Sodomía

De la serie: Rugidos

Como ya se veía venir siguiendo el sabio y tradicional refrán de que «cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar», cuando ayer el Govern catalán suprimió su paga extra de Navidad, sólo estaba tomando ventaja dialéctica para endiñarnosla a los funcionarios (quiá: a todos los trabajadores públicos, que aquí no se va a librar nadie).

No es que no se lo merezcan muchos, muchísimos (sobre todo de los propiamente funcionarios): ahora van a saber unos cuantos capullos lo barato que sale no poder permitirse el lujo de perder el sueldo de un día, pasar de huelgas y conseguir que cualquier agresión les salga no barata, sino gratis.

Cuando en 1992 nos atizaron la primera congelación de salarios y nos quedamos tan tranquilos, cuando nos metieron otra y nos seguimos quedando tan tranquilos, cuando en el ínterin han estado más de dieciocho años subiéndonos los sueldos -cuando nos los han subido- un 50 por 100 por debajo del índice de inflación (hasta el 31 de diciembre de 2009) habíamos perdido entre un 30 y un 40 por 100 de poder adquisitivo) y continuamos tan tranquilos, cuando el año pasado nos rebajaron un 5 por 100 y aquí nadie dijo ni pío (porque quejarse de boquilla en las propias unidades no es decir pío), nos estábamos ganando a pulso todo lo que nos han endiñado y lo que nos van a endiñar aún.

Lo he dicho siempre: dejarse vencer por el miedo no evita el sufrimiento, sólo sirve para añadir al sufrimiento la propia indignidad. Y ahí lo tienes: el culo petado y gratis.

Gilipollas, que somos (son: lo siento, pero me excluyo) unos gilipollas

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