, además), no sería una colonia norteamericana de segundo orden, no se impondría la contención salarial, si va bien para que vaya mejor y, si va mal, por eso mismo; no habría corrupción económica ni política (como si no la hubiera ahora y en perfecto catalán). ¡Anda ya!

Se duele de que la mayoría de los carteles y de la expresión del movimiento en la propia Catalunya sea en castellano, ignorando con ello -de mala fe- muchas realidades insoslayables: la primera, que el castellano es una lengua de comunicación muchísimo más potente que el catalán, cosa que tiene mucha importancia cuando se desea -y se desea, y se consigue- que el #15M sea recogido por los medios de comunicación internacionales; la segunda, que el castellano es la lengua materna de más de la mitad de los catalanes. Esto último es particularmente doloroso para los catalanohablantes, los más moderados de los cuales tememos por nuestra lengua a medio plazo histórico (un siglo, quizá dos, con suerte), pero que tampoco podemos, honradamente, propugnar imponerla a saco, lo que constituiría un genocidio cultural (o quizá del otro) y además, con toda seguridad, una estupidez. Siempre que sale este tema, recuerdo la queja nacionalista que surge, a la luz de la inmersión lingüística en catalán, cada vez que aparecen estadísticas que constatan el retroceso social del uso del catalán: «hemos ganado el aula, pero hemos perdido el patio». Por eso yo me hice voluntari lingüístic: porque se hace muchísimo más ofreciendo el catalán como algo amable y acogedor, como se ofrece una flor, que imponiéndolo con fusta de gestapo. Desde este punto de vista, Carod-Rovira (y quienes actúan como él) le hace mucho más daño al catalán que Intereconomía, TeleMadrid y la COPE juntos. Ni siquiera en una Catalunya independiente -y eso lo sabe Carod perfectamente- podría evitarse que el castellano fuera lengua cooficial. No segunda lengua ni lingua franca (papel reservado al inglés), sino lengua cooficial. Así que los fariseísmos, al culo.

En su ignorancia de la historia (como carencia cultural o como hecho deliberado), Carod-Rovira vuelve la cabeza al otro lado de algo que él vivió: la supervivencia del catalán frente a la inmersión lingüística en castellano, no como un ansia cultural sino como una manifestación de resistencia. Él y sus secuaces (o sus padrinos) están llevando exactamente a lo mismo con el castellano, lo que es un factor adicional contrario a la pervivencia del catalán.

Es por ello, por el hecho de que hay muchísimos catalanes castellanohablantes, más de la mitad de la población, que su queja más que implícita de que la plaza de Catalunya –centro simbólico del país, dice él- ha sido ocupada por la extranjería, se queda en un patético cacareo de frustración decimonónica a la salud de la osamenta de Valentí Almirall. En su ceguera, ignora -no sé si por estupidez o por pura mala fe- que en la plaza de Catalunya no hubo banderas catalanas, es cierto, pero tampoco españolas ni de ningún otro país o signo. La bandera es algo que, en el contexto del #15M, cada cual lleva en el corazón (la suya, lógicamente, sea ésta cual sea), pero que no se externaliza por un pacto implícito: interesa lo que nos une, no lo que nos diferencia. Nadie alardea de nacionalidades, ni de regionalidades, ni de partidos, ni de sindicatos: eso es algo que vendrá después, en la normalidad política a la que todos aspiramos. A la normalidad política, ya se entiende, en condiciones, no a ese chafarriñón que hay ahora y del que Carod-Rovira forma parte aún.

Así que, hala, don Josep-Lluís, a otro perro con ese hueso y siga durmiendo el sueño de los perdedores, que es lo que le corresponde.

Y no se me corone de espinas, que no cuela.

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Comentarios

  • Humbert  On 18/06/2011 at .

    Gracies senyor !
    Has puesto palabras a mis pensamientos cuando leí las declaraciones de Carod. O miento, en realidad pensé : lo quieres en catalán…”doncs ves a cagar a la vía !”
    Ni él ni muchos de su troika son capaces de enterarse de qué nos quejamos, con quienes y porqué estamos indignados, y porqué anteponemos todos estos sentimientos a otros que también llevamos dentro, como la lengua, la senyera, el país, la independència… En cambio ellos siguen interesados en utilizarlos.
    Y quién sabe ! si la “revolución” que acaba de empezar tiene un largo recorrido y llega a destino querrá decir que no sea necesario plantearse independencias porque todos habremos recuperado nuestros derechos y seremos capaz de “gobernar todos y para todos” . Claro, éso a “ellos” no les cabe en la cabeza…
    Un saludo !

  • Jordi  On 18/06/2011 at .

    Carod no se entera de nada no porque sea independentista, sino porque es un político. Seguramente, si leemos a añgún otro lumbreras que esté en el PP o en Ciudadanos, nos encontraremos con más o menos lo mismo.

    PD. Yo estuve un par o tres de veces durante el 15M y allí la gente hablaba tanto en catalán como en castellano. No mentemos el tema lingüístico, por favor, que con la caverna no-nacionalista española ya tenemos suficiente.

  • miguelc  On 20/06/2011 at .

    Cargan contra el 15-M desde izquierda y derecha.

    Me parece lógico, al fin y al cabo este ataca al chanchulleo de los políticos en general, no importa el bando.

    Pero hay algo que me chirría. El rechazo no viene sólo de políticos profesionales, sino también de parte de la ciudadanía.

    Eso me parece sorprendente. La mayoría de los españoles, de izquierdas o de derechas, hace tiempo que nos hemos dado cuenta (y nos quejamos) de la baja calidad de nuestra democracia, y lo lógico sería que desde ambos lados se apoyara la idea de una regeneración democrática (y se tuviera cierta simpatía con quienes la preconizan, como el movimiento 15-M) … pero no es así.

    Entre familiares y conocidos, en los medios, y en blogs y chats, observo que un significado porcentaje de los que se declaran cláramente de derechas están un tanto rabiosos con las movilizaciones ciudadanas del último mes y medio.

    ¿Por qué?

    Tengo una teoría … es simple egoísmo.

    La izquierda ya tiene poco que perder, el poder se les escapa como agua de entre las manos y poco pueden hacer, así que sus “hooligans” pueden permitirse el lujo de dar rienda suelta a su hasta ahora adormecidos sentidos éticos.

    Pero los “hooligans” de derechas, en cambio, casi saborean ya el poder, y tienen miedo de que todo esto ponga en peligro su ascensión a la cima, y la ética les importa en estos momentos un pimiento.

    Es decir, es una simple cuestión de miedo e interés. Parece que sólo se comporta éticamente quien que no tienen nada que perder.

    Quizás deberíamos empezar a plantearnos si eso de “no hay pan para tanto chorizo”, no sólo va por los políticos, que, a lo mejor, nosotros, la ciudadanía, también necesitaríamos de una buen fregado ético.

    P.D. Y por si a alguien le da por pensarlo: No, no soy de izquierdas … aunque de “esas” derechas tampoco … ni de coña.

  • Anónimo  On 22/06/2011 at .

    Tenemos que aprender a sumar y olvidarnos de restar. Ver aquello que nos une más que lo que nos separa.
    Nosotros los de la clase “tropa”, tenemos muchos intereses comunes, al margen de nuestro idioma, raza, tradiciones, etc., y a los que no tenemos que renunciar, pero no pueden servir para separarnos.
    No precisamos tener ninguna bandera.
    Y es mentira que exista la izquierda y la derecha, ya no, existe una clase política que nos engaña y maneja, y es contra eso por lo que debemos luchar. Por una clase política que respete nuestros derechos y no nos robe.
    Gracias Javier, como siempre acertado y claro en tus comentarios.

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