Puticlub

De la serie: Esto es lo que hay

Pese a mi aparente inmunidad a los espantos, hay veces que me asusto, que me asusto de verdad. Asustarse, en mi personal lenguaje -y creo que en el común- es algo que va mucho más allá de «preocuparse». Preocupado sí que lo estoy, desde hace mucho tiempo y cada día más, pero lo de hoy es verdaderamente de susto, sobre todo si uno le da algunas vueltas. O sea que vamos a darle vueltas.

¿Qué me ha asustado hoy? Pues que Cospedal (PP), la nueva presidenta de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, ha empezado a abrir cajones y se ha encontrado con que las facturas pendientes, cifradas por Barreda (PSOE), su antecesor, en 700 millones de euros, que ya está bien, resultan ser en realidad más de 2.600.

Después clamamos por esos mercados tan especuladores que nos suben la prima de riesgo mientras los políticos, incluso los de la oposición, dicen que eso es injusto, que nuestra economía no está tan mal y que somos víctimas de los tiburones de los mercados. Si se suma este desmadre del dinero público al desmadre de la economía sumergida y a un paro absolutamente desproporcionado (sin excluir que esa desproporción y el altísimo índice de economía sumergida tengan una relación directa y, además, en ambos sentidos), concluimos que este país es un desorden total. Que lo que está pasando aquí es insostenible.

Ha llegado la hora de establecer sin timidez alguna que el Estado de las autonomías es un soberano fracaso. Eso es un clamor tradicional desde la derecha pero es que la culpa de que exista el puñetero Estado de las autonomías es precisamente de la derecha, que obligó al famoso café para todos cuando resultaba que el café no lo quería nadie, unos por poco y otros por demasiado. Hay no pocas regiones españolas que han sido autónomas a la trágala y eso me consta por vivencia personal de Asturias, donde la autonomía no la quería más que una minoría pseudo-nacionalista; en otras regiones no viví el proceso en tiempo y presencia pero tengo referencias muy cercanas -por matrimonialísimas razones- de Aragón, donde también el asunto fue recibido con un encogimiento de hombros… donde no hubo franca aversión a la idea; y, en fin, de otras más en las que no tengo vínculos directos o tan directos, también supe -y he seguido sabiendo- de escepticismo y de sarcasmo. Más cercanamente, recuerdo que el traspaso de las competencias de gestión de la sanidad pública a todas las comunidades autónomas despertó muchas más reticencias que entusiasmo, y en alguna, incluso oposición. En consecuencia, salvo algunas comunidades que reivindicaron la autonomía (por lo menos, la autonomía) como algo esencial, como un derecho histórico sine qua non para su adscripción a un proyecto constitucional -el País Vasco y Catalunya, desde luego, y Galicia y Andalucía… bueno, ya a lo sumo- lo que sucedió en las demás fue que se creó una estructura que financió la juerga particular de los caciques del bipartidismo. Incluso en las autonomías históricas, parece que la única que tiene las cuentas claras y una marcada diferencia de desarrollo económico y quizá social es -qué casualidad- una de las que tiene concierto económico; en Catalunya, fue tradicional el clientelismo pujolista, cuyas alfombras están aún por levantar, y aún nos escuece el trasero como consecuencia del saqueo económico que practicó el tripartit. Y tiemblo pensando en lo que ocurrirá cuando llegue el PP al Gobierno de Andalucía y empiece a tirar de la manta, una manta que todas las trituradoras de papel del mundo serán incapaces de destejer.

Por lo demás, si la izquierda se ha dedicado a repartir dinero [nuestro] a espuertas para comprar política y económicamente la gran vida que se ha dado allá donde ha pillado cacho, la derecha tampoco ha sido manca. La región valenciana es un cenagal con un déficit a nivel de récord europeo -desde luego, el absoluto español no hay quien se lo quite- y, además, con medio staff -empezando por el mismísimo número 1- imputado judicialmente en una trama de corrupción muy seria cuyo alcance aún se desconoce; también encanecen el pelo las cifras del Ayuntamiento de Madrid, masacradas por el faraonismo de Gallardón, para cuyos fastos -pretensión olímpica incluida- parece no haber límite financiero.

Todo esto en medio de un panorama general que configura una administración local -con independencia de partidos concretos- en la más absoluta ruina. Un ayuntamiento como el de Sitges, con casi 30.000 habitantes de derecho -no quiero ni pensar los que, de hecho, debe haber a fecha de hoy mismo, porque es una villa turística donde las haya- suspendía pagos el otro día y los municipios españoles en quiebra técnica -o más que técnica- se cuentan por centenares. La autonomía municipal -a todas luces excesiva, sobre todo para ayuntamientos pequeños y medianos- ha llevado a que analfabetos funcionales hayan llegado a gestionar (es un decir), sin control ni freno alguno, y gracias al ladrillo, presupuestos que en la empresa privada manejarían equipos enteros de expertos de alto nivel académico.

Y si esto lo veo yo, si esto lo vemos casi todos (porque no hay más que mirarlo para verlo), con mayor razón lo verán los factótum de los mercados financieros. Que serán unos tiburones, unos especuladores, unos delincuentes, unos saqueadores, unos gángsters… lo que se quiera; pero de buen seguro no son tontos y ellos también pueden ver, aún con mayor precisión y alcance, este desastre. No, los 370 puntos de prima de riesgo que alcanzamos ayer, el 6,3% de interés de la deuda (a ver a qué tipo se coloca hoy, que hay subasta, si es que logra colocarse) tan próximo a ese 7% que dicen que es el límite del colapso, no son una casualidad ni se trata únicamente de un fenómeno especulativo. España es una perfecta casa de putas y los indicadores responden con toda precisión al putiferio en que se ha convertido esto.

Parece que, por fin -y ojo, que insisto en lo de parece, no voy a pecar de ingenuo a estas alturas-, los dirigentes europeos se van a poner las pilas en clave precisamente europea y van a acerrojar posiciones en defensa del euro y, en definitiva, de la propia Europa. A ver qué pergeñan porque, desgraciadamente, este tipo de asuntos no se soluciona solamente a base de desearlo mucho. Pero es que el problema europeo es una cosa y el problema español es otra, aunque incardinada y, de hecho, añadida. Aquí tenemos mucha tendencia a colgarnos del clavo ardiendo europeo y pensamos que nos salvará de la mierda las pocas ganas de mierda que tienen, entre otros, los alemanes y los franceses. En parte, sí, va a ser así -en su caso- pero esta vez, en lo que a nosotros respecta, no va a ser suficiente.

No va a ser suficiente ni se va a arreglar el problema a base de listas abiertas (en las que, por otra parte, creo poco, porque conozco la pereza mental -y de la otra- de mis paisanos y no creo que ejerzan la oportunidad de ir tachando y añadiendo), sino con una regeneración total del sistema. Me temo -vaya, espero- que el #15M haya de volverse muchísimo más exigente. Veo el cambio constitucional radical como algo inevitable, algo que va a llegar sí o sí y que solo nos permite dos opciones: o emprenderlo prácticamente ahora mismo, cuando aún nos quedan energías y algo de tiempo, o esperar a que la mierda nos llegue a las orejas y tengamos que emprender esa tarea deprisa, mal y, encima, arrastrando a saber qué traumas. Hay que sanear a fondo y pronto este país. Hay que cambiar el sistema político, pero también el territorial. El territorial regional y el territorial municipal. Articulada de un modo u otro, ha de haber una España de régimen común (todo lo descentralizada y desconcentrada que se quiera, pero de régimen común) y otra España de régimen autonómico compuesta por Catalunya, el País Vasco y (si cabe y)… por una o dos regiones más, a lo sumo, que hayan acreditado, sin comedias ni monas vestidas de seda, una tradición, una necesidad y una viabilidad para el modelo. Y el régimen autonómico, por supuesto, articulado en torno al concierto económico con cada comunidad autónoma. En lo que respecta a la territorialización local, es evidente que el número de municipios debe reducirse, y mucho. Es excesivamente frecuente que una zona absolutamente homogénea con un número de habitantes pequeño o moderado, con una economía común y con una necesidad de servicios idéntica, esté dividida en media docena de municipios, todos ellos inviables por sí mismos, mientras que uno sólo respondería a los criterios de eficiencia más académicos; hay, pues que emprender la agregación de municipios de forma masiva. Y tras ello, someterlos a tutela, sobre todo en lo urbanístico, tanto más estricta cuanto más pequeño sea el municipio, otorgando incluso capacidad de veto en algunas materias -obviamente supervisado y recurrible- a los secretarios-interventores de Administración Local (con la lógica carga de responsabilidad inherente al poder que se les entrega).

También habría que reformar -y a fondo- las administraciones públicas, estableciendo en ellas jerarquías profesionales separadas del ámbito político, a cuyas cimas se accediera desde las escalas profesionales y no desde los partidos políticos; tecnificarlas, modernizar sus procedimientos -abreviándolos, desde luego- y, en fin, haciéndola capaz de responder con rapidez y precisión a las necesidades de los ciudadanos, de las empresas y de la sociedad civil.

Hay que reformar -hasta las trancas- el poder judicial, la judicatura y el derecho procesal en todos sus ámbitos.

Hay que establecer una separación real de poderes y articular mecanismos reguladores que garanticen la realidad práctica de esa separación.

Y hay que reformar el sistema de interacción económico-política de la patronal y de los sindicatos, convirtiéndolos en agentes verdaderamente operativos -y no en rémoras ni émulos de partidos políticos, ni refugio de élites de zánganos advenedizos- de una auténtica economía social.

Para todo ello, los parches, el hoy modifico tres artículos de esta ley por aquí y mañana ocho de la otra por allá, no van a ser ni suficientes ni adecuados. Es como querer arreglar con una cortina de estampado floral unos pantalones de rayadillo que se caen a trozos de puro putrefacto. Hay, como he dicho, que emprender un nuevo camino constitucional; un nuevo camino, digo y digo bien: no coger a la tristre y cutre Constitución andrajosa de 1978 y emprenderla a zurcidos con ella: hay que jubilarla y sustituirla por una nueva de arriba a abajo. Y esa nueva, aprobarla no con un sólo referéndum, sino con uno por cada uno de sus capítulos, o libros, o títulos o como quiera que se dividan los distintos aspectos básicos que recoge un texto legal de esa enjundia.

La discusión sobre si monarquía o república quizá sea justa y necesaria pero, en todo caso, debe quedar relegada al último lugar. Porque, la verdad, si todo lo anterior se arregla, me importa tres pimientos lo que lleve en la cabeza el tío que manda o que lo hace ver. Tengo mis preferencias, claro, reiteradamente expresadas, pero me veo capaz de seguir tragando Borbón si lo demás se ajusta a lo racional y a lo decente. Sólo con esta condición, de otro modo, no.

Que ya está bien de hacer de puta y pagar, encima, la cama.

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Comentarios

  • Jordi  On 19/07/2011 at .

    La reforma de las Administraciones Públicas y la racionalización del gasto es acuciante. El problema es que su drama radica en que son las agencias de colocación de los políticos.

  • rub  On 20/07/2011 at .

    La política y organización de España no son más que un reflejo de la miseria y analfabetismo de sus habitantes. No podemos pretender tener politicos -gestores- alemanes en un país lleno de españoles. Es imposible. Colombia nunca será Francia, y nosotros tampoco.
    Excepcionalmente, puede suceder que alguien muy por encima de la media, acceda al poder con ganas de mejorar las cosas además de enriquecerse, y sepa rodearse de gente tan excepcional como él mismo. Creo que esto sucede en muy pocas ocasiones en la historia de cada nación. Es una lotería. Y además tan efímera como el personaje.

  • Xavier Ciscar  On 20/07/2011 at .

    ‎Javier Cuchí… ¡cómo me gustaría quitarte la razón!. Decir que te equivocas, que no tienes ni idea de lo que hablas. Desgraciadamente no puedo. La política… los políticos han degenerado hasta extremos insostenibles, y son tan responsables como esos “tiburones económicos” del auténtico expolio de los Estados (y por tanto de sus ciudadanos) que estamos viviendo… y lo que nos queda.
    Hemos llegado a un punto en que el estado de las autonomías parece que fue una quimera desde el principio, y que lo único que se hizo bien fue “vendernos la moto”. Tal vez, realmente, fuera así.
    Cada día dan más ganas de levantarse…

  • Monsignore  On 21/07/2011 at .

    Añade otra: La retirada de la ley que impide perseguir penalmente a un cargo público por desmanes habidos durante su ejercicio.

    Los chinos (cuando los chinos aún eran gente seria, antes de Mao, para entendernos)tenían una costumbre muy práctica. Cuando el Emperador nombraba a un mandarín, lo primero que hacían era pesarlo; cuando cesaba en el cargo (de la noche a la mañana) lo volvían a pesar; y si había engordado, le cortaban la cabeza. Simple, elegante y eficaz.

    Al segundo dignatario que acabara colgado de una lanterne, verías cómo se esmeraban en hacer las cosas bien.

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