Víctimas

De la serie: Pequeños bocaditos

De un tiempo a esta parte, me da la impresión de que muchos aspectos -ya demasiados- de la vida pública están mediatizados por las víctimas de esto o de aquello. En política vasca, por ejemplo, no puede darse un paso, en ningún sentido, sin que las víctimas del terrorismo tengan algo que decir. Ahora con la cuestión de devolver el límite de velocidad en autopistas y autovías a 120 Km/h también parece que tienen algo que decir unas no sé qué víctimas de los accidentes en carretera, que, obviamente, ya tuvieron también algo que decir cuando la medida fue en sentido inverso.

Y, mira, lo siento, pero empiezo a estar hasta los cojones de tantas víctimas. De unas más que de otras, porque lo cierto es que mientras las víctimas del terrorismo son inocentes per se, no puede decirse lo mismo de las víctimas de la carretera, cuya inocencia o culpabilidad habría que revisar caso por caso. Porque manda huevos que un señor o señora que se dio la gran hostia circulando a 190 y/o pensando en las musarañas y/o con un exceso de priva en sangre y sufre ahora una paraplejia con pensión anexa a cargo de la Seguridad Social que va a costa de mis cotizaciones, pretenda hacerme admoniciones cuando exijo que el límite de velocidad regrese al punto del que nunca debió salir o cuando propugno que se alargue, como en otros países europeos, en 20 Km/h más. Me irritan tremendamente los sanpablos, los caídos del caballo, las putas arrepentidas que dedican su cutre vida -cuando ésta las retiró a la fuerza- a que no folle ni el potito. Habrá su sector inocente, qué duda cabe -viudas, huérfanos, afectados que no fueron culpables del trastazo que los hizo polvo…-, pero me subleva que nadie se constituya en lobby presuntamente cívico al simple y único efecto de pasar por encima de los demás ciudadanos, de tener una autoridad pretendidamente mayor que los demás.

A mí me parece muy bien que la AVT se ponga como una moto cada vez que excarcelan a un etarra (incluso aunque éste haya cumplido su condena de acuerdo con la ley) porque estos señores buscan una más que justificada venganza y por esto puedo comprender -y hasta simpatizar con ello- el que aún contra todo derecho y toda lógica pretendan que el cabrón en cuestión pase en presidio los mil o dos mil años a los que fue condenado. Hasta ahí. No soporto y no tolero, en cambio, que estos señores pretendan pontificar, en un plano superior al del común de los ciudadanos, qué debe hacerse y qué no debe hacerse en materia de política vasca o en relación al País Vasco. Que digan lo que quieran en tanto que simples y corrientes ciudadanos de número, que voten -no faltaba más- lo que les dé la gana y que nos dejen en paz. Porque la vida sigue, las cosas evolucionan, lo que estaba claro hace veinte años ha cambiado ahora (o cambió hace cinco, o diez), y no podemos estar funcionando perpetuamente en cerrazón total porque unos hijos de puta le pusieran al tío Fermín una bomba lapa en 1976. Descanse en paz el tío Fermín, ríndase tributo de dolor y de admiración a su memoria y al sufrimiento de sus familiares, paguen sus asesinos lo que tengan que pagar como en derecho sea procedente, indemnícese a sus deudos como es debido y hagamos la política de 2011 con la vista puesta en 2021, en 2031, en 2041 o hasta donde alcance la visibilidad… Si a los familiares de don Fermín no les gusta, quéjense en buena hora -como me quejo yo cuando me aprieta el zapato- y voten en consecuencia, pero no pretendan que por ser los sobrinos de don Fermín su voz haya de valer más que la mía cuando la cosa no va estrictamente de los hechos que llevaron al tío Fermín a la tumba. (Nota: el «tío Fermín» es un personaje genérico -más que «supuesto»- pero no específico; si resulta que hubo un Fermín víctima del terrorismo en 1976, disculpas a quien proceda: no me estaba refiriendo a ese concreto Fermín ni, de hecho, a ningún otro).

Ya he hablado alguna vez en esta bitácora del síndrome de Madres de la Plaza de Mayo (que pretendieron meter las narices en la política argentina como ciudadanas más cualificadas que los demás, incluso en aquellos aspectos que para nada tenían relación con su concreta circunstancia), hasta que la tía esa, Hebé de Bonafini -como se hace llamar sin el consentimiento del Bonafini que es su ex-marido-, se cargó el tinglado cocinando en él un pastel de estupidez, de mala fe y de corrupción.

Si así pienso en relación a las víctimas del terrorismo -que, por todo lo demás, son cosa muy seria-, calcúlese lo que puedo pensar de las víctimas de la carretera, ese empedrado de culpabilidades arrepentidas e inocencias irredentas, que pretenden imponerme a mí -y a millones de ciudadanos-, normas de comportamiento o limitaciones a nuestros derechos primigenios. Pues no. Quiero poder circular a 140 Km/h en autovía y autopista; entiendo que los trazados y los vehículos actuales -incluso los ya no tan actuales, si están bien mantenidos- lo permiten con un plus de riesgo mínimo (la prueba está en la muy inferior accidentalidad en autovías y autopistas en relación a otras vías, y en la marginalidad de la causa «velocidad» como motivo de esos accidentes en relación a otros fenómenos como las distracciones, el sueño, el alcohol u otras causas que provocaron el trastazo a 120 igual que lo hubieran provocado a 100 o a 140) y teniendo en cuenta, además, que circular a velocidad máxima no es obligatorio (siempre, al menos, que se recuerde la existencia del carril de la derecha) y que quien quiera levantar el pie del acelerador puede hacerlo sin más. Reconozco su derecho como ciudadanos -es decir, como el mío- a exigir que no se permitan esos 140 y, aún más, que el límite descienda por debajo de los actuales 120. Pero no reconozco -en modo alguno- que su silla de ruedas, su viudedad, su orfandad, su drama personal -que, desde luego, está claro como tal y lamento- confiera una mayor credibilidad o atendibilidad a sus reivindicaciones.

Hasta ahí podríamos llegar.

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Comentarios

  • Manuel Goti  On 29/06/2011 at .

    Comparto su reflexión y aplaudo la valentía que ha tenido en publicar un texto tan “políticamente incorrecto”.

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