Libros y lectores

De la serie: Correo ordinario

No sé a santo de qué, llegan periódicamente a mi buzón de correo electrónico las notas de prensa de la Federación de Gremios de Editores de España. No he querido entrar por el sendero de la bronca, por dos razones: la primera, porque, moviéndome mucho (o todo lo que puedo) por el mundo del libro, tampoco sería raro que hubiera dejado mi dirección de correo electrónico en un sitio u otro y de ahí venga la cosa, aunque me extraña por la dirección que usan; la segunda, y para mí más importante, es que, con frecuencia, estas notas son interesantes, sobre todo cuando hablan de cifras.

La última que me ha llegado, recoge el barómetro de hábitos de lectura y compra de libros de 2011 y contiene cifras interesantes. Algunas, muy indicativas: por ejemplo, que se incrementa en 1,1 puntos porcentuales, hasta el 57,9%, la proporción de población mayor de 14 años que lee en su tiempo libre y que llega al 28,6% la de españoles que lee todos los días. Es triste constatar, pese al incremento (ojo, que el tramo entre 14 y 24 años decrece en 0,6 puntos porcentuales), lo bajas que son esas cifras: no llegamos a 6 los españoles de cada 10 que, de cuando en cuando cogemos un libro y nos sentamos a leerlo; y no llegamos a 3 de cada 10 los que lo hacemos cada día o casi. Y eso sin entrar en lo que se lee porque ahí, siento decirlo, hay clases, y viendo lo que veo que lee el común de la gente (universo de mi personal sondeo: el transporte público) habría que hablar mucho (y mal) del asunto.

Hay otra cifra, pero esta es divertida: la media de libros per cápita leídos en 2011 es de 10,3 frente a los 9,8 de 2010. Cifra que no me creo ni cocido de Don Simón. ¿Qué cada españolito lee algo más de diez libros al año? Que no, hombre, que no. Y sí, ya sé que es una media y que los hay -que me lo digan a mí- que lee 40 o 50, pero sigo sin tragarme la proporción: no hay un lector empedernido de cada seis o siete ciudadanos medio-lectores o nada-lectores. Que no. Lo que pasa es que al encuestador o al formulario cada cual le cuenta lo que le parece, pero basta con coger las cifras de ventas o el uso habitual de las bibliotecas públicas (que desciende, por cierto) y sus estadísticas de préstamo para darse cuenta de que estas cifras no cuelan ni pintándolas de verde, por más novelas que escriba Carlos Ruiz Zafón.

Hay datos más creíbles, aunque con alguna proyección rara. Por ejemplo, que el número de lectores de eBook alcanza el 6,8% de los mayores de 14 años; pero el número de eReaders se sitúa en el 3,9% de la población. ¿Quiere decirse que cada aparato se lo reparten dos lectores? Me parece, como poco, extraño. Pero las proporciones globales sí se deberían andar por ahí. Dice el tal barómetro que el número de eReaders aumentó un 129% con respecto a 2010, cifra muy creíble, teniendo en cuenta que la cifra de partida (que concretamente desconozco) era muy baja. Lo que no sé es si este estudio computa dos cosas: la primera, las ventas de la campaña de Navidad, en la que parece que ha habido un boom de ventas de aparatos; y la segunda, si el barómetro ha contado solamente los eReaders propiamente dichos o ha incluido en ellos las tabletas, que muchos -no sé si la mayoría, es posible- utilizamos como máquina lectora de libros digitales; aunque el informe diferencia entre eReaders, ordenadores, agendas electrónicas (¿se refiere a PDA’s a estas alturas?) y tal, no parece clara la diferencia -si la contempla- entre eReaders y tablets. De no haberse computado los tablets quedaría explicada esa discordancia entre lectores (personas) digitales y máquinas de lectura digital a la que me refería al principio del párrafo.

Atentos a la gran cifra, cebolla de todas las lágrimas de cocodrilo: el 73,1% de los eBooks leídos fueron descargados o bajados gratuitamente de Internet, sólo el 36,9% de los entrevistados afirmaron haber pagado por descargarse un eBook. Y hasta me extraña que casi 4 de cada 10 lectores pagaran: ¿cómo lo hicieron? Porque la oferta digital de las editoriales es escasísima (y más lo fue en 2011: ahora ya va saliendo alguna pequeña cosilla), tecnológicamente nefasta y, además, con unos precios de verdadero atraco. O sea que, nuevamente, no me trago esa proporción de paganos: han tenido que ser muchísimos menos, pero por aquello a no atreverse a reconocer delante del encuestador la generalizada usanza de la descarga by the face la cifra queda hinchadísima.

Como último dato curioso: el pretexto común de todos los analfabetos funcionales que no cogen un libro es la falta de tiempo. Ja: ve a un campo de fútbol y pregunta… Aún va a resultar que toda la basca que hay allí despliega su honorable afición calzoncillera no sin antes haber cumplido con el cultural deber de haber pasado algunas páginas para cubrir el expediente medio de 10 libros anuales. No me lo trago ya no cocido de Don Simón sino ni siquiera cocido en Don Simón. Ni que me torturen, vamos. Falta de tiempo, no te jode…

En fin, el informe es largo y habla de muchas cosas: hábitos, niveles educativos, tiempos de dedicación, zonas geográficas, datos demográficos… Y hay muchas cifras aparentemente contradictorias en lo que se refiere al e-Reader. En fin, un análisis exhaustivo sería demasiado largo para esta bitácora; a beneficio de quien pueda interesar, he subido la nota de prensa conteniendo el informe a mi Google Docs y puede acceder a ella pichando aquí.

En definitiva, la conclusiones no pueden ser sino más de lo mismo: hay muchísimo campo por delante. Hay mucha burricie a la que hay que meter en la lectura (y esta es tarea casi más gubernamental que editorial, aunque el sector tiene sus mecanismos para ayudar en esa tarea… si quiere) y en la medida que se vaya logrando eso, se va ampliando el campo para el negocio. Y hay muchísimo campo en el libro digital, pero ahí también se está pinchando. Faltan editores digitales, faltan políticas editoriales digitales coherentes (lo que incluye una correcta política de precios), falta oferta (sigue faltando muchísima oferta, por más que el sector diga lo contrario) y, en fin, faltan mentalidades editoriales adaptadas a los nuevos tiempos.

La cadena de valor tradicional, se ha roto. El valor en Red empieza en el escritor y termina con el lector… sin nada enmedio. No hay vuelta de hoja. En medio de ambos puede colocarse, (quizá y sólo eventualmente) algún profesional, un maquetador, un publicista, un desarrollador web… Pero no queda lugar ni para libreros, ni para distribuidores, eso desde luego. Tampoco veo que quede lugar para editores, aunque quizá puedan llegar a encontrar -si no es tarde- algún encaje que, en todo caso, nunca tendrá la enjundia y el control de los que disfrutan ahora. Los derechos de autor (también los económicos) van a ser íntegros para el propio autor en un futuro muy cercano.

Yo no sé lo que pasará cuando reaccionen los editores… si reaccionan; pero lo que está claro es que todo un sector de mercado, amplio y agrandándose, no va a esperar a que ellos se decidan, a que ellos acepten que las circunstancias han cambiado… y radicalmente. Simplemente se buscará la vida donde haya vida… y vida la hay a mares, ya se me entiende. Ninguna ley Sinde y ningún FBI podrán evitarlo.

Y les queda muy, muy poco tiempo.

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Comentarios

  • Jordi  On 09/02/2012 at .

    Mi hermano tiene publicados tres libros a través de una editorial on line (www.lulu.com). El formato ha sido el papel, ya que los escribió hace ya unos añitos pero es evidente que la distancia entre escritor y lector y entre músico y público cada vez es más cortita.

    Malos tiempos para los intermediarios y peores para los intermediarios con una venda en os ojos.

  • asmpredator  On 09/02/2012 at .

    La editorial me ha dicho que para la versión electronica me busque la vida y eso haré que no se preocupen…

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