Esto sí que es de cine

De la serie: Correo ordinario

Hace un par de días -el jueves pasado, concretamente-, Enrique Dans lanzaba en Twitter el anuncio de que no volvería a pisar una sala para ver cine español mientras González Macho siguiera siendo presidente de la Academia de la cosa. Y, además, explicó profusamente el cómo y el por qué de su actitud en una entrada en su bitácora.

La entrada es ilustrativa, desde luego, pero no contiene argumentos originales, nada que el propio Enrique (entre muchísimos otros, yo modestamente incluido) no haya dicho en tantas otras ocasiones, cada vez que un vividor del copyright se ha dedicado a soltar barbaridades, injurias y perfectas idioteces, que parece ser el verdadero deporte de esta gente prácticamente desde que el propio copyright se inventó. Porque, ojo, la neura histérica no les viene desde que nació Internet sino de mucho antes: yo ya se la oí con las fotocopiadoras, con las cassettes y con los vídeos domésticos; y mucho antes que yo, mis padres y mis abuelos tuvieron que escuchar las perras de ese gremio con los discos, con la radio, con el cine y con la televisión (que iban a matar, respectivamente, la ópera, la música, el teatro y la cinematografía, porque con esto del pirateo se produce una curiosa endogamia donde, siempre según la constante histérica del sector, todo acaba siendo pirateado, incluso aquello que, en un momento dado, resultó ser un instrumento pirata que iba a ser poco menos que el fin del mundo). Luego resulta que los instrumentos de la piratería y la propia piratería acaban siendo un elemento multiplicador de los ingresos del sector. Yo recuerdo claramente cómo nunca se vendieron tantos discos como a partir de la aparición de los magnetófonos a cassette; y, bueno, creo que no hace falta que vaya a buscar cifras que apoyen la afirmación de que el vídeo -y sus mejoras técnicas, el DVD y luego el Blu Ray– proporciona millonarios y pingües ingresos a la industria discográfica, ingresos que dan muchísimas vueltas a las presuntas (y nunca probadas) pérdidas causadas por la piratería. Por no hablar del chorro de dinero que recaudan de la radio y de la televisión.

Lo más interesante, sin embargo, de la entrada de Dans son los comentarios, comentarios que han venido de tres direcciones claramente definidas: por un lado, los que, según todos los indicios, viven del cine español (con mayor o menor merecimiento) que se han lanzado, como es lógico, a defender sus garbanzos; por otro lado, los que, más o menos de acuerdo con los motivos de Dans, no apoyan el boicot, bien porque su afición es superior a la inquina que sienten contra el sector (lo que ya son ganas, ciñéndonos exclusivamente al cine español) o porque lo consideran desproporcionado, o dañino, o eventualmente causante de más problemas de los que soluciona; y un tercer sector, formado por los que implícitamente apoyamos la actitud de Dans, manifestando que ya hace más o menos tiempo que venimos practicando ese boicot por iniciativa propia. Por cierto que yo también he escrito un par de comentarios: este y este.

Y digo que los comentarios son interesantes porque sólo los del tercer grupo parecemos haber entendido que Enrique no propugna nada, sino que se limita a anunciar una postura personal y explicarla. No habla de nuestra cartera sino de su cartera, no dice lo que hemos de hacer nosotros o todos, sino lo que va a hacer él. Aunque en un par de párrafos sí que indica que lo mejor que podría pasarle al cine español es que todo el mundo hiciera como él (en lo que estoy absolutamente de acuerdo), el tono y el argumento del post tiene muchísimo más de anuncio que de convocatoria.

Sin embargo, el enemigo ha reaccionado por los fueros de la dignidad ofendida (en algún caso, con indisimulada furia), cosa que no ha hecho, por ejemplo, conmigo, que sí he convocado, que sí lo he hecho en muchas ocasiones y que lo he hecho, además, con acritud, con ira y de mal rollo. La razón es clara, como cualquiera puede constatar: yo soy, en términos mediáticos y/o de liderazgo en red, un mindundi, un don nadie; Dans suscita adhesión, mueve voluntades y por miles. Y ese sí que es un peligro. Entonces lo acusan de endiosado, de manipulador y de todo. Se ve que a la farándula le duele especialmente que alguien utilice su propia metodología para atizarle en el colodrillo: la labor de lobby. Con muchas matizaciones, claro. El lobby internauta (como así ha sido llamado por el propio enemigo) es un lobby cívico, cuya fuerza reside en su número, en su capacidad de consumo y en su poder electoral; sus líderes -Dans, entre ellos, que no es el único- no están donde están por tejemanejes de maquinarias ni de esferas de influencia sino, simplemente, por pura meritocracia, por pura aristocracia en el sentido más etimológico del término; los líderes del lobby internauta lo son en virtud de la mayor de las puridades democráticas: la confluencia de miles de voluntades individuales y libres. No pueden los del lobby farandulero decir lo mismo. Y es más: mientras que la fuerza del lobby internauta se basa en el ejercicio de derechos legítimos (libertades de expresión, voto y consumo), el del lobby farandulero se basa en la coacción (incluso hacia su propio interior: que no se amarguen los discrepantes) y en el soborno (económico, político o mediático, da igual), el palo y la zanahoria sobre la charca maloliente de la corrupción bipartidista. El copyright apesta a corrupción y a mafia.

Por lo demás, yendo al origen de la cuestión, una vez superado el arranque inicial de indignación, lo de González Macho produce risa. Risa sus razones, obviamente; en cuanto a poder efectivo, tiene una cierta capacidad de hacer daño que no debe desdeñarse aunque, bueno, parece que todo ese poder ha sido insuficiente para evitar que Ángeles González Sinde haya sufrido la vergüenza de abandonar el Ministerio con el rabo de su reglamento entre las patas de los dos últimos consejos de ministros… que ya eran ocasiones de por sí in extremis y sucias. Sinde, puesta ahí por la embajada americana y no por la maquinaria del PSOE, olvidó que mientras ella volverá a su rollo cotidiano -es decir, vivir de la subvención pública- los otros seguirán en la maquinaria del PSOE y les espera una larga y dolorosa travesía del desierto (de la que algunos de entre ellos mismos temen incluso no poder salir) que no iban a agravar haciéndole a ella un favor y haciéndoselo a Rajoy. Porque a Rajoy no le han dejado una patata caliente sino más bien un verdadero marrón que le va a pringar haga lo que haga: si, como es lo más probable, aprueba el reglamento de la ley Sinde, quedará como un bobalicón que le hace el trabajo sucio al PSOE mientras éste se parte de risa, y ya habrá federicos y pedrojotas que no dejarán de hacerlo notar en muy grandes titulares; si no aprueba el reglamento y deja a la ley Sinde en el limbo, habrá pagado -para nada- un precio político que se ve poco pero que está ahí: su caché electoral sólo ha subido en medio millón de votos. Por más mayoría absoluta que le dé ese medio millón, es un ascenso muy endeble para asegurarse de buenas a primeras -como suele ser frecuente en las mayorías absolutas- la reelección cuatro años después, y más con la sangre que va a hacer correr en estos cuatro años y más aún con las pocas posibilidades que se atisban de una recuperación económica en cuatro años. Es posible que, si los ciudadanos nos conducimos con un poco de habilidad, el 2015 sea el año en que muera el bipartidismo. Pero eso ya lo iremos viendo y ya escribiremos sobre ello en otro momento.

Volviendo a González Macho, parece que sigue los viejos modos de cuando algunos -que, por cierto, andan hoy con ciertos problemillas de orden jurídico-penal- repartían ladronazgos con el ventilador. Lo gracioso es que González Macho, apóstol de los creadores, no es tal, sino un negociante del rollo, es decir, productor y, sobre todo, propietario de una cadena de salas, con lo cual, la sospecha de que su defensa no lo es tanto del cine español sino de las majors que le reportan grandes beneficios, debería estar en primera línea. Pero tal parece que la inteligentsia del cine español prefiere ponerse en manos del enemigo. Muy bueno lo vuestro, chavales, seguid así que vais bien: creando porquería que no quiere ver nadie y haciendo que la defienda aquel a quien interesa que vuestra competencia siga forrándose.

Porque, por lo demás, el cine español es objeto de tal desinterés entre el público que nadie lo quiere ni gratis. Precisamente un lector habitual de esta bitácora comentaba en el blog de Dans que en las redes P2P apenas circula cine español y ofrecía un enlace de prueba.

Repito: muy bueno lo vuestro, chavales. Amargásteis la vida al único que había comprendido lo que estaba pasando, al único que podía haberos sacado del hoyo (y no me importa reconocer -y recordar- que yo mismo dudé de su sinceridad).

Si no limpiáis la casa, estáis liquidados.

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Comentarios

  • asmpredator  On 17/12/2011 at .

    El cine español es el menos descargado, vendido y visualizado porque es malo y aburrido.
    Por eso vive de la subvención y no de la taquilla.

  • arar  On 18/12/2011 at .

    Yo creo que nadie duda de la mala calidad, en general, del cine español, que todos estamos hartos de que se lucren con subvenciones y que se han ganado este boicot a pulso con su demagogia y sus insultos.

    Javier, comprendo perfectamente tus razones y las de Enrique Dans para este boicot, soy consciente de que para conseguir objetivos ese es el método a seguir, pero no puedo evitar sentirme incomodo, y ello a pesar de que llevo años boicoteando el cine español, eso si, a mi manera.

    Boicotear a la totalidad del cine español implica también boicotear a Alex de la Iglesia y a otras personas que están reaccionando de manera positiva y eso me hace sentir incomodo, me revuelve las tripas.

    No voy a hablar ahora de Alex de la Iglesia, todos sabemos lo que hay y estoy seguro que no soy el único, ni mucho menos, en sentirme así.

    Explico mis razones porque no me he sentido identificado totalmente en ninguna de las tres corrientes de opinión, que tan acertadamente apuntas, y quería manifestar mi punto de vista.

  • Jordi  On 21/12/2011 at .

    Hace ya lustros que no me gasto ni un céntimo viendo cine español.

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