Vomitando en la noria

De la serie: Rugidos

Espectacular. No se me ocurre otra palabra. En el momento de escribir estas líneas, tres marcas de mucho cuidado, Campofrío, Puleva y Bayer, han retirado su publicidad del programa «La Noria», uno de los chafarriñones con que Telecinco embrutece a este país. Con el consiguiente cabreo del tío ese que se dice periodista -como para darse de baja, si hay que compartir asociación, colegio o lo que sea con él- que dirige, conduce o lo que sea, ese infecto patio de Monipodio.

La razón inmediata de esa retirada comercial es la profunda inmoralidad, la abyección que supuso el otro día -no sé exactamente cuál- presentar en el programa a la madre de un indeseable -por utilizar términos muy, pero que muy, moderados- implicado en la violación y asesinato de una adolescente. Voy a decir nada más que implicado. La realidad es muy otra y mucho peor.

Pero a lo que íbamos.

Uno podría pensar que, coño, por fin unas marcas con verdadero sentido de responsabilidad social. No, no, de eso, nada. Lo de la tía esa se sabía que iba a suceder unos cuantos días antes y esas marcas -y todas las demás- se hicieron el longuis. A ninguna empresa, a ningún acróbata del mercadeo formado en una maravillosa escuela de manachemén, se le ocurrió quitarse de en medio viendo venir la marranada en cuestión. ¿Para qué? Él no hizo novillos el día que en clase se desarrolló el interesante tema «La moral y la ética son una perfecta mierda: lo que importa es la pasta».

La realidad es que un bloguero, Pablo Herreros, levantó la camisa y dejó con el culo al aire a todas las marcas que habían costeado el programa infecto con su publicidad. Pero no tuvo suficiente: impulsó una iniciativa pidiendo a los internautas (a los ciudadanos, en definitiva) que apoyaran una petición para que estas marcas dejaran de financiar con su dinero la mierda de programa en cuestión. Por cierto: os invito a que la firméis.

Y este es el verdadero valor de la cuestión.

Me río, me cago y me meo en la sensibilidad social (y aún menos en la responsabilidad social) de todas esas marcas, y en la de sus directivos y en la de su recua de MBA. Pero parece que la opinión del consumidor, cuando se manifiesta organizadamente, tiene un peso que empieza a poder ser medido.

Hace ya muchos años -muchísimos, por desgracia- que vengo diciendo que todo el poder que hemos perdido como trabajadores y como ciudadanos, lo hemos ganado, centuplicado, como consumidores. Bueno, ya que para los mierdas de los políticos, para los depredadores de la empresa y para los traidores de los sindicatos no somos más que máquinas de comprar y de aflojar la pasta, pues muy bien, asumámoslo. Pero asumamos también que, mientras las cosas sean como son, las pasta -la poca o la mucha pasta de la que dispongamos- sólo sale de nuestros bolsillos cuando nosotros queremos y sólo va a quien nosotros queremos. Esto ofrece un sinfín de posibilidades muy interesantes que cualquier imaginación razonablemente fértil puede ver prácticamente en el acto.

Supongamos, por ejemplo, que te suben la gasolina y que eso te revienta. Pues no coges el coche. Claro, saldrá un listillo que dirá que tarde o temprano tendrás que cogerlo; y sí, es cierto: tarde o temprano cogerás el coche y pagaras por la gasolina lo que te exijan. ¿Lo que te exijan? ¿Seguro? Tú imagínate el escenario de una semana -de una sola y puta semana- en la que el consumo de combustibles de automoción cae en picado, pero lo que se dice en picado. Caen las acciones (sobre todo por desorientación, que eso lo llevan muy mal los putos mercados: ¿qué coño está pasando?) y caen… ¡la leche! caen los incentivos de los cabrones que están al frente de la cuestión y cuya misión es estudiar (y ejecutar) cómo apiolarnos más y mejor en beneficio de la empresa y, en definitiva de sus stock options (o como llamen ahora a esas mierdas o similares). Te puede parecer una tontería, pero en Barcelona le montaron a Franco una huelga de [usuarios de] tranvías y en la misma época en que fusilaba a cascoporro tuvo que tragarse el sapo y envainársela. Franco, querido lector, el mismísimo Franco. O imagínate que los ciudadanos decidimos -vía Internet, por ejemplo- el «mes sin cine» porque estamos hasta las narices del precio de la taquilla, del precio de los DVD o de los cuentos de la farándula, pongamos por caso. Piénsalo bien: tenemos un poder brutal y, ejerciéndolo despiadadamente, unas posibilidades infinitas de recuperar el gobierno de nuestras vidas más allá del propio consumo.

Hoy hemos visto una muestra, una pequeña -ínfima- maqueta de lo que podemos hacer si vamos todos a una. Podemos ser los amos. Déjate de elecciones: regulando nuestro consumo, discriminando nuestro consumo, boicoteando con nuestro consumo, podemos hacernos los amos -todos nosotros, los ciudadanos- con facilidad y sin traumas.

Esa es la importancia de lo que ha pasado hoy con la publicidad y con la mierda de programa de Telecinco.

En Twitter, Jordi González babeaba frustración. Escupía: «Estudiantes y aficionados al marketing: una empresa de embutidos ha visto la oportunidad de una campaña de imagen que le sale gratis. Y la ha aprovechado». ¡Que triste respuesta implícita en su bilis desbocada! González, tío: ¿no te das cuenta de que si una empresa de embutidos ha visto la oportunidad de una campaña de imagen puteando tu mierda de programa, es que tu mierda de programa -y tú, consecuentemente- tenéis un problema y grave? ¿No ves que si desmarcarse de tu programa lleva al éxito comercial, tu programa está muerto? (y tú, profesionalmente, con él). Terminas diciendo: «Cuando a un imbécil le señalas la luna se fija en el dedo». Pues aplícate el cuento.

Y tómate algo, chato.

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Comentarios

  • Nubian Singer  On 04/11/2011 at .

    Estimado Javier, no te lo tomes a mal, pero creo recordar que, cuando se boicoteó a las empresas catalanas (especialmente, al cava) para expresar el desacuerdo con los políticos catalanes, no te parecía tan bien eso del boicot.
    Por lo demás, talmente de acuerdo.

  • Javier Cuchí  On 04/11/2011 at .

    No me parecieron bien las intenciones y las motivaciones -más que turbias- de quienes lo promovieron, no el estricto hecho de que se utilizara el consumo como un arma política.
    Que, además, en ese caso se utilizó mal porque el daño es muy relativo (las cifras de ventas de cava en el resto de España -sin ser despreciables, claro, a nadie le amarga un duro de caja- son muy muy bajas en relación a lo que se vende en Cataluña y a lo que se exporta); y lo que se consiguió, además, es que Codorniu y Freixenet se dedicaran a comprar a saco la práctica totalidad de cavas españolas. Me parece que salvo dos o tres marcas (y no sé si llega) comprar cava no catalán es dinero para Codorniu o Freixenet (es decir, para empresas catalanas).

    Que apruebe -e incluso promueva y aplauda- un procedimiento, no quiere decir que esté automáticamente de acuerdo con todos sus usos. También soy partidario de la huelga y no estoy de acuerdo con todas las que se convocan (ni mucho menos). No soy pacifista -para nada- pero eso no me hace partidario de solucionarlo todo a tiros (al contrario, porque, aunque no soy pacifista, sí soy pacífico).

    Encantado -como siempre- de tenerte por aquí.

  • Monsignore  On 08/11/2011 at .

    Hace ya tiempo se habló de que dos tags tienen más fuerza que uno solo: #nolesvotes y #nolescompres.

    ¿Recuerdas el episodio de “Los Simpson” en el que Marge inicia una campaña de boicot de los dibujos animados violentos?
    Un consumidor escribe al productor de los dibujos diciendo que “No volveré a ver su programa, ni a comprar ninguno de sus productos, ni a frenar si le veo cruzando la calle”

    Ahí les duele. Y mucho.

  • asmpredator  On 08/11/2011 at .

    Mientras el morbo venda existiran estos programas y estas situaciones aberrantes, los zombies ante el televisor son los culpables de que todavía se realicen estos programas apestosos.

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