Pearl Harbour

De la serie: Correo ordinario

Alguien dijo ayer que el número montado por el FBI para cerrar MegaUpload era en todo comparable al ataque de los japoneses a Pearl Harbour, recordando que éste provocaría una intervención en la Segunda Guerra Mundial que cambiaría el curso de ésta y, en definitiva, de la historia.

Está por ver. Está por ver si es para tanto… o si será para más.

La comparación con Pearl Harbour está bien hallada. Algunos han dicho que ayer empezó una guerra, la World War Web, pero yo creo que eso es inexacto, que esta guerra hace ya años que está desencadenada y que ya ha causado víctimas en los dos bandos: gente arruinada, caídos y desaparecidos en combate, zonas (virtuales) desoladas… Incluso en el curso histórico a largo plazo se encuentran antecedentes lejanos de lo que ahora está sucediendo: muchos hemos explicado con prolija reiteración que el tema del lagrimeo cocodrilesco por la piratería existe, como poco, desde hace cien años; y muy probablemente podríamos remontarnos a hace cuatrocientos o quinientos, ya en las épocas inmediatamente anteriores a la implantación del copyright en el mundo anglosajón y de las cédulas reales en el mundo hispano.

Se produce, además, en el contexto de la polémica sobre la llamada SOPA, un normativa norteamericana muy similar a la de nuestra Ley Sinde (que aún colea y lo que te rondaré, morena). El FBI lo ha negado, diciendo que llevaban dos años investigando a MegaUpload, que no es una operación improvisada, pero este argumento creo que demuestra justamente lo contrario: que siendo una operación de tan antigua procedencia y de tal largo alcance, no le venía de una semana o de un mes. Aunque quizá no atinemos a adivinar qué tecla concreta toca el asalto a MegaUpload en el piano de la SOPA, está claro que forma parte de la misma partitura.

Bueno, y, en definitiva… ¿qué pasa con MegaUpload? Pues absolutamente nada. Que habrá tres o cuatro fulanos que, tras un larguísimo y costoso proceso e inacabables recursos, quizá den con sus huesos en presidio (quizá así, entre rejas, aprenderán que cuando se tienen negocios… raros… es mejor vivir con discreción y no darle tres cuartos al pregonero), que, de momento, unos cuantos millones de usuarios se quedan sin el método más rápido para bajarse by the face películas y música y que, en unos meses -quizá más pocos que muchos-, surgirá otra alternativa más eficiente, más completa… y más dañina para la ambición de los talibanes del copyright. El caso Napster es ya un argumento recurrente en toda la red, por eso no lo ilustro con ningún enlace: basta con navegar un poquito en el ámbito del tema para encontrar la alusión en cuestión de segundos.

Puede no obstante, hacerse algún análisis e intentar algún ejercicio de prospectiva.

En el ámbito del análisis, me llama la atención -lo decía anteayer mismo en Ràdio 4 hablando de la SOPA- una diferencia entre la resistencia española y la norteamericana: la resistencia española contra la Ley Sinde tuvo un origen y un desarrollo puramente ciudadano, mientras que en la resistencia contra la SOPA se implicaron empresas tecnológicas potentísimas (y aún hubo unas cuantas que chaquetearon: si la cosa se pusiera más negra, el número de empresas resistentes aumentaría sustancialmente en cantidad y en potencia de fuego). Eso nos lleva a una triste constatación: en España no hubo resistencia empresarial porque no existe empresariado tecnológico, más allá de las telecos, que pasan de todo porque, de un modo u otro, su negocio está asegurado (en EE.UU. tampoco han presentado batalla contra la SOPA).

Esto puede ser importante porque ahí podría pasar como en la guerra de verdad: nunca una guerrilla ha ganado por sí sola una guerra; aunque fuera como remate final, para conseguir la victoria ha necesitado de un ejército regular o bien transformarse en uno la propia guerrilla. El ejército regular de la guerrilla ciudadana son las empresas tecnológicas; sólo podría prescindirse de éstas si esa guerrilla se convirtiera en un movimiento ciudadano amplio.

Movimiento ciudadano que constituye la segunda fase de esta guerra en Estados Unidos: los esfuerzos de los dos bandos van a dirigirse ahora hacia el amplio sector de la ciudadanía que aún no está en red. Y va a ser curioso ver cómo lo hacen y ver cómo resulta, porque vamos a asistir a una competición entre el glamour holliwoodiense y el empresariado que muy bien pudiese representar la recuperación económica, entre el raro placer en la contemplación de un lujo inalcanzable, sólo asequible a una bautiful y una siembra de puestos de trabajo que serán para todos.

En el caso norteamericano conviene no olvidar un factor importantísimo, esencial: que el tema Hollywood allí sí que es cultura de verdad. Me explico: todo el tiglado del ocio está al servicio del expansionismo norteamericano. Hace dos mil años, el imperio dominante emprendió la romanización de sus posesiones, romanización que no era la simple imposición de sus legiones sino algo mucho más profundo: la inyección de una entera cultura en los pueblos hasta el momento sojuzgados. Si vestimos pantalones vaqueros, si todas las fiestas navideñas tenemos a esa porquería triglicérica vestida de CocaCola, si últimamente nuestras fiestas de difuntos se van trocando por esa imbecilidad de halloween, si nuestras casas se parecen cada vez más a las de ellos, todo eso viene de Hollywood. Y sólo he hablado de signos externos: si nos fuéramos a las profundidades abisales de lo ideológico, la homogeneización resultante la veríamos muchísimo mayor. Por eso, el que Hollywood siga siendo lo que es, tiene para los Estados Unidos una importancia muchísimo mayor que el enriquecimiento brutal de cincuenta o cien consejos de administración, por poderosos que éstos sean. Es interesante tener esto bien claro para constatar qué clase de enemigo nos ha declarado la guerra.

Y ahora vamos a la prospectiva: ¿podría ser el dominio tecnológico una alternativa al dominio cultural? No lo sé, la verdad. Eso ya es cosa de sociología de altos vuelos y no sé definirme. Así, desde mi limitada perspectiva pienso que, aún como simple posibilidad, debería considerarse. En todo caso… Recuerdo una viñeta en uno de aquellos entrañables almanaques Agromán, en la que se veía a un soldado armado y equipado hasta los dientes ante un letrero que rezaba «Haz el amor y no la guerra», y el soldado decía: Y pudiendo hacer las dos cosas… ¿por qué privarse de nada?. El acuerdo entre las dos partes en pos de un único fin beneficioso para ambas, no sólo es posible sino muy probable. Que nadie piense que la industria tecnológica norteamericana cargará contra interese vitales norteamericanos.

Pero esto ya es, casi casi, geopolítica. ¿Qué puede pasar a corto o medio plazo?

Yo creo que quienes sueñan con el hundimiento de Hollywood y, en general, con la actual industria del entretenimiento, se equivocan. Basta con ver la historia: ante la aparición de nuevos modelos de negocio, la industria tradicional resiste encarnizadamente hasta el último momento… último momento en que se sube al carro del vencedor. Mientras tenga un dólar que ganar con el modelo clásico, no lo abandonará; pero cuando el hundimiento del modelo clásico sea verdaderamente inminente, cuando el colapso esté ya ahí, los viejos barraganes abandonarán el barco… para tomar el mando d una motonave ultramoderna. Repito, mirad el panorama: las mismas marcas, los mismos logotipos (quizá evolucionados, pero los mismos), las mismas empresas que hace cincuenta años. Con algunos agentes nuevos, claro, pero básicamente las mismas marcas. Los que combatieron los discos, acabaron fabricándolos; y lo mismo cabe decir de las cassettes, de las cintas de vídeo y de todo el material pirata contra el que pusieron el grito en el cielo. Acabarán entrando en la red y, en ella, seguirán siendo tan poderosos como antes. A menos, claro, que haya un cambio histórico, pero este habría de venir, probablemente, por otro lado y constituir el hundimiento de esa industria un efecto secundario. No puede predecirse tal cosa.

Sí que está en nuestra mano -en términos colectivos- precipitar ese colapso que lleve a la industria a adoptar los nuevos modelos de negocio, lo cual llevará automáticamente a normalizar la situación; y la industria tecnológica se ha manifestado claramente interesada en llegar a ese colapso (quizá, entre otras cosas, porque tiene mucho que ganar prestando servicios a la industria del entretenimiento).

Tenemos por delante desafíos inmediatos: el primero, va a ser el ya llamado Marzo Negro, promovido por Anonymous, una campaña que se va extendiendo por las redes sociales, consistente en que durante todo el mes de marzo, no se adquiera ningún contenido de esa gente, ni siquiera a título gratuito: no ir al cine, no comprar DVD, ni tampoco descargarse películas ni gratis ni pagando; no asistir a conciertos, no comprar discos y no descargarse música, ni gratis ni pagando. El propósito es realizar una demostración de fuerza metiéndoles un agujero negro en sus cuentas anuales de forma que el enemigo constate también el poder del consumo activista y se dé cuenta de con quién se está jugando los cuartos. El segundo desafío es el cumplimiento (o no) de la predicción Napster: ver si, efectivamente y tal como se viene vaticinando ampliamente, surge a corto o medio plazo una alternativa a MegaUpload -o una serie de ellas- mucho más eficaz, de mucha mayor envergadura, que cause un daño mucho mayor aún al enemigo.

La baza está en nuestras manos, el poder lo tenemos nosotros, lo he dicho muchas veces. La decisión que debemos tomar es, pues, si nos vamos a comportar como ciudadanos libres o como súbditos gilipollas.

No me hago muchas ilusiones.

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Comentarios

  • Giorgio Grappa  On 22/01/2012 at .

    «en España no hubo resistencia empresarial porque no existe empresariado tecnológico»

    «todo el tiglado del ocio está al servicio del expansionismo norteamericano»

    «El acuerdo entre las dos partes en pos de un único fin beneficioso para ambas, no sólo es posible sino muy probable.»

    Lúcido, lúcido, lúcido.

    A ver como salimos de esta…

  • asmpredator  On 23/01/2012 at .

    Creo que no es necesario que nadie se hunda, solo se ha de producir una evolución, que será mas o menos destructiva según quieran los que intervengan en ella.
    Todo el mundo predice que el libro físico va a desaparecer, yo no lo creo, pasará a oupar otros espacios, otros momentos en nuestras vidas, pero desaparecer del todo no lo veo al menos a corto plazo.
    Los vinilos todavía estan vendiendose y eso que todos auguraban su muerte, es mas a surgido un mercado de coleccionismo floreciente.
    Las cintas de video debido a su poca fiabilidad y duración desaparecerán eso si pero porque son soportes poco fiables, no porque la gente no quiera un soporte físico para sus peliculas ahora en Blue Ray o DVD.
    De hecho lo que preocupa a la industria del ocio y la cultura es como mantener su monopolio de explotación de los contenidos en Internet, no que Internet no sea un buen medio de distribución y venta, que eso ya lo tienen mas que claro, no nos engañemos.

  • Francisco George  On 25/01/2012 at .

    Hola Javier,

    La tecla es un simple nombre MEGABOX, Servicio gratis de descarga de música con remuneración de los artistas.

    Swizz Beat, Músico, productor y sobre todo marido de Alicia Keys, acababa de ser nombrado nuevo CEO de MegaUpload y encargado de montar MEGABOX. Swizz Beat es el que se encargo de obtener la participación de los cantantes en el vídeo Mega Song.

    Mas detalles http://torrentfreak.com/megaupload-swizz-beatz-120120/

    Es el inminente lanzamiento de esta “tienda” musical que ha echo que el FBI interviniera bajo la presión de las discográficas, ya que los pagos de MU a los artistas se iban a realizar directamente.

    Otra prueba que en SOPA, PIPA y Ley Sinde los derechos de Autor son la cortina de humo y que los que están en juego son los Derechos de Reproducción y Difusión.

    Un abrazo

    Francisco George
    Vocal de la JDN de PIRATA España
    Coordinador nacional de RRPP
    Twitter: @paco229

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