Fado con barretina

De la serie: Rugidos

Que los políticos de ahora sean unos rentabaja mentales, unos indocumentados, unos botarates, que hasta como corruptos sean unos perfectos inútiles, y que sean la escoria más deleznable de la historia de la cosa pública española (lo de española ya no sé si decirlo, a tenor de lo que seguirá) no hace forzosamente buenos a los de épocas anteriores, aunque tuvimos el espejismo de lo contrario. Y justo al día siguiente de escribir un artículo de aquellos en los que me da por meterme con lo más sagrado y ciscarme en el nacionalismo por donde más le duele, es decir, por sus mismas bases, por su propia partida de nacimiento, pataf, viene un españolarra y me deja cubierto de mierda. Bueno, no sé si me deja cubierto de mierda o cubierto de razón. Veámoslo.

Hablo del ínclito señor Peces-Barba, padre (que le dicen) de la Constitución, lo que explica muchas cosas de la Constitución, porque si todos sus padres fueron como don Gregorio (y todos no sé, pero muchos me da a mí que sí) no sorprende en absoluto el fiasco que hemos llevado a cuestas desde hace casi treinta y tres años.

Peces-Barba se descolgó ayer con un dicharacho, ja, ja, ja, qué gracioso, en el Congreso Nacional de la Abogacía que se está celebrando en Cádiz. No sé si ha sido por la mañana o por la tarde, lo que me impide establecer con cierto índice de racionalidad la sospecha de que se pasó con el carajillo al mediodía o es que cagó mal por la mañana, al levantarse. Porque el estreñimiento o el exceso carajillero son malos compañeros de un intelecto en regular estado de funcionamiento, y su manifestación debería obligar, en conciencia a excusarse: no, mire usted y disculpe sobre todo por los inconvenientes, pero esta mañana he cagado duro y mal (o este mediodía le he echado demasiado «Veterano» -con toro y todo- al café) y no estoy yo en condiciones de decir cosas serias.

Porque lo que dice nuestro héroe, en el contexto de la Guerra dels Segadors de 1640 es (según «El Periódico»): «Entonces se tomó una decisión, que fue dejar a los portugueses y quedarnos con los catalanes […] Y yo siempre digo en broma: ¿Y qué hubiera pasado si nos quedamos con los portugueses y dejamos que se vayan los catalanes? […] Igual nos hubiera ido mejor». Culmina el dicharacho (jaaaaa, ja, ja, qué risaaaaaa) declarando que si hubiera sido así «[…] Hubiera habido un problema gordísimo: que no habría habido los partidos de fútbol Madrid-Barcelona». He aquí el pegamento de la cohesión de España, hay que joderse…

Parece que ignora don Gregorio que la revuelta que dio lugar a la llamada Guerra dels Segadors la iniciaron mis antepasados catalanes no contra España (que entonces apenas pasaba de un enunciado, porque seguían existiendo totalmente diferenciadas dos coronas, la de Castilla y la de Aragón, y dos reinos, Navarra y Granada) sino contra la brutalidad de Olivares, contra su soldadesca, que andaba cometiendo impunemente mil tropelías, y contra la pretensión de que Catalunya pagara una guerra que no se llevaba a cabo en defensa de sus intereses, único caso en que la contribución económica era exigible. Parece ignorar el [tenido por] sapientísimo don Gregorio, que el concepto de nación no existía -al menos, tal como lo entendemos ahora- y, si hubiera leído el Tratado de los Pirineos -que fue el que puso fin a la guerra entre «España» y Francia, en la que se incardinó la de los Segadors, con la pérdida para Catalunya de comarcas queridísimas que aún hoy se añoran- se hubiera percatado que en él jamás se habla de Rey de España sino de Rey de Castilla, por elipsis de la larga carrerilla de títulos que andando el tiempo -digamos que a partir de la Constitución de 1812- iban a subsumirse en el jurídicamente (por constitucionalmente) declarado Reino de España. Parece que don Gregorio anda histórica, política y jurídicamente flojo de remos… seguramente por lo dicho antes del cagar o del beber, porque títulos y diplomas tiene para empapelar la Muralla china.

O sea que hasta en las coñas marineras anda don Gregorio mal de cuentas: a «España» no le hubiera ido ni mejor ni peor quedándose con los portugueses y dejando que se vayan (anda, que no tiene cojones la expresión) los catalanes, sencillamente porque los catalanes ya eran independientes (en rigor, independiente lo era la Corona de Aragón). La todavía inexistente «España» no podía, pues, otorgar ni impedir independencias de ningún tipo. La Corona de Aragón, sencillamente, tenía el mismo rey que la de Castilla, y todo ello se coordinaba con las capitulaciones que realizaron Isabel de Castilla y Fernando de Aragón doscientos años antes.

El Decreto de Nueva Planta de Felipe de Anjou establece políticamente lo que después en Cádiz se consagraría jurídicamente, pero lo hace al principio del siglo XVIII, lo que implica que a mediados del XVII no había tal nueva planta y el que, dicho sea de paso, fue, en palabras de Pérez-Casaux, el mejor régimen autonómico de la historia de los pueblos de España, estaba plenamente vigente. Mientras tanto, Olivares no era nadie en Catalunya: lo era el Rey y éste tenía que pasar por la Generalitat. Olivares quiso entrar como un elefante en una cacharrería y se encontró con una revuelta que era contra él -ni siquiera contra el Rey: ara el Rei, Nostre Senyor, declarada ens té la guerra– y, obviamente, no contra una España aún muy etérea.

Peces-Barba ha arreglado la cuestión empeorándola: ha pedido disculpas para luego añadir que los catalanes tenemos la piel muy fina. Pues mire usted, señor mío: no sé si tan fina como la tienen, sin ir más lejos, extremeños y andaluces, que han puesto en marcha nada menos que a sus parlamentos autonómicos para maldecir una caricatura de Duran i Lleida; y recordemos que una caricatura es una distorsión humorística o grotesca -pero perfectamente reconocible- de lo que, en definitiva, es una realidad. Y por más que fueran dichas en broma, me parecen muchísimo más graves las afirmaciones sobre algo tan serio como la cohesión del Estado (o de la Nación, si se quiere) pronunciadas por alguien con el perfil institucional de don Gregorio (aunque sea un perfil con el ex delante) que las no del todo exageradas diatribas sobre las más que presuntas corruptelas de una prestación social realizadas por un político en campaña sin más sustrato oficial que el de ser diputado de un parlamento ya disuelto.

Aquello de separatistas y separadores es muy recurrente, pero cuando suceden estas cosas, es inevitable. Porque lo peor no es la argumentación -y la razón dialéctica- que Peces-Barba viene a dar al nacionalismo independentista (que ayer no cabía en sí de gozo, porque, aunque frunciera el ceño de cara a la galería, se le notaba que se le iba la risa por debajo del bigote), lo peor -a la vista de los que le rieron la gracia en aquel momento y los que, después, lo excusaron diciendo que no hay para tanto, como hoy mismo el Lucas en RNE- es la constatación de nuevo de esa catalanofobia que cada día es más patente y evidente, que sabemos que da votos a quien la practica abiertamente y que, tradicional y de largo recorrido en el tempo histórico, viene experimentando un clarísimo y acentuado incremento en los últimos años.

Y cuanto más se niega esa catalanofobia acusándonos de victimistas, más clara la vemos aparecer cada dos por tres y con el menor pretexto. Que sigan así, que sigan, y los propios españolarras acabarán proporcionando razones para que se produzca una situación que sí les lleve a una catalanofobia aguda… con motivos.

¡Qué cutre y salchichera es la España que pintan algunos!

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Comentarios

  • miguelc  On 29/10/2011 at .

    Pues que quieres que te diga Javier. Desde mi punto de vista, el de alguien que ni vive en Andalucía, ni el Extremadura, ni en Cataluña, pero tiene familia cercana en todas ellas, yo no veo la diferencia entre las chorradas del uno y las chorradas del otro.

    Pero el que dos politiquillos digan estupideces en tiempo de elecciones no me preocupa demasiado, lo que sí que me preocupa mucho son los comentarios del tipo: “sí ambos son ladrones, pero ese ladrón es mucho peor que este ladrón”.

    Eso me preocupa un montón porque me da a entender que, de tanto tirar de las mangas del jersey, los extremistas están empezando a conseguir que se deforme hasta en su centro.

    Se bien que es extremadamente difícil dejarse influir por el ambiente, incluso entre aquellos que tienen cabeza suficiente para pensar por sí mismos (despues de todo somos animales sociales) … pero justo por eso cuanto más fuerte gritan lo demás más necesario es tratar de pensar en soledad.

    Yo no veo que exista “catalonofobia” en la generalidad de la ciudadanía de “España ex-Cataluña”, como tampoco creo que exista “españofobia” en la generalidad de la ciudadanía de Cataluña.

    Sí creo que existe cierto grado de “catalanofobia” en una parte de la clase política y una minoritaria de la ciudadanía, así como “españofobia” en cierta parte de la clase política y otra minoría de la ciudadanía, ¿pero vamos a dejar que sean esos los que nos digan lo que hay que pensar y lo que hay que hacer?

  • Jordi  On 29/10/2011 at .

    De los mejores resúmenes de la historia de la “España” de los siglos XVII y XVIII que he leído. Qué daño que hizo la Guerra de Sucesión.

    Miguel, para mí el drama de lo de Peces-Barba no es que el individuo en cuestión sea un impresentable, sino que los abogados catalanes que, muy dignamente, se levantaron de la silla y se fueron del recinto fueron increpados por una gran masa del auditorio al que la “broma” les parecía estupendamente graciosa, mientras el padre de la Constitución soltaba un “bueno, los que quieran irse, que se vayan”.

    ¿Seguro que no hay catalanofobia instalada en la sociedad española? Yo me juego algo a que sí.

  • Jordi  On 30/10/2011 at .

    Y añado: la España de los Austrias es el mejor “Estado autonómico” que hemos tenido.

  • miguelc  On 03/11/2011 at .

    Jordi, todos los años varios seres humanos son atacados, y algunos muertos, por ataques de perros, incluídos algunos niños.

    ¿Debo entender que los perros son peligrosos, y quizás que deberíamos plantearnos seriamente exterminarlos?

    Es todo una cuestión de proporciones, y que los extremistas de ambos lados estén consiguiendo polarizar incluso a aquellos que hasta ahora habían conseguido mantener un pensamiento racional me preocupa, y me hace temer que quizás los seres humanos seamos aún más estúpidos de lo que ya creía.

    A este ritmo vamos a terminar a escobazos.

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