Se rompe el inmovilismo

De la serie: Correo ordinario

No cabe sino celebrar, y con mucho entusiasmo, la iniciativa rompedora de Ediciones B (Grupo Z) que, con su portal B de Books, acaba de hacer estallar, probablemente, el mercado editorial digital. Efectivamente, acaba de abrir una iniciativa comercial que ofrece, ya en este momento, 600 títulos aproximadamente , que incrementará a razón de 250 novedades al año publicadas conjuntamente con el ejemplar de papel o incluso en formato exclusivamente electrónico, todos ellos a precios que oscilan entre 1,99 y 9,99 euros y sin DRM, una política editorial juiciosa y racional, tantas veces propugnada desde el mundo de la red, que resume el propio director editorial de Ediciones B, Ernest Folch: «La encriptación no sirve para evitar la piratería: la prueba es la cantidad de libros que están encriptados y pirateados. Al contrario, la favorece, aunque parezca una contradicción. Porque lo que fomenta la piratería es poner dificultades al comprador, que el proceso de compra sea engorroso y el precio alto».

Un paso importante que, sin duda, arrastrará, más o menos a regañadientes, pero arrastrará, a otras empresas editoriales que hasta hoy estaban muy reticentes. De hecho, más que reticentes, estaban rebotadas estúpidamente contra esa realidad que el Grupo Z parece haber percibido claramente.

En mi opinión -y siempre dentro de ese ánimo tremendamente positivo con que recibo la noticia- encuentro demasiado altos los precios del segmento superior: 10 euros por un libro digital me sigue pareciendo un precio carísimo que tiene muchísimo margen para descender; quizá haya que esperar ofertas de temporada o esperar al paso del boom inicial de cada título. En todo caso, y desde la otra cara de la moneda, 10 euros, donde las otras editoriales tenían la poca vergüenza de pedir entre 18 y 25, es decir, prácticamente el mismo precio que por el ejemplar de papel, ya entra dentro de lo razonable. Muy caro aún, pero dentro ya de límites racionales.

Consecuencia personal inmediata: me tendrán como cliente, aunque aún no he experimentado si el sistema de compra, pago y descarga son cómodos o incómodos (parece que aún no está en marcha: los enlaces de los títulos llevan a otra plataformas), pero me extrañaría mucho que un proyecto tan disruptivo fuera a pifiarla en lo más tonto.

En todo caso, les deseo mucho éxito porque creo que el pionerismo, la audacia y la racionalidad deben ser premiados. Lo que es triste, en todo caso, es que algo tan obvio, que tantos y tantos venimos diciendo hace ya años, necesite de alguien que le inyecte pionerismo y audacia.

Confío en el saludable efecto competencial de la iniciativa y confío en que se manifieste antes incluso de que sea constatable el éxito comercial que espero, deseo y creo que tendrá B de Books y espero que ello sea el principio del fin de toda la cagarela de la piratería con la que se excusan los comerciantes incompetentes. Lo cierto es que, como he dicho muchas veces en los medios -ante el correspondiente rasgado de vestiduras de los afectados presentes- las descargas no van a poder eliminarse jamás, van a estar siempre ahí. Lo que sí está en la mano de los autores y de los editores es que la práctica de la descarga gratuita sea marginal, algo que está ahí pero que no afecta en grandes números al comercio. Para llegar a esa situación, son los editores, las industrias, los comerciantes, los que se han de poner en una posición competitiva y buscar entre los consumidores de un producto a aquellos que están dispuestos a pagar cuando ese producto trae un valor añadido en relación al que puede descargarse gratuitamente. Pero, además, deben buscar nuevos canales de comercialización, buscar fórmulas nuevas que supongan, quizá, la intervención de nuevos agentes en el flujo comercial. Buscar, en definitiva, al que va a pagar todo lo que el consumidor va a obtener gratis a cambio de su atención.

Porque, además, ojo, que lo repito por enésima vez: aunque el camino emprendido por la iniciativa B de Books es el correcto, es una salvación editorial coyuntural, más vale que lo tengan claro. A la no muy larga, el flujo del libro digital -entendiendo como tal el facsímil electrónico del libro tradicional- va a quedar restringido al autor y al lector, sin otros intermediarios (quizá, a lo sumo, con la intervención profesional de un maquetista, pero nada más), con lo que el papel de las editoriales decae en este ámbito. Si el mundo editorial quiere sobrevivir, va a tener que inventar cosas, formatos, sumergirse en el multimedia y, por supuesto, adeoptar nuevas fórmulas comerciales, nuevos modelos de negocio, como los que apunto en el párrafo anterior.

¿Y el librero? Ah, esa va a ser la víctima que más nos va a doler a los buenos lectores. Los formatos digitales van a acabar con ese librero entrañable y eficaz que hasta te sale a buscar cuando pasas por delante de su tienda, oye, ven que me acaba de llegar una cosa que a tí te va a gustar. ¿O no? ¿Tiene el librero espacio en el mundo digital? Yo creo que sí, yo creo que un buen librero podría ganarse la vida con los buenos lectores, simplemente haciendo lo mismo que hace ahora, pero utilizando la red. Crear un círculo de amigos-clientes mediante un blog o una página en una red social, conocerlos, detectar sus gustos, y recomendarles con acierto aquellas lecturas que van a ser de su interés. Quizá el problema esté en monetizar ese trabajo, pero sin duda habrá fórmulas.

En todo caso todo el mundo debe ser consciente de que el negocio intelectual (llámalo música, llámalo libro, llámalo cine…) tendrá que luchar en un mercado en el que la gratuidad es un factor que está ahí, que es un competidor como cualquier otro pero que, sobre todo, no es nuevo. El cine no mató al teatro, la tele no mató el cine, los discos no mataron a las orquestas… Al contrario: el cine dio trabajo y vida a más agentes, más actores, más productores, más tramoyistas, más directores; la tele no sólo no mató al cine sino que lo impulsó y hoy lo financia (más allá de las obligaciones absurdas con las que en España se impone a las cadenas de televisión invertir en cine, muchas productoras trabajan para ambos medios y muchas televisiones producen cine para su propia programación); y lo que pasó con el disco… bueno. La digitalización hará lo mismo que todo eso, pero multiplicado, basta con habituarse al nuevo sistema que está creando, en el cual no va a ser un factor pequeño el intercambio de ideas que a nivel de usuario se produce en la red, lo que creará un usuario más libre, más formado, menos sujeto a un pensamiento único procedente de oligopolios y más hecho al pensamiento crítico a que obliga la inmensa diversidad ideológica de millones de ciudadanos comunicándose al mismo nivel.

Hoy ha pasado algo importante en España y conviene anotar esta fecha

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Comentarios

  • Ángel Vázquez Hernández  On 15/11/2011 at .

    Bueno, no te preocupes por los libreros. Mi hermano es librero y creo que sobrevivirá. Simplemente desaparecerán algunos formatos como la narrativa de bolsillo, pero gran cantidad de publicaciones como publicaciones infantiles, libros de gran formato en papel de alta calidad, guías de campo y otros tardarán mucho en pasar a digital. Y luego está la posibilidad de explotar modelos de negocio todavía por definir, claro.

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