Júpiter devorando a sus hijos

De la serie: Correo ordinario

Otra rutina de la rentrée es la del «¿Y qué? ¿Cómo van las cosas?». Es la misma pregunta que se formula en lugares tan dispares como la oficina o el bar donde uno -o quien sea- echa la partidita diaria o semanal. Yo, entre otros lugares, la he formulado, como cada año al retorno de las vacaciones, a la Junta de la Asociación de Internautas, y la respuesta de este año ha sido malísima. Hay una crisis de tesorería enorme, capital, a causa del tema de los intereses y costas del llamado «caso Putasgae», un dineral, un pozo del que no hay manera de salir. El temor a que esta vez sí que nos haya pillado el toro es grande y la palabra «cierre» ya no se pronuncia en referencia a las intenciones del enemigo sino aludiendo a una posibilidad real, a un hecho posible y realista a medio o quizá, incluso, a corto plazo.

De este asunto del «caso Putasgae» -solo y también relacionado con otros- habrá de hablarse durante muchos años tanto si la AI llega a cerrar como si finalmente logramos que se salve. El encaje de bolillos jurídico -y a todas luces infumable- que tanto el juzgado de 1a instancia, como la Audiencia Provincial de Madrid, como el propio Tribunal Supremo han realizado en sus sentencias para soslayar la impepinable exención de responsabilidad del prestador de servicios que impone la LSSI, es para mear y no echar gota. Eso aparte, en este último caso, el del Supremo, está también el mosqueante giro de 180º de la postura del Fiscal, que de expresar severas dudas sobre ese encaje de bolillos realizado en las dos primeras sentencias y aludir incluso a la posibilidad de efectuar una consulta al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (puesto que la LSSI desarrolla una directiva europea) en todo similar a la del caso Padawan, pasó de pronto a caerse del caballo y a verlo todo claro y diáfano. Cosas que pasan. Más sumandos: acceder (las tres sentencias) al cien por cien de las pretensiones económicas de los demandantes, sin rebajar ni un euro; y el último, a guisa de estocada final: condenar en costas a la AI -también en las tres sentencias- existiendo, cuando menos, una duda enorme de interpretación y, por tanto, de aplicación o no, de la LSSI.

En todo caso, no sé cómo lo vamos a hacer. Por una parte, no nos podemos quejar de la solidaridad de los internautas: con la sentencia final sobre el fondo de la cuestión, a finales de 2009 y principios del 2010 se produjo una oleada de donaciones verdaderamente importante; con esas donaciones y con los ahorros de la entidad se pudo afrontar el capital; quedaban las costas, que eran un buen pico, pero que pensamos que se podían afrontar. Lo de los intereses sí que ha supuesto un garrotazo considerable, sobre todo sumado a esas costas que ya se debían. En esta segunda ocasión, la respuesta no ha sido tan masiva como la primera (aunque no ha estado exenta de algunas anécdotas emocionantes que, supongo, algún día habrán de contarse), cosa que era de esperar, en cierto modo: la noticia no era nueva, el fondo de la cuestión -que es lo que impactó a mucha gente- era el mismo y a falta de algo nuevo en ese fondo, faltó el impacto que genera la respuesta masiva. A pesar de todo, algunas personas, algunos medios y algunas entidades han intentado echarnos una mano también en esta segunda ocasión.

Pero, por otra parte, es necesario decir que ciertos sectores de la red, sectores influyentes en sus respectivas parcelas, encarnados tanto en ciertas personas como en ciertas entidades como en ciertos sites o medios, que podrían haber suscitado un volumen importante de solidaridad, se han columpiado. Se columpiaron en 2009-2010 y se han columpiado ahora. Me resulta inaudito y sorprendente -lo digo con toda sinceridad- que haya sectores en red, incluso sectores importantes del ámbito ciberactivista, que parece -y más que parece- que no les disgustaría que la Asociación de Internautas desapareciera, como si la AI molestara para algo… ¿a qué? ¿A su protagonismo? ¿A su condición de gurús y oráculos digitales? Si es así -y, como mínimo en algunos casos, desde luego lo es- serán todo lo gurús que quieran, pero demuestran bien a las claras que no entienden la red, por más que pontifiquen sobre ella.

En otros casos puede ser… ¡yo qué sé! ¿Envidia? ¿Por qué? ¿Porque la AI suscita corrientes de opinión en red más potentes que las suyas? No sé. Hay en la red una especie de reflejo autodestructivo, una suerte de síndrome de mantis religiosa, que no acabo de entender. Realmente, a los ciudadanos nos tienen puteados por igual, a todos; para combatir este puteo hay diferentes métodos, distintas iniciativas, distintos análisis, pero el objetivo, en definitiva, es el mismo: ¿por qué, entonces, ese empeño en destrozar al vecino sólo porque es más grande o porque aparenta más que uno? Nunca olvidaré el linchamiento que se hizo a Jorge Cortell. Jorge Cortell, muchos lo recordaréis, era (sigue siendo, de hecho) un ciberactivista especialmente centrado en el conocimiento libre y muy incisivo en la lucha contra la $GAE, en la que dio y recibió varias tortas espectaculares. Pero un día resultó ser -averigua quién y por qué destaparía la olla, pero la imaginación es libre y fértil- que algunos datos de su curriculum (que no tenían nada que ver, por cierto, con la lucha en cuestión) no eran ciertos o no eran exactos o yo qué sé. Y ahí le armaron el gran follón. No la $GAE, no los medios afectos a la industria discográfica, sino la propia gente de la red, el pueblo por así decirlo. Muchos, muchísimos de los que pocos días o incluso pocas horas antes lo aclamaban y lo jaleaban como el gran héroe de la red, pasaron a tratarlo a todo lo largo y ancho de ella como el más repugnante villano. Y, bueno, Cortell ahí sigue, diciendo lo que piensa -lo mismo de siempre-, luchando por lo mismo de siempre, pero su influencia -hace unos pocos años enorme- se ha visto reducida a escombros. ¿Qué se ha ganado con ello en la red? No sé si alguien habrá ganado algo. La $GAE, desde luego. Pero no comprendo quién, aparte del enemigo, pudo salir ganando (o quién fue tan soberanamente imbécil como para creer que iba a salir ganando) con ese linchamiento tan brutal como estúpido.

¿Está la Asociación de Internautas siendo víctima de ese síndrome? Pues claramente, sí; lo que no sé es si en medida tan destructiva. Cada vez que, por ejemplo, oigo a alguien de dentro, del ámbito ciberactivista, decir con aprensión aquello de «yo no soy internauta», como si ser internauta fuera una especie de timbre de deshonor, de mancha en el expediente, se me pone en la cara un rictus de sarcasmo y de asco. Sobre todo porque el 90 por 100 de los que lo dicen estarían en la mismísima mierda si no fuera porque la Asociación de Internautas luchaba por sus derechos mientras ellos se chupaban el dedo y se la cogían con papel de fumar, no fuera a ser que se hicieran pupa.

Cuando se hizo polvo a Jorge Cortell, la red perdió mucho, muchísimo. Mucho más que la intrínseca pérdida de Cortell como vector combatiente (que ya era mucho). La red perdió, en cierto modo, dignidad, honradez, limpieza. Si la Asociación de Internautas cierra, el daño intrínseco será enorme: veremos entonces (ojalá no lleguemos a verlo, mejor dicho) si ese montón de enanos en los que todos estamos pensando es capaz de suplir en cantidad y en calidad el servicio que la AI está prestando, en defensa de los derechos civiles en la red, ciertamente, pero también en la defensa del ciudadano como consumidor, como usuario de servicios digitales que están llevando a sus clientes como puta por rastrojo. Y ojo, que hablo de una defensa eficaz: ahí está el curriculum de la propia asociación para acreditarlo.

Pero siendo tremendo ese daño, no sería nada comparado con lo que la red perdería en capacidad combatiente, y, nuevamente, en dignidad, en honradez y en limpieza. Porque una red que deja morir a una asociación como la nuestra, justa y precisamente a manos del enemigo (de ese enemigo al que, por otra parte, hemos derrotado y, precisamente, nosotros) es una red que, en términos de activismo, no valdría una mierda. Así de claro. A ver, a partir de entonces, quién sería el guapo que se casaría con la mantis.

Ojalá no tengamos que llegar a verlo.

Anuncios
Both comments and trackbacks are currently closed.

Comentarios

  • Jorge Delgado  On 09/09/2011 at .

    No podemos morir sin lucha. Si es necesario, los socios podríamos hacer algún esfuerzo extra, si la Junta Directiva lo estima oportuno. Y si hace falta hacer más ruido, pues se hace más ruido para pedir donaciones… No sabía que la cosa estaba tan mal.

  • gatopeich  On 10/09/2011 at .

    Me quedo frío. Obliga a reflexionar.

    El iceberg del que la SGAE es una escandalosa punta es profundo y muy ramificado.
    Con una “justicia” así, dónde vamos a ir.
    Y con la casta política, y con la élite que hace el país a su antojo… Y con un pueblo tan ciego.

    Suerte con ese marrón, me voy a ver el partido!

Trackbacks

A %d blogueros les gusta esto: