¿Pagar el terminal?

De la serie: Correo ordinario

Se acabó lo que se daba y ya tardaba: lideradas por Telefónica, las compañías de telefonía móvil van a dejar de subvencionar terminales. Bueno, es lo que nos dicen, pero la cosa tiene su truco: ya no subvencionamos terminales, pero sí los financiamos en cómodos plazos mensuales en 10 a 18 meses, con su buen porqué (eso que llaman intereses) y con el subsiguiente beneficio de la financiera de crédito doméstico adscrita a la Caixa. O sea que no te lo subvencionamos, pero te lo financiamos y, de paso, te tomamos de rehén igualmente, a través de la financiación, durante un año o año y medio. ¡Anda que iba a dar esa tropa puntada sin hilo…!

Pero algo de positivo tiene la decisión. Efectivamente, por más que a la mona la vistan de la Caixa, algunas cosas van, presumiblemente, a cambiar. De entrada, y eso es lo importante (y por eso hace tiempo inmemorial que la Asociación de Internautas pedía el fin de la subvención de terminales), la competencia entre compañías va a tener que centrarse en los precios, que es lo que, en definitiva, interesa. Termina, también, una política empresarial estúpida -y los costes de la misma han justificado sobradamente que podamos considerarla una estupidez- en que las compañías, en vez de fidelizar con buenas ofertas y buenos precios al cliente que ya tenían, despreciaban a éste y se afanaban en birlarle al prójimo el suyo. Hay que ver lo que han tardado en verlo claro esos acróbatas de las bussiness school, con la cantidad de años que hace que esto lo veía hasta la señora de la mercería (al menos, en los ratitos en que la $GAE la dejaba en paz).

Sospecho, por otra parte, que más que una súbita iluminación, les ha hecho caer del caballo (mejor dicho: bajarse del burro) la portabilidad a 24 horas a que en breve les va a obligar la ley. Una gestión de la portabilidad tan fulgurante impide la negociación, el tratar de recuperar al cliente con una oferta más atractiva de las que ofrecían -los muy sinvergüenzas- en primera instancia; con la portabilidad en 24 horas, un golpe audaz de la competencia podía llevárseles por delante miles, quizá muchos miles de clientes, antes de que pudieran reaccionar. Así que muerto el perro de la subvención, se acabó la rabia de la portabilidad instantánea como peligro grave: los programas de precios son menos fulminantes porque la gente se los piensa más, no existe la compulsividad que se da ante un terminal de prestaciones fastuosas, que hace olvidar toda racionalidad, así que es menos de temer el ataque por sorpresa del enemigo.

Otra consecuencia previsible es el descenso a medio plazo del precio de los terminales una vez el mercado de los mismos sea verdaderamente libre. No me extiendo al respecto porque ya lo hice prolijamente hace poco más de medio año. Constatemos únicamente, en el artículo del CiberP@ís que se enlaza en mi post, cuan convencidísimos estaban los capitostes de las telecos de que los clientes apreciábamos mucho esto de la subvención y lo al cabo de la calle que estaban los capitostes en cuestión de que el sistema iba a continuar. En aquellos días no estaba ahí la portabilidad en 24 horas, claro.

Ahora será cuestión de vigilar muy atentamente las prácticas olipolísticas: conviene no olvidar que los operadores con red propia son tres y medio (Movistar, Orange, Vodafone y Yoigo) y que los operadores virtuales no son tampoco muchos, así que los acuerdos cocodrilescos para mantener el mercado en el redil apetecido no son nada difíciles. Y, vaya, qué casualidad, justo en el momento en que el Gobierno, en ciega obediencia a la propia Telefónica va a dejar convertida en agua de borrajas el sistema de reguladores de mercados. También es verdad, no obstante, que a los ciudadanos, la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones no nos servía absolutamente para nada, con lo cual, si la mejora va aser nula, en lo que a este ámbito se refiere, no cabe esperar un empeoramiento excesivo: antes mandaba Telefónica, ahora sigue mandando Telefónica y, después de la reforma, seguirá mandando Telefónica. Como si la reforma no llega, al final a buen término. Da igual: con la CMT, estábamos vendidos, así que nadie va a llorar su desaparición. Por eso tendremos que vigilar por privado, pero esto ya lo veníamos haciendo en la AI.

En fin, que vienen tiempos nuevos. Si las cosas siguieran su curso natural, habrían de ser mejores, pero yo, la verdad, no me fío ni un pelo. Ya hemos visto, de entrada, cómo, de alguna manera, van a seguir subvencionando terminales, aunque evidentemente no van a poder pasarse mucho con las exigencias no inherentes al crédito mismo o se les verá el plumero (y si el control de consumo no funciona aquí -que no funcionará- ya funcionará en Bruselas), así que habrá que estudiar con cuidado y cautela los nuevos sistemas tarifarios para ver por dónde nos la endiñan, porque seguro que, a estas horas, tienen la trampa más que diseñada. Pero si no se les permite cargar las tintas en las condiciones no financieras para acceder al crédito del terminal, veremos, probablemente, una expansión del mercado, una expansión hacia el terminal libre que, por la fuerza de la gravedad competencial, terminará abaratándose dado que, además, empezarán a concurrir marcas nuevas que no habían osado poner pie aquí al no haber gozado de acceso al paraíso de los operadores. En definitiva, y siempre en las condiciones antedichas, veremos gran variedad de terminales, con distintas capacidades y, probablemente, incluso clónicos.

Por lo demás, si las compañías, muerto o enfermo el señuelo del terminal, no se ponen las pilas con la atención al cliente, que sigue siendo nefasta incluso en el mejor de los casos, las portabilidades en 24 horas van a hacer mucho daño a los operadores que utilizan compañías cutres de teleoperadores, que son casi todas.

Habrá que observar con atención. España ha sido siempre un mercado feudalizado por Telefónica y no creo que ésta lo suelte: en los casi veinte años que lleva privatizada, no hay artimaña limpia o sucia a la que no haya recurrido para mantener falsificado el mercado español, así que hay que esperar trampa por ese lado.

A ver cómo estaremos dentro de un año.

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