Indignados y papas

De la serie: Esto es lo que hay

Nueva movida anoche del 15-M: respondiendo al desalojo de los puestos de información del 15-M en la Puerta del Sol y al cierre de la propia Puerta del Sol incluso a los normales y corrientes transeúntes, miles de ciudadanos se echaron a la calle en una noche del agosto teóricamente vacacional y sin más preparativos de la movida que la apresurada convocatoria a través de las redes sociales. La imbecilidad gubernativa puesta nuevamente en evidencia víctima de sus propios prejuicios y de su propia negligencia: la creencia pertinaz de que el movimiento del 15-M se ha apagado a la que está un par de días sin dar señales de vida; y el estado permanente de estupidez al no saber o querer ver que en la Red sí da señales de vida de forma permanente, al no saber o querer ver que la Red forma parte de la realidad en la misma medida que el mundo presencial (detrás de la Red hay personas, no marcianos), al no saber o querer ver que el 15 de mayo, por fin, se encontró el camino a través del cual se vehiculizaron hacia la calle las reivindicaciones que ya hacía mucho tiempo poblaban la Red y que, por tanto, mientras el 15-M perviva siquiera latente en la Red, la movida multitudinaria en la calle puede producirse en cualquier momento, casi sin antelación en la convocatoria.

La inepcia política y administrativa indigna tanto más en cuanto que, encima y con la que está cayendo, se paga de nuestros dolorosos impuestos.

Al final, esos idiotas van a conseguir que se convoque en plena temporada electoral una megamanifestación en Madrid de nivel nacional y que un millón de españoles (un millón de verdad, no de los que caben en el paseo de Gràcia) venidos de todos los puntos de la península sean portada incluso de los telediarios norteamericanos. Ya lo fuimos un día de la prensa de papel, así que todo es subir el listón e intentar el salto.

También van a conseguir mezclar dos cosas que no deberían mezclarse jamás: la visita del Papa y el 15-M. La visita del líder católico, aunque tiene una proyección civil y presupuestaria nada desdeñable y que, evidentemente, justifica cualquier protesta, no deja de ser -o así se ha vestido- una cuestión ideológica; por tanto, el 15-M debería apartarse de ese asunto, no inmiscuirse en él ni para bien, ni para mal. Para combatir esa como mínimo extemporánea e inoportuna visita ya están los grupos de activismo laico y los millares de personas que, de forma permanente o en ocasiones como ésta, les seguimos. La visita en cuestión adquiere un plus de inoportunidad en la situación preelectoral en que nos encontramos. Es verdad que la visita papal lleva largo tiempo programada (a mí me consta, por lo menos, desde noviembre pasado, cuando la visita a Barcelona, y deduzco, por tanto, que ya estaba prevista desde bastante antes) y, por tanto, aunque el adelanto electoral también hace muchísimos meses que se barrunta, lo cierto es que no tocaba convocatoria electoral hasta marzo, lo que ponía la dichosa visita a una cierta distancia; no la deseable, pero sí, quizá, suficiente. Pero las cosas son como son y están como están y, de haber buena fe en todo el tinglado, la palabra suspensión o aplazamiento se hubiesen, sin duda, considerado. Pero nadie dijo nunca que hubiera buena fe en todo el tinglado, nunca puede presumirse tal cosa andando por enmedio Rouco Varela.

De cara a la visita dichosa, se temía al 15-M. No sé si con razón o sin ella. Es verdad que desde ámbitos del 15-M había rebotes por el dispendio presupuestario, pero yo no he llegado a saber de ninguna acción que pudiera estarse planificando; y de haberlo sabido, hubiera expresado mi opinión en sentido contrario, precisamente por lo que no me canso de decir: en el momento en que el 15-M no sea un movimiento cívico, es decir de todos los ciudadanos, sin exclusión alguna, para pasar a serlo de de un sector parcial de la ciudadanía, el 15-M está muerto. Por eso me he rebotado yo tanto contra las asambleas, en la medida en que han intentado inyectar parámetros o reivindicaciones que, aún siendo algunas o muchas de ellas plausibles para mí, no son asumibles por la totalidad de los españoles. Esto obliga a que los planteamientos del 15-M sean pocos, sencillos y básicos y que ir más allá sólo debería hacerse desde la política cotidiana y normal (se supone que una vez solventados los problemas que han motorizado la acción cívica que refleja el movimiento).

Por eso, tampoco me extrañaría que desde el exterior del 15-M se intentara enmerdarlo en el asunto del Papa, porque la autoridad incompetente sabe que si se cabrea a un entero sector ideológico -y ahí es nada si, encima es el católico- el 15-M se va al guano por la vía rápida. Y aunque la autoridad incompetente demuestra a cada día que pasa ser más necia y más negligente, a mí me da miedo la cantidad de chavales de los llamados indignados que entrarían al trapo con suma facilidad: el anticlericalismo es un capote rojo -admito que tentador- al que muchos no podrían resistirse. Y yo propugno justamente lo contrario: indiferencia absoluta desde el 15-M. Que los católicos celebren su happening tranquilamente sin molestia ni perturbación alguna -a reserva de las acciones que, en el libre ejercicio de sus derechos cívicos y sociales, desarrollen los movimientos laicistas con su propia y exclusiva firma e identidad– y, a partir del día siguiente, prosiga su vida normal el movimiento cívico.

Puedo parecer un tanto conspiranoico -a lo mejor lo soy- pero tarde o temprano, por zoquetes que sean, acabarán preocupándose -y mucho- por el 15-M, sobre todo su desde el 15-M se adquiere -como debería adquirirse- la plena conciencia de que las elecciones del 20-N son nuestra última oportunidad. Si perdemos esa oportunidad, nos espera una importante travesía del desierto sin etapas electorales generalizadas durante más de tres años: acaban de realizarse las autonómicas y municipales, con lo que, celebradas las generales, hasta que lleguen de nuevo las catalanas dentro de tres años (que, más que nada, inaugurarán una nueva temporada electoral que afectará, previsiblemente, a Gobierno, comunidades autónomas de régimen general y municipios), no hay más panorama que las elecciones autonómicas andaluzas y vascas, que tendrán poco valor en su asilamiento general, y las europeas, a las que nadie hace ni puto caso. En este contexto, sólo nos quedaría la calle y, en ella, una radicalización importante, porque con el poder seguro durante tres años, las manifestaciones, por sí mismas, por multitudinarias que fueran, no servirían de nada. Bueno, de hecho, ya hemos visto a Rajoy (vendiendo, por cierto, la piel del oso antes de cazarlo) diciendo tan fresco que es muy consciente de que, cuando él mande, le van a montar en la calle unos pollos de campeonato, pero que nada, que a él no le va a temblar el pulso.

Con todo esto quiero llegar a que desde el 15-M va a haber -espero- mucha consciencia de esta circunstancia y, por tanto, estaremos todos bien dispuestos a trabajar y a movilizarnos como nunca lo hemos hecho desde septiembre mismo, porque si no impedimos una mayoría absoluta (de quien sea, aunque, realmente, la única posible parece ser la del PP), y no sólo eso, si no logramos un Parlamento fragmentado donde cada medida, cada ley -y, sobre todo, las más graves- haya de ser esforzadamente consensuada a tres, cuatro o incluso a cinco y seis bandas (sólo a dos bandas, PP-CiU, PSOE-IU, PSOE-CiU, o similares, ya sabemos y hemos visto que no va a ninguna parte), el castigo que nos espera a los ciudadanos va a ser bestial.

Los de los cuatro partidos del machito (PSOE, PP, CiU y PNV) no estarán dispuestos a que esto llegue a suceder, sobre todo si ven que nuestra acción -por masiva, por inteligente o, esperemos, por ambas cosas- establece un rumbo que permita llegar a buen puerto, y desplegarán inmisericordemente toda la marranada de que son capaces. Van a jugar sucio sin ahorrar porquería: medios (prensa y TV), tertulianos y lo que haga falta; trampas, mentiras y falacias a cascoporro; policía, desde luego… Y a saber hasta dónde serán capaces de llegar: meter acusaciones de terrorismo por enmedio… ¿Cerrar Internet? Cerrar Internet sería muy gordo, casi impensable, habrían de estar muy desesperados, muy locos y muy fuera de control, y no parece posible; pero establecer medidas de censura sí, desde luego. Ojo, que podemos llegar a ver varios cierres de páginas y no olvidemos que la muy laxa ley Sinde podría tener su flamante reglamento Olcese aprobado y en vigor para septiembre. Y por ilegal que sea lo que hagan, ningúna instancia judicial tendrá procedimentalmente tiempo de darnos la razón antes de las elecciones. Si es que llega a darnos la razón aunque sea después, porque cómo está el tema judicial, también lo sabemos.

Pues nada, a descansar tranquilamente recargando pilas, que vamos a necesitar mucha energía. Que venga el Papa, que diga misa y que se largue con viento fresco, que no es cosa nuestra (del 15-M, quiero decir).

Dije el otro día que nos espera un auténtico Armagedón cívico, y eso es precisamente lo que va a haber.

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Comentarios

  • Daniel Rodríguez  On 03/08/2011 at .

    La Jornada Mundial de la Juventud es eso, mundial. Lleva prevista hace muchísimo tiempo, desde verano de 2008, y hace muchísimo tiempo que personas de todo el mundo llevan planeando el viaje, y no dudo que buena parte ya lo habrá pagado. Organizativamente, esto se parece bastante más a un acontecimiento deportivo tipo Eurocopa que a una manifa antifa. Así que las ridículas conspiranoias de Rouco están bastante de más y te dejan (dicho sea con el respeto que sabes que te tengo) bastante en ridículo. Que una cosa es ser anticlerical y otra eso.

    Por cierto, lo de la cosa presupuestaria lo tendrías que explicar. Lo que he leído hasta ahora sobre la financiación pública del evento es falso, y no sé si hay algo que no sepa.

  • Javier Cuchí  On 03/08/2011 at .

    «La Jornada Mundial de la Juventud es eso, mundial. Lleva prevista hace muchísimo tiempo, desde verano de 2008»

    Bueno, ya he dicho en el texto que sí, que estaba prevista desde mucho tiempo antes. Pero esto no quita para que -en mi opinión- sea inoportuna; de manera sobrevenida y por razones ajenas a la organización, de acuerdo, pero inoportuna en fechas con vientos electorales. En mi opinión, repito.

    «Así que las ridículas conspiranoias de Rouco están bastante de más».

    Bueno, en mi texto no he reconocido lo de Rouco como una conspiranoia. He usado la palabra con referencia a unas hipotéticas maniobras gubernamentales o incluso de sistema para inmiscuir al 15-M en el tema de la visita del Papa.

    Y, de todos modos, no: con Rouco nunca hay conspiranoia ridícula. De ese personaje puede pensarse siempre lo peor con garantías de acierto.

    Sí que lo haré, pero en un artículo aparte, porque ese no era el tema central de este. Lo que ocurre es que tanto la Comunidad de Madrid como el Ayuntamiento recurren a técnicas de presupuestación stealth para tapar o hacer incuantificables las partidas públicas afectas en todo o en parte (generalmente, en parte: forma parte de la tecnología del tapadillo presupuestario) y la tarea es difícil. Pero no imposible. En primer lugar, pueden hacerse estimaciones del volumen de medios y de personal impepinablemente afectos al presupuesto público, vulgo funcionarios, vehículos oficiales, seguridad, etc. En segundo lugar, pueden estudiarse los informes de la Intervención General al parlamento correspondiente y al Tribunal de Cuentas, en su caso. No es tarea fácil, claro, pero hay bastante gente puesta sobre ello. Algo aflorará.

  • Daniel Rodríguez  On 05/08/2011 at .

    A ver, el único indicia que me das de dinero público en la JMJ es el dedicado a materias de seguridad y similares, que sería equivalente (no por volumen, sino por concepto) con el de un Barça-Madrid. O, poniéndonos, la manifa del 15-M. Pues hombre, ahí sí creo que estamos hablando de una competencia esencial del Estado y no entiendo que se quiera cuantificar en plan “¡Me he enterado de que aquí se juega!”, a no ser que nos pongamos a cuantificar todo, desde la escolta de Llamazares a los servicios de seguridad de cualquier edificio público.

    Y lo siento, pero sí: colocar la fecha de la JMJ a una maldad de Rouco es bastante estúpido. Tú pensarás mal de él y yo bien, pero para el caso es irrelevante. En verano de 2008 no había forma de saber que la fecha podía ser incómoda; al revés, se puso para agosto que no es habitualmente un mes en el que adquiera relevancia pública casi nada.

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