Aplastando al ciudadano

De la serie: Esto es lo que hay

Si no fuera porque en un país berroqueño y de olor a pies como este, la frase constituye una imprudencia, diría que lo que ocurrió esta semana en el consejo de administración de RTVE es la gota que colma el vaso. Pero ¡quiá! aquí el vaso es tan grande como las tragaderas del personal, o sea que más que vaso es un camión cisterna.

Porque, mira, que unos políticos -y más con la calaña de los actuales- intenten reactivar la censura previa, puede comprenderse en según qué claves, pero lo que pone los pelos de punta es lo indisimulado, el morro que le echan, el convencimiento de que la trapazada les saldrá gratis, el desprecio implícito hacia el ciudadano, el escupitajo a aquel a quien deberían servir. ¿Servir? Esa palabra les suena a camarero y ellos, por Dios, son gente de alcurnia y rancio abolengo, ¿cómo van a desempeñar una tarea servil?

Y, sin embargo, ellos son más serviles que el último limpiabotas. El limpiabotas, cuando menos, es honrado. Ellos se venden al mejor postor, y constatar quién es el postor la mayoría de las veces, les deja a ellos bien retratados. Chusma infecta y vil.

Que, oye, al final, censura nunca ha dejado de haberla, no seamos ingenuos. Y con estas palabras, repito casi textualmente las que un día le oí decir a Manuel Lara (padre) hace ya muchos años, bastantes antes de morir él. Decía que el que creyera que no había [hay] censura era [es] un perfecto pardillo; y algo sabría de eso precisamente él, el amo y señor del imperio Planeta. Por no extenderme con los ejemplos, simplemente haré referencia, como verbigracia, a la biografía del vigente monarca. A la biografía auténtica, la que va apareciendo como por fascículos de un tiempo a esta parte, no el tebeo de la campechanía con que han enredado a mucha gente desde 1969. Que ya ha llovido. Y de ahí, para abajo. O para arriba, como prefiráis.

Si queréis otro ejemplo menos… republicano… y más reciente, me basta con mencionar el tratamiento que dieron los medios a #nolesvotes, al 15M, a las acampadas, a las manifestaciones, sobre todo al principio, cuando tanto cada uno de los movimientos como el conjunto de los mismos era algo incipiente. O la intoxicación sobre Anonymous o incluso sobre el mismísimo Wikileaks. No seamos niños: en este país se amordaza a saco paco sin que desde el franquismo haya solución de continuidad en esta materia. Y se manipula, y se distorsiona, y se fabrican falsedades… ¡buf!

De hecho, una de las cosas que más locos les trae de Internet es que no dan con la manera de controlarla (a veces, hasta se les escapa la palabra y todo). ¿Y qué quiere decir «controlar» en el contexto de un medio de comunicación, en el ámbito de la libertad de expresión? Pues eso.

¿Puede caerse más bajo? Y ojo, que me estoy refiriendo a los que votaron a favor, a los que se abstuvieron, a los que se callaron y a sus respectivos partidos. A todos, en resumen.

Hace unos días, oí a Felipe González decir una cosa inteligente, lo cual no es tan frecuente, aunque la comparación con esa patulea de garrulos que sufrimos ahora lo eleva a los más insignes altares de la intelectualidad. Dijo que el PP, que Rajoy, no oculta su programa por miedo a perder votos sino que, en realidad, no tiene ni programa, ni ideas, ni nada. Sólo la idea fija de llegar como sea a La Moncloa y, una vez allí, Dios proveerá. Y me temo que es así, que tendremos una segunda versión (¿versión 2.0?) de ese desgraciado que ahora se larga -y ojalá desaparezca- que llegó a la Presidencia del Gobierno sin creérselo él mismo y sin saber qué cojones iba a hacer con ella. Y así nos ha acabado luciendo el pelo. Pues si no quisimos caldo, dos tazas. Y mi colega en la pilosidad facial (única cosa en la que coincidimos en materia de caras, entre otras muchísimas discrepancias) sí que se lo creerá, porque lleva ocho años, ocho, babeándolo, pero en lo demás va a ser en todo coincidente con el finado Rodríguez. Porque las fantasías eróticas que le da ahora por prometer a Rubalcaba, jurando por sus muertos que hará lo que no hizo en ocho años en el Gobierno, en un país que no fuera España serían de risa, de donde cabe esperar que no pille más cacho que, quizá, el de cascarle la mayoría absoluta al otro. Ahora que, en este país de ajo y cazalla, igual cuela, no te creas. Igual cuela la mayoría absoluta del PP como la victoria del PSOE. Ninguna de las dos cosas me extrañaría. No logro adivinar, sin embargo, cuál de las dos me jodería más.

Lo que ha ocurrido esta semana no es más que un signo, un signo no de lo que nos espera, sino de lo que hay, un signo de que los ciudadanos somos un perfecto cero a la izquierda en la política nacional que, de hecho, tampoco es ya política sino la ciega obediencia a los ukases que dictan corporaciones empresariales o colectivos de ellas, nacionales o multinacionales. Que el dinero constituye un poder fáctico es una realidad permanente a lo largo de la historia, pero nunca como ahora había desembarcado con tanta desfachatez en los mecanismos de poder civil.

Enrique Dans celebra en su columna de «Expansión» la rápida reconducción de la barbaridad gracias al maremoto montado en Twitter. Yo también lo celebro, pero no nos engañemos: la eficacia de la red social se ha visto multiplicada por el hecho de hallarnos en plena etapa preelectoral, que es un estupendo amplificador para estas cosas. Más dentro de seis o siete meses, las campañas en Twitter, por virulentas que sean, van a ser para los politicastros como quien oye llover. Y ojalá me equivoque, pero verás cómo no. El futuro que predice Dans es posible, pero no a corto ni a medio plazo. Y, nuevamente, ojalá me equivoque, pero verás cómo no.

¿Y el 15-M? ¿Qué ha pasado con el 15-M? Según todas las apariencias -quizá, y así lo espero, haya una realidad latente distinta bajo esas apariencias- ha perdido mucho gas. Quizá es porque la moral de los ciudadanos está por los suelos, quizá porque este septiembre se han alzado los señuelos favoritos de los políticos para torear a los atontados (la anticatalanidad fuera de Catalunya y el victimismo nacionalista dentro de ella), quizá porque la protesta general se ha dispersado en otras protestas más concretas contra recortes presupuestarios, quizá porque el 15-M ha decepcionado a muchos al ser capitalizado por movimientos antisistema que han arrimado vergonzosamente el ascua de la indignación ciudadana a su sardina asamblearia… No lo sé, pero el 15-M -repito, en apariencia- está de capa caída.

Nos esperan tiempos muy duros. Nos esperan grandes putadas. Gane quien gane el 20-N

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Comentarios

  • miguelc  On 25/09/2011 at .

    Hola Javier.

    Ultimamente te prodigas poco, pero veo que sigues tan peleón como siempre … y que dure.

    Pero a lo que voy. Dices: “… censura nunca ha dejado de haberla … me basta con mencionar el tratamiento que dieron los medios a #nolesvotes, al 15M, a las acampadas, a las manifestaciones, sobre todo al principio …”.

    Estando de acuerdo contigo en que los mass-media le hicieron, y siguen haciendo, el vacío a los movimientos ciudadanos, y a que el nivel de intoxicación que generan va a llevar a más de uno de sus redactores a morir por envenenamiento … sin embargo tengo la intuición de que no se trata tanto de un movimiento orquestado, o sea intencionado, como de una manifestación más de la innata estupidez humana.

    Ya sabes, aquello de: “contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano”.

    Y ojo, que no los estoy disculpando. Sostengo que cuando se trata de puestos de responsabilidad (en los medios, en política, o en lo que sea), es inmoral ofrecerlos a quien no tiene la altura intelectual suficiente para ejercerlos adecuadamente, como también es inmoral aceptarlos sabiéndose incapaz.

    Por desgracia esa consideración no parece que haya frenado últimamente a ningún “periodista” de hablar de lo que no sabe, a ninguna empresa de contratar al becario más barato y verde que pudiera encontrar, ni a ningún político con cargo de contratar a su familiar más tonto.

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