El otro canon

De la serie: Esto es lo que hay

Andamos desde hace unas horas, desde ayer a media mañana, con dimes y diretes sobre el sueldo del Rey, que si cobra mucho o que si cobra poco, que si más que el presidente o que si menos que el vecino. La Casa Real, efectivamente, ha presentado unas medias cuentas del Gran Capitán. Digo medias, y me quedo corto, porque falta en todo eso mucho desglose: esos gastos de representación… ¿cómo se dividen? O en qué, cómo y a quién van esos cuantiosisimos incentivos al rendimiento que se ventilan el 70 por 100 de los gastos de personal. Tampoco se nos dice qué personal es ese y por qué es necesario, es decir, se nos ocultan datos para formular un criterio sobre si ese gasto está ajustado o es un derroche; obviamente tampoco sabemos de qué modo accede ese personal a su puesto de trabajo salvo, supongo, el personal funcionario que, corrientemente, debería llegar a través de un concurso de traslados o por acceso directo a través de la oferta de plazas tras haber ganado una oposición.

Otras divertidas partidas pertenecen al no menos divertido -por elástico- capítulo 2 (gastos corrientes en bienes y servicios), capítulo divertido y elástico no sólo en la Casa Real, sino en todas las administraciones públicas. Para que el ciudadano se haga una idea, de ese capítulo es de donde sale el dinero para bolis y para las señoras de la limpieza, pero también para esos estudios, frecuentemente misteriosos, que a veces acaba resultando que no se hacen, o que podrían haberlos hecho los funcionarios que trabajan sobre la cuestión, o que se pagan cien mil euros por doce páginas que no dicen nada o que, a veces -o además-, son un plagio de estudios previos, o que, sí, son serios y enjundiosos, pero nadie sabe para qué sirven ni por qué se encargaron ni por qué el encargo recayó precisamente sobre quien recayó.

De ese capítulo -y en relación con la falta de desglose antes mencionada- me llaman la atención esos 1.656.000 euros de Material, suministros y otros (lo de los otros debe ser apasionante, sin perjuicio del indudable interés del material y de los suministros) y los 1.200.000 de Atenciones protocolarias y representativas que deben computarse además de los gastos de representación que cobran el Rey, el Príncipe y ex aequo la Reina y las infantas, porque esto tiene miga adicional. Fijarse en lo que se enuncia como subconcepto 226.01: Atenciones protocolarias y representativas: se incluyen en este apartado los diferentes gastos generados con ocasión de los actos que desarrollan los miembros de la Familia Real, como pueden ser almuerzos, recepciones a su cargo, atenciones o regalos que protocolariamente deben realizar, incluido fotografías. También contempla los gastos generados por la asistencia a actos oficiales y de Estado, y otros que no son soportados por el organismo correspondiente. Entonces… ¿en que se gastan tan altos señores las cantidades que perciben intuitu personae por este aparentemente mismo concepto?

La ingeniería presupuestaria permite ocultar también otros gastos inherentes a la Casa Real: bienes afectos al Patrimonio Nacional de uso privativo (palacios y yates, entre otros beneficios), seguridad, etcétera, por importes que he visto estimados en su conjunto en unos 50 millones de euros. Y habría que ver si estos 50 millones de euros incluyen (que no incluyen) otros tinglados independientes de la Casa Real pero que parecen hechos, fundamentalmente, a su mayor gloria y loor: pienso, por ejemplo, en todas estas cumbres iberoamericanas cuyos beneficios prácticos no acabamos de ver más allá de los que amasen El Corte Inglés, Telefónica o la $GAE, sino para constituir al Rey -artificiosamente, claro- en un líder mundial que se permite hacer callar a jefes de Estado que han sido elegidos democráticamente y no como él.

Porque, en el fondo de todo, subyacen dos cuestiones esenciales. La primera, que más allá de lo que cobren o no cobren el Rey y su familia, lo que interesa es lo que nos cuesta mantener el tinglado. La segunda, la tan manida objeción de que un presidente de la República nos costaría lo mismo.

Hablaré de lo segundo, porque lo primero está claro. Un presidente de la República nos costaría lo mismo -en fin, un poco menos, aunque no mucho- si instituyésemos un presidente de la República a modo de Rey no hereditario y elegido cada cuatro, seis u ocho años, un figurín puesto ahí para adormar (supuesto y no admitido que tanto Rey como presidente en estas condiciones adornen algo). Pero un presidente de la República puede verse de otra manera: puede verse como la asunción en una sola persona de la jefatura del Estado y del Gobierno (sistema presidencialista neto) o puede establecerse un presidente de la República distinto del presidente del Gobierno pero con funciones ejecutivas propias e independientes (política exterior y/o de defensa, por ejemplo) en algo parecido a un sistema presidencialista mixto, hasta hoy inédito pero nada inviable. Desde luego me inclino por el sistema presidencialista neto y punto pelota, aunque el mixto pienso que podría tener sus ventajas, no sería del todo desdeñable.

Y es que cuando se habla de República se habla de un modelo con muchísimas variantes posibles que puede ir mucho más allá de un Rey por turnos.

Los fuegos de artificio monárquicos que se han articulado todas estas horas -que serán días, o semanas- sobre lo poquito que cobra el Rey, lo muchísimo que cobran otros, el callarse sobre la cuantificación de otros importantes conceptos que también recaen sobre la Casa Real aunque no estén en su presupuesto, y el callarse sobre el volumen y procedencia de su cuantioso patrimonio privado (y del lugar donde lo almacena), convencerá, quizá, a los parroquianos de Belén Esteban, pero no a los ciudadanos que se detengan a reflexionar un poco. Y una apostilla más: todo aquello que se oculta, es susceptible de ser peor aún de lo que se sospecha (porque si fuera al contrario, resultaría más rentable propagandísticamente encender la luz).

Las famosas cuentas que iban a abrirse sobre el presupuesto de la Casa Real no han resultado ser sino una filfa, humo de colores incapaz de convencer a nadie con dos dedos de frente, un nuevo timo a la ciudadanía, a la que se toma -nuevamente- por imbécil. Es posible que este numerito detenga algo la caída de los índices de popularidad de la monarquía borbónica reinstaurada sobre el juancarlismo, pero es sumamente probable que esa detención sea pasajera. Cuando todo el mundo acabe de caer en la cuenta de que no sólo no sabe más de lo que sabía antes sino de que, en realidad, no sabe nada, la curva volverá a su pronunciado descenso. Y más cuando se abra el sumario y sepamos más pormenorizadamente aún de las andanzas del yernísimo.

No ha habido luz y taquígrafos: nos han hecho luz de gas.

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Comentarios

  • Jordi  On 29/12/2011 at .

    Es una vna verdadera tomadura de pelo porque, además, hay que tener en cuenta que hay unos gastos que no cubre este supuesto presupuesto. A modo ejemplo, la Guardia Real, un regimiento de élite cuyo gasto depende de Defensa, el cuerpo de seguridad, que depende de Interior, o el parque móbil, que depende de Economía. La broma de la realeza es mucho más cara de lo que nos quieren vender.

  • asmpredator  On 30/12/2011 at .

    Si realmente el rey no decide nada, no aporta nada y su actuación se limita a algunos casos in extremis y acudir a actos de representación, es un gasto prescindible.
    En lugar de eliminar parásitos en España nos cargamos la sanidad publica y los puestos de trabajo, les bajamos los sueldos a los medicos y funcionarios y se los subimos a los banqueros y chupópteros corruptos que se supone que nos salvarán (ja ,ja,ja) de la crisis, ultimamente en este pais se nos vende humo y se nos hace mucha luz de gas.

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