Día de negros presagios

De la serie: Pequeños bocaditos

Me estoy empezando a preocupar y a preocupar de verdad.

No entiendo mucho de economía -por no decir nada- pero, tal como veo que van las cosas, estoy cazando moscas. Y cuando hablo de preocupación no me refiero ya a mosquearme por si me van a volver a bajar el sueldo -que sí, que me lo van a volver a bajar- o a preguntarme si, al final, voy a acabar teniendo algo que pueda llamarse jubilación con cierta propiedad. No, no. Cuando hablo de preocupación hablo del recuerdo del crack del 29 -puramente histórico, en mi caso: obviamente, no lo viví- y de lo que trajo a continuación, apenas diez años después: porque la segunda guerra mundial no sólo fue la consecuencia de una primera cerrada en falso, sino también la de una crisis social de dimensiones mundiales, global.

No pretendo decir que el proceso histórico vaya a ser idéntico, calcado. No: probablemente será distinto, peculiar, con características propias. Pero cada día tengo más claro que, si no escampa, y pronto, la que está cayendo, vamos a algo más que una crisis, a muchísimo más que una crisis.

El pasado fin de semana, la deuda norteamericana; ayer, ya vi chiribitas sobre fondo negro al leer que la deuda francesa también está comprometida y que el Bruni regresa precipitadamente de sus vacaciones; todo ello en un ambiente de recesión. ¿Resulta propio de ignorantes o de alarmistas pensar que las barbas alemanas ya deberían ser puestas a remojo, si es que no lo están ya? Y si la propia deuda alemana se ve comprometida… ¿qué pasará entonces? ¿Cómo van a reaccionar los alemanes?

Pues eso: en mi supina ignorancia economística, estoy que no me llega la camisa al cuerpo.

Yo no sé cómo hemos llegado a esta situación. O, mejor dicho, sí que lo sé, hasta ahí llego, porque para llegar no hace falta ser economista.

Cuando cayó el imperio soviético, el capitalismo se subió a una moto de la que no supimos apearle. El estado del bienestar era el soborno con el que nos mantenían fieles al libre mercado: nadábamos en bienes de consumo, en opulencia (a costa, por cierto, de la ruina, la miseria y el desastre de varios pueblos, pero como eran -son- negros y amarillos, nos resultaba -nos resulta, aún- fácil mirar hacia otro lado) y nos la contrastaban cuidadosa y diariamente con la precariedad que se vivía en el paraíso del proletariado. Así, el mensaje de la eficiencia capitalista frente a la ineficiencia marxista-leninista (cierto, en el último caso) caló hondo y pasó a adquirir la categoría de axioma. Liquidada la competencia, al capitalismo ya no le hizo falta el señuelo: desde los últimos años ochenta, el mundo occidental empezó, de forma inicialmente lenta pero uniformemente acelerada, un retroceso en los derechos laborales e incluso en los cívicos de los ciudadanos occidentales, que nos ha llevado hasta la situación actual.

Privados de referencias -la soviética lo era, aunque, con la anestesia que llevábamos encima, no lo sabíamos- y previa y ya muy anteriormente castrado nuestro sistema nervioso reivindicativo, los trabajadores -todos los trabajadores: desde los gilipollas del Audi hasta los parias del Corsa de sexta mano- hemos sido sistemáticamente apiolados y nuestras jóvenes generaciones han sido lobotomizadas por un sistema educativo que cometimos el error de pensar que era, simplemente, estúpido y analfabeto, cuando la realidad es que había sido cuidadosamente diseñado para generar ciudadanos -si así puede llamárseles- de pensamiento lineal y acrítico.

Ahora, tarde y a toro pasado, constatamos que Huxley, Bradbury y Orwell no hacían ciencia-ficción (o historia-ficción) sino que nos describieron el futuro, nuestro presente, con mucha precisión, utilizando metáforas muy claras que, en algún caso, han resultado incluso materialmente reales.

Ahora tenemos un mundo en el que los políticos son unos perfectos mierdas, unos monos cagones encadenados a un comedero, y los ciudadanos una masa amorfa, desorientada, desarmada y completamente neutralizada. Un mundo totalmente controlado por corporaciones privadas que cada vez disimulan menos su carácter de centro emisor real, omnímodo e incontestable de las decisiones que afectan -que, de hecho, esclavizan y explotan, en diversos grados- a casi siete mil millones de seres humanos.

Ya casi no me queda ni siquiera la esperanza de que un día, si el huracán de la hecatombe no se me ha llevado por delante, pueda ir a mearme sobre la tumba de Milton Friedman.

Anuncios
Both comments and trackbacks are currently closed.

Comentarios

  • carlosues  On 11/08/2011 at .

    Hola Javier, muy ciertas tus conclusiones pero creo que te dejas algo en el tintero, ésta vez la Guerra puede ser antes y ya la hemos perdido, ¿Tienes idea de a donde iríamos a parar los Europeos y los Yanquis si los árabes exigen la devolución de sus petrodólares almacenados en nuestro sistema monetario?…
    Un abrazo

  • Arnau Fuentes  On 11/08/2011 at .

    Pregunta: por qué la tumba de Friedman y no de Keynes, cuyas teorías defectuosas llevan aplicándose desde los 40?

  • ovetus  On 11/08/2011 at .

    Frases como estas:
    “Ahora tenemos un mundo en el que los políticos son unos perfectos mierdas, unos monos cagones encadenados a un comedero, y los ciudadanos una masa amorfa, desorientada, desarmada y completamente neutralizada.”

    Hacen que merezca la pena leerte.

    Lo que se debe en el mundo occidental no se puede devolver y están a ver como empezar de cero -supongo que sin una guerra- y resetear el sistema.

    Un saludo.

  • Juanga  On 11/08/2011 at .

    Del crack del 29 al próximo gran “catacrack”, lo predice el documental “Overdose, the next financial crisis”. (En inglés, se puede encontrar con subtitulos en español).

    Lo más preocupante del documental es que, como era de esperar, oficialmente ya se reían de los que predecían la actual crisis.

    A mí me parece que los vendedores de alarmas van a estar encantados, y se va a necesitar más policía que nunca para darnos de garrotazos en general.

  • asmpredator  On 12/08/2011 at .

    Hoy en dia la guerra, la de verdad, no esa patochada preventiva ya se esta desarrollando en forma de guerra financiera, mercados comiendose mercados, gente arruinada porque interesa a alguna superpotencia que así sea, los de America hundiendo Europa para que Europa no levante cabeza no sea que el euro se coma al dolar y a Obama le salga otro grano en el culo.

A %d blogueros les gusta esto: