Vae victis!

De la serie: Correo ordinario

Llevo una semana sin postear por aquí, una semana difícil y complicada, no en el mal sentido de la palabra (en algún caso, incluso al contrario), pero difícil y complicada de cualquier modo. Ello no me ha impedido mantenerme al corriente de lo que está pasando y, desde luego, del asunto que sigue llenando blogs, foros y redes sociales, además de medios convencionales.

Y me vienen sensaciones que ya había sentido antes en otros ámbitos.

En primer lugar, la del árbol caído. La $GAE era una fortaleza intocable; quizá lo siga siendo, porque, pese a lo sostenido por algunos ilusos de más o menos buena fe, la $GAE está lejos de haberse desmoronado. Pero sí se ha caído aquella impresión que teníamos todos sobre su invulnerabilidad. El enemigo sigue siendo colosal, pero ya sabemos que puede ser herido y si puede ser herido es que puede ser muerto. No fácilmente, al contrario, pero constatar que se le puede herir es ganar media batalla. Media. Hay que librar la otra.

Sin embargo es cierto que, causada la herida, que tiene la importancia que tiene, y no más ni menos, sí que puede ser la causa de una gran pérdida de sangre mucho más caudalosa de lo que la herida en sí hacía prever. Se tira de hilos y aparecen más cosas.

La UCO y el juez Ruz continúan con su trabajo, que no ya genera titulares importantes, aunque sí algún ocasional sobresalto mediático, cuando hemos sabido que el tal Ramoncín ha sido citado a declarar, de momento, por la Guardia Civil; después, ya veremos. Porque, claro, el tal Ramoncín -en compañía de otros- perteneció a la Junta de la $GAE en los años de autos y autorizó con su firma -junto con la de otros- la rendición de cuentas, de las mismas cuentas que se ven ahora comprometidas. Y, bueno, claro, ahora es aquello de que era un acto rutinario, de que las cuentas venían pre-aprobadas por técnicos que eran de nuestra total confianza y de otras excusas de mal pagador que, por otra parte, pueden perfectamente ser verdad. Todos hemos firmado documentos sin leerlos, como actos de mera rutina, porque confiamos en quien ha confeccionado y/o revisado el documento, y todos hemos pasado a firma documentos que han sido firmados sin más, porque el firmante confía plenamente en nosotros. Y nunca pasa nada… hasta que pasa. Y entonces es cuando hay que hablar de la responsabilidad del que firma, porque, claro, con toda la buena fe y la confianza, si al firmante no se le pueden exigir responsabilidades… ¿de qué sirve la firma? ¿Para qué tanta tabarra de firmar documentos, a veces hasta por dos y tres estratos de una pirámide jerárquica?

Leía esta mañana un artículo en «El Cultural» que describe cómo Santiago Fajardo, el que ha sido arquitecto de cabecera de la $GAE durante veinte años, pone luz y taquígrafos a las miserias de la entidad a cuenta del conflicto que sostiene con ésta por el asuntillo del Auditorio de Sevilla, otro faraonismo inmobiliario de Arteria, una de las entidades de acompañamiento de la $GAE -integrada en ésta- por cuya investigación se clama cada día con más insistencia porque -se dice- ahí circula mucha pasta y ahí podría estar el quid no de la cuestión sino de varias cuestiones. Y de esas declaraciones de Fajardo, nos enteramos (o me entero), por ejemplo, de que Emilio Cabrera máximo responsable económico de Arteria desde el 2006 (sic en el artículo enlazado) es primo hermano de Teddy Bautista. Feo detalle. A lo mejor inofensivo, vete a saber, pero así, por de pronto, feo, feo… Y, en fin, el fondo de la cuestión y origen del lío con ese coliseo sevillano, es que Fajardo no quiere firmar el certificado de fin de obra y la liquidación económica precisamente porque no le dan acceso a las cuentas que justamente tiene que avalar. Feo, feo. A lo mejor es que Fajardo no las pidió «por favor» y todo el problema es esa cuestión baladí 😉 pero feo, feo… Porque resulta que el presupuesto original es la friolera de 42 millones de euros partida a la que -Fajardo dixit en el artículo enlazado, no yo- Quintanilla, director técnico de la $GAE, ha trasvasado gastos que son del equipamiento a la obra civil (sic en el artículo enlazado). En todo caso, parece claro que Arteria, que maneja millonadas a cascoporro, debería ser investigada con una lupa así de grande, y tengo mis esperanzas de que el juez Ruz y la UCO lo estén haciendo.

Todo eso unámoslo a otro hecho: hasta este momento (repito: hasta este momento) el juez ha pillado indicios de cosas raras -presuntamente delictivas, obviamente, y por eso hay imputados- por importe de veintipico millones de euros, no llegan a treinta. Yo no sé a cuánto podría ascender el monto total real del presunto fraude, pero sí tengo claro que con todo ese entramado societario que en su día puso al descubierto Ana Tudela en «Público» y, partiendo del cual, sumadas anteriores y ulteriores investigaciones, provocó la denuncia ante la Fiscalía Anticorrupción de la AI, AUI, APEMIT y VACHE, con poco menos de treinta millones de euros no se pagan -déjame exagerar un poquito- ni los gastos de notario. En ese embolado tiene que haber muchísimo más dinero y me figuro que es lo que la UCO, el juez Ruz y la Agencia Tributaria (nos olvidamos de ella, pero también está sobre el asunto y un par de sus inspectores participaron en el registro del palacio de Longoria) están buscando o intentando a la luz en medio de ese liadísimo mar de papeles, justificantes y contabilidades en el que están navegando.

Otra sensación que tengo -me ha pasado otras veces, en otras ocasiones, en otras guerras sin relación con esta- es una cierta compasión por el vencido. Llámame panoli, pero soy así. Me tiro años y años guerreando contra algo o contra alguien y cuando, por mí mismo o en equipo con otros, logro vencer, entonces me da pena el malo de la película. Pero ojo, no me da pena en su desgracia -merecida siempre, desde mi punto de vista, como es lógico- sino en su soledad. Porque es entonces cuando se contempla el bochornoso espectáculo de los enanos, de las ratas y de los hijos de la gran puta escupiendo sobre el cuerpo maltrecho y quebrantado del vencido, los mismos enanos, ratas e hijos de la gran puta que hace escasos días, incluso escasas horas, lo jaleaban y lo aplaudían, incapaces de otra cosa que de ponerle el culo. La guerra contra la $GAE, la empezamos cuatro con un burrito, como aquel que dice. No, mejor dicho: la empezó la $GAE. Como tantas veces he dicho, nosotros estábamos tan tranquilos batiendo el cobre contra la Telefoníca cuando la $GAE nos amaneció con el canon sobre los dispositivos de almacenamiento digital, contra el que nos sublevamos porque veíamos venir lo que luego sistematizaría el estudio econométrico de la Universidad Carlos III, citado también hoy en «La Vanguardia» por el profesor Castells. Pero, bueno, bajo el cínico principio de que la guerra no la provoca el que ataca sino el que se defiende, digamos que cuatro internautas -en puridad, la Asociación de Internautas, Hispalinux y tres o cuatro independientes- empezamos una guerra en la que, al principio y durante mucho tiempo, no recibimos más que palos. Sabemos lo que es la soledad. Fuimos impunemente insultados, considerados como vulgar escoria, piratas y geeks sin conciencia, estúpidos techies, acróbatas del todo gratis… Y todo ello por muchos, por muchísimos, de los que hoy juegan a balompié con la cabeza del Bautista. Los nombres están en la mente de todos, sus declaraciones, también. Su grandeza humana también ha quedado patente y evidente. A otros, siendo igual de canallas, no se les nota tanto: esa patulea inacabable de tertulianos de comedero y sueldo fácil de periodismo aprendido en las escuelas de circo.

Es entonces cuando recuerdo aquella frase de Ramiro Ledesma (sí, ya sé que es un maldito, pero a quien no le guste, que se joda) que tantas veces he citado aquí (y que tantas veces he tenido que aplicar sobre mí mismo, que he llevado mi cuota de derrotas): «La categoría de vencido sólo se adquiere después de haber luchado, y esto es lo que distingue del desertor y del cobarde». Y que podría aplicarse -con la adaptación correspondiente- al vencedor. Ahora todos hemos vencido, pero en 2003 (y no te digo nada uno o dos años antes, cuando no se veía mucha agua pero el río ya bajaba ruidoso) a los combatientes se nos podía contar con los dedos de una oreja. Y espera a ver qué pasa cuando, superada para bien o para mal esta batalla, la guerra continúe.

En fin, que cuando la orquesta toca el ritmo del sinvergüenza, la pista de baile se llena.

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Comentarios

  • Monsignore  On 11/07/2011 at .

    … si te sirve de consuelo, habitualmente encuentro esa cita de Ledesma atribuída… a Makinavaja.

    ¿Comentarios? Muchos, pero difícilmente reproducibles…

  • miguelc  On 12/07/2011 at .

    “esa patulea inacabable de tertulianos de comedero y sueldo fácil de periodismo aprendido en las escuelas de circo”

    No se puede expresar mejor el desprecio que me inspiran el 99% de los susodichos (y me importa un pijo si son “de los mios”, “de los otros”, o sin son marcianos).

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