Escenificaciones

De la serie: Esto es lo que hay
(al muy parecido modo de aquellas viejas «paellas»)

No se os puede dejar solos. Me voy una semana, una corta y escasa semana de vacaciones, y me ponéis el mundo al revés. Bueno, pues, como me gusta a mí, vamos a ir por partes…

Gaddafi

Que Gaddafi estaba liquidado en tanto que cabeza visible de un régimen, era algo sabido. Lo que no se sabía era cómo iba a terminar, materialmente, el propio Gaddafi. Había cuatro posibilidades: una, que lograra huir a uno de los no demasiados países africanos dispuestos a acogerle; dos, que fuera capturado y puesto a disposición del Tribunal Penal de La Haya; tres, que fuera muerto en combate o que él se suicidara antes de caer vivo en manos de sus enemigos; y cuatro -y, como se sabe, la que se ha materializado- que fuera capturado vivo y liquidado sin más.

Decir a toro pasado que entre la segunda y la cuarta -las otras dos eran puro imponderable- la cuarta estaba cantada, parece propio de listillos, pero, si lo miramos bien, no podía ser de otra manera. Entre el ya fallecido coronel y los líderes occidentales -unos cuantos de los nuestros incluidos- ha habido relaciones muy raras y, sobre todo, muy turbias: recordemos, sin ir muy lejos, que hace como quien dice cuatro días, Gaddafi era un terrorista peligrosísimo y casi nada después era recibido con todos los honores en los más suntuosos salones de las realezas y de las repúblicas europeas. Evidentemente no iba a permitirse que en medio de un proceso lleno de luz y taquígrafos, nuestro difunto héroe largara a pública exposición las abundantes y siniestras zurrapas de los más encumbrados calzoncillos (y alguna que otra braga) del mundo occidental, de modo que, aunque quede feo decirlo cuatro o cinco días después, que a Gaddafi le daban matarile por las buenas tan pronto le echaran la mano encima si aún coleaba, es algo que sabía hasta el potito.

Otra cosa ha sido la escenificación, macabra a más no poder, incluyendo linchamiento en directo (o casi) y exposición frigorífica con fotografías para la posteridad y todo el resto de la cutrada. Cutrada que, personalmente, me jode sobre todo por el hecho de que el hatajo de cerdos que la ha practicado y que sigue desfilando aún a estas horas para hacerse la foto con el fiambre, son unos putos matados, unos capones que han sido incapaces de labrarse su propia libertad, libertad que les ha sido regalada por los cazabombarderos de la OTAN, que si no, de qué. Una peña de arrastrados, unos desharrapados que daba grima hasta verlos empuñar el fusil, incapaces de quitarse de encima por sí solos ni siquiera a una lagartija, yendo por el mundo de héroes invictos como si hubieran hecho algo importante.

Y, obviamente, lo primero que han hecho es implantar la sharia. Los líderes occidentales, además de ser unos corruptos de tomo y lomo, son más cortos que el rabo de un conejo; ahí los tienes, apoyando con cazabombarderos una revolución integrista islámica justo en el frenillo de Europa (sólo tiene excusa nuestro CNI, que en esos días estaba entretenido negociando con MIcro$oft).

Con razón decían los soviéticos -aunque en flagrante visión de paja en ojo ajeno- que el día que hubiera que ahorcar al occidente capitalista, les vendería la cuerda un millonario norteamericano.

ETA

Ahí sí que puedo hablar a toro pasado porque ya lo había hecho -y prolijamente- mucho antes, como saben mis más bravos y antiguos asiduos. De todas maneras no es que yo goce de una inteligencia privilegiada, es que había que estar ciego (y el fanatismo suele cegar) o ser tonto para no verlo. El caso es que ETA se ha rendido. Obviamente ha tenido que escenificar su rendición montando el número ese de los pájaros especialistas en paces que vinieron aquí -suculentamente pagados- a no hacer nada, a decir cuatro tonterías innecesarias y, probablemente, a ponerse ciegos de montaditos y pochas de Tolosa. Pero puede decirse -solamente en lo que respecta a la comedia en cuestión- que bien está lo que bien acaba.

Ahora queda aquello de que ETA no se ha disuelto y no ha entregado las armas. Bueno, esto puede ser parte de la escenificación, pero, por más que haya querido dársele valor, significa bien poco: que se disuelva o no una organización que, además de bastante desorganizada, está en cuadro, es una cuestión puramente académica (salvo por una cosa a la que iré a continuación); y lo de la entrega de las armas, casi lo mismo: aunque entregara sus arsenales, poco le costaría reponerlos en caso de reincidencia, lo cual, por cierto, cabe decir también de la tan exigida disolución.

El tema de la disolución es complicado, por una sola razón: si ETA se disuelve, deja de haber interlocutores; su propio entorno no lo toleraría y, seguramente, se generarían réplicas, como en los terremotos. Cabe no olvidar que hay setecientos u ochocientos presos con los que algo hay que hacer; y setecientos u ochocientos presos es muchísimo para un territorio de poco más de dos millones de habitantes, la mitad de los cuales está próximo al nacionalismo. Es decir, que la mitad de la población tiene, con toda probabilidad y como mínimo- un pariente más o menos cercano en prisión. Claro, también hay que decir que la otra mitad llora un número similar de muertos, pero éstos no tienen ya remedio, desgraciadamente.

La papeleta es muy, muy complicada, lo he dicho muchas veces. Una cosa -importante, sustancial- es que ETA deje las armas (con una escenificación u otra) y otra cosa, muy distinta, es el proceso de reconciliación de esas dos mitades de la sociedad vasca. Y tengamos clara una cosa: esa reconciliación es absolutamente imposible con gente en prisión. Y pensemos que hay gente con penas larguísimas por delante, veinte, treinta años… ¿Puede el País Vasco mantener esa zanja durante veinte o treinta años sin resquebrajarse nuevamente en otro horror? Yo creo que no.

Comprendo perfectamente los deseos de justa vindicación por parte de las víctimas y de sus familiares. ¿Cómo no lo voy a comprender? Se me revuelven mis propias tripas cuando pienso que estoy hablando tan tranquila y distanciadamente de que las malas bestias que asesinaron a aquel concejal de Sevilla y a su esposa (buenos días, niños… ¿os acordáis de papá y mamá? Bueno, pues ya no tenéis ni papá ni mamá) podrían ver reducidas sus condenas quizá sustancialmente. Me diréis -y con razón- que vaya a decírselo a aquellos niños, que seguramente tendrán hoy edad suficiente como para reventarme los huevos a puntapiés y, probablemente, muchas ganas de hacerlo si llegan a leer esto.

Pero la pregunta, un tanto exclamativa, es inevitable: ¿alguien cree de verdad que la paz civil -y quizá, a la larga, la otra- pueden mantenerse en el País Vasco con centenares y más centenares de tíos encerrados con largas condenas? La víctima no quiere que liberen al asesino de su padre, es comprensible; pero supongo que también se comprenderá que el padre o el hijo del preso no quieran abrazarse con la víctima mientras su ser querido está entre rejas (y sobre todo, si está entre rejas sin la menor esperanza de remisión) por más mala bestia que haya sido el preso.

Yo no sé dónde estará ese término medio, ese punto en el que todos, absolutamente todos, van a sufrir, van a perpetuar una espina clavada, pero resignados a vivir para siempre con esa espina a cambio de poder arrancarse el puñal. No sé dónde está ese punto de sufrimiento tolerable, pero sí tengo claro que si no se encuentra, el jolgorio que se ha vivido esta semana, la celebración, el paz por fin, será un recuerdo amargo y sarcástico a la vuelta de pocos años. Porque ETA, así llamada o de otra manera, volverá a actuar, volverá a matar, volverá a ensanchar aún más una zanja por la simple conclusión de que resultó imposible rellenarla.

El final del conflicto -el verdadero final del conflicto- va a necesitar una tan enorme cantidad de generosidad por parte de todos, que no sé si habrá género humano capaz de contenerla.

Ojalá me equivoque.

Cinco bancos recapitalizados

Esto ya no es una escenificación, sino una comedia entera. Todos los fines de semana, igual: se reúnen frau Merkel, monsieur Bruni y unos cuantos comparsas, y hacen bueno aquello de reunión de pastores, oveja muerta. El lunes arde Grecia, las bolsas europeas se desploman y las agencias de calificación se dedican a amargar el futuro financiero de España e Italia a beneficio de los pingües ídem de los especuladores de deuda soberana; y de Portugal e Irlanda, pobres, ya ni se habla: se pregunta uno si todavía existen.

Una comedia macabra, sanguinaria, cruel y sarcástica, que describe la mayor estafa de la historia de la Humanidad, aquella en la que nos robaron nuestro dinero, el de todos los ciudadanos, para dárselo a los bancos, unos bancos que, ya para iniciar la estafa, habían hecho circular -a buen precio- signos de valor que no estaban respaldados por valor alguno. Es como cuando uno tiene tres tarjetas de crédito: saca dinero en efectivo de una (lo que devenga las correspondientes comisiones); cuando vence la deuda, la abona con el dinero en efectivo que obtiene de otra (al que hay que añadir las comisiones); al mes siguiente, lo mismo con la tercera. Hasta que, fatalmente, ya no queda saldo crediticio en ninguna tarjeta: la pelota, ha colapsado.

Pese a que hasta los más lerdos saben que las pelotas siempre acaban colapsando, nunca faltan tahúres que creen que las pérdidas son coyunturales, que la buena racha ya no puede tardar; y ponen en circulación aún más tarjetas para pagar lo que deben las otras. Hasta que por cada euro contante y sonante, circulan vete a saber cuántos en tarjetas. Entonces se coge la navaja, se va a la esquina y se emprende con la sirla contra todo el que pasa.

Es exactamente eso.

Los directivos forrándose pese a haber arruinado a sus entidades; los bancos repartiendo beneficios (que quizá hayan sido inferiores a los del año pasado, pero los ha habido, y no pocos, en algunos casos) y ahora resulta que han de recapitalizarse. Recapitalizarse aún más, porque cabe recordar que se han comido ya hace meses el fondo público de pensiones (¿recordáis la hucha de la Seguridad Social de la que con tanta fruición hablaba Aznar?) hasta el punto de que han tenido que congelar las que ya se están pagando y recortar las que se van a pagar (y ya veremos si se pagan) a base de incrementar la edad de jubilación y de incrementar el número de años de cotización necesario para el cálculo de la pensión. Paralelamente, se está desmantelando el sector público y cada vez con menos disimulo. La Espe ya privatizó la sanidad pública madrileña (esta va por delante: ahora ya está recapitalizando los colegios privados con los fondos de los públicos) y en Catalunya se planea una inmensa subasta de toda la sanidad a un par de docenas de empresas privadas, como no podía dejar de temerse desde que Mas colocó de conseller de Sanidad al líder de la patronal sanitaria privada. Lo de poner al zorro a cuidar las gallinas, vaya. Mientras tanto, los empleados públicos no funcionarios, teóricamente protegidos por un convenio, se ven periódicamente en la tesitura de elegir entre ver su sueldo rebajado o que un determinado porcentaje de la plantilla se vaya a la puta calle… Hasta que el sueldo ya llegue al extremo materialmente irrebajable y entonces despidan igualmente al porcentaje correspondiente de la plantilla. Y los empleados públicos estatutados nos vamos temiendo o bien otra reducción de sueldo, o bien una supresión de pagas extra, o bien ambas cosas (mucho más probablemente). Este año hubo amago en Catalunya, pero el 20-N y los presupuestos del 2011 obligaron a echarse atrás, aunque la advertencia fue clarísima: el año que viene no habrá 20-N y esperad, esperad a ver los presupuestos de 2012 (que ni los insinúan por miedo a las elecciones: en Catalunya ya está anunciada la prórroga de los del 2011 para que los del 2012 se impongan sin paliativo ni obstáculo alguno durante el primer trimestre del año).

Mientras tanto, continúa imparable el reguero de desahucios y de pillados por deudas imposibles. La economía está completamente estancada, me importan tres cojones lo que digan las cifras que, de todos modos, se acercan bastante a lo que estoy sosteniendo. Las empresas no obtienen financiación, luego no se genera actividad economómica; no habiendo actividad económica, a ver quién es el guapo que crea empresa (y empleo, de paso), con lo que los ingresos fiscales de las administraciones públicas descienden.

Hay quien dice que se está haciendo todo al revés, que lo que deberían hacer los poderes públicos es meter dinero a chorros en la caldera económica para subir la presión. No lo sé, pero intuyo que hacer eso no sería peor que lo que se está haciendo: regalar al sistema financiero cantidades ingentes de pasta que no vuelve a ver la luz del sol.

Nos están atracando. Nos están atracando descaradamente, ya no se molestan ni en disimular.

Cada fin de semana, esa Europa maravillosa que iba a atar los perros con longanizas, pergeña nuevas maneras -no sustitutivas de las viejas sino acumulativas a las mismas- de robarnos más y más, porque el agujero bancario -de los bancos franceses y alemanes, principalmente- es insaciable. Nos ha salido barata la España que iba bien y la champions económica en la que jugaba España…

Desde cierto punto de vista, ya nos lo merecemos, ya…

——————–

Bueno, pues hasta aquí mi segunda rentrée de este año. De este año en que las chicas se me han hecho mayores y sus padres podemos diversificar las vacaciones en tramos más breves, pero mejor aprovechados (y, oye, que sientan mejor: si vuestros trabajos lo permiten, dividir las vacaciones en bloques semanales tipo 2-1-1, que es el que he hecho yo este año, o similares, es algo que os aconsejo calurosamente, no importa qué se haga en ellas).

En marcha de nuevo, pues…

Anuncios
Both comments and trackbacks are currently closed.

Comentarios

  • Monsignore (bucólico y pastoril)  On 25/10/2011 at .

    Caro figlio, tú has estado en pocas reuniones pastoriles.

    Es “Reunión de pastores, oveja enculada”. Luego, puede que se la coman. Pero luego.

  • gatopeich  On 25/10/2011 at .

    Bienvenido a casa, si te han gustado los entrantes te chuparás los dedos con las nuevas especialidades occidentales:

    + La imprenta de Euros sube una marcha, veremos si aguanta.
    + Reservas soberanas de oro vendiéndose a escondidas (‘swaps’ y otras cosas ‘de grandes bancos’).
    + Gobiernos listos para cortar Internet y los móviles cuando les apetezca, sin más (Uy, se ha cortado, quién habrá sido?).
    + Régimen militar en Grecia a la 1, a las 2, y a las…
    + Fin de la privatización de todos los bienes públicos.

    Todo ello eficientemente televisado y con sensatas explicaciones.

    Los postres aún los estamos cocinando.

    Que aproveche! 🙂

A %d blogueros les gusta esto: