Penitencia

De la serie: Correo ordinario

Yo creo que hasta tiene valor alegórico, que trasciende de la propia entidad y es extrapolable a otros ámbitos, posiblemente amplios, de la sociedad. Me estoy refiriendo, claro está, al informe que, por encargo de la nueva directiva -provisional- de la $GAE, ha realizado Ramón Löpez Vilas, magistrado que fue del Tribunal Supremo, intentado responder a una pregunta parecida a algo así como «pero bueno… ¿qué ha pasado aquí?».

A la vista del informe o, mejor dicho, de lo que han venteado los medios sobre el informe, no estoy yo muy seguro de que para este viaje hayan hecho falta tantas alforjas. Que Teddy Bautista montó ahí su cortijo, que hizo lo que le dio la gana, que se metió en veredas de las que a la $GAE le va a costar muchísimo salir -y muy difícilmente lo conseguirá incólume- y que sacaba de la foto al que se movía lo más mínimo, y que, además, el Ministerio de Cultura -con varios, sucesivos y diversos titulares de PP y PSOE- estuvo mirando olímpicamente hacia otro lado con toda desfachatez, son cosas del dominio público; y no de ahora o de hace poco, sino de hace ya años.

Actitud de sumisión hacia Teddy, acumulación de poderes exorbitante y desmesurada, monarca absoluto, son expresiones que constan en el informe y que, sin embargo, no son inéditas: se han dicho en infinidad de lugares, el más humilde de los cuales es esta modesta bitácora, sin ir más lejos.

Por eso digo que, para concluir en todo esto, no sé qué falta hacía tanto informe y tanto despliegue de la acreditada sabiduría de don Ramón.

Lo que no sé yo es si el informe del ilustre magistrado, que, al parecer, se basa en una previa auditoría de Ernest&Young, indaga en las causas de todo ese cúmulo de despropósitos. Porque, sabido que todo eso existía sin necesidad de informe, lo interesante del mismo hubiera sido, digo yo, que se estableciera por qué se llegó a esta situación, cuáles son sus causas de fondo.

Ahí tenemos a Teddy Bautista. Pero ahí tuvimos hasta hace poco a Camps. Ahí tuvimos a Jesús Gil. Y ahí tuvimos y tenemos a tantos y tantos alcaldes que en sus municipios funcionan más o menos descaradamente -generalmente más- como verdaderos gachós de horca y cuchillo. Eso por ponernos en el ámbito de tramas corruptas. Pero incluso fuera de ellas (al menos que se sepa y/o pueda probarse a día de hoy) tenemos casos de liderazgos absolutos de sospechosa e irreductible permanencia: y en ese saco podemos meter a las dos ilustres lideresas del PP, Esperanza Aguirre y Rita Barberá, a otros ilustrísimos barones del PSOE, como Rodríguez Ibarra o Manuel Chaves (ahora ya jubilados, pero que permanecieron aferrados al mando en plaza durante muchos lustros, casualmente en comunidades vecinas, Extremadura y Andalucía, respectivamente) y a unos cuantos más. Casi iba a citar a Jordi Pujol, pero éste sólo se parece a aquéllos en el largo tiempo de permanencia en el machito, pero Pujol no lo tuvo tan automático y aunque en algunas ocasiones gozó de mayoría absoluta, en otras tuvo que pactar para mantenerse en el poder, pactos en ocasiones dolorosos que pagó muy caros, como los que suscribió con el PP, precisamente.

¿Qué caracteriza a todos estos mandatos omnímodos? ¿Qué tienen en común? ¿Por qué se dan estos fenómenos, toda vez que dependen de un sistema electoral supuestamente democrático? Y lo de supuestamente hay que subrayarlo hasta el sarcasmo en el caso de Teddy Bautista; los demás también cuecen habas, pero muchísimas menos.

Yo creo que se basan en dos acicates conocidos de muy antiguo: por un lado, el miedo y, por otro, el placebo. Lo del palo y la zanahoria, no vamos a inventar a estas alturas la sopa de ajo. El miedo que casi siempre se define en base a un enemigo común y que va desde los catalanes hasta los piratas pasando por los rojos, los oligarcas, los inmigrantes o -más patéticamente, a estas alturas- los fachas (aunque las alusiones al peligro rojo, tan afectas a los estamentos más radicales del PP, no resultan menos ridículas porque, en materia de rojos, en este país cabría decir aquello de ubi sunt?); el miedo que puede combinarse con el placebo: si vienen estos, se nos acabará esto otro. Esto otro pueden ser subvenciones, partidas presupuestarias, transferencias estatales, peonadas o cualquier manifestación, en suma, del panem et circenses. Panem et circenses que es lo que constituye básicamente el placebo, con la especial habilidad añadida de que los sinvergüenzas que dirigen la política saben cómo disminuir el panem a base de incrementar el circenses. Cualquier alcalde de Barcelona sabe, por ejemplo, que puede subir el transporte público o la fiscalidad municipal todo lo que le dé la gana e impunemente, siempre que incremente al mismo tiempo el número de cursas atléticas y populares, monte jaranas músico-bailongueras en el espacio público o, simplemente ponga a la gente a mirar alucinada cómo los muchapastistas se ponen ciegos consumiendo enloquecidamente en las distinguidísimas tiendas del paseo de Gràcia a las doce y media de la noche, todo ello al simple toque de pito municipal.

Teddy Bautista necesitó de toda esa tecnología de gobierno. Los internautas -asociados o por libre- le vinimos como anillo al dedo para figurar como el enemigo espantoso, como la amenaza horripilante que iba a quitar de la boca el pan de los hijos de los artistas, los abanderados del todo gratis que íbamos a arrasar la cultura y tantísimos puestos de trabajo que llegó un momento en que parecía que la industria del ocio ocupaba a más gente que el mismísimo ladrillo. A tal efecto, se rodeó de una guardia pretoriana a la que, más que otorgar poder, halagaba con generosas prebendas y sinecuras para que le hiciera de primera línea de defensa frente a la agresión del enemigo. Y repartió pasta, claro está. Repartió pasta entre diversas minorías, más favorecidas unas que otras, pero todas, en definitiva, favorecidas, a las que, en esa relación palo-zanahoria, pudo darles voto: no el mismo, por supuesto, que la fidelidad y el premio correspondiente también tienen grados; y una extensa masa de socios recibió unos cuantos centimillos de esos tan gratos al vetusto y anciano presidente -más bien tirando a honorario, de hecho- de la cosa. Pero a la masa de socios que percibía poco o nada y que, además, no votaba en las asambleas, se la tuvo bajo control con la promesa implícita que parecía dar la grandeza aparente de la entidad y sus faraónicos proyectos. La cosa gregaria funciona, en definitiva así: muchísimos andaluces que no han visto una peoná en su vida y que han tenido que trabajar como negros para ir tirando y sin que nadie les regalara nunca nada, eran afectísimos a Chaves por inducción, como si dijésemos.

Luego está, también, el ecosistema de la corrupción. Con lo de la corrupción pasa algo muy divertido (y muchos alcaldes podrían darnos verdaderos másters sobre el tema): uno puede no estar propiamente pringado en la corrupción -al menos en lo que a consideracioes jurídicas se refiere; las morales serían otra cosa- y vivir de ella o sobre ella, como quien hace surf. Si uno mira hacia otro lado en medio de un mar de mierda, aunque no se manche con la misma, a los mierdosos les interesa mantener el statu quo y ello permite al presunto intocable mantenerse en el poder -y en la gloria- indefinidamente. Tanto es así que el intocable podría ser -lo es habitualmente- un promotor (siempre jurídicamente limpio) de esa tan conveniente corrupción a la que el promotor resulta, a su vez, asaz conveniente. Un hermoso feed back.

Lo que ocurre es que cuando el tinglado se derrumba por lo que sea, bien porque la ley de la gravedad es inexorable o bien porque aparece alguien que quiere ser califa en lugar del califa y su tótem es más poderoso, el poder de su sostenedor queda sepultado bajo las ruinas. Y, en algunas ocasiones, el sostenedor mismo.

De acuerdo con toda esta teoría general (que a mí me parece de cajón), podríamos decir que el informe de don Ramón, huelga. Si ese informe no es mucho más explícito en lo que se refiere a la aplicación concreta de esa teoría general, no es que vaya a ser muy útil y no parece que trasluzca mucho propósito de la enmienda por parte de los promotores del mismo.

Si en la $GAE quieren demostrar que las cosas han cambiado sustancialmente, que son verdaderamente dignos de que se les pueda denominar nuevamente SGAE, van a tener que dar muestras mucho más concretas y mucho más decisivas. Porque para obtener la absolución, no basta la contricción sino que son necesarios, además, el propósito de la enmienda y la reparación del daño causado.

No sé si me explico.

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Comentarios

  • asmpredator  On 02/12/2011 at .

    Las auditorias contratadas por el propio interesado solo son manotazos para espantar a las moscas, nada mas, sirven para acallar las criticas y desviar la atención para poder seguir a lo suyo.
    Si yo pago a X para que me audite y X dice según los datos que soy un ladrón y que hay que encerrarme, X se queda sin cobrar y sin clientes, por tanto X ya se preocupará de auditarme lo mas convenientemente posible para que siga siendo su cliente en el futuro.

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