Atémonos bien los machos

De la serie: Esto es lo que hay

Bien, pues, como era de prever, ayer se desencadenó la catástrofe. Y cuidado: la catástrofe no fue propiamente que venciera el PP, sino que venciera por mayoría absoluta. Exactamente la misma catástrofe que hubiera acontecido si el vencedor por mayoría absoluta hubiera sido el PSOE. O, puestos a imaginar, que cualquier otro partido -el que fuera- hubiera vencido por mayoría absoluta. Y dentro de este acojonante naufragio, aún debemos dar gracias: aunque las encuestas pronto desvanecieron esa esperanza, a más de uno del Partido Popular se le pasó por la cabeza la posibilidad de que éste pudiera obtener la mayoría cualificada suficiente como para darle la vuelta a partes sustanciales de la Constitución sin necesidad de referendum. En fin, incluso en el naufragio del Titanic hubo supervivientes.

El problema añadido en esta ocasión es que nos hallamos frente a un desierto electoral de proporciones acojonantes: salvo las elecciones andaluzas -que se dan por descontadas, por otra parte- no hay nada de nada hasta dentro de dos años en el Parlamento Vasco, en las que el PP arriesga poco porque poco tiene y menos aún que va a tener de cualquier modo, y dentro de tres años, en que las elecciones a la Generalitat de Catalunya -esas sí ya serán importantes para el PP, pero, claro, limitadas al territorio catalán- darán el banderazo de salida a las casi inmediatamente siguientes autonómicas y municipales. O sea que el PP tiene prácticamente tres años para hacer lo que le dé la gana sin preocuparse prácticamente por nada. Únicamente, en el último de esos tres, ponernos una cara amable a los catalanes regalándonos tres o cuatro chorradas que pongan muy contentos a los convergentes, ya sabéis, los del peix al cove (pájaro en mano, dicho en román paladino). Queda la calle. De esa hablaré después.

Preveo que la tormenta perfecta que se nos avecina tendrá dos partes: la primera, para ir amenizando la fiesta, consistente en que aflorará toda la información que se ha ocultado cuidadosamente por interés electoral y que imagino que consistirá en la quiebra generalizada -bien puede calificarse de global- de los municipios españoles y de un buen número de empresas públicas que, más que deficitarias -lo han sido siempre-, son más bien inútiles y ruinosas, entre otras cosas, probablemente muchas, porque la lista de catástrofes, según es de temer, sólo ha enseñado la punta del iceberg; y la segunda, será el ajuste de tuerca correspondiente y que consistirá, llanamente, en el derrumbamiento del estado del bienestar y en la desaparición de los pocos derechos sindicales reales que todavía conservábamos.

Me interesa mucho insistir en que todos esos males van a derivar de una mayoría absoluta, no del hecho de que la tenga el PP. Voy aún más lejos: estos males nos sobrevendrían igualmente no sólo si esa misma mayoría absoluta la hubiera alcanzado el PSOE sino, incluso, en minoría ambos, sumados alcanzaran igualmente esa mayoría. ¿Se puede ir más lejos? Sí: en la legislatura que ayer murió definitivamente, PSOE y PP sumaban la mayoría cualificada para modificar partes sustanciales de la Constitución a su gusto y ganas, es decir, al mandato de la Merkel o del Bruni; pues bien: la siguen sumando. En pocas palabras: estábamos jodidos, estamos jodidos y seguiremos estando jodidos. ¿Qué ha cambiado, pues? Absolutamente nada. Lo único que ha ocurrido es que el dique que contenía el enorme caudal de putadas que nos están preparando, es decir, las elecciones generales, se ha roto; se ha roto, como cabe deducir, por una simple cuestión de calendario, no por otra cosa. Hubiera pasado ayer lo que hubiera pasado (salvo imposibles eróticos que a muchos nos hubieran gustado pero que no, que no pasan), hoy estaríamos igualmente más jodidos que anteayer pero muchísimo menos que pasado mañana.

Y ahora tocaría efectuar unas cuantas consideraciones numéricas: todo aquello de lo que pasaría si no hubiera la regla del cabrón d’Hondt, me cago en su puta tumba, o considerar la realidad de que la atronadora victoria del Partido Popular ha consistido en levantar escasamente poco más de medio millón de votos que en las elecciones anteriores (de 10.278.010 votos y 154 escaños en el Congreso, pasa a 10.830.693 a 186 escaños, con un incremento relativo en votos de 4,7 puntos porcentuales). Democracia, que le llaman. Pero no, no quiero hablar de todo eso porque aunque apenas he navegado por Internet en el momento de escribir estas líneas, me imagino que los de la cofradía del consuelo (los mismos que se felicitan por la mucha salud que tienen cuando no les toca la lotería) ya estarán llenando kilobytes y más kilobytes con todas estas consideraciones. Y sí, bueno, es verdad que no ha ganado la derecha, que ha perdido la izquierda, pero esa es una consideración que, si yo fuera de izquierdas (o de esos que así se autodenominan), me consolaría más bien tirando a poco y, además, no es en absoluto operativa. Por más que la mona se vista de cifras absolutas de voto y de porcentajes y de toda la demás cagarela, lo que cuenta es el número de escaños y todo lo demás son cuentos chinos de subcampeón. Y recordemos lo que decía no sé quién: el segundo es el primero de los que pierden. Ajo y agua.

Bien, como decía antes, queda la calle. Y está claro que habrá que echarse a ella, pero, en lo que a mí respecta, con entusiasmo pero sin fe. Con entusiasmo, porque es lo único que nos queda; si abandonamos la calle, si nos damos a lo que ellos llaman orden público, ya podemos abandonar toda esperanza. No es que, de todos modos, el asunto de la esperanza dé para mucho, pero si dejamos la calle nos quedamos como los mismísimos perros: al albur arbitrario del amo, que pasaría a adquirir poco menos que derecho de vida y muerte sobre nosotros. No: la única arma que nos queda, aunque precaria -como todo lo demás- es que mantenga, aunque lejano y remoto, un punto de miedo ante la posibilidad de un estallido social.

Sin fe, por dos razones. La poco importante, que el PP ya cuenta con ello y no se ha ocultado al respecto: han dicho a las claras que ya cuentan con que se va a llenar la calle de movilizaciones y que, pese a ello, no les va a temblar el pulso. En otras circunstancias, podría parecer un farol, una baladronada, pero con la Merkel y el Bruni apretando detrás, doy por descontado que va a ser así. La razón más importante, sin embargo, está en nosotros mismos. De los resultados electorales -ahora sí que me referiré un poco a las cifras- se infiere claramente que el #15M, el movimiento indignado, que le llaman, ha conseguido resultados: más allá del PP, todo es fraccionamiento, se han multiplicado los pequeños partidos con presencia en el Congreso y, aparte de que va a haber dos o tres grupos parlamentarios más, el Grupo Mixto va a ser de cojones. Los amigos del anecdotario parlamentario se van a poner las botas en esta legislatura. Esto confirma algo que ya se sospechaba: el #15M ha sido un movimiento nacido de la frustración de la izquierda, añadido (o al que se ha añadido) el componente de frustración cívica no alineado que ya preexistía, pero que no ha calado -como hubiera sido deseable- en ciudadanos indignados con ideología de derechas. Y estando en ello, se me viene a la memoria una queja pepera que leí hace unos pocos meses: «Cuando no se quiere a la derecha, se clama por la izquierda; cuando no se quiere a la izquierda, se clama por el cambio de sistema». Mezclando todo eso en un mortero, me pregunto si el #15M, el movimiento de los indignados va a seguir como tal. Porque si es verdad que -como me huelo y coincido en ello con muchos que ya lo dijeron antes que yo, sólo que yo lo digo con datos en la mano y ellos no- el #15M es producto de la frustración de la izquierda, ahora que va a mandar la derecha y que vuelve a haber una izquierda irredenta y, por tanto, reivindicable, con las ventajas de concreción, personalización y programación que ello comporta, va a hacer falta un #15M o, mejor dicho (porque falta, lo que se dice falta, yo creo que la hace más que nunca), si el aliento de sus promotores va a seguir en ello o va a dirigirse hacia derroteros más concretos.

Habrá que esperar a verlo pero fíjate lector, que, con todo lo que se nos viene encima, que es enorme, a mí lo que más me preocupa es precisamente eso: el futuro del #15M. Porque el #15M es nuestra única tabla de salvación a medio o largo plazo. Si la reacción cívica que supuso desaparece del mapa, estamos perdidos de nuevo. Si la indignación por la suciedad política, por la exclusión ciudadana de la poítica -que eran objetivos claros, transparentes, comprensibles y, sobre todo legítimos- desaparece, pasaremos a estar, como he dicho antes, como perro al albur del amo, pero de una manera definitiva, como inicio de una de las etapas más oscuras que habrá contemplado la historia de la Humanidad.

Si no sabemos mantener claridad (y ética, y limpieza) en las ideas y firmeza en la acción, no será decir aquello de que no nos pase nada sino que, llanamente, estaremos liquidados.

Qué miedo, madre mía…

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Comentarios

  • asmpredator  On 21/11/2011 at .

    Me entra la llorera viendo la estrechez de miras del pueblo español al que pertenezco pero que no comparto en cuanto a ideología, otra vez el PP, caemos siempre en el error cíclico, en el bipartidismo ponzoñoso, en alimentar al monstruo que nos devora, a perpetuar el cazurrismo en lugar de la apertura de miras, yo he votado Piratas de catalunya, y lo he hecho con la ilusión de ver algún cambio en el negro panorama politico, aun sabiendo que no ganarían porque la turba prefiere el comodo bipartidismo, pero es que cuando me dicen que deben utilizar el voto util me entra la risa, cuando me dicen que votar a otros es inutil me entra una mala leche… si siempre se vota a los mismos mamarrachos ¿que cambio esperamos que haya?.

  • lamastelle-resistente  On 21/11/2011 at .

    A las 18:00 del dia 21 de Noviembre, Mariano Skynet toma conciencia de si mismo como Futuro Presidente. Los votantes, aterrados, intentan desconectarlo…

  • miguelc  On 22/11/2011 at .

    Bueno, por si te sirve de consuelo Javier, aquí tienes al menos a uno de derechas (o eso creo), que piensa que es todo nuestro sistema político el que está degradado y necesita de un buen arreglo, por lo que no voté ni PP ni PSOE.

    Ni que decir tiene que pienso seguir apoyando al movimiento ciudadano que pide (pedimos) cambios.

    A lo mejor soy un bicho raro.

  • Juan Manuel  On 22/11/2011 at .

    Te dejas casi lo peor: mucho #15M, mucho indignados y mucho “no a les retallades” (no a los recortes en Cataluña) y CiU ha sacado unos resultados que casi ni ellos se creen.

  • Jordi  On 22/11/2011 at .

    Hoy mismo, Mas ya ha engrasado la podadora. Otra vez rebaja de sueldo para los trabajadores públicos.

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