Atípico verano

De la serie: Esto es lo que hay

Ayer tocó rentrée laboral y hoy toca reactivar de nuevo «El Incordio». Supongo que habréis deducido de su silencio el correspondiente «cerrado por vacaciones»; otros años lo he avisado con una entrada de despedida, pero este año no me ha dado por ahí y me he ido a la francesa. Mis disculpas, en todo caso.

Ha sido un verano intenso o, por lo menos, mucho más intenso que los demás. Hace ya algunos años que ya no se produce -o no, cuando menos, de aquel modo exagerado- la impresión de que el entero país está cerrado por vacaciones; la gente diversifica sus vacaciones y aquellos que no tienen obligaciones paternas y no están sujetos, por tanto, al calendario escolar, descubren las delicias económicas de viajar fuera de temporada; la mayoría, por demás, ha recortado la duración de sus viajes y aumenta la proporción de período vacacional pasado en casita, y ello por no hablar de la cantidad de gente que no puede hacer vacaciones por falta de medios. Pero, a pesar de todo, la vida cívica parecía ralentizarse de todos modos.

Este año ha sido distinto. No sé si porque la visita con gastos pagados de media curia vaticana -incluyendo al jefe supremo, claro, que ese era el leit motiv de la cuestión- y de medio millón de turistas religiosos por añadidura, ha soliviantado a mucha gente o porque las abominaciones de la clase política -reiteradas, por cierto, durante el verano- han mantenido una inercia ciertamente fuerte en los entornos 15-M o, más probablemente, por ambas cosas a la vez, pero lo cierto es que ha habido… yo lo llamaría tensión cívica. Tensión cívica que ha dado lugar, nuevamente, a intervenciones ciertamente brutales por parte de la policía, esta vez de la Policía Nacional; y, como en el caso de los chicos de Puig, con profusión de fotografías y vídeos ominosos de policías actuando según el modelo dictadura norteafricana. Policías, huelga decirlo, que previamente han ocultado sus números de identificación, vulnerando así la normativa que dicen proteger con su violencia no sólo desproporcionada sino, llanamente, desencadenada y fuera de todo control.

No sé si habrá sido por esa tensión cívica, pero la esperada puñalada trapera de la publicación del reglamento Olcese de desarrollo de la ley Sinde en plena canícula, que muchos dábamos por hecha, no se ha producido. Ahora dicen que para octubre. Ya veremos: a ver si va a ser verdad mi sospecha, enunciada un tanto en coña, de que los sociatas iban a dejar a los peperos este marrón, ya de perdidos… En todo caso, sí que está claro que el affaire de la $GAE en la Audiencia Nacional ha dejado muy noqueado al sector y aún andan groggy, dan la impresión de que no saben muy bien por dónde tirar. Además, supimos ayer de un nuevo frente abierto en relación al proyecto Arteria, la joya de la corona de la $GAE que parece que, ya un tanto devaluada, está en venta. Lo dicho: ya veremos. Sobre este asunto aún llenaremos muchas entradas en «El Incordio».

La bomba de este verano, en las postrimerías vacacionales, ha sido, sin embargo y sin duda, la reforma de la Constitución por vía prácticamente ejecutiva en algo tan vital como no sólo la limitación del déficit presupuestario a piñón prácticamente fijo sino que -peor aún, como si lo anterior fuera leve- la sujección de la limitación presupuestaria a normas de la Unión Europea (lo que equivale a decir Merkel y Bruni). La gravedad de este asunto es tanto que ha llegado a ser calificado -y yo creo que sin exageración- como golpe de Estado interno. Es muy grave, digo, porque un país que ya perdió su soberanía monetaria para integrarse en el euro (y yo no sé si fuera hará más frío o no, pero lo que sí sé es que vaya lodos nos están cayendo de aquellos polvos), pierde ahora una parte tan importante de la soberanía presupuestaria (¡ahí es nada la soberanía presupuestaria!) como es la capacidad de endeudamiento. Lo que hay detrás de ello, claramente, es un recorte brutal, de proporciones verdaderamente históricas, del estado del bienestar y el ingreso a todo trombón en la economía neoliberal.

Alguien dirá que calificar de reforma Constitucional por vía ejecutiva y de golpe de Estado interno una modificación constitucional de forma así prevista por la Ley -por la propia Constitución- y por parte de un Parlamento que no por aclamación, pero casi, la ha votado a favor, es un exceso verbal rayano en el ridículo. Así puede parecer, pero hay mucha miga, más allá de las apariencias. Hay mucha miga porque hacer las cosas de acuerdo con la ley no es suficiente. No en política. Legalmente se pueden hacer muchas barbaridades (insisto, en determinado contexto político) y, de hecho, se han llevado a cabo muchísimas barbaridades. Por más que la ley lo permita, por más que una mayoría parlamentaria tan enorme como falsa, lo haya ratificado, algo de tanto calado no puede entrar en la Constitución sin un referendum. Referendum que, obviamente, conllevaría su campaña en la que se debatirían amplia y reposadamente los pros y los contras de esa modificación. ¿Que eso cuesta dinero? Sin duda, pero más dinero nos va a costar aún [a los ciudadanos, obviamente] esa monstruosidad y, bueno, si hablamos de algunos dineros que se gastan y en qué se gastan…. Y la calidad parlamentaria del evento no tiene tampoco nombre: una reforma, nada menos que constitucional, votada por un Parlamento que, aunque no ha sido todavía disuelto formalmente, está claramente caducado, con una convocatoria electoral firme a fecha cierta… Será todo lo legal que quieran, pero es políticamente impresentable. Impresentable. Por supuesto que es un golpe de Estado -legal e interno, pero golpe- porque han burlado la soberanía popular que reside, lo dice la propia Constitución, en el pueblo; no en el Parlamento: en el pueblo. Y han burlado a la soberanía popular precisamente para hurtarle una parte esencial de esa soberanía. Una técnica, por lo demás, cutre, sacada seguramente de los manuales soviéticos, de aquel régimen en el que el dominio del arte del golpe interno era la única manera de progresar en el partido más allá del villorrio. Que, ojo, los populares también tienen mucha puta arrepentida procedente de las más extremas -y marginales- élites rojas y amarillas, y no digo nombres porque están en la mente de todos (algunos han sido incluso ministros). O sea que teóricos de la cosa no han faltado ni a derecha ni a izquierda.

Yo creo, pues, que todo depende de nosotros. Pero no de nuestro voto, ojo. Nuestro voto lo han desactivado al temerse lo peor con la expansión del #nolesvotes y sajando a base de exigir, en condiciones casi imposibles, un montón de firmas previas que avalen la candidatura de los partidos no parlamentarios. Otro golpe: así completan ya una democracia censitaria por pasiva (lo que lleva, por exclusión de opciones, a la democracia censitaria por activa); se diría que algunos excedentes de la $GAE se han dedicado al asesoramiento gubernamental. O, a lo mejor, no son tan excedentarios, vete a saber. En todo caso, el no nos representan que estamos entonando ahora constatando la realidad de los hechos, pasará a ser una realidad formal gracias a la trampa electoral que han montado. Puede decirse, pues, sin ambages, que las elecciones generales del 20-N de 2011, son, redondamente, un pucherazo, una comedia montada a la medida de los de siempre, que ahora serán más los de siempre que nunca.

A nosotros sólo nos queda la calle. La calle aunque, eso sí, con altísimo riesgo: por si aún tenían alguno puesto -que lo dudo- a los cuerpos de policía les van a quitar los bozales y la represión va a ser durísima. Durísima, tremenda. Por si no los recordábamos ya (y en los últimos meses han proporcionado buenas pautas para refrescarnos la memoria), aquí ya no hay cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado sino monda y lirondamente grises, sino simplemente perros de presa de una dictadura disfrazada de democracia, cosa que dudo que nunca haya llegado realmente a ser. No lo ha llegado a ser porque, hasta ahora, pudieron permitirse el lujo de enseñar la cara amable y de meter en el saco del terrorismo a los respondones, un saco en el que ni son todos los que están ni están todos los que son. Pero en cuanto la contestación se ha extendido en la calle, en cuanto les ha sido imposible ocultarla, disimularla, desactivarla o intoxicarla, se acabaron los buenos modos y han enseñado todos sus feos y peligrosísimos dientes.

Nos esperan tiempos oscuros, verdaderamente muy negros y salir de ellos nos va a costar muchísimo esfuerzo, muchísimo tiempo, muchísimo dolor y ya veremos cuánta sangre, porque los grises, acorazados por las órdenes de sus jefes y revestidos de una total impunidad, no se van a andar con chiquitas. Igual que en los viejos tiempos que, al parecer, regresan ahora.

¿Recordáis el chiste aquel de mi querrer ver obrrerro español que volar? Pues ojo, que igual se vuelve a contar. Ahora bien, también cabe no hacer nada, lamentarnos -o ni siquiera eso- e ir aguantando putada tras putada, robo tras robo, felonía tras felonía, traición sobre traición.

Y entonces será cuando marcharemos francamente -y alegremente, encima- por el camino del vertedero histórico y social.

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Comentarios

  • Carlos Zaragoza  On 06/09/2011 at .

    Me entristece lo de la represión, pues coincido contigo en que acabará siendo durísima y sin identificación de policías, añado, por mucho que Camacho lo niegue. Es más, espero equivocarme, pero el primer MUERTO en el campo de batalla igual cae antes de fin de año, a pesar de que las manifestaciones son y seguirán siendo esencialmente PACÍFICAS. Ojalá me equivoque.

    Feliz vuelta al tajo.

  • Xavier Ciscar  On 07/09/2011 at .

    La cuestión es… ¿qué podemos hacer para impedirlo?. Nos queda la calle, como bien dices; ¿para hacer qué, manifestarnos pacíficamente?. Y cuando nos den el bofetón (literal), ¿ponemos la otra mejilla?.
    Hace décadas hubo quien optó por quedarse y aguantar marea con la dictadura (no a todo el mundo le fue mal), y otros se decidieron por la emigración. Yo este año empezaré a estudiar francés, que con el inglés ya me apaño. Algún rincón habrá por el mundo en el que ser puteado sin sentirse traicionado.

  • Xavier Ciscar  On 07/09/2011 at .

    Por cierto, se me olvidaban los que escogieron la muy difícil vía de la lucha, digamos, no pacífica. Y como diría Mayra Gómez Kemp… hasta aquí puedo leer. Tiempo al tiempo.

  • bonabe  On 07/09/2011 at .

    bienvenido de nuevo al blog. Creo que los medios de comunicación no han dado suficiente publicidad a la “trampa electoral” a la que haces referencia. Cuando hablan de abrirse a la sociedad ponen más límites a la posibilidad de pluralidad. Inconsecuente e intolerable.

  • miguelc  On 08/09/2011 at .

    Bienvenido de vuelta a las trincheras Javier.

    A todos aquellos que sólo saben distinguir entre lo que es legal y lo que es ilegal, asimilando legal a moral y benéfico, e ilegal a inmoral y malvado, yo les diría que ya va siendo hora de que maduren éticamente.

    Ni todo lo legal es moral, ni todo lo moral es legal.

    Tenemos supersimplificadores a izquierda y derecha. Vagos mentales que no quieren tener que estrujarse demasiado las meninges, que esperan que alguien les de las cosas convenientemente predigeridas, clasificadas en blanco y negro, para no tener que cansarse mucho.

    Y encima tenemos a los de “la ley/paz por encima de todo”. Si es necesario encima de la libertad (y en casos extremos hasta de la vida, siempre que sea la vida de otros).

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