¿Tiene sentido el activismo SL hoy?

De la serie: Correo ordinario

Llevo más de diez años (como poco, para ser modesto con las cifras) como activista pro-software libre y, bueno, como aquel que, transcurrida la jornada, se sienta en el porche a contemplar el atardecer con una buena pipa y un vasito de whisky, echo una ojeada al panorama del software libre. ¿Y qué veo?

Veo dos navegadores web corriendo como locos para hacerse con la primacía de uso, con el primer puesto entre los usuarios. Y ninguno de ellos es de Micro$oft, cuyo Explorer languidece exangüe cual tísica dama romántica en pluma de Dumas.

Veo la telefonía móvil cuya primacía se disputan Apple, con un sistema operativo propietario ligado a sus máquinas, y Google, con un sistema operativo en software libre no ligado a una máquina concreta. Y Micro$oft sacando dos palmos de lengua no para superarlos sino siquiera para permanecer en carrera. Lo mismo puede decirse, en completo paralelo, con las tablet, con el añadido curioso de que fue Micro$oft quien, hace ya muchísimos años -a principios de los 2000- lanzó el aparato, cosechando un rotundo fracaso.

Veo que los sistemas en software libre no se tratan en selectísimos y restringidos ambientes de la alta sabiduría informática, sino en organizaciones empresariales y en cámaras de comercio y que constituyen una opción constante -y frecuentemente preferente- para grandes corporaciones y grandes sistemas.

Veo, sí, que Micro$oft y su Window$ siguen siendo los amos del escritorio en el PC, pero veo también que el PC -pese a que tiene un recorrido de futuro largo y cierto, sobre todo en el ámbito profesional y empresarial- ha perdido muchísima relevancia como artículo de consumo doméstico y que la férrea cultura Window$ se va diluyendo poco a poco entre nuestros jóvenes, que contemplan como un hecho habitual y natural trabajar, entre teléfonos móviles, tablets, PCs, videoconsolas y demás, con varios sistemas operativos distintos. Los cerebros monodimensionales incapaces de funcionar con nada más que con Window$ quedan relegados a la generación intermedia (los viejos ya le pegamos en su día a la línea de comandos con los diversos sistemas DOS y algunos hicimos pinitos en BASIC y Clipper, por pasar el rato, más que nada…, -y muchos otros fueron aún más allá- así que ya hace años que estamos curados de muchísimos espantos).

Veo que, incluso con el tándem PC-Window$ y aún más allá de los navegadores, muchísima gente utiliza otras aplicaciones en software libre a diario: OpenOffice.org o Libre Office, GIMP y un etcétera que cada día se alarga más.

Veo, incluso en mi propia casa, en la que Linux es ley insoslayable en los PCs, que mis hijas se niegan a utilizar ningún otro sistema operativo salvo que se las obligue a ello, como en el cole, y que mi hija mayor, por aquello de lo cool, suspira por un Mac (que tendrá el día que se lo pague ella: mientras pague yo, PC y Linux constituyen opción única); en ese ambiente, para mí, aquello del Pringao-Howto es un tebeo de risa: sólo me toca hacer de helpdesk una o dos veces al año y generalmente por detalles sobre el funcionamiento de una u otra aplicación. Y fuera de casa, mejor aún: cuando alguien pretende darme la tabarra porque su ordenata no funciona, me encastillo feroz e irreductiblemente en que yo no entiendo nada de Window$, que yo uso otra cosa más seria que nunca hace tonterías y que llame al servicio técnico de Micro$oft (ji, ji, ji). Tanto es así, que un activismo al que sí he renunciado es al del usuario doméstico. ¡Ah, no! En los domicilios (que no sean el mío) que se use Window$, no faltaba más. Entre otras cosas, porque como la gente se echara a Linux en masa, sí que me tocaría -y sin escaqueo posible- hacer de Pringao Howto a punta de pala. No, queridos, no: en casa, Window$; y si tenéis problemas, que os los arregle Ballmer, que es el que ha cobrado. O, en su defecto, creo que circulan por ahí unos señores llamados «informáticos» cuya especialidad es la de arreglar esas trapazadas, aunque tengo entendido que tienen la inaudita costumbre de cobrar honorarios. Para todo lo demás, ya se sabe: el maestro armero.

¿Qué campo le queda, pues al activismo softwarelibrista? Pues dos ámbitos muy importantes: las administraciones públicas y la enseñanza. Dos escollos duros de roer. El primero, por la ignorancia y la venalidad de los políticos: el predominio de una u otra va por barrios pero, en general, hay buenas dosis de ambas. Y el de la enseñanza por un doble motivo: en la pública, por lo dicho (depende de los políticos); y en la privada (concertada, más bien) porque, en definitiva, pagamos los padres, con lo que se mete Window$ y menos complicaciones. Resulta muy curioso que se tenga como fiable en comparación con los otros posibles precisamente el sistema menos fiable de todos ellos y que esté extendida la impresión de que Linux da problemas. Y, por supuesto, el asunto no está nada maduro como para que los padres hagamos fuerza como clientes (aparte de porque la mayoría de los padres son window$seros perdidos, y porque ni en este tema ni en otros actuamos ante las direcciones de los colegios privados como tales clientes, parece que nos hagan un favor y practicamos una especie de rara sumisión, no lo comprendo…)

Sin embargo, la lucha en ambos ámbitos debe continuar y yo diría que debe redoblarse. Empezando, sobre todo, por los formatos: que en las administraciones públicas y en la educación se trabaje necesaria y obligatoriamente en formatos libres, sin perjuicio de que además y subsidiariamente se trabaje en otros, es una reivindicación y una exigencia tan irrenunciables como de justicia. Técnicamente, ya está conseguido: la Ley 11/2007, de 22 de junio, de acceso electrónico de los ciudadanos a los Servicios Públicos ya establece esta prelación de formatos, pero se cumple muy a trancas y barrancas… en lo de los formatos, porque en todo lo demás, parece vivir en el limbo de los justos. Por tanto, hay que seguir dándole a ese yunque.

Y aún una vez conseguida la implantación de los formatos libres como opción obligatoria, solos o en compañía de otros, hay que continuar luchando por el software libre en las administraciones públicas y en la educación. En las administraciones públicas, por una cuestión de economía; economía entendida no sólo como ahorro en el coste de licencias (que ya es un buen motivo) sino también para favorecer la aparición de un ecosistema tecnológico propio, muy adecuado, además, para PYMEs; en otras palabras: como un vector de potenciación de dinámicas económicas propias y en diferentes grados de proximidad, como las propias administraciones públicas. Y en la enseñanza, precisamente como un elemento de conocimiento y, además, como un elemento liberador que puede llevar al desarrollo de más conocimiento aún. Por no hablar de la moraleja pedagógica del software libre en tanto que producción en colaboración en vez de en competencia; las ventajas de la acción distribuida.

Sí, en conjunto, ha habido grandes logros y el panorama ha cambiado sustancialmente desde los años noventa y primeros del siglo. En este sentido, los activistas nos hemos ganado la cena. Pero no la jubilación. Mañana habrá que levantarse y seguir luchando para que los escritorios públicos sean libres, servidores Apache y navegadores aparte, y para que nuestros chavales sepan que más allá de una empresa monopolística hay mucho mundo, un mundo inacabable, libre y lleno de maravillas.

Si hemos llegado hasta aquí, llegaremos hasta el final.

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Comentarios

  • asmpredator  On 14/02/2012 at .

    Yo creo que los extremos son malos, ni solo Linux ni solo Windows, introduzcamos en la formula Android y otros sistemas que iran haciendo su aparición en el futuro y tomemos de cada uno lo bueno, aprovechemos los puntos fuertes de cada uno y no nos obsesionemos con hacerlo todo con uno.
    Esto es lo mismo que escojer entre PC o MAC, hay razones para escojer uno u otro según lo que quieras hacer.

    Creo que con la cantidad de nuevos dispositivos que van apareciendo la combinación de sistemas operativos es inevitable con lo bueno y malo que esto conlleva.

  • Giorgio Grappa  On 14/02/2012 at .

    En teoria, el sistema educativo catalán sólo debería utilizar formatos libres (véase este documento sobre Formatos: http://xtec.cat/guies/estandards/); en la pràctica, desde las altas instancias educativas (inspección, delegaciones territoriales, centros de formación del profesorado) continuan bombardeándonos con docs, excells y pogüerpoints.

    Entre los profesores, el nivel de cultura informàtica es muy triste (por decirlo de forma suave), y si les sugieres que cambien a OpenOffice o a LibreOffice, si les mires fíjamente a los ojos puedes leer a donde les gustaría enviarte.

    Sin embargo, los infiltrados continuamos haciendo nuestra labor callada, y cada vez es más frecuente descubrir alumnos que utilizan, no sólo los programas libres más habituales, sino también Ubuntu (y, en algun caso, Debian).

    Al final, la cultura del siglo XXI será libre, o no será.

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